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Título
La recepción de la Teoría Crítica en la investigación de la
comunicación en España: contexto académico, tradiciones intelectuales y
esfuerzos editoriales1.
Resumen
La Teoría Crítica constituye uno de los marcos teóricos originarios de los estudios
científicos de comunicación, en su disputa con la mass communication research. Este carácter
central de la TC está presente también en la docencia e investigación de la comunicación en
España, contexto en el que sigue siendo uno de los marcos teóricos clásicos presente de
manera generalizada en la formación universitaria en comunicación, así como vía de acceso de
las corrientes críticas de investigación. Considerando esta centralidad de la Teoría Crítica, el
presente trabajo propone una contextualización de su recepción en la investigación mediática
española que dé cuenta de su papel fundamental en la formación del campo disciplinar de la
comunicación en España a través de un análisis del contexto académico, político y editorial en el
que se inscribe dicho durante la década de los años setenta y ochenta. Este ejercicio de revisión
de literatura, como parte de un trabajo en desarrollo en el marco general del proyecto “25 años
de investigación sobre comunicación en España” (INCOMES-25), pretende sentar las bases
teórico-contextuales para posteriores avances en el estudio de este proceso de recepción a
través de sus investigadores y textos más destacados, a partir de unas conclusiones que remiten
a una recepción fragmentada de la Teoría Crítica que renuncia a la difícil tarea de una
interpretación integral de sus textos y autores, pero la legitiman como vía de acceso al
paradigma crítico de investigación comunicativa.
Autores
1Este
trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación 25 años de investigación sobre
comunicación en España. Producción científica, comunidad académica y contexto institucional
(INCOMES-25) del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica de Excelencia (2013-2016)
(CSO2013-40684-P).
Ángel Carrasco-Campos – Grupo de Estudios Avanzados de Comunicación (GEAC) –
Dpto. De Sociología y Trabajos Social – Universidad de Valladolild (Campus María
Zambrano, Segovia) – [email protected]
Palabras clave
Teoría Crítica, Escuela de Frankfurt, historia de la investigación sobre comunicación,
teoría de la comunicación, sociología, filosofía
Comunicación
1. Introducción.
La presencia de la Teoría Crítica en la investigación de la comunicación, en tanto que
ciencia social aplicada, se sitúa como eje vertebrador en la definición del propio campo desde los
mismos orígenes de la disciplina, en la década de los años treinta de los Estados Unidos. En ese
momento se encuentran dos tradiciones académicas en debate que marcarán dos modos
paralelos de entender la proyección social de las ciencias sociales. De un lado debemos situar a
la tradición de la mass communication research como un programa de investigación de la
comunicación de masas eminentemente empírico, de orientación funcionalista, instrumentalista y
pragmatista (Muñoz, 2005, pp. 42-47), y de vocación administrativa (Lazarsfeld, 1941) en
cooperación con los intereses explicativos de las instituciones académicas, políticas y
económicas. Del otro, la posición continental de la llamada Escuela de Frankfurt, afincada en la
Universidad de Columbia (Nueva York) desde 1934, basada en un antipositivismo fundamentado
en la capacidad transformadora y emancipadora de un ejercicio teórico dirigido hacia la praxis
(Carrasco-Campos, 2015). Reivindicar este debate epistemológico como hito de la investigación
sociológica en comunicación en su primera fase de madurez significa, a su vez, reivindicar la
centralidad de la Teoría Crítica en la investigación mediática. Una centralidad que se ha dejado
sentir a través de la demanda de un interés emancipatorio y transformador del conocimiento
(Habermas, 1984) en su disputa con el paradigma dominante a lo largo de sus sucesivas fases
de renovación teórica (Carrrasco-Campos y Saperas, 2014 y 2016). Así, por ejemplo, podemos
percibir su influencia manifiesta en la rehabilitación del concepto de “industria cultural” en los
años sesenta (Carrasco-Campos y Saperas, 2011), en el debate de los años setenta y ochenta
en torno a las políticas de comunicación de la Unesco para un Nuevo Orden Mundial de la
Información y la Comunicación (Carrasco-Campos y Saperas, 2013), en la emergencia de la
Economía Política de la Comunicación (Morgan, 2013; Sierra, 2009), en la tradición de los
Estudios Culturales (Agger, 2014, p. 72), e incluso el denominado “giro crítico” de la investigación
comunicativa latinoamericana (Moragas, 1981, p. 200).
Esta centralidad de la Teoría Crítica tendrá también su protagonismo en los primeros
pasos de la investigación de la comunicación en España, situándose como uno de los principales
paradigmas académicos a principios de los años ochenta (Moragas, 1981, pp. 241 y ss.;
Martínez-Nicolás, 2009), tras el nacimiento de las primeras facultades de Comunicación en el
curso 1971/72. Asimismo, en nuestro contexto más inmediato, la Teoría Crítica se reconoce
todavía como una de las primeras (históricamente hablando) puertas de acceso académico a la
comunicación y, a pesar de su práctica ausencia en la investigación dominante (salvo
excepciones), no ha perdido su carácter básico como parte de la formación teórica que los
actuales planes de estudio ofrecen en sus primeros años de educación universitaria (LazcanoPeña, 2014, pp. 208 y ss). De tal modo, tanto en el marco internacional de la investigación de la
comunicación como particularmente en el contexto académico de España, el papel fundamental
de la Teoría Crítica en el origen del campo de la comunicación y su lugar como una de las
principales tradiciones, corrientes, perspectivas o paradigmas de investigación mediática es un
lugar común ampliamente reconocido por la comunidad de investigadores, tanto nacionales
como internacionales (Craig, 1999; Rodrigo, 2001; Mattelart y Mattelart, 1997; McQuail, 2002;
Baran y Davis, 2006; Saperas, 2012; Muñoz, 2009, entre otros).
Considerando esta centralidad de la Teoría Crítica, el presente trabajo propone un
análisis del contexto académico, tradiciones intelectuales y esfuerzos editoriales que dan marco
y forma al proceso de recepción de esta corriente intelectual por parte de los estudios de
comunicación en España. El objetivo, por tanto, es el de evaluar el papel y factor condicionante
de elementos como la situación político de la época, la llegada de las primeras traducciones al
español de sus textos fundamentales,
así como los intereses intelectuales, políticos y
económicos de sus primeras lecturas. Hemos de advertir que el trabajo que aquí se presenta se
inscribe en una investigación de largo recorrido en el marco del proyecto 25 años de
investigación sobre comunicación en España (INCOMES-25)2. Así, tras los primeros esfuerzos
por delimitar el alcance epistemológico de la Teoría Crítica en la investigación mediática
(Carrasco-Campos, 2015), con este segundo paso completaremos la descripción de aquellos
elementos de contexto que marcaron la llegada de sus textos e ideas a las facultades de
Comunicación españolas. Con ello pretendemos elaborar un marco teórico-contextual a partir del
cual, en una tercera y última fase de investigación (que va más allá de los límites del problema
acotado en esta presentación), analizar en profundidad este proceso de recepción, la deriva
actual de la Teoría Crítica y su calado en los estudios críticos de comunicación en España, a
través de un estudio comprensivo de sus investigadores y textos más destacados.
2. La recepción académica de la Teoría Crítica en España.
Antes de proseguir, debe señalarse que en las siguientes páginas utilizaremos la
expresión de “Teoría Crítica” en un sentido restringido, vinculando esta tradición académica
exclusivamente a los trabajos de autores relacionados, en mayor o menor medida, con la
denominada Escuela de Frankfurt en sus diferentes generaciones, aunque sin querer asumir con
ello una visión reduccionista que nos lleve a pensar en esta “escuela” como el resultado de
trabajo coordinado y orgánico institucionalmente organizado por parte de sus autores. Asumimos
la compleja relación entre sus autores e ideas para permanecer en la imagen de una
constelación de conceptos e ideas formuladas por diversos autores que comparten una
formulación teórica e interés de conocimiento comunes. De este modo, procuramos evitar la
habitual interpretación amplia de la expresión “teoría crítica” que vincula a esta corriente a
diferentes ejercicios investigadores de raíz marxista y/o culturalista (Barranquero, 2005); para
este uso emplearemos expresiones más generales como “corrientes críticas” o “paradigma
crítico”, reservando la forma “Teoría Crítica” para esta interpretación restringida3.
2.1. La Teoría Crítica durante el desarrollismo franquista: primera etapa de recepción.
Situados en los límites de este sentido restringido de “Teoría Crítica”, el inicio de su
recepción en España debe situarse en el año 1962 con la publicación de dos textos de T. W.
2http://incomes-25.es/
3Para
más detalle acerca del uso del termino “teoria crítica” en la investigación de la comunicación, ver
Fuchs (2009).
Adorno: Notas de literatura (Adorno, 1962a) y Prismas (Adorno, 1962b). Los siguientes años
vendrán marcado por una etapa de aparición de un buen número de obras y referencias,
especialmente del ya mencionado Adorno, pero también de otros autores como M. Horkheimer,
E. Fromm y H. Marcuse, todos ellos completando un alto número de ediciones en español
durante la década de los años sesenta y setenta. Sin embargo, este hito no puede considerarse
como un proceso continuado y progresivo en el acceso a ediciones en español de la Teoría
Crítica, puesto que sus textos provendrán no solo de España, a través de editoriales comoAriel y
Taurus principalmente, sino también de países latinoamericanos como Argentina, Venezuela o
México; y lo harán siempre de manera escalonada y sin un orden lógico o cronológico que dé
sentido de continuidad a una producción intelectual que, por las propias características de la
Teoría Crítica, resulta de suyo compleja.
A estos factores de tipo editorial debemos añadir otros vinculados con el propio contexto
de recepción, marcado por las circunstancias propias de un entorno académico y político en
pleno desarrollismo franquista. La censura editorial que se conseguía salvar con no pocos
esfuerzos editoriales focalizados en España (con los papeles fundamentales de Manuel
Sacristán en Ariel y de Jesús Aguirre en Taurus) y la llegada de textos por la vía latinoamericana,
encontraba su principal foco de recepción en unas facultades de Filosofía escasamente abiertas
a las corrientes del pensamiento surgidas en la primera mitad del siglo XX, pero en un momento
de efervescencia contagiado por las revueltas estudiantiles que recorrían Europa occidental y los
Estados Unidos al amparo de la new left. Las necesidades de los intelectuales de izquierdas
españoles marcarían, por tanto, un primer interés por la obra de la Teoría Crítica, y lo harían con
el propósito de “armarse ideológicamente contra la dictadura” (Gómez, 1996, p.15). Así, en este
mismo periodo previo a la transición democrática, los textos de autores frankfurtianos convivirán
con las ediciones en español de otros autores marxistas como L. Althusser, G. Lukács y A.
Gramsci. Este interés político por la obra de la Teoría Crítica marcará prioridades en el orden y
procedencia de las traducciones, de modo que mientras las primeras traducciones a cargo de
editores españoles serán de los textos de mayor orientación política y social, los esfuerzos
editoriales latinoamericanos posibilitarán la difusión de textos de mayor alcance filosófico.
Asimismo, a este interés de orden ideológico se unirán también otras dificultades vinculadas con
la propia naturaleza y dimensión epistemológica de la Teoría Crítica (Sevilla, 2010, pp. 158-160),
puesto que su proclamación del ejercicio teórico como elemento en sí mismo práctico y
transformador, fundamentado en una crítica de las ideologías bajo la forma de una dialéctica
negativa (Carrasco-Campos, 2015, pp. 2592-2595), no encontrará fácil acomodo en una
intelectualidad en estado de emergencia.
2.2. La Teoría Crítica durante la Transición y primeros años de Democracia.
A mediados de los años setenta, coincidiendo con el inicio de la Transición democrática,
comienza el proceso que Vicente Gómez (1996) denomina como “recepción académica” de la
Teoría Crítica; un periodo marcado por el cada vez mayor protagonismo de editoriales y editores
españoles, así como por el también inicio la normalización de la presencia de la Teoría Crítica en
las facultades de Filosofía, en forma de publicación de tesis doctorales, monográficos y
manuales introductorios. Asimismo, y no menos importante, la accesibilidad de los textos en el
original alemán comienza a jugar un papel determinante: a mediados de los años ochenta
contamos ya con una gran parte de la obra completa de Adorno compilada en sus Gessamelte
Schriften, lo cual facilita una cada vez mayor y mejor comprensión de la integridad del
pensamiento adorniano, figura central de la Teoría Crítica. Por último, mencionar también la
fuerte irrupción en el panorama internacional, y también en la España democrática, de la obra de
J. Habermas, considerado como máximo exponente de la Segunda Generación de la Escuela de
Frankfurt. Sus textos serán interpretados por muchos, de una manera bastante reduccionista,
como culminación del proyecto intelectual de la “Primera Generación” y, paralelamente, como
una versión filosóficamente más madura de sus inmediatos precedentes. A la par, la propuesta
habermasiana de análisis de las condiciones trascendentales para el diálogo y comunicación en
el espacio público democrático mediante una Teoría de la acción comunicativa (Habermas,
1987) encontrará mejor acomodo en la etapa que se estaba iniciando de desarrollo de la
socialdemocracia. Esta fuerte presencia de Habermas marcará cierto declive por el interés de la
vanguardia intelectual y académica de la izquierda española en los clásicos de la “Primera
Generación” de la Teoría Crítica, especialmente de la obra de Adorno y Horkheimer cuyos textos
fundamentales, según hemos analizado, tampoco acabaron de encajar con las necesidades
ideológicas de los años sesenta.
Este contexto de mayor estabilidad académica y disponibilidad bibliográfica de la obra de
la Teoría Crítica será propicio para su lectura en clave epistemológica, en relación a los aspectos
fundamentales para el debate en torno al estatuto científico de las ciencias sociales. Nos
referimos a la Disputa del positivismo, que será introducida en España a través de la traducción
del texto homónimo por parte de Jacobo Muñoz (Adorno et. al, 1972) y que para muchos verá su
culminación con el acceso, a partir de 1982, de Conocimiento e interés (Habermas, 1982), texto
con el que Habermas incluye a la hermenéutica y su vocación interpretativa en el debate teóricometodológico de las ciencias sociales. Estas lecturas se realizarán con especial interés por parte
de la sociología española (Mardones, 1990, pp. 133-134), cuyos autores críticos verán en ellas
una forma de salvaguardar la siempre amenazada cientificidad de la investigación social de base
marxista.
3. La recepción de la Teoría Crítica en los estudios de comunicación en
España.
La recepción de la Teoría Crítica en el campo de la comunicación que se estaba
formando académicamente en España desde principios de los años setenta se realizará,
precisamente, a partir de los procesos de recepción previamente descritos y siguiendo desde
entonces una trayectoria propia, la mayoría de veces al margen del propio recorrido de estos
textos en el ámbito de la Filosofía e incluso de otras ciencias sociales. Por esta razón no
entraremos en el análisis de las siguientes fases de recepción académica de la Teoría Crítica en
general, propósito que nos llevaría lejos del objetivo de contextualización marcado para este
estudio4.
Nos encontramos, entonces, a caballo entre los periodos que Manuel Martínez-Nicolás
(2009) denomina como de “emergencia” y “consolidación”. Este contexto estará marcado por los
primeros pasos hacia una posible afianzamiento de la comunicación como espacio académico
autónomo, el cual que tendrá en las primeras facultades de Ciencias de la Información un terreno
institucional propio para su desarrollo. Pero, pese a la importancia de este aspecto, el contexto
político y social no será por ello menos importante. Todo lo contrario: en una época en la que la
libertad de expresión e información se reconocía en la Constitución de 1978, la comunicación
4No
obstante, baste como pequeño apunte incidir en que a partir de los años novena su recorrido se vera
marcado por la situación de la Teoría Crítica en general y del pensamiento marxista en particular tras la
caida del Telón de Acero. Para más información, ver Sevilla (2010, pp. 163 y ss).
mediática en sus dimensiones sociales, económicas y profesionales abría nuevos retos y
problemas a los que hacer frente, también desde un punto de vista académico.
Según decíamos más atrás, la Teoría Crítica parece establecerse como uno de los
principales paradigmas académicos de un campo disciplinar en formación y, ante la carencia de
una tradición crítica propia (Moragas, 1981, p. 243), la proyección ideológica de sus tesis
principales parecen situarla como el enfoque teórico privilegiado para “comprender la estrategia
político-comunicativa del capitalismo en este terreno” (p. 244), así como para “establecer las
bases teóricas para la participación democrática” (p. 245) y contribuir al “desenmascaramiento
de las propuesta de participación simbólica –alienada– de una democracia neutralizada por los
procesos comunicativos tendentes a la sustitución de la acción social” (p. 245). Con estos
marcados propósitos, no es de extrañar que el debate epistemológico pudiera quedar, como en
el caso de la filosofía, en un segundo plano (pero no por ello sin importancia), reclamado sobre
todo por aquellos primeros académicos de proyección “teoricista” (Martínez-Nilcolás, 2009), y se
centrara la atención en aquellos textos en los que los procesos ideológicos de alienación
generados por la cultura de masas fueran objeto de estudio prioritario. Así, orientados por los
intereses ideológicos y estratégicos de los primeros académicos de la comunicación en
configurar una tradición crítica propia en un campo disciplinar todavía en ciernes, asistimos a lo
largo de los años ochenta a un momento de lectura y difusión de textos nucleares para el
pensamiento de la Teoría Crítica. Entre ellos destaca especialmente la edición de 1969 de
Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer (publicada por la editorial Sur con el título de
Dialéctica del Iluminismo), en el cual encontramos el célebre capítulo “Ilustración como
mistificación de masas” con el que se da forma al concepto de industria cultural5. Sin embargo,
no será el único texto de influencia de la Teoría Crítica en la investigación comunicativa
española. Así, por ejemplo, del propio Adorno podemos destacar sus trabajos sobre crítica de la
cultura (Adorno, 1962b y 19736) y musicología (1966); de Max Horkheimer su escrito Teoría
Crítica, en el que se exponen sus bases epistemológicas fundamentales; de Herbert Marcuse
5Curiosamente,
la reconsideración del concepto de “industria cultural” retransmitida por Adorno en 1963
por el International Radio University Program de la radio pública alemana del estado de Hesse (Adorno,
1975), llegará a España antes que el capítulo de Dialéctica de la Ilustración a través de una compilación
realizada por la editorial Galerna de Buenos Aires, en la que aparecía junto al trabajo La industria cultural
de Edgar Morin (Adorno y Morin, 1967).
6Este último volumen titulado Crítica cultural y sociedad aparecerá como compilación de algunos textos ya
contenidos en la edición de 1962 de Prismas .
especialmente El hombre unidimensional (1969), cuya primera edición en España se realiza en
catalán (1968); de Walter Benjamin el siempre citado La obra de arte en la época de su
reproductibilidad técnica (1971); y de Habermas no sólo su Teoría de la acción comunicativa
(1987), sino también Historia y crítica de la opinión pública (1981). Estos cuatro autores formarán
los pilares básicos de la recepción de la Teoría Crítica en España, sobre todo gracias a los
pioneros trabajos de Enric Saperas (1980 y 1985, entre otros), a pesar de que este autor
considere, acertadamente, una “posición ambigua” de Habermas para la investigación
comunicativa, a consecuencia del giro lingüístico de su producción académica, que lo aleja
parcialmente de los problemas clásicos de la comunicación de masas (Saperas, 1998).
Comienza así un proceso divulgación en el que los primeros manuales y monográficos
de teoría de la comunicación realizados por las primeras generaciones de académicos
egresados de las facultades de Comunicación comienzan a hacerse eco de esta corriente
investigadora. No obstante, a excepción del notable esfuerzo de Saperas en su aproximación a
la Teoría Crítica desde una posición integral, con la que los conceptos e ideas abordados son
elaborados con el suficiente cuidado como para no descontextualizarlos de la totalidad de la obra
de sus autores, el recorrido general de los conceptos e ideas sufrirá un proceso de progresiva
fragmentación, marcado por un destacado interés por los objetos de estudio abordados, mucho
mayor que por la particular posición epistemológica de sus tesis. Estas lecturas parciales,
realizadas por lo general (salvo excepciones) por estudiantes y académicos con escasa
formación, vocación o interés filosófico, irán abriendo paulatinamente una brecha cada vez
mayor y más difícilmente salvable que llevarán al tópico, cada vez más extendido, de la Teoría
Clásica como enfoque eminentemente clásico e histórico y de relativa actualidad, cuyo valor
reside en haber disputado el debate teórico-metodológico al funcionalismo mediante un análisis
crítico de diferentes fenómenos de la comunicación de masas. Poco a poco quedarán diluidas
las raíces profundas de la Teoría Crítica como proyecto integral de crítica de las ideologías, a
favor de lo que en adelante denominaremos como recepción fragmentada de la Teoría Crítica.
4. Teoría Crítica e investigación comunicativa española: una recepción
fragmentada.
Según estamos analizando, las controversias y vicisitudes que rodearon a la recepción
de la Teoría Crítica en la filosofía y sociología españolas pueden encontrarse, aunque salvando
ciertas distancias, también en el emergente campo disciplinar de la comunicación de finales de
los setenta y principios de los ochenta. En ambos casos nos referimos a un proceso de
recepción marcado por un contexto político de apertura en términos de libertades (de asociación
política, de información, de mercado –también del mercado de la comunicación) que determinará
un interés ideológico e instrumental en la Teoría Crítica como forma de construcción teórica para
la emancipación social, a través de sus élites intelectuales, de una ciudadanía que de manera
mayoritaria tenía sus primeras experiencias de participación en la vida democrática. Y en ambos
casos nos encontramos, también, con una lectura difícilmente accesible, más si cabe para
lectores más inexpertos en el emergente campo de la comunicación, que ven cómo la obra de
autores como Adorno, Horkheimer y Marcuse (principalmente) resulta difícilmente accesible tanto
por cierta desorganización bibliográfica marcada por esfuerzos editoriales carentes de
coordinación (pero no por ello carentes de valor, considerando sobre todo las dificultades de
acceso a estos textos en la Universidad tradicionalista del tardofranquismo), como por su
complejidad conceptual. Estos dos factores, principalmente, dificultarán la lectura de la obra
traducida al español de la Teoría Crítica desde una posición integral pero, no obstante,
posibilitarán la ya mencionada recepción fragmentada que incidirá en la viabilidad de sus
conceptos parciales y particulares para la delimitación de la disciplina a través de fenómenos
como la “acción comunicativa”, la “unidmensionalidad” y, sobre todo, la “industria cultural”.
Asimismo, este proceso de recepción propiciará el impulso de una teoría e investigación
de la comunicación de orientación y vocación transformadora. Desde los desarrollos culturalistas
de sus interpretaciones que, siguiendo la estela Armand Mattelart, realizarán una recepción de la
Teoría Crítica en combinación con claves de la semiología y semiótica, hasta los estudios sobre
industrias culturales más próximos a investigaciones sobre estructura de la comunicación y
Economía Política de la Comunicación y de la Cultura, la herencia de la Teoría Crítica se dejará
sentir en el antipositivismo y la reivindicación de una investigación de la comunicación alternativa
a la tradición funcionalista dominante.
En cualquier caso, tal y como afirmábamos, esta recepción fragmentada consistirá a
grandes rasgos en una lectura que renuncia a una interpretación integral del proyecto intelectual
de su legado académico, bien por su complejidad teórica bien por su aparente falta de actualidad
en una España en rápido proceso de modernización política, social, económica y tecnológica.
Sin embargo, si bien este proceso de recepción que hemos descrito en las páginas precedentes
no conseguirá mantener la vigencia integral de la Teoría Crítica como marco conceptual en la
investigación de vanguardia para una crítica de las ideologías, al menos sí permitirá hacer de
ella:

El referente inmediato de las corrientes críticas de investigación comunicativa en
general, al plantearse como primera forma histórica (o al menos con mayor
impacto) de investigación en oposición abierta y manifiesta al funcionalismo de
la mass communication research.

La vía de acceso a conceptos y fenómenos comunicativos de máxima relevancia
en el análisis de los procesos de alienación cultural y monopolio económico en
los incipientes mercados e industrias de la cultura y la comunicación españolas.

Un marco teórico clásico, aunque relativamente obsoleto por el avance cultural y
tecnológico de la recta final del siglo XX, desde el cual al menos cabe una
aproximación histórica a las teorías de la comunicación en un campo disciplinar
en formación.
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