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CUARESMA
“CONVERSI AD DOMINUM”
Volveos hacia el Señor
Oración: “ Vengo ante ti mi Señor reconociendo mi culpa, con la fe puesta en tu
amor, que tú me das como a un hijo; te entrego mi corazón y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas, quiero llenarme de ti, que tú Espíritu Señor abrace todo
mi ser, hazme dócil a tu voz, trasforma mi vida entera” ( Canto )
Texto bíblico: “Pero ahora, oráculo del Señor, conviértanse a mí de todo corazón,
con ayunos, lágrimas y llanto” Joel 2,12
Objetivo: Hacer que el creyente deje de vivir los tiempos litúrgicos como siempre
los vive, es decir, acostumbrarse a celebrar una cuaresma más, y por el contrario
incentivar a que los creyentes puedan vivir la cuaresma de este año diferente a
todas, teniendo como guía la doctrina de la Iglesia, ya que este nos actualiza cada
vez más el misterio de la Salvación.
Actividad: Dispuesto el lugar donde se llevará a cabo el encuentro, poner un
signo llamativo que propicie el espíritu del tiempo cuaresmal, puede ser un
crucifijo, o algo por el estilo.
Debajo del signo tener dispuestos corazones previamente recortados de color
negro o gris y ubicarlos debajo de él, es decir, en el suelo.
Luego de la oración y de la pequeña ilustración sobre el vivir una cuaresma
diferente se invita a los participantes a tomar un corazón y plasmar en él toda su
miseria, su pecado, sus errores y todas las cosas que lo separan de Dios, algo así
como un examen de conciencia; deben conservarlo hasta que se acabe el
encuentro.
Lectura: Entre todos leerán el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma
2017, que lleva por título: “La Palabra es un don. El otro es un don”. Este texto lo
pueden leer entre todos, ya sea por párrafos o páginas. ( Tal mensaje de adjuntará
al final del documento, es conveniente que cada uno de los participantes tenga su
mensaje).
Compartir: Después de haber leído entre todos el mensaje, se puede abrir un
espacio para compartir y para hacer eco de lo que más impacto del texto, es decir,
lo que más me gustó o lo que más me llamó la atención. Puede hacerse de dos
formas a nivel grupal o por parejas, para retroalimentar el tema.
Terminado el compartir el encargado del encuentro puede hacer énfasis en varias
ideas entre ellas:
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La cuaresma es un nuevo comienzo, y nos lleva y prepara siempre a la
Pascua del Señor, siempre y cuando dispongamos el corazón y no le
respondamos un con una vida mediocre.
Nos plantea el relato de (Lc 16,19-31) la parábola del hombre rico y del
pobre Lázaro, y éste nos da la clave de cómo debemos compórtanos para
alcanzar la felicidad, partiendo desde una sincera conversión.
El otro, mi hermano es un don, reconocer esto, nos invita a abrir la puerta
de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don de Dios y
debemos intentar reconocer allí el rostro de Cristo.
La abundancia del rico y en este caso el pecado de nosotros, nos puede
llegar a cegarnos y hacernos indiferentes hacia los otros.
Nos muestra que la Palabra de Dios es un don, ya que el verdadero
problema del rico es que no prestó atención a la Palabra de Dios, cerró el
corazón a Dios que le habla.
La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarnos en el encuentro con
Cristo vivo en su Palabra, en los Sacramentos y en el Hermano.
Continuación Actividad: A cada participante se le entrega un corazón de color
rojo, previamente recortado, el encargado del encuentro hace tomar conciencia a
todos de lo importante que es el amar al prójimo y tenerlo como amigo, siendo él
mismo prójimo puente para tener una buena relación con Dios, se puede llegar
rectamente a Dios amando a los hermanos.
Al tener cada uno su corazón de color rojo, va a escribir en él una frase bonita, un
mensaje de aliento, un mensaje de apoyo, un mensaje positivo que salga del
corazón.
Terminado ya de escribir, el encargado dirá: “Yo les daré un corazón fiel y les
infundiré un espíritu nuevo; les arrancaré el corazón de piedra, y les daré un
corazón de carne” (Ez 11,19). Esto nos hace entender que el corazón de carne, un
corazón sensible, un corazón compasivo, un corazón misericordioso y bondadoso
solo de da cuando reconocemos en el hermano a CRISTO, y hacemos de nuestra
vida un vida en Cristo. Les indica a todos que rompan a pedacitos su corazón de
piedra, y que cada uno le ofrezca a otro un corazón de carne (rojo), con un abrazo
y un mensaje a vivir la cuaresma de éste año.
Oración Final:
SALMO 32:
Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo
espíritu no hay fraude. Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos
en mi rugir de cada día, mientras pesaba, día y noche, tu mano
sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del
estío.Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me
confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa,
perdonaste mi pecado. Por eso te suplica todo el que te ama en la
hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le
alcanzarán. Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas,
estás en torno a mí para salvarme. Voy a instruirte, a mostrarte el
camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero. No seas cual
caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su
brío, si no, no se te acercan. Copiosas son las penas del impío, al
que confía en Yahveh el amor le envuelve. ¡Alegraos en Yahveh, oh
justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio ahora y siempre por los siglo de los siglos
AMÉN.
Mensaje del Papa Francisco para la cuaresma 2017
La Palabra es un don. El otro es un don
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino
seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este
tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está
llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida
mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.
Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos
espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su
voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).
La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de
los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la
base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar
y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la
parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19- 31).
Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para
entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la
vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.
1. El otro es un don
La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre
es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación
desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico
y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los
perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre
degradado y humillado.
La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama
Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda».
Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como
alguien con una historia personal.
Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien
conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor
incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición
concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).
Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas
consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico,
no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida.
La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de
nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un
pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a
cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo.
Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que
encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos
ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil.
Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos
revela acerca del hombre rico.
2. El pecado nos ciega
La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra
el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un
nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que
viste, de un lujo exagerado.
La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba
reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jr 8,26). La tela era de un
lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado.
Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de
manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19).
En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en
tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía,
20 septiembre 2013).El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los
males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de
envidias, pleitos y recelos.El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse
en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un
instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los
demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica
egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.
La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su
personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se
puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está
prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la
existencia (cf. ibíd., 62).
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se
viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es
simplemente un mortal.
Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el
propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su
atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al
pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación
Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con
tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos.
Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y
no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).
3. La Palabra es un don
El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la
Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una
experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática.
El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras:
«Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto,
mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos
personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos
iremos de él» (1 Tm 6,7). También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el
rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27),
demostrando que pertenece al pueblo de Dios.
Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora
no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había
lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.El rico sólo reconoce a Lázaro en
medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su
sufrimiento con un poco de agua.
Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido
que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que
recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí
consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una
cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los
cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que
les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés
y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade:
«Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un
muerto» (v. 31).De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la
raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le
llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios
es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y
orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene
como efecto cerrar el corazón al don del hermano.
Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para
renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en
el prójimo. El Señor "que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los
engaños del Tentador" nos muestra el camino a seguir.
Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para
redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega
y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados.
Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual
participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la
Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del
encuentro en la única familia humana.
Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos
abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos
un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.
Vaticano, 18 de octubre de 2016
Fiesta de San Lucas Evangelista
FRANCISCO