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Transcript
PROCESOS COGNITIVOS
La sensación
Texto extraído de:
-Myers. Psicología.Ed. Panamericana Bs. As.
-WHittaker. Psicología Inteamericana. México.
-Ballesteros. Psicología General. Un enfoque
cognitivo.Universitas. Madrid.
Nuestro cerebro flota en un mundo interior silencioso y acolchado de
absoluta oscuridad. Muchísimos estímulos bombardean nuestro cuerpo
desde el mundo exterior. Estos hechos plantean un interrogante
fundamental, que se ha anticipado a millares de años a la psicología, y
contribuyo a inspirar sus comienzos hace unos 100 años: ¿Cómo penetra
ese mundo exterior?
Para conferir un sesgo moderno a la pregunta: ¿Cómo elaboramos
nuestras representaciones al mundo exterior? ¿Cómo logramos realizar la
experiencia de la forma y la textura del mundo, de su movimiento y su
temperatura, de su aroma y su belleza?. Para aprehender el modo en el que
el mundo extraño obtiene representación en el interior de nuestra cabeza,
son útiles tres conceptos de la computadora: la entrada, el procesamiento y
la salida. Los objetos físicos emiten o reflejan energía. Nuestros órganos
sensoriales detectan esta energía (entrada) y la codifican en forma de
señales
nerviosas
que
nuestro
cerebro
organiza
e
interpreta
(procesamiento) en formas de experiencias consientes (salida). Las
percepciones consiguientes afectan nuestras reacciones, que a su ves
pueden modificar nuestras percepciones. EL jugador de softbol poco
experimentado que se aleja demasiado en busca de la pelota pronto
aprende a juzgar mejor las posibilidades.
La distinción entre sensación y percepción es confusa, y tiende a ser
cada vez más dudosa. En general, la sensación alude al modo en que
nuestros receptores sensoriales y el sistema nervioso representan
1
físicamente nuestro ambiente externo. La concentración de este capitulo en
la sensación usa por consiguiente una perspectiva “desde abajo” acerca del
modo en que realizamos la experiencia del mundo. Parte de los receptores
y se eleva a niveles superiores de procesamiento. La percepción se refiere
al modo en que organizamos e interpretamos mentalmente esta
información. En el capitulo siguiente adoptaremos una perspectiva mas de
“arriba abajo” acerca de cómo utilizaremos nuestra experiencia, las
expectativas y otros factores de nivel superior, nuestra mente elabora lo que
vemos y oímos. Aunque la sensación y la percepción son en realidad un
proceso continuo, consideraremos la percepción como conciencia, un
proceso mental que se inicia allí donde termina la sensación, que es su
base fisiológica. Para identificar, por ejemplo, una A y una A como As y no
como Hs o Rs, debemos estar en condiciones de sentir (detectar, codificar)
y percibir (organizar, interpretar) la información. La sensación suministra
la información en bruto que la percepción elabora en el marco de
nuestra experiencia.
EL MUNDO QUE SENTIMOS:
ALGUNOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
Los sistemas sensoriales permiten que el organismo obtenga la
información necesaria para funcionar. Un especialista en audición expone
cada oído a diferentes niveles de sonoros. El test de audición define el
punto en que un sonido es detectado acertadamente en un 50% de veces.
Para cada uno de los sentidos ese punto 50-50 define el umbral absoluto.
El umbral “absoluto” es el punto en el que detectamos un estimulo la mitad
del tiempo.
procesamos automáticamente, sin intención, sin conciencia del hecho,
enormes cantidades de información.
2
Deteccion de señales. La detección de un estimulo débil o señal depende
no solo de la intensidad de la señal (por ejemplo el tono en un test de
audición), sino también del estado psicológico: la experiencia, la
expectativa, la motivación y la fatiga. Así, los que estudian detección de
señales informan que no existe solo un umbral absoluto. Los fatigados
padres de un recién nacido percibirán el mas débil gemido proveniente de la
cuna, y en cambio, los sonidos mas estridentes y desprovistos de
importancia les pasaran inadvertidos. En una situación de guerra,
impregnada de horror, la incapacidad para descubrir a un intruso puede
significar la muerte. Así un centinela que monta guardia, solo en la noche,
puede advertir un ruido casi imperceptible y disparar sobre el. En tiempos
de paz, cuando la supervivencia no esta amenazada, el mismo centinela
necesita una señal mas intensa antes de sentir que hay peligro.
Los teóricos que estudian el problema de la detección de señales tratan
de comprender por que la gente reacciona de distinto modo ante los
mismos estímulos, y por que las reacciones de la misma persona varían
según las circunstancias. Tales variaciones de detección de señales pueden
tener consecuencias decisivas para la vida o la muerte cuando las personas
son responsables de la detección de señales en una pantalla de radar, de
armas en un puesto de control en un aeropuerto, o de señales criticas en el
equipo de monitores de la enfermería
de un hospital. Los estudios de
detección de señales, en el que la gente debe determinar si hay un estimulo
débil, han demostrado, por ejemplo, que después de unos 30 minutos de
desempeño de tales tareas, la vigilancia de las personas disminuye. Pero
esto depende de la tarea, de la hora del día e incluso de que se otorgue a
los sujetos la posibilidad de ejercitarse.
Estimulo subliminal. En 1956 se desato una polémica a causa de un
informe que pretendía que los asistentes a los cines de New Yersey,
estaban siendo sometidos, sin que ellos lo perciban, a mensajes
imperceptibles que le recomendaban BEBA COCA COLA y COMA MAIZ
FRITO. Más de 35 años después, la polémica se ha renovado. Se afirma
que
los
anunciantes
manipulan
a
los
consumidores
imprimiendo
imperceptiblemente la palabra sexo en las galletas e incorporando
imágenes eróticas a los anuncios de bebidas. Se dice que las canciones de
3
Rock contienen “mensajes satánicos”, que pueden ser escuchados si se
pasan las grabaciones en sentido inverso; y también que el material puede
persuadir al incauto oyente incluso cuando se utiliza normalmente. Los
promotores ofrecen ayudarnos a adelgazar, a dejar el cigarrillo, y a mejorar
nuestra memoria mediante grabaciones de sonidos marinos relajantes que
contienen mensajes inaudibles, por ejemplo “Soy delgado”, “Fumar es
desagradable”, y “Hago bien los tests. Poseo una retención total de
información”.
Estas
afirmaciones
incluyen
dos
premisas:
que
inconcientemente podemos sentir estímulos subliminales (literalmente,
“bajo el umbral”), y que, al margen de nuestra conciencia esos estímulos
poseen extraordinaria capacidad de sugestión. ¿Podemos hacer tal
cosa?¿Consiguen dichos estímulos lo que se le atribuye?
“El corazon tiene razones que la razón no conoce”
Pascal
Pensées, 1670
¿Podemos sentir estímulos que están por debajo de nuestros umbrales
absolutos? En cierto sentido la respuesta es afirmativa. Recuérdese que el
umbral “absoluto” es el punto en el que detectamos un estimulo la mitad del
tiempo. En el umbral, o levemente por debajo del mismo, continuaremos
detectando el estimulo parte del tiempo. La respuesta es también afirmativa
en otro sentido. La gente que alega ignorancia total cuando se le pide que
formule un juicio perceptivo- por ejemplo, al decidir cual de dos pesos
similares es mayor- generalmente acierta al azar. A veces sabemos más de
lo que creemos.
¿Podemos vernos afectados por estímulos tan débiles que nunca los
advertimos?. Algunos experimentos recientes sugieren que, en ciertas
condiciones, la respuesta puede ser afirmativa de nuevo. En un
experimento se mostró a alumnos repetidas veces una serie de figuras
geométricas, cada una durante menos de 0,01 segundos, lo necesario para
4
percibir solo un destello de luz. Después, los estudiantes informaron que las
figuras representadas les agradaban más que las figuras que no habían
sido proyectadas, a pesar de que este no tenia idea de cuales eran cuales.
Es mas, las palabras invisibles pueden “condicionar” la respuesta a una
pregunta ulterior. Si la palabra pan fue proyectada con tal rapidez que no
pudo detectarse el destello, es posible después reconocer una palabra afín
como manteca más velozmente que palabras sin relación, como frasco o
burbuja. A veces sentimos lo que no conocemos y ni podemos describir.
Por lo tanto, podemos procesar información sin tener conciencia de la
misma. Evidentemente un estimulo débil desencadena en nuestro interior
una respuesta débil (una respuesta que puede llegar a nuestro cerebro,
donde evoca un sentimiento, aunque no el conocimiento conciente del
estimulo). Lo que la mente conciente no identifica, el corazón puede
saberlo.
Pero,
¿la
sensación
subliminal
demuestra
las
afirmaciones
empresariales acerca de persuasión subliminal? ¿Los anunciantes o los
grupos diabólicos de rock pueden manipularnos realmente con la
“persuasión oculta”? El casi consenso entre los psicólogos dedicados a la
investigación se inclinan por la negativa. Su fallo se asemeja al de los
astrónomos que afirman que, en efecto, los astrólogos aciertan al afirmar
que las estrellas y los planetas están allí; pero que no nos afecta
directamente. Asimismo, los que estudian el procesamiento de la
información subliminal responde afirmativamente a la sensación subliminal,
pero no a la posibilidad de “reprogramar la mente inconciente”.
El umbral diferencial (también conocido como diferencias apenas
perceptibles) es la diferencia mínima que una persona puede detectar
entre dos estímulos el 50% de las veces. El umbral diferencial aumenta con
la magnitud del estimulo. Si se agrega un gramo a un peso de diez gramos
uno detectará la diferencia. Si se agrega un gramo a un peso de diez
kilogramos no se detectara
por que el umbral de la diferencia ha
aumentado.
La proporción exacta varia de acuerdo con el estimulo. Para que la
persona media perciba sus diferencias, dos luces deben tener una
intensidad que varié de un 8%, dos objetos deben tener pesos que sean
5
diferentes en un 2%, y dos tonos deben diferir en frecuencia solo en el
0,3%.
ADAPTACION SENSORIAL
Usted entra en la sala de su vecina y huele un olor desagradable. Se
pregunta como puede soportarlo, pero al cabo de unos minutos ya no lo
advierte. Al zambullirse en una piscina de natación, usted tiembla y se queja
del frió; un rato después llega un amigo y usted exclama: “Vamos, entra. El
agua esta estupenda”. Estos ejemplos ilustran la adaptación sensorial, la
disminución de nuestra sensibilidad ante un estimulo invariable. (Para
realizar la experiencia de este fenómeno, eleve dos centímetros su reloj
pulsera. Lo oirá, pero solo unos momentos). Tras la exposición constante a
un estimulo, nuestras células nerviosas comienzan a activarse con menos
frecuencia.
Entonces, ¿por qué, si miramos sin pestañear un objeto este no
desaparece de nuestro campo visual? Por que sin que lo advirtamos
nuestros ojos están siempre moviéndose.
Aunque la adaptación sensorial reduce nuestra sensibilidad, ofrece un
beneficio importante: nos permite concentrar la atención en los cambios
informativos de nuestro ambiente sin que nos distraiga la estimulación
constante y no informativa de las prendas, los olores y los ruidos de la calle.
Nuestros receptores sensoriales están atentos a la novedad; si se los hastía
con la repetición, se encargaran de detectar cosas más interesantes. Este
hecho
refuerza
una
idea
fundamental:
percibimos
el
mundo,
no
exactamente como es, sino como nos conviene percibirlo.
6
RECEPTORES SENORIALES
LA VISION
Parte de nuestro talento natural depende de la capacidad del cuerpo
para convertir un tipo de energía en otro. Esta transducción sensorial es
el proceso que determina que nuestros sistemas sensoriales
conviertan la energía del estimulo en mensajes nerviosos. Por ejemplo,
el ojo recibe la energía luminosa y la transduce (transforma) en
electroquímica nerviosa. El estudio de un sistema sensorial comienza
analizando cómo transducimos sus estímulos desencadenantes para
convertirlos en mensajes nerviosos.
La entrada del estimulo: la energia luminosa
En términos científicos, lo que afecta nuestros ojos no es el color sino los
pulsos de energía electromagnética que nuestro sistema visor recibe como
color. Lo que vemos como luz visible no es más que un pequeño fragmento
de todo el espectro de la radiación electromagnética. El espectro
electromagnético pasa de los pulsos largos u ondas de transmisión radial a
la banda angosta del espectro que vemos como luz visible, y las ondas
imperceptiblemente cortas de los rayos cósmicos. Otros organismos son
sensibles a diferentes porciones del espectro. Como señalamos antes, las
abejas no pueden ver el rojo pero sí la luz ultravioleta, la parte del espectro
que provoca la quemadura de sol en los seres humanos.
Dos características físicas de la luz ayudan a determinar nuestra
experiencia sensorial de la misma. Su longitud de onda –la distancia de
una onda a la siguiente determina el matiz (el color que percibimos, azul o
verde ). La intensidad: la cantidad de energía de las ondas luminosas
(determina por su amplitud), influye sobre la luminosidad. Aunque el
espectro de la luz visible es un continuo de longitudes de onda, los
humanos tendemos a ver en ella cuatro colores fundamentales: rojo,
amarillo, verde y azulvioleta. Para comprender cómo transformamos la
7
energía física en una sensación cromática, necesitamos entender primero la
estructura de nuestro sistema visual.
El ojo
En ciertos aspectos, el ojo funciona como una cámara fotográfica (o mas
exactamente, la cámara funciona del mismo modo en que el siglo
diecinueve entendía el ojo).Tanto en el ojo como en la cámara, la luz
penetra por una pequeña abertura detrás de la que se halla una lente que
concentra los rayos recibidos en una imagen proyectada sobre una
superficie sensible a la luz (fig. 5-6). La pequeña abertura del ojo es la
pupila. El tamaño, y por lo tanto la cantidad de luz que ingresa en el ojo,
está regulado por el iris, un músculo de color que rodea y dilata o constriñe
la pupila. El cristalino concentra los rayos que ingresan modificando su
curvatura, un proceso denominado acomodación. La superficie sensible a
la luz en la que se concentran los rayos es la retina, el tejido de varias
capas que reviste el interior del fondo del globo ocular.
Durante siglos los científicos supieron que cuando la imagen de una vela
pasaba por una pequeña abertura, la imagen especular aparecía invertida
sobre una pared oscura que estaba detrás. El hecho desconcertaba a los
estudiosos. Si la retina recibe una imagen invertida, ¿Cómo podemos ver el
mundo del derecho? Una posibilidad era que el elemento sensorial del ojo
fuera el cristalino. Leonardo Da Vinci, siempre dominado por la curiosidad,
comprendió que no era así y concibió otra idea. Quizá los fluidos acuosos
del ojo torcían los rayos luminosos, y reinvertían la imanen para enderezarla
cuando llegaba a la retina. Pero en 1604 el astrónomo y experto en óptica
Johannes Kepler demostró que la retina, en efecto, recibía imágenes
invertidas del mundo (Crombie, 1964). ¿Y como podríamos entender el
mundo así? “Deje el asunto”, dijo el desconcertado Kepler, “a los filósofos
de la naturaleza”.
Los “filósofos de la naturaleza”, con el tiempo incluyeron a los psicólogos
investigadores, descubrieron que la retina no interpreta la imagen como un
todo. Mas bien puede afirmarse que las millones de células receptoras
convierten la energía luminosa en impulsos nerviosos. Esos impulsos se
8
envían al cerebro y allí se organizan para crear una imagen percibida, al
parecer, del derecho.
La retina. Si siguiéramos el recorrido de una sola partícula de energía
luminosa que penetra en el ojo, veríamos que el primero atraviesa la capa
extrañas de sombras de la retina, y llega a las células receptoras profundas,
los bastoncillos y los conos. Cuando la energía luminosa estimula los
bastoncillos y los conos originan señales nerviosas que actúan sobre las
células bipolares vecinas, las cuales a su vez activan sus células
ganglionares próximas. Los axones de la red de células ganglionares
confluyen como las hebras de una cuerda para formar un nervio óptico que
lleva la información al cerebro. El nervio óptico debe enviar al mismo tiempo
un millón de mensajes, a través de casi un millón de fibras ganglionares. En
el punto en que el nervio óptico sale del ojo no hay células receptoras lo
cual origina un punto ciego.
Fig. 5-6.
9
La mayor parte de conos esta orientada alrededor de la fóvea, el área
de la retina en que está el foco central . De hecho, la fóvea contiene
únicamente conos, no bastoncillos. A diferencia de los bastoncillos, muchos
conos tienen sus propias células bipolares que los ayudan a retransmitir a la
corteza sus mensajes individuales. En este sistema preserva exacta su
información, y determina las mejores condiciones para detectar los detalles
más menudos. (Los bastoncillos que carecen de esa línea de comunicación
directa con el cerebro, comparten con otros bastoncillos las células
bipolares, del modo que combina los mensajes individuales.) Como
ilustración, si el lector elige una palabra de esta oración y la mira fijamente,
de modo que la imagen se concentre en los conos de su fóvea, verá que las
palabras situadas unos pocos centímetros de cada lado parecen borrosas.
Se debe a que la imagen toca la región más periférica de la retina, donde
predominan los bastoncillos.
Solo los conos nos permitan ver el color. Donde la iluminación
disminuye, los conos se adaptan prontamente, los bastoncillos con mas
lentitud. Sin embargo, los bastoncillos continúan siendo sensibles con pocas
luz, una condición a los que los conos no responden. Por eso uno no ve los
colores en las penumbras. Así, cuando entramos en un teatro en sombras o
de noche apagamos la luz, las pupilas se dilatan para permitir que llegue
mas luz a los bastoncillos de la periferia de la retina. Es típico que se
necesiten 20 minutos o más antes de que los ojos se adapten por completo.
Uno puede demostrar la adaptación a la oscuridad cerrando un ojo hasta 20
minutos, y después iluminando la habitación, pero no lo suficiente para leer
este libro con el ojo abierto. Ahora, abra el ojo adaptado a la oscuridad y
lea. Este periodo de adaptación a ala oscuridad es otro ejemplo de la
notable capacidad de adaptación de nuestros sistemas sensoriales, y
permite, de hecho, la transición sensorial a la penumbra, desde la puesta de
sol a la oscuridad.
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Ojo humano:
Conos
Bastoncillos
Numero
6 millones
120 millones
Lugar ocupado en la retina
centro
periferia
Sensibilidad con la luz escasa
baja
¿Sensible al color?
Si
alta
no
Ahora que sabe todo esto acerca del ojo, ¿imagina por que un gato ve
mucho mejor que usted durante la noche? Hay dos razones: por un lado, las
pupilas de un gato pueden abrirse mucho mas que las nuestras, permitiendo el
paso de mas luz, y por otro, un gato tiene una proporción mas elevada de
bastoncillos sensibles a la luz (Mosert, 1987). Pero hay una compensación: con
un menor numero de conos, un gato no puede ver los detalles y el color con la
misma eficacia que nosotros.
AUDICION
Como nuestros restantes sentidos, nuestra capacidad para oír o
audición, es una cualidad sumamente adaptativa. Oímos una amplia gama
de sonidos, pero oímos mejor los sonidos que poseen frecuencias incluidas
en una gama que corresponde a la gama de la voz humana. También
somos muy sensibles a los sonidos tenues, una ventaja evidente para la
supervivencia de nuestros antepasados cuando cazaban o se veían
cazados. (Si nuestros oídos fueran mucho más sensibles, oiríamos un
zumbido constante originado por el movimiento de las moléculas del aire).
Más aun, somos intensamente sensibles a las diferencias de los sonidos.
11
Podemos detectar fácilmente las diferencias entre millares de voces
humanas, lo cual nos ayuda a reconocer instantáneamente la voz de casi
todas las personas conocidas.
En el caso de la audición o de la visión, el interrogante fundamental es
:¿Cómo lo hacemos?¿Cómo transducimos la energía sonora en mensajes
nerviosos que el cerebro interpreta como un sonido especifico que proviene
de determinado lugar?
La entrada del estímulo: las ondas sonoras
La energía del estimulo de la audición esta en las ondas sonoras –
moléculas de aire entremezcladas, cada una de las cuales choca contra la
mas próxima, como ocurre con el impulso transmitido a través del atestado
túnel de salida de un estadio de fútbol-. Las ondas resultantes del aire
comprimido y expandido son como las ondas circulares en un estanque que
se ensanchan a partir del lugar en que una piedra arrojada irrumpió en la
superficie del agua. La intensidad, o amplitud, de las ondas sonoras,
determina su sonoridad. En el caso del sonido como en el de la luz,
podemos tolerar intensidades del estímulo un millón de veces más intensas
que el estímulo detectable más débil. La longitud y por consiguiente la
frecuencia de estas ondas determina su timbre. Cuanto mas largas sean
las ondas (por lo tanto cuanto mas baja sea su frecuencia) mas bajo será el
timbre; cuanto mas cortas sean las ondas (por lo tanto, cuanto mas elevada
sea su frecuencia), mas alto será el timbre. Un flautín produce ondas
sonoras mucho mas breves que un timbal.
El oído
Para oír, tenemos que arreglárnosla de modo que las ondas sonoras se
conviertan en actividad nerviosa. El oído humano realiza esta hazaña
mediante una complicada reacción mecánica en cadena. Primero, el oído
externo visible canaliza las ondas sonoras a través del canal auditivo hasta
el tímpano, una membrana tensa que vibra con las ondas. El oído medio
transmite las vibraciones del tímpano a través de un pistón formado por tres
huesecillos (el martillo, el yunque y el estribo) llevándolas a un tubo en
12
forma de caracol, en el oído interno, denominado cóclea o caracol. Las
vibraciones que llegan hacen que la membrana del caracol (la ventana oval)
imprima vibraciones al fluido que lleva ese tubo. Ese movimiento determina
ondas de la membrana basilar, que está revestida con células pilosas, y que
se denomina así a causa de sus minúsculas proyecciones del tipo del vello.
Al final de esta secuencia, el movimiento de la membrana basilar doblega
las células, originando impulsos en las fibras nerviosas adyacentes.
A través de esta cadena mecánica de hechos, las ondas sonoras
determinan que las células pilosas del oído interno envíen mensajes
nerviosos hasta la corteza auditiva del lóbulo temporal. Del aire que vibra al
pistón que se mueve, a las ondas fluidas, a los impulsos eléctricos en el
cerebro: este es el proceso que nos permite oír . (Ver fig 5-7)
Fig. 5-7-
¿Cómo percibimos el timbre?¿Como sabemos si un sonido es el
gorjeo agudo de un pájaro o el grave rugido de un cañón?. El pensamiento
13
actual acerca del proceso que nos permite discriminar el timbre, al igual que
el pensamiento actual acerca del modo de discriminar el color, combina
teorías.
La teoría del lugar supone que oímos diferentes timbres porque
distintas ondas sonoras desencadenan actividad en diferentes lugares a lo
largo de la membrana basilar del caracol. Así el cerebro puede determinar
el timbre de un sonido identificando el lugar de la membrana del que recibe
señales nerviosas. Cuando Georg von Békésy (1957) perforó orificios en los
caracoles de conejos de indias y cadáveres humanos y examinó el interior
con un microscopio, descubrió que las ondas de alta frecuencia
desencadenaban actividad sobre todo cerca del nacimiento de la membrana
del caracol, descubrimiento que contribuyó a su premio Nóbel en 1961.
Aunque la teoría del lugar explica como oímos los sonidos agudos, no
explica como oímos los sonidos graves, porque las señales nerviosas que
generan no están tan claramente localizadas en la membrana basilar. La
teoría de la frecuencia sugiere una solución diferente al misterio de la
discriminación del timbre. La membrana basilar vibra a causa de la onda
sonora que entra. Esto desencadena impulsos nerviosos que llegan al
cerebro con el mismo ritmo que la onda sonora. Si la onda sonora tiene una
frecuencia de 100 ondas por segundo, entonces 100 impulsos por segundo
ascenderán por el nervio auditivo. Así, el cerebro puede determinar el
timbre de acuerdo con la frecuencia de los impulsos nerviosos.
La teoría de la frecuencia puede explicar cómo percibimos los sonidos
graves. Pero las neuronas individuales no pueden activarse con mas
rapidez que 1000 veces por segundos; entonces, ¿Cómo puede explicarse
que percibamos sonidos con frecuencia superiores a 1000 ondas por
segundo (en general, el tercio superior de un teclado de piano, y aun mas)?
Aquí debemos considerar el principio de la andanada: como los soldados
que se alternan para disparar, de modo que algunos pueden tirar mientras
otros cargan, las células nerviosas pueden alterar su activación, y obtener
así una frecuencia combinada muy superior a 1000 veces por segundo.
La teoría del lugar explica con especial eficacia como percibimos los
timbres agudos, y la teoría de la frecuencia los timbres graves. Una
14
combinación de los 2 procesos parece resolver el problema de los timbres
de alcance intermedio.
El ruido afecta no solo a nuestro oído sino también a nuestra conducta.
En las tareas que exigen una ejecución atenta, la gente que se encuentra
en ambientes ruidosos trabaja con menos eficacia y comete más errores
(Broadbent, 1978). La gente que vive con ruido constante en fábricas, en
hogares próximos a los aeropuertos y en apartamentos que están cerca de
las vías del ferrocarril y de las autopistas sufre elevados índices de
trastornos relacionados con el stress; la elevada presión sanguínea, la
ansiedad y los sentimientos de impotencia son comunes.
Pero, ¿es el ruido la causa del estrés? Los experimentos de laboratorio
acerca de los efectos psicológicos del ruido sugieren una respuesta. En
unos de estos experimentos David Glass Jerome Singer recrearon el ruido
de la vida urbana grabando en cintas el parloteo de las maquinas en la
oficina y de personas que hablaban en diferentes idiomas. Mientras
trabajaban en distintas tareas, la gente escuchaba ese ruido, emitido
estrepitosamente o en un nivel bajo, con intervalos previsibles o
imprevisibles. Al margen de las condiciones, la gente pronto se adaptaba al
ruido y rendía bien en la mayoría de las tareas. Pero después de haber
soportado estos ruidos, los que se veían expuestos a un intenso ruido
imprevisible luego cometían más errores en una tarea de corrección de
pruebas, y reaccionaban más prontamente ante la frustración.
Conclusión: el ruido es motivo de tensión, sobre todo cuando es un
hecho imprevisto o incontrolable. Eso explica por que el trompeteo
imprevisible e incontrolable del estereo de otra persona puede ser mucho
mas turbador que los mismos decibelios de nuestro propio artefacto. En
tales oraciones deseamos que, así como nuestros ojos tienen parpados,
nuestras orejas tuvieran tapones.
15
Fig-5-8- La intensidad de algunos sonidos
medidas en decibeles
140 ---------------------- Banda de rock (ampliada) a corta distancia
130
120 -------------------------- Trueno intenso
110 -------------------------- Avión de reacción a 500 pies
100 -------------------------- Tren subterráneo a 200 pies
90
La exposición prolongada por encima de los 85 decibelios provoca la perdida de la
capacidad auditiva.
80 ---------------------------- Esquina de una calle activa
70
60------------------------------ Conversación normal
50
40 ------------------------------ Habitación típica
30
20 ------------------------------ Murmullo
10
0-------------------------------- Umbral de la audición
16
Baja ---------------- Timbre ---------------------- Alta
Frecuencias del tono en ondas por segundos
Perdida de la audición
La complicada y delicada estructura del oído determinaba que sea
vulnerable al daño. Los problemas con el sistema mecánico que lleva las
ondas sonoras hasta el caracol determina la Sordera por conducción. Si
se perfora el tímpano o si los minúsculos huesos del oído medio pierden su
flexibilidad, la capacidad del oído para llevar las vibraciones desminuye. Un
audífono puede restablecer la audición al ampliar las vibraciones.
El daño infligido a los receptores de las células pilosas del caracol o los
nervios asociados puede provocar la sordera nerviosa. Una vez
destruidos, estos tejidos continúan muertos, aunque un audífono pueda
ampliar el sonido para estimular otras células pilosas. La sordera nerviosa
tiene tres causas -la enfermedad, los cambios biológicos relacionados con
el envejecimiento y la exposición prolongada al ruido o la música
estrepitosos. La pérdida de la audición a causa de la edad es mas
acentuada en las frecuencias mas altas. A juicio de los adultos de mas
17
edad, los pájaros gorjean con sonidos muy bajos, los murmullos se hacen
ininteligibles.
Las personas cuya audición esta deteriorada forman un grupo variado.
Algunas padecen una sordera profunda, y otras tienen la audición
parcialmente deteriorada. Algunas quedan sordas “perórales” (antes de
conocer el lenguaje); otras han conocido el mundo de la audición. Algunas
se comunican mediante un lenguaje de señales y se identifican con la
cultura de la sordera basada en ese lenguaje; otras, especialmente las que
son sordas posturales, son “oralistas” que se relacionan con el mundo de la
audición leyendo el movimiento de los labios; algunas se mantienen entre la
cultura de los sordos y la cultura de la audición. En el caso de los niños
sordos , alrededor de la cuarta parte asiste a escuelas en régimen de
internado, la mitad participa en programas especiales de educación en las
escuelas públicas, y la cuarta parte restante esta incluida parcial o
totalmente en las aulas regulares, y a veces recibe ayuda de interpretes del
lenguaje de signos. Entre los individuos que tienen la audición deteriorada,
como ocurre en general, hay algunos estudiantes que se caracterizan por el
aprendizaje lento, y otros son brillantes. En esencia, todos los niños, sordos
o capaces de oír, y al margen de que utilicen signos o hablen, dan muestras
de una notable capacidad para aprender el lenguaje.
Sea como fuere, todas las personas cuyas capacidad auditiva está
deteriorada afrontan problemas. Como los temas académicos están
basados en lenguajes verbales, el rendimiento académico puede verse
perjudicado. Los problemas sociales son incluso mas graves. Sin poder
comunicarse según los modos usuales, los niños sordos y sus compañeros
de juego tratan de coordinar sus actividades. Los adolescentes deben
soportar a veces la exclusión social y la consiguiente disminución de la auto
confianza. Incluso los que sufren deterioro de la audición en la edad adulta
pueden descubrir que las dificultades de la interacción social determinan
una suerte de timidez. “Es una actitud casi universal en los sordos el deseo
de provocar en las personas que oyen bien las menores dificultades
posibles “, informa Henry Kisor director y articulista de prensa en Chicago,
que perdió la visión a los tres años. “Podemos ser discretos y tímidos hasta
18
el extremo de la invisibilidad. A veces, esta tendencia puede paralizarnos.
Yo debo combatirla constantemente…”
o se. Mi madre de 82 años, con quien nos comunicamos escribiendo
notas en una “pizarra mágica” que permite borrar lo escrito, vive en un
mundo silencioso, y hace mucho que renuncio al estrés y a la tensión
provocadas por el intento de interactuar con personas fuera de un pequeño
circulo de familiares y viejos amigos. Ahora que mi propio oído esta
disminuyendo en una trayectoria que me acerca a ella, descubro que me
siento adelante o en el centro, en los teatros y las asambleas, que busco
rincones discretos en los restaurantes, que pido a mi esposa que haga los
llamados a los a amigos cuyo acento difiera del nuestro, y utilizo aparatos
amplificadores para los sonidos de la TV y el teléfono. Pero la principal
frustración sobreviene cuando, con el auxiliar auditivo o sin el, no puedo oír
la broma que todos están festejando; cuando después de repetidos intentos
no alcanzo a entender la pregunta de otra persona exasperada, y no puedo
fingir que la entiendo; cuando no alcanzo a oír las frecuencias graves del
contrabajo que mi hijo esta tocando en la orquesta de la escuela; cuando
los miembros de la familia renuncian al intento y dicen “Oh, no importa”,
después de que por tres veces intentaron decirme algo sin importancia.
A medida que mi madre fue envejeciendo, llego a pensar que la búsqueda
de interacción social no justificaba el esfuerzo. Pero para el periodista Kisor
la comunicación justifica el esfuerzo: “De modo que en general aprieta los
dientes y avanza. Esforzarse, conectarse, comunicarse con otros, incluso
atravesando un abismo de silencio, es afirmar nuestra humanidad como
criaturas sociales”.
Los otros sentidos
Para los seres humanos, ver y oír son los principales sentidos.
Dependemos de ellos, sobre todo para la comunicación. Nuestro cerebro
concede a estos dos sentidos prioridad en la distribución de tejido cortical.
En el caso de otros animales, las prioridades son diferentes. Los tiburones y
los perros dependen de su extraordinario sentido del olfato, y cuentan con la
19
colaboración de un amplio sector de la corteza consagrado a el. De todos
modos, privados de nuestro sentido del tacto, de nuestro sentido del gusto y
del olfato, y de nuestro sentido del movimiento y de la posición del cuerpo,
los seres humanos nos veríamos seriamente perjudicados, y nuestra
capacidad para gozar del mundo disminuiría perniciosamente.
El tacto
Si uno tuviera que renunciar a un sentido, ¿cuál elegiría? Si pudiera
conservar un solo sentido, ¿cuál seria?
El tacto seria un buen candidato a la conservación. Desde el comienzo
mismo el tacto es particularmente esencial para nuestro desarrollo. El niño
en el proceso de desarrollo aumentan de peso más rápido y vuelven a su
hogar antes si se los estimula con el masaje manual.
Nuestro “sentido del tacto” en realidad es una mezcla de cuatros
sensaciones diferentes de la piel: La presión, la calidez, el frío y el dolor.
Si se tocan diferentes sentidos de la piel con un cabello suave, un alambre
tibio o frío, y la punta de alfiler vemos que algunos puntos son
especialmente sensibles a la presión, otros al calor, otros al frío, y otros aun
al dolor. En la piel hay diferentes tipos de terminaciones nerviosas
especializadas ¿Significa eso que cada uno de estos tipos es un receptor
para cada uno de los sentidos básicos de la piel, mas o menos como los
receptores de los conos del ojo que responden a colores básicos de la luz?
Aunque parezca extraño, no hay una relación simple entre lo que sentimos
en un lugar dado y el tipo de terminación nerviosa especializada que
encontramos allí. Excepto la presión, que en efecto tiene receptores
identificables, la relación entre la tibieza, el frió y el dolor y los receptores
correspondiente continúa siendo un misterio. Otras sensaciones epiteliales
son variaciones de las fundamentales:
-Acariciar puntos de presión adyacentes provoca hormigueo.
-La caricia suave y repetida en un punto doloroso creara una sensación de
prurito.
20
-Tocar lugares adyacentes de frió y presión provoca una sensación de
humedad, lo que uno puede sentir tocando el metal seco y frió.
-Estimular puntos próximos de frió y tibieza produce una sensación de
“calor”. Los puntos fríos responden a temperaturas muy bajas o muy
elevadas. Sentimos calor cuando una temperatura elevada activa puntos
fríos y tibios.
Le procesamiento de la información a través del tacto activo de denomina
percepción háptica. La información sensorial adquirida a través de los
receptores de la piel, en unión con la información obtenida a partir de los
movimientos y la percepción de las posiciones de las diferentes partes del
cuerpo, contribuyen a proporcionar al receptor una información útil sobre las
formas y los objetos del medio.
La visión parece el sentido dominante en el ser humano. Sin embargo, el
tacto activo no es un sentido menos valioso y dependiente de la visión. Cuando
el perceptor intenta extraer información acerca de ciertas dimensiones de las
superficies de los objetos, como pueden ser la textura, la dureza o la
temperatura de de los mismos, el tacto es más preciso que la visión. Pero si
para las personas con visión el tacto proporciona información valiosa, para los
invidentes el tacto supone la forma principal de extraer información sobre el
medio y sobre los objetos que lo componen (Ballesteros, 1993/1996; 1993).
La mano, y no la piel como antes se creía, constituyen el verdadero órgano
receptivo del tacto. Cuando tratamos de percibir hápticamente, movemos los
dedos con un propósito determinado realizando los movimientos mas
adecuados para el tipo de información que deseamos extraer.
Klatzky y Lederman (1987) han identificado una seria de movimientos
exploratorios que los perceptores utilizan para extraer información sobre
distintas propiedades de la forma realzada: movimientos laterales de los dedos
para detectar la textura de una superficie, movimientos de presión para
comprobar su dureza, o contacto estático para determinar la temperatura de un
objeto.
21
Dolor. El dolor es el modo que tiene el cuerpo de decirnos que algo
anda mal. Atrae nuestra atención sobre una quemadura, un desgarro, o una
fractura, y nos indica que debemos modificar inmediatamente nuestra
conducta. Las pocas personas que nacen sin la posibilidad de sentir dolor
pueden sufrir heridas graves sin ni siquiera recibir la señal de peligro que es
el dolor. Más numerosos son los individuos que soportan el dolor crónico. El
sufrimiento de las personas que tienen dolores de espalda, artritis, jaquecas
y sufrimientos relacionados con el cáncer, como formas persistentes o
recurrentes, plantea dos interrogantes: ¿Qué es el dolor? ¿Cómo podemos
controlarlo?
¿Qué es el dolor? El dolor no es solo una propiedad de los sentidos – de
la región donde lo sentimos -, sino también del cerebro. Del mismo modo
que el soñador ve con los ojos cerrados y el oyente escucha una resonancia
en el silencio mas absoluto, los amputados pueden sentir dolor en los
miembros inexistentes. Estas “sensaciones del miembro fantasma” indican
que con el dolor, como con las imágenes y los sonidos, el cerebro puede
interpretar mal la actividad nerviosa.
Teoría del control de la entrada. Melzac y Wall creen que la medula
espinal contiene una especie de “entrada” neurológica que bloquea y
permite el paso de las señales del dolor en dirección al cerebro. La medula
espinal contiene pequeñas fibras nerviosas que conducen la mayoría de las
señales del dolor en dirección al cerebro. La médula espinal contiene
pequeñas fibras nerviosas que conducen la mayoría de las señales del
dolor, y fibras más grandes que conducen la mayoría de las restantes
señales sensoriales. Cuando se lesiona el tejido, las pequeñas fibras
activan y abren la entrada nerviosa, y uno siente dolor. La actividad de las
fibras grandes cierra las puertas del dolor, y elimina éste.
Así, un modo de tratar el dolor crónico es estimular (eléctricamente,
mediante el masaje o incluso mediante la acupuntura) la actividad de “cierre
de la entrada” en las grandes fibras nerviosas. Si se frota el área que está
alrededor del dedo del pié golpeado, la estimulación competidora bloqueará
alguno de los mensajes del dolor. El hielo sobre una tumefacción sirve no
solo para controlar la inflamación sino también para originar mensajes de
22
frío que cierran la puerta a las señales del dolor. Por ejemplo, un paciente
artrítico puede usar una pequeña unidad portátil de estimulación eléctrica
junto al área del dolor. Cuando la unidad estimula los nervios de área, el
paciente experimenta una sensación vibratoria en lugar del dolor (T.
Murphy, 1982)
Control del dolor. Si el dolor es un fenómeno físico y psicológico, tiene
que ser tratable tanto física como psicológicamente. De acuerdo con el tipo
de síntomas, las clínicas del control del dolor seleccionan una o mas
terapias de una lista que incluye drogas, cirugía, acupuntura, estimulación
eléctrica, masaje, ejercicios, hipnosis, entrenamiento en la relajación, y
distracción del pensamiento.
Si uno distrae a la gente con imágenes agradables (“piense en un
ambiente tibio y cómodo”) o aparta su atención del estímulo doloroso
(“cuente hacia atrás de tres en tres”) se aplica un modo especialmente
eficaz de aumentar la tolerancia al dolor (Fernández y Turk, 1989; McCaul y
Malott, 1984)
El gusto
Como el sentido del tacto, el sentido del gusto implica cuatro
sensaciones básicas; dulces, agrias, saladas y amargas (McBurney y Gent,
1979). Todos los gustos restantes son mezclas de estos cuatro. Los
investigadores se han visto frustrados en su búsqueda de fibras nerviosas
especializadas para cada una de las cuatro sensaciones fundamentales del
gusto, pero han descubierto áreas de la lengua que poseen sensibilidades
especiales: la punta de la lengua para los sabores dulces, el área posterior
de la lengua para el amargo.
El gusto es un sentido de carácter químico. En el interior de las
pequeñas protuberancias del extremo superior y a los costados de la lengua
hay 200 o mas papilas gustativas.
Los receptores del gusto se reproducen todas las semanas, de modo
que si uno se quema la lengua con alimentos calientes, el hecho tiene
escasa importancia. Sin embargo a medida que uno envejece el número de
23
papilas gustativas disminuye, lo mismo que la sensibilidad al sabor (Colwart,
1981). (No es de extrañar que a los adultos les agraden los alimentos de
sabor fuerte, rechazados por los niños). El consumo intenso de tabaco y
alcohol aceleran la declinación de las papilas gustativas y la sensibilidad.
Aunque las papilas gustativas son esenciales para saborear, la lengua
siente más que el sabor. Si uno se tapa la nariz, cierra los ojos y pide a otra
persona que le suministre distintos alimentos, un pedazo de manzana
puede parecer lo mismo que un trozo de patata cruda; un pedazo de carne
puede parecer cartón. Para paladear un sabor normalmente aspiramos el
aroma por la nariz –que es la razón por la cual comer no es muy divertido
cuando uno tiene un resfriado intenso-. Se trata de la interacción sensorial
–el principio de que un sentido puede influir sobre otro-. El olfato influye
sobre el gusto. Asimismo percibimos bien el lugar que ocupa la vos
directamente frente a nosotros, en parte porque también vemos que la
persona está enfrente, no detrás, arriba o debajo.
El olfato
La respiración va siempre apareada –inhalar, exhalar- excepto en dos
momentos: el nacimiento y la muerte. Todos los días, cuando uno inhala o
exhala casi 20.000 bocanadas de aire que mantiene la vida, baña las fosas
nasales en una corriente de moléculas cargadas de olor. Las experiencias
resultantes del olfato son experiencias mas intimas de lo que uno cree. Para
oler algo, nosotros debemos inhalar algo de la persona en cuestión. Como
el gusto, el olor es un sentido químico. Olemos algo cuando las moléculas
de una sustancia llevadas por el aire, llegan a un minúsculo agrupamiento
de 5 millones de células receptoras que se encuentran en el extremo
superior de cada una de nuestras cavidades nasales. Estas células
receptoras olfativas, que se mueven como las anémonas de mar sobre una
roca, responden selectivamente al aroma de los bizcochos, a un hilo de
humo, a la fragancia de una amiga, y avisan instantáneamente al cerebro.
Incluso los niños de pecho y sus madres aprenden en seguida a reconocer
cada uno de los olores del otro (McCarthy, 1986). Una foca madre que
24
regresa a una playa atestada de cachorros encontrará al suyo con la ayuda
del olor.
La capacidad para identificar olores culmina al principio de la edad
adulta, y disminuye después de avanzar la edad. A pesar de nuestra
capacidad para discriminar olores, no somos igualmente eficaces para
describirlos.
Los olores también pueden evocar recuerdos y sentimientos. En su obra
En busca del tiempo perdido, el novelista francés Marcel Proust describió
como el aroma y el sabor de una madalena empapadas en té evocaba
recuerdos muy antiguos del dormitorio de su tía en la vieja residencia de la
familia.
Los estados de ánimo placenteros determinados por los olores gratos
también pueden impulsar el rendimiento de los trabajadores.
Es decir, los olores son capaces de evocar recuerdos y de recuperar
sentimientos afines.
25
LA MEMORIA
Textos extraídos de:
-Myers. Psicología.Ed. Panamericana Bs. As.
-WHittaker. Psicología Inteamericana. Méx
-Ballesteros. Psicología General. Un enfoque
cognitivo.Universitas. Madrid.
-Ballesteros y García. Procesos Psicológicos Básicos.
Universitas. Madrid.
Imaginemos nuestra vida sin memoria. No seria posible saborear el
recuerdo de los momentos gratos, ni el sentimiento de culpa o el sufrimiento
que derivan de los recuerdos dolorosos. Cada momento seria una experiencia
nueva. Pero cada persona seria un extraño y cada tarea –vestirse, cocinar,
montar en bicicleta- sería un desafío novedoso, y cada idioma una lengua
extranjera. La memoria es el almacén de la mente, la reserva del saber
acumulado. A juicio de Cicerón, la memoria era “el tesoro y el guardián de
todas las cosas”. A los ojos de un psicólogo, memoria es cualquier indicio de
que el aprendizaje ha persistido en el curso del tiempo
EL FENÓMENO DE LA MEMORIA
La amplitud de la memoria humana es evidente en algunos casos
fascinantes: cuando conversamos con John, nos impresionan su genio, su
inteligencia (puede decirnos el título de su tesis de master en física) y su
habilidad para escribir a máquina. Puede pasar tiempo antes de que uno
advierta que john sufre un trágico defecto, provocado por una lesión del
cerebro que sufrió en un accidente de motocicleta. John no puede formar
recuerdos nuevos. Aunque recuerda su vida anterior al accidente, john vive en
un presente eterno. Cada mañana cuando la terapeuta rehabilitadora lo saluda,
tiene que volver a presentarse. Ella lo escucha con paciencia mientras el
vuelve a relatar interminables anécdotas de su vida anterior al accidenta.
26
Cuando lo precisa, john pregunta:”¿Dónde está el cuarto de baño?” y se le
informa de nuevo.
En el otro extremo hay algunas personas especiales que ganarían medallas
en una olimpíada de la memoria. Una mujer, a quien el psicólogo Ulric Neisser
(1982) llama MZ, sería la envidia de todos los estudiantes. Hasta que sufrió una
grave enfermedad, a los 29 años, MZ podía recordar todo lo que sus maestros
escribían en la pizarra, y fragmentos enteros de sus libros de textos. Al trabajar
como técnica bióloga, su jefe comenzaba la jornada impartiéndole instrucciones
detalladas acerca del orden exacto en que debía disponer unos 150 insectos; y
MZ lo hacía sin escribir nada.
La medalla de oro de nuestra olimpíada de la memoria probablemente
correspondería a un ruso, Shereshevskii, o S, como lo denominaba el insigne
psicólogo soviético Alexander Luria (1968). La memoria de S le valió un lugar
en prácticamente todos los libros modernos acerca de la memoria. Usted y yo
podemos repetir una serie de siete dígitos, casi seguro que a lo sumo nueve. S
podía repetir hasta 70 dígitos o palabras siempre que se los leyeran con una
separación de 3 segundos en una habitación silenciosa. Es mas, podía
recordarlos con la misma facilidad en una lectura hacia delante o hacia atrás.
Su exactitud era infalible incluso cuando de le pedía que recordara una lista al
cabo de 15 años de habérsele dado, luego de haber memorizado centenares
de listas diferentes. “Sí, sí”, recordaba. “Esta fue una serie que usted me dio
cuando estábamos en su departamento… Usted estaba sentado frente a la
mesa y yo en la mecedora… Usted vestía un traje gris y me miraba así”.
¿Tales hazañas de la memoria determinan que la suya parezca débil? En
este caso, considere su propia capacidad para recordar innumerables voces,
sonidos y canciones, gustos, olores y texturas; caras, lugares y hechos.
Imagine que ve más de 2.500 diapositivas de caras y lugares, solo diez
segundos cada una, y después ve 280 de estas diapositivas, una por vez,
aparcada con una diapositiva que antes no había visto. Si Usted se asemeja a
los sujetos de un experimento de Ralph Haber (1970), identificará el 90% de las
que vio antes
O considera la vivacidad de sus recuerdos de momentos únicos y muy
emotivos de su pasado, como un accidente de automóvil, el primer beso
romántico, el primer día como inmigrante en una país nuevo, o donde estaba
27
cuando oyó alguna noticia sumamente impresionante. En mi caso uno de estos
recuerdos se refiere al único tanto que logré en una temporada completa de la
pequeña liga de béisbol. La mayoría de los norteamericanos mayores de 45
años saben muy bien que estaban haciendo exactamente cuando conocieron la
noticia del asesinato del presidente Kennedy (Brown y Kulik, 1982). Pocos
residentes del área de la bahía de San Francisco vacilarán en recordar
exactamente donde estaban cuando comenzó el terremoto de 1989. quizá
Usted recuerde donde estaba cuando el trasbordador espacial challenger
explotó. Esta claridad de nuestros recuerdos de hechos sorprendentes y
significativos induce a algunos psicólogos a denominarlos recuerdos
destellantes, porque es como si el cerebro ordenara: “¡fotografíen esto!”.
¿Cómo realizamos semejantes hazañas de la memoria? ¿Cómo podemos
recordar cosas en las cuales no hemos pensado durante años, y sin embargo
olvidar el nombre de la persona a quien conocimos hace un minuto? ¿Cómo se
almacenan los recuerdos en nuestro cerebro? ¿por qué incluso nuestros
recuerdos destellantes a veces resultan completamente erróneos? (las
personas que unas horas después de la explosión del Challenger recordaban
dónde habían oído la noticia, a veces a veces mostraban una imprecisión total
cuando de nuevo evocaban su paradero uno a tres años mas tarde, McCloskey
y col., 1988; Neisser y Harsch, 1992.) ¿Lo que sabemos acerca de la memoria
nos aporta indicios respecto del modo de mejorar nuestros recuerdos? Estos
serán algunos de los interrogantes que formularemos mientras revisamos los
conceptos extraídos de un siglo de investigación acerca de la memoria.
La memoria como procesamiento de la información
Un sistema de procesamiento de la información semejante a una
computadora constituye un modelo útil para la memoria humana. Recordar un
hecho exige que incorporemos información a nuestro cerebro, la conservemos
y después la recuperemos. Estos tres pasos –codificar, almacenar y
recuperar- se aplican no solo a la memoria humana sino también a otros
sistemas de procesamiento de la información. Por ejemplo, una biblioteca debe
contar con un modo de adquirir y catalogar información (codificación),
conservarla (almacenar), y conseguir que esté a disposición de los usuarios
28
(recuperación). Pero para nuestros fines, la computadora es un modelo
apropiado de cómo funciona nuestro sistema de la memoria.
Consideremos de que modo una computadora codifica, almacena y
recupera información. En primer lugar la computadora traduce la entrada (por
ejemplo, mediante pulsaciones) a un lenguaje electrónico, más o menos como
el cerebro codifica información sensorial y la convierte en un lenguaje nervioso.
Después, la computadora almacena permanentemente grandes cantidades de
información depositada en un disco. De este depósito de información puede
recuperar un archivo o un documento y convertirlo en un recuerdo a corto plazo
o “funcional”, que a su vez recibe nueva información desde el teclado. Parte de
esta memoria funcional es visible en la pantalla.
Asimismo, almacenamos grandes cantidades de información en la memoria
a largo plazo. De nuestro depósito de la memoria podemos retirar información
contenida en una memoria a corto plazo de capacidad limitada, nuestra
memoria “funcional”, que también recibe información de nuestra experiencia
actual. Parte de esta memoria funcional de corto alcance se exhibe en la
pantalla mental que denominamos conciencia. Es típico que nuestra memoria a
corto alcance almacene solo alrededor de siete fragmentos de información (con
error de dos en mas o en menos), una capacidad de rememoración que ha sido
entronizada en la psicología como “el Número Mágico Siete, mas o menos dos”
(Millar, 1956). En realidad, el alcance de la memoria a corto plazo de la gente –
la cantidad de información que puede recordar acertadamente el 50% de las
veces- varía. La memoria a corto plazo es levemente más eficaz en el caso de
los dígitos al azar (por ejemplo, los de un número telefónico) que en el de las
letras al azar, que a veces tienen sonidos similares. Es levemente mejor en el
caso de la información que escuchamos en el caso de la que vemos. Los
adultos tienen memoria de más amplio alcance que los niños (Chi, 1976). De
todos modos, el principio fundamental conserva su validez: en un momento
dado, podemos procesar solo una proporción muy limitada de información.
¿Qué controla cada sistema? Con la computadora, el operador recupera o
agrega información en la memoria funcional. Con nuestro sistema de memoria,
los nuevos estímulos tienen un modo de entrar en la conciencia. (la sensación,
muestra que los sonidos y las imágenes cambiantes, no la estimulación
constante, atraen nuestra atención.) Como los directores de orquesta, no
29
podemos concentrar la atención en todas la cosas al mismo tiempo, de modo
que focalizamos la atención sobre ciertos estímulos entrantes y sobre las
experiencias que recuperamos de la memoria a largo plazo (Cowan, 1988)
Memoria sensorial
Consideremos lo que un sugestivo experimento con la memoria reveló
acerca de nuestra memoria sensorial, el registro inicial de la información
sensorial en el sistema de la memoria. Como parte de su investigación, George
Sperling (1960) mostró a varias personas tres hileras de tres letras cada una,
durante sólo 1/20 de segundo. Era como tratar de leer ayudándose con los
relámpagos de una tormenta. Después que las nueve letras desaparecieron de
la pantalla, los sujetos pudieron recordar solo la mitad.
¿Por qué? ¿era porque dispusieron de tiempo insuficiente pare verlas?
Sperling demostró con inteligencia que incluso a esa velocidad del rayo, la
gente en realidad puede ver y recordar todas las letras, pero solo
momentáneamente. Más que pedirles que recordasen al mismo tiempo las
nueve letras, Sperling emitía un tono alto, mediano o grave inmediatamente
después de iluminar las nueve letras. Esta clave orientaba al sujeto de modo
que informase sólo las letras de la hilera superior media o baja,
respectivamente. Ahora, los sujetos rara vez omitían una letra, y demostraban
así que las nueve letras eran momentáneamente recuperables mediante el
recuerdo.
El experimento de Sperling reveló que tenemos una memoria fotográfica
fugaz llamada memoria icónica. Durante un instante, los ojos registran una
representación exacta de una escena y podemos recordar cualquier parte de la
misma con sorprendente detalle. Pero eso persiste solo unas pocas décimas
de segundos. Si Sperling demoraba la señal sonora apenas un segundo, la
memoria icónica desaparecía y los sujetos volvían a recordar alrededor de la
mitad de las letras. La pantalla visual se vacía de prisa, como debe ser, pues si
no actuase de ese modo las nuevas imágenes se superpondrían a las antiguas.
La imagen sensorial auditiva, llamada memoria ecoica, también dura menos
de un segundo (Cowan, 1988). Pero un eco auditivo interpretado parcialmente
aparece con más lentitud. Las últimas pocas palabras habladas parecen
30
demorarse 3 o 4 segundos. A veces en el momento mismo en que usted
pregunta “¿Qué dijo?” puede escuchar en su mente el eco de lo que se dijo.
CÓMO CODIFICAMOS LA INFORMACIÓN
¿Cómo se codifica la información sensorial, una vez registrada y transferida
al sistema de la memoria? Tras leer esta oración, ¿Cómo se codifican las
palabras? ¿Codifica usted la imagen de las palabras, un proceso denominado
codificación visual? ¿Codifico usted el sonido de la palabra, proceso
denominado codificación acústica? ¿O la oración fue codificada según su
sentido, un proceso denominado codificación semántica?
Hasta cierto punto la codificación es automática, y libera la atención
consciente del procesamiento de la información que exige esfuerzo. Por lo
tanto, su memoria referida al camino que usted siguió para llegar ayer a clase
puede ser atendida mediante el procesamiento automático. si quiere
aprender
los
conceptos
contenidos
en
este
capítulo,
necesita
un
procesamiento esforzado.
Procesamiento automático
Se codifica con esfuerzo escaso o nulo, una proporción enorme de
información acerca del espacio, el tiempo y la frecuencia: durante un examen,
se puede recordar el lugar de la página del texto en que aparece el material
olvidado. Se puede recordar una secuencia de los acontecimientos del día con
el fin de adivinar donde dejó la chaqueta .uno puede saber “ésta es la tercera
vez que me encuentro con usted esta tarde”. Los recuerdos de este tipo se
forman casi automáticamente. De hecho, además de que el procesamiento
automático puede ejecutarse sin esfuerzo, también es difícil suspenderlo.
Cuando uno oye o lee una palabra en su idioma natal, es prácticamente
imposible abstenerse de registrar automáticamente su significado.
Otros tipos de procesamientos, por ejemplo la codificación de significados
verbales, no están incorporados a nuestros sistemas automáticos. Debemos
aprenderlos primero. Entonces, su codificación llega a ser automática. Por
ejemplo, aprender a leer oraciones invertidas al principio exige esfuerzo:
31
Con la práctica, la tarea comienza a facilitarse, del mismo modo que leer de
derecha a izquierda puede ser fácil para los estudiosos del hebreo (kolers,
1975).
El procesamiento automático exige escaso esfuerzo, a veces ninguno, sin
que le prestemos atención, y sin que interfiera en nuestro pensamiento acerca
de otras cosas. Si ese procesamiento no exige atención especial, pedir a la
gente
que
preste
atención
especial
a
la
información
que
codifica
automáticamente, por ejemplo cuando juzga la frecuencia de las palabras
presentadas
durante
un
experimento,
aportará
escaso
beneficio.
Es
precisamente lo que sucede a menudo según informan Lynn Hasher y Rose
Zacks (1979, 1984). Auque el recuerdo de este material puede mejorar
modestamente gracias al esfuerzo (Naveh-Benjamin), nuestra codificación es
principalmente automática. No podemos conectar y desconectar a voluntad.
Procesamiento esforzado
Otros tipos de información solo los codificamos y retenemos con esfuerzo y
prestando atención durante el trayecto del dedo desde la guía telefónica hasta
el teléfono, el recuerdo de un número telefónico desaparecerá, a menos que
uno trate de retenerlo en la conciencia. Para comprobar con cuanta rapidez
desaparecerá, Lloyd Peterson y Margaret Peterson (1959) pidieron a la gente
que recordasen tres consonantes, por ejemplo chj. Para impedir que hubiese
repetición de las letras, pidieron a los sujetos que comenzaran inmediatamente
a contar en voz alta hacia atrás, de tres en tres, a partir de un número
cualquiera. Después de tres segundos la gente recordó las letras solo
alrededor de la mitad del tiempo; después de 12 segundos, rara vez hubo
ningún tipo de recuerdo.
La importancia del ensayo o repetición conciente, fue demostrada hace
mucho tiempo por el investigador pionero de la memoria verbal, el filósofo
alemán Hermann Ebbinghaus (1850-1909). Ebbinghaus hizo por el estudio de
la memoria lo que Ivan Pavlov por el estudio del condicionamiento. Impaciente
con las conjeturas filosóficas acerca de la memoria, Ebbinghaus quiso
estudiarla científicamente. Con ese propósito, decidió estudiar su propio
aprendizaje, y su olvido de los materiales verbales novedosos.
32
¿Dónde podía hallar Ebbinghaus material verbal que no fuera familiar? Su
solución fue preparar una lista de todas las sílabas posibles sin sentido creadas
mediante la intercalación de una vocal entre dos consonantes. Después, para
determinado experimento, elegía al azar una muestra de las sílabas. Para tener
una idea del modo en que Ebbinghaus se probaba a si mismo, léase
rápidamente en vos alta, ocho veces, la siguiente lista. Después, rememore los
ítems (de Badley, 1982):
JIH, BAZ, FUB, YOX, SUJ, XIR, DAX, LEQ, VUM, PID, KEL, WAV, TUV,
ZOF, GEK, HIW.
Después de aprender esta lista, Ebbinghaus podía recordar pocas sílabas al
día siguiente. Pero, ¿las olvidaba por completo? Cuantas más veces repetía la
lista en vos alta el día 1, menor número de repeticiones necesitaba para
reaprender la lista el día 2. Por lo tanto, aquí había un sencillo principio de
iniciación: la proporción recordada depende del tiempo dedicada al aprendizaje.
Incluso
después
de
aprender
el
material,
el
ensayo
suplementario
(sobreaprendizaje) aumenta la retención. Así, John Dean recordó casi
perfectamente sus comentarios acerca del “cáncer en la presidencia”, una
observación que el había escrito y ensayado varias veces antes de comunicarla
al presidente Nixon.
Harry Bahrick (1984) confirmó el principio de Ebbinghaus. Descubrió que los
docentes de la Universidad Wesleyan de Ohio pronto olvidaban las caras y los
nombres de la mayoría de sus ex alumnos, a quienes veían solo durante un
período de tiempo. En cambio, estos condiscípulos se veía unos a otros en
repetidas ocasiones a lo largo de 4 años, y este sobre aprendizaje les permitía,
un cuarto de siglo mas tarde, reconocer los nombres de los condiscípulos y las
fotografías de los anuarios.
Los nombres de los condiscípulos no solo eran sobre aprendidos a través
de la repetición, sino también aprendidos en el curso del tiempo. Algunos
experimentos (Dempster, 1988) confirman el beneficio suplementario de un
efecto de espaciamiento: el estudio espaciado suele aportar mejor retención a
largo plazo que la acumulación en breve lapso.
Un fenómeno cuya experiencia el lector realizó seguramente ilustra todavía
mejor los beneficios del ensayo. Los experimentadores mostraron a los
individuos una lista de ítem (palabras, nombres, fechas) y después les pidieron
33
que recordasen inmediatamente los ítem en cualquier orden. Cuando la gente
se esfuerza por recordar, a menudo se ve sometida al efecto de la posición
serial: suele recordar los números primero y último mejor que los que están en
posiciones intermedias. Quizá porque todavía se encuentran en la memoria
funcional, recuerdan especialmente bien los últimos ítem. Pero después de
cierto tiempo, el recuerdo es más eficaz respecto de los primeros ítem. Se da
una situación análoga en la vida cotidiana: imaginemos que le van presentando
a varias personas, y, usted va repitiendo el nombre de todos, empezando por el
primero, mientras le siguen presentando gente. Al final habrá pasado usted
más tiempo repitiendo los primeros nombres que los últimos. Así al día
siguiente probablemente recordará mejor los primeros nombres
La repetición no codificará con la misma importancia toda la información. A
veces, la sola repetición de la información, por ejemplo el nuevo número
telefónico que nos disponemos a marcar, no es bastante para almacenarlo con
el fin de recuperarlo después (Crack y Watkins, 1973: Greene, 1987).
Entonces, ¿Cómo procesamos la información para incorporarlo a la memoria
de largo plazo? Procesar nuestra entrada sensorial es como clasificar la
correspondencia del día: instantáneamente desechamos ciertos materiales, y
abrimos, leemos y conservamos otros. Procesamos la información de tres
modos fundamentales: codificamos el significado, visualizando la información y
organizándola mentalmente.
Codificación semántica: el procesamiento del significado. ¿Recuerda la
oración acerca del alborotador? ¿Puede completar la oración: “El irritado
alborotador arrojó…”?
Cando procesamos la información verbal para almacenarla, generalmente
codificamos su significado. Por ejemplo, lo asociamos con lo que ya sabemos o
imaginamos. Que escuchemos “eye-scream” como “ice cream” (crema helada)
o “I scream” (yo grito) depende del modo en que el contexto y nuestra
experiencia nos inducen a interpretar los sonidos.
Entonces quizá a semejanza de los sujetos de un experimento realizado por
William Brewer (1977), usted recuerda la oración acerca del alborotador con el
significado que le asignó al leerla (por ejemplo, “El irritado alborotador arrojó la
piedra a través de la ventana”) y no como esta escrito (“el irritado alborotador
arrojó la piedra a la ventana”). Como lo indica esta rememoración, tendemos a
34
no recordar las cosas exactamente como fueron. Mas bien recordamos lo que
codificamos. Si estudiamos para un examen, es posible que recordemos las
anotaciones de clase más que la clase misma. Asimismo, cuando escuchamos
o leemos acerca de una situación, nuestra mente construye un modelo de la
misma. Gordon Coger y Daniel Morrow (1990) consideran que nuestra mente
es como un director de teatro que, después de recibir un libreto sin elaborar,
imagina la producción teatral ya totalmente realizada. Después, cuando se nos
pide que recordemos lo que oímos o leemos, recordamos no el texto literal,
sino el modelo mental que construimos a partir del mismo. Esto nos ayuda a
comprender los errores cometidos por John Dean cuando intentó recordar
exactamente lo que había dicho y hecho el presidente Nixon, y el recuerdo más
fiel de Dean acerca del significado que él había codificado a partir de sus
conversaciones con el presidente. Para comprobar si la codificación semántica
(el procesamiento del significado) aporta un mejor recuerdo de la información
verbal que el procesamiento acústico o visual, Fergus Craik y Endel Tulving
(1975) presentaron una palabra a la gente. Después, formularon una pregunta
que exigía que la gente procesara las palabras 1) visualmente (la apariencia de
las letras), 2) acústicamente (el sonido de las palabras), o 3) semánticamente
(el significado de la palabra). Para realizar este experimento, responda
rápidamente a las siguientes preguntas:
Palabras presentadas
Sí
No
1. ¿La palabra está en mayús- silla cual?
--------
--------
2. ¿la palabra rima con tren?
--------
--------
--------
--------
ANDÉN
3. La palabra encajaría en esta frase: la joven puso el arma de
sobre la mesa?
¿Qué tipo de procesamiento le prepararía a usted mejor para identificar las
palabras posteriormente? En el experimento de Craik y Tulving, la codificación
semántica más profunda –la pregunta 3- aportó un recuerdo mucho más eficaz.
Esta investigación sugiere la futilidad de intentar el recuerdo de palabras
que no entendemos y los beneficios de la reformulación en términos
significativos de lo que leemos y oímos. A partir de sus experimentos con su
propia persona, Ebbinghaus calculó que, comparando con el material
35
desprovisto de sentido, el aprendizaje de material significativo requería una
décima parta del esfuerzo. Además, como observó el investigador de la
memoria Wayne Wickelgren (1977, pág. 346): “el tiempo que uno dedica a
pensar en el material que está leyendo y a relacionarlo con el material
almacenado previamente constituye la tarea mas útil que uno puede realizar
cuando aprende un tema nuevo”.
Tenemos excelente recuerdo de la información que relacionamos con
nosotros mismos. Si se le pide a la gente que defina con que eficacia la
describen ciertos adjetivos, la gente recuerda bien los adjetivos; si se le
pregunta con que eficacia los adjetivos describen a otra persona, es mas
probable que la gente los olvide (Kuiper y Rogers. Por eso, los alumnos se
benefician cuando utilizan parte del tiempo en buscar un sentido personal para
asignarlo a lo que estudian. La información juzgada como importante para mí
tiene más probabilidades de provocar la reflexión y de ser accesible al
recuerdo.
Imaginería. Nos esforzamos por memorizar fórmulas, definiciones y fechas,
y sin embargo podemos imaginar fácilmente donde estábamos ayer, quien nos
acompañaba, dónde nos sentamos, y lo que usamos. Los recuerdos más
tempranos –probablemente algo que sucedió alrededor de los 3 o 4 añosimplican casi con seguridad cierta imaginería visual, o cuadros mentales.
Por otra, recordamos palabras que se prestan a visualizar imágenes
graficas mejor que palabras abstractas, con reducido poder de imaginería.
(Cuando más tarde yo le pregunte –y lo haré- cuáles, entre las palabras
siguientes, son las tres que usted tiene mas probabilidad de recordar: máquina
de escribir, vacío, cigarrillo, inherente, fuego, proceso). Asimismo, usted
probablemente recuerda todavía la oración acerca del alborotador que arrojó la
piedra, no solo por el significado que usted codificó, sino también porque la
oración se prestaba para ser la base de la imagen visual. Como lo sugiere el
ejemplo y creen algunos expertos del tema de la memoria (Marschark y col,
1987; Paivio, 1986), la memoria de los nombres concretos mejora al
codificarlos tanto semánticamente como visualmente. Dos códigos son mejor
que uno.
La imaginería es la esencia de muchos ayuda memorias. Los recursos
mnemotécnicos (llamados así por la palabra griega que significa memoria)
36
fueron creados por los antiguos estudiosos y oradores griegos como auxiliares
para recordar pasajes y discursos extensos. Aplicando el “método de los
lugares”, imaginaron que ellos se desplazaban a trabes de una serie de lugares
conocidos, asociando cada lugar con una representación visual del tema que
debía ser recordado. Después, al hablar, el orador recorrería de nuevo
mentalmente cada lugar y recuperaría la imagen asociada.
Una variación de este método utiliza historias vividas para organizar las
palabras que es necesario memorizar. Gordon Bower y Michael Clark (1969)
utilizaron listas de nombres sin relaciones mutuas, y pidieron a un grupo
simplemente que estudiase las listas y a otro grupo que inventara historias
utilizando los nombres. (por ejemplo, una historia inventada como ésta: “UN
LEÑADOR SALIÓ de un bosque, SE DESLIZÓ alrededor de un SETO, y dejó
atrás una COLONIA de patos. Tropezó con unos MUEBLES, y se rompió al
CALCETÍN, mientras avanzaba de prisa hacia la ALOMOHADA donde
descansaba su AMA”.) Después de trabajar con 12 listas de 10 palabras cada
una, al grupo que se limito a estudiar cada lista consiguió recordar el 13% de
las palabras; el grupo que inventó historias vividas recordó un asombroso 93%.
Otros recursos mnemotécnicos implican códigos visuales y acústicos. Por
ejemplo, el sistema de las “palabras de apoyo” exige que uno primero
memorice una cancioncilla:
A la una, la aceituna,
al las dos, dice adiós,
a las tres, del revés,
a las cuatro, contra el pato,
a las cinco, pega un brinco,
a las seis, no paséis,
a las siete, un carrete,
a las ocho, está Pocho,
a las nueve, cae la nieve,
a las diez, de una vez.
Sin mucho esfuerzo, pronto se podrá contar con palabras de apoyo en lugar
de números: aceituna, adiós, revés… Después, pueden asociarse visualmente
las palabras de apoyo con los ítems que es necesario recordar. Ahora, uno
esta dispuesto a desafiar a cualquiera a que le presente una lista de productos
alimenticios que haya que recordar. ¿Zanahorias? Imaginémoslas unidas a una
aceituna. ¿Leche? Nos atragantamos bebiéndola a la vez que decimos adiós.
37
¿Toallas de papel? Las colocamos del revés. Pensemos “aceituna, adiós, del
revés” y veremos las imágenes asociadas. Con pocos errores (Bugelski y col.,
1968) podremos recordar los ítem en un orden cualquiera y designar un ítem
dado. Estos sistemas mnemotécnicos suelen ser el secreto que se halla detrás
de las hazañas de los expertos de la memoria, que repiten largas listas de
nombres y objetos.
MEMORIA A LARGO PLAZO
Si se experimenta algo que mas tarde se recuerda, de un modo u otro debe
haber sido almacenado y recuperado. Lo que se almacena en la memoria a
largo plazo yace latente, esperando recobrar vida gracias a una señal ¿Cuál es
la capacidad de almacenamiento de nuestra memoria? ¿Cómo y donde se
registran nuestros recuerdos en nuestro cerebro? ¿Cómo y con qué exactitud
los recuperamos?
Almacenamiento
Capacidad y duración del almacenamiento en la memoria. En A Study in
Scarlet, de Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes expone una teoría popular
acerca de la capacidad de la memoria:
Creo que el cerebro de un hombre es originalmente como un pequeño desván
vacío, y hay que amueblarlo con objetos que uno elige… Es un error creer que ese
cuartito tiene paredes elásticas y puede ampliarse a placer. Estoy seguro de que
llega un momento en que por cada nuevo saber uno olvida algo que conocía antes.
Contrariamente al supuesto de Sherlock Colmes, nuestra capacidad para
almacenar recuerdos a largo plazo es esencialmente ilimitada. Mediante un
cálculo cuidadoso, se llega a la conclusión de que el adulto medio tiene en la
memoria aproximadamente unos mil millones de elementos de información. Si
tenemos en cuenta todo lo que el cerebro debe hacer para codificar, almacenar
recuperar y manipular esta información, su capacidad de almacenamiento es
probablemente de mil a un millón de veces mayor (Landauer, 1986). De modo
38
que nuestros cerebros no son como desvanes, que una vez llenos solo pueden
almacenar desechando cosas viejas.
En realidad, cuanta más experiencia tenemos, y por lo tanto cuanto mejor
podemos organizar y formar asociaciones significativas con la información
nueva, más fácil es aprender y recordar. Este aspecto queda bien ilustrado en
aquellas personas cuyo esfuerzo unido a la experiencia les han permitido
sorprendentes hazañas de la memoria. Stephen Van Nest Powelson, un
ejecutivo empresario de 71 años, había memorizado (según el último informe)
los primeros 22 libros de los 24 que integran las 600 páginas de La Ilíada de
Homero (Stone, 1989), habiendo comenzado la tarea a los 60 años. Rajan
Mahadevan, un diplomado de la Universidad de Kansas originario de la India
había recitado sin errores los primeros 31.811 dígitos de pi –un récord mundial
sólo superado recientemente cuando Hideaki Tomoyori de Japón, recordó los
primeros 40.000 dígitos en un recitado que le llevó 17 horas y 21 minutos
(Thompson y col., 1991).
Pero, ¿Qué perdición y duración tienen los recuerdos que almacenamos
cotidianamente? Ebbinghaus (1885) aprendió listas de sílabas sin sentido, y
midió el caudal que retenía al reaprender cada lista, entre 20 minutos y 30 días
mas tarde. Su famosa “curva del olvido”.
Harry Bahrick (1984b), un moderno descendiente de la tradición de
Ebbinghaus, examinó la curva del olvido del español aprendido en la escuela.
Utilizando el método de sección transversa (pág. 119) comparó el conocimiento
de español en las personas que acababan de aprender ese idioma con el
conocimiento de español de las que lo habían estudiado hasta 50 años antes.
Comparadas con las que acababan de finalizar un curso de español en el
colegio secundario o la universidad, quienes llevaban 3 años fuera del colegio
habían olvidada gran parte de lo aprendido. Sin embargo, después de los tres
años el olvido años, el olvido se nivelaba; lo que la gente recordaba entonces,
lo recordaba todavía 25 años mas tarde, incluso si no había utilizado en
absoluto su español.
El español olvidado ¿desapareció –ya no está almacenado- o simplemente
es inaccesible? Si pudiéramos desvelarlas, ¿hallaríamos intactas nuestras
experiencias pasadas, como libros sepultados durante mucho tiempo en un
desván polvoriento? Así lo creía Sigmund Freud. Si por lo menos pudiéramos
39
recuperar y resolver los dolorosos recuerdos reprimidos de nuestra niñez, creía
Freud, el resultado seria la curación emocional. Cuando regresan a épocas
anteriores bajo la hipnosis, algunas personas suministran informes detallados
de las experiencias infantiles. Pero como señalamos en el capítulo 7, estos
informes no son fidedignos, y es típico que incluyan material inventado.
El almacenamiento físico de la memoria. Durante un tiempo, se creyó
que la estimulación del cerebro durante la cirugía aportaba la prueba de que
nuestro pasado está “allí dentro”, con todos sus detalles, esperando que lo
revivamos. Como el lector podrá recordar, para predecir los posibles efectos
secundarios de la cirugía, el neurocirujano Wilder Penfield ayudó a trazar el
mapa de la corteza motora del cerebro estimulando eléctricamente a pacientes
completamente despiertos. A veces, los pacientes de Penfield decían que oían
cosas, como por ejemplo “una madre llamando a su hijito”. Penfield (1969)
supuso que estaba activando experiencias perdidas mucho tiempo atrás y
grabadas de manera permanente en el cerebro.
Pero, ¿Cuál es exactamente la “línea de la memoria”? desde la década de
1970 han aparecido, en rápida sucesión, nuevos datos acerca de la base física
de la memoria. Mientras los psicólogos cognoscitivos estudian el “software” de
nuestra memoria, los neuropsicólogos están adquiriendo nuevos conceptos
acerca del “hardware” (de nuestra memoria cómo y dónde almacenamos
físicamente la información en nuestro cerebro).
Durante varias décadas, los neuropsicólogos han investigado el cerebro
buscando pruebas físicas de la memoria. La búsqueda, a veces, ha sido
exasperante. Un psicólogo, Kart Lashley (1950), entrenó ratas para resolver un
laberinto, y después extrajo fragmentos de su corteza cerebral y probó su
memoria en el laberinto. Abrigaba la esperanza de llegar a localizar donde se
almacenaba el recuerdo del laberinto. Por desgracia, cualquiera que fuese la
parte de la corteza que extirpaba, las ratas conservaban, por lo menos, una
memoria parcial de cómo resolver el laberinto. Conclusión de Lashley: los
recuerdos no están en lugares únicos y específicos.
¿Puede afirmarse, en cambio, que los recuerdos residan en la actividad
eléctrica permanente del cerebro? En caso afirmativo, la supresión provisional
de esa actividad tendría que eliminar, del mismo modo que la supresión del
aporte de energía anula el funcionamiento de un reloj electrónico. Para
40
comprobar esta conclusión, Ralph Gerard (1953) entrenó a varios hámsters a
mirar hacia la derecha o hacia la izquierda para obtener alimento. Después,
rebajó la temperatura del cuerpo hasta que cesó la actividad eléctrica del
cerebro. Cuando se reviviera a los hámsters y sus cerebros recobraran la
actividad, ¿recordarían el camino que tenían que seguir? Sí. Los recuerdos a
largo plazo sobrevivieron a la suspensión de la actividad eléctrica.
Cambios sinápticos. Otros neurocientíficos están analizando la memoria
de
manera
mas
refinada,
explorando
los
cambios
intraneuronas
e
interneuronas individuales. Los recuerdos comienzan como impulsos que
recorren circuitos cerebrales, pero después, de un modo u otro, se unifican en
cambios nerviosos permanentes. Aunque el paso de una corriente eléctrica a
través del cerebro no desorganizara los recuerdos existentes, los recuerdos no
consolidados se verán borrados. Tal es la experiencia, tanto con animales de
laboratorio como con personad deprimidas a quienes se administró la terapia
electro convulsiva. Un golpe en la cabeza puede determinar el mismo efecto.
Cuando los jugadores de fútbol que están aturdidos o que se desmayan y
pierden el sentido durante un momento, mantienen una entrevista pocos
minutos después, es típico que no logren recordar la jugada durante la que
sucedió el incidente (Yarnell y Lynch, 1970). Asimismo un boxeador noqueado
en el segundo round tal vez no recuerde el primer round. La información de la
memoria a corto plazo, existente antes del golpe, no dispuso de tiempo para
consolidarse y convertirse en una memoria a largo plazo.
¿Dónde tiene lugar el cambio nervioso que confiere carácter permanente a
los recuerdos? Los datos disponibles señalan a la sinapsis, el lugar donde las
células nerviosas se comunican unas con otras a través de los mensajeros que
son los neurotransmisores (Lynch y Baudry, 1984). Hemos visto anteriormente
el modo en que la experiencia modifica las redes nerviosas del cerebro. En
repuesta al aumento de actividad en determinada vía, se forman o se fortalecen
interconexiones nerviosas. La interrupción de estas vías nerviosas, como hizo
el neuropsicólogo Richard Thompson (1985) con algunas vías de los reflejos
condicionados a través del cerebelo de los animales, destruye la respuesta
aprendida.
Cuando una señal llega a la fibra nerviosa se producen cambios
electroquímicos que estimulan las terminaciones del los axones para la
41
secreción de neurotransmisores. En el proceso de sinapsis las terminaciones
del axón liberan mensajes químicas llamados neurotransmisores (acetilcolina y
serotonina). Por un instante se producen pequeñas aberturas en las moléculas
receptoras de las dendritas de las células contiguas por donde ingresan los
neurotransmisores liberados para ser nuevamente transmitidos a otra célula, y
así sucesivamente en el proceso de transmisión de la información.
Para saber como se consolidan exactamente las vías nerviosas, Daniel
Halkon (1989) y Gary Lynch y col. (1990), observaron los cambios moleculares
en
los
receptores
de
las
dendritas
de
los
animales
después
del
condicionamiento: los cambios que determinan que las neuronas receptoras
sean más sensibles. Eric Kandel y James Schwartz (1982) observaron también
cambios en las neuronas emisoras. Eligieron los sujetos de experimentación
entre los animales más simples, el caracol marino de California, Aplasia. Sus
escasas 20.000 células nerviosas, son extremadamente grandes y accesibles y
permiten que los investigadores observen los cambios sinápticos durante el
aprendizaje.
En el capítulo 8 se señala como el caracol marino puede ser condicionado
clásicamente (con un shock eléctrico) para extraer sus branquias por vía refleja
cuando se lo rocía con agua. Al observar las terminaciones nerviosas del
caracol, antes y después del condicionamiento, los investigadores detectaron
cambios. Cuando hay aprendizaje, el caracol libera una proporción mayor de la
serotonina neurotransmisora en ciertas sinapsis, y estas sinapsis llegan a ser
más eficaces para transmitir señales. Si bloqueamos mediante drogas los
neurotransmisores, se desorganiza el almacenamiento de la información
(Squire, 1987). Asimismo, la enfermedad de Alzheimer desorganiza la memoria
al destruir el tejido cerebral que secreta neurotransmisores.
El alcohol desorganiza la actividad transmisora de la serotonina, y eso
contribuye a explicar por qué el alcohol perjudica la formación de recuerdos
(Weingartner y col., 1983). Al día siguiente de una noche de gran consumo
alcohólico, una persona puede tener dificultades para recordar lo que pasó esa
noche. En general, los depresores dificultan la formación del recuerdo. Las
hormonas que actúan como estimulantes naturales y que los humanos y los
animales producen cuando están excitados o estresados tienen el efecto
contrario. Aumentan el aprendizaje y la retención. Cuando una rata reciba una
42
hormona estimulante y después un suave shock en la pata, se forma un
recuerdo indeleble, como el que se forma cuando un shock intenso el la pata
desencadena espontáneamente la liberación de la misma hormona (Gold,
1987; McGaugh, 1990). Estas hormonas determinan una mayor disponibilidad
de energía procedente de la glucosa para alimentar las actividades cerebrales.
Los cambios hormonales desencadenados por las emociones ayudan a
explicar por qué recordamos mucho tiempo los hechos sugestivos o
impresionantes, por ejemplo el primer beso, un asesinato político o un
terremoto. (Otra razón de la durabilidad de estos recuerdos es el hecho de que
los revivimos y repasamos).
TIPOS DE MEMORIA A LARGO PLAZO
Recuerdos a largo
plazo
Memoria
Procedimental
Memoria Declarativa
Destrezas
Semántica
Episódica
M.
Condic. Otros
Implicita clasico tipos
Durante los últimos diez años, la memoria a largo plazo se ha considerado
como una entidad formada por una serie de sistemas diferentes. En este
capítulo vamos a presentar algunos resultados que apoyan la existencia de
distintos componentes dentro de la memoria a largo plazo. La figura presenta
una clasificación que se ajusta bastante bien a los conocimientos actuales. La
distinción entre memoria declarativa y procedimental tiene en cuenta el tipo de
información que debe ser recordada. Los contenidos de la memoria
43
declarativa,
pueden
ser
traídos
a
la
mente
(declarados)
mediante
proposiciones o imágenes. Se trata de una memoria de hechos, se relaciona
con un “saber que”. La memoria procedimental no está sujeta al concepto de
capacidad, repetición y distracción, como lo está la memoria declarativa, ni
exige la integridad de la zona temporal media del cerebro. Es una memoria de
habilidades relacionada con el “saber como” hacer cosas.
La memoria declarativa se ha dividido en memoria episódica y memoria
semántica (Tulving, 1972, 1983; Tulving y Schacter, 1990). La memoria
episódica es una memoria de hechos pasados de la vida del sujeto que están
fechados en el tiempo. Se trata de un tipo de memoria relacionada con la
autobiografía de la persona. La memoria semántica, por el contrario, está
relacionada con el conocimiento del mundo y del lenguaje. Es una memoria
que registra información relacionada con hechos, conceptos y lenguaje ( ej.
recuerdos de datos o fechas históricas)
La memoria procedimental o memoria de habilidades es un tipo de
memoria asociativa, mas básica, relacionada con el conocimiento “saber
como”. Este tipo de memoria se demuestra por la realización de alguna acción
como escribir a máquina un documento, montar en bicicleta o abrocharse el
abrigo. Todas esas habilidades se adquieren al realizar dichas acciones las que
se vuelven automáticas. Incluye las destrezas o habilidades motoras y
cognitivas,
los
fenómenos
del
priming
o
memoria
implícita
el
condicionamiento clásico simple y otros casos que implican la mejora de la
realización de actividades cognitivas a través de la experiencia.
Las personas poseemos en nuestra memoria permanente información sobre
experiencias adquiridas a través de las diferentas modalidades sensoriales.
Cada tipo de información obtenida a partir de una modalidad sensorial tiene sus
características propias. La información obtenida sobre un objeto, animal o
persona a partir de la visión. La audición el tacto, etc, normalmente se integra
en un todo único que constituye el recuerdo completo. Recordamos ciertos
olores, sabores y melodías, el suido que hace una barra de pan cuando la
partimos con las manos, el olor que desprende el pan caliente, la sensación
que sentimos en la piel cuando pasamos los dedos por la barra de pan, un
suceso que nos conmocionó en un momento dado, o unas imágenes de la
televisión tremendamente crudas sobre la guerra de los Balcanes
44
La memoria procedimental se contrapone a la memoria declarativa.
Mientras los contenidos de la memoria episódica y semántica pueden ser
declarados y traídos a la memoria conscientemente, los contenidos de la
memoria procedimental se suelen activar sin necesidad de recuperarlos
conscientemente y se manifiestan a través de la realización de alguna
actividad.
MEMORIA IMPLÍCITA Y MEMORIA EXPLÍCITA
Hasta hace apenas unos años el estudio de la memoria se realizaba
utilizando casi exclusivamente pruebas de recuerdo y de reconocimiento en las
que se pedía a las personas abiertamente que recordaran o reconocieran el
material presentado previamente. En una prueba de recuerdo se presentan una
serie de estímulos y después de un cierto tiempo se pide a los observadores
que indiquen que tipo de estímulos han sido presentados previamente. En una
prueba de reconocimiento se presenta una serie de estímulos (llamados
estímulos antiguos). Después de un cierto período de tiempo se presentan
estos mismos estímulos junto con otros tantos estímulos nuevos, el observador
tiene que indicar ante cada estímulo si se trata de un estímulo “antiguo” o
“nuevo”. En ambos tipos de tareas, los participantes recuperan voluntaria y
conscientemente la información almacenada en su memoria. Graf y Schacter
(1985) distinguieron entre la memoria evaluada de este modo, a la que
llamaron memoria explicita o consciente, y otro tipo de memoria a largo plazo a
la que llamaron memoria implícita. Es sorprendente que un campo de
investigación tan reciente sea el mas estudiado actualmente dentro de la
psicología cognitiva (Greene, 1992).
La memoria implícita supone la recuperación no intencional de la
experiencia previamente adquirida. Las pruebas de memoria implícita también
se llaman pruebas indirectas, incidentales o automáticas. Este tipo de memoria
se ha comparado con la memoria explícita que hace referencia a la
recuperación intencional y consciente de la experiencia pasada.
45
Estudios con pacientes amnésicos
La distinción entre estos dos tipos de memoria surgió principalmente de los
resultados obtenidos en estudios con pacientes amnésicos. La amnesia es una
enfermedad que produce graves trastornos en la capacidad para realizar
nuevos aprendizajes. Tiene su origen en lesiones de la zona temporal media
del córtex (Squire, 1987). Lo destacado es que los pacientes tienen una
actuación normal en pruebas de memoria explícita.
Estos investigadores mostraron a los pacientes amnésicos una serie de
palabras y dibujos incompletos para que los identificaran. Empezaron
presentando la versión más incompleta de los estímulos y fueron mostrando de
forma ordenada versiones cada vez mas completas de los mismos, hasta que
los pacientes fueron capaces de identificarlos. Estos pacientes mostraron
facilitación cuando las mismas palabras o dibujos se volvieron a presentar en
un ensayo posterior. Sin embargo. Cuando les pidieron a que reconocieran
explícitamente los estímulos presentados previamente frente a otros estímulos
nuevos, su actuación fue muy mala.
Mientras las pruebas de memoria implícita son pruebas en las que la
manifestación de esta capacidad se realiza sin que su acceso sea consciente
(condiciones de recuperación incidental), en las pruebas de memoria explícita
la recuperación de la información se produce de un modo consciente y
voluntario (recuperación intencional) , sabiendo el sujeto que una determinada
información se ha recuperado a partir de la memoria (Gardiner y Java, 1993).
Este es un aspecto fundamental de la diferencia entre ambos tipos de memoria,
ignorado por el enfoque del procesamiento.
APRENDER Y RECORDAR
Una de las características más importantes del ser humano, a diferencia de
los animales, es su capacidad para poner en marcha modos de procesamiento
de la información voluntarios. Estos modos de procesamiento se dice que son
voluntarios porque están controlados por la propia persona. A diferencia de los
animales, los seres humanos logran un gran número de objetivos cuyo fin
inmediato no consiste simplemente en la supervivencia del individuo o de la
especie. Estos nuevos objetivos se pueden lograr porque las personas (y los
46
demás seres vivos, aunque en menos grado) son capaces de aprender. La
memoria es la capacidad que permite mantener activos diferentes elementos
de la información mientras se integran unos con otros (Baddeley, 1990). La
memoria, sin embargo, no retrata de un proceso psicológico o una capacidad
humana unitaria. Como vamos a ver a continuación, existen diferentes tipos de
memoria, cada una con sus características, funciones, y procesos propios.
¿Qué es la memoria? La memoria es un proceso psicológico que sirve
para almacenar información, codificarla y registrarla de alguna manera. La
información adquirida se almacena en el cerebro humano y puede ser
recuperada generalmente con rapidez y eficiencia. Todo lo que conocemos
sobre el lenguaje, sobre el mundo, y sobre nuestra propia historia personal se
encuentra registrado y organizado en ese enorme almacén la que llamamos
memoria.
TIPOS DE APRENDIZAJE
No todos los aprendizajes son iguales. El aprendizaje declarativo equivale a
“saber qué” mientras que el aprendizaje procedimental equivale a “saber
como”. Suponga que un futuro profesor de educación física está aprendiendo
como debe actuar cuando un niño del equipo de baloncesto se cae y se
fractura un brazo. ¿Cómo procederá el profesor? Primero, posiblemente tratará
de repetir mentalmente o en voz alta de manera conciente los distintos pasos a
seguir antes de trasladarle a un centro médico. También puede intentar hacer
algún esquema escrito en el que aparezcan todos los puntos importantes que
debe recordar. A medida que tenga que socorrer varias veces a sus alumnos
cuando sufran algún tipo de accidente durante el entrenamiento, el aprendizaje
“saber qué”, o aprendizaje declarativo, irá convirtiéndose en aprendizaje “saber
como “, o aprendizaje procedimental. La persona sabe como hacer las cosas
sin necesidad de recitar de memoria cada uno de los pasos a seguir. Ahora lo
hace de manera bastante automática.
Aprendizaje intencional y aprendizaje incidental. Podemos adquirir nuevos
conocimientos de modos muy diferentes. El aprendizaje intencional, explícito o
consciente, se suele considerar como un tipo de aprendizaje diferente del
aprendizaje incidental, implícito o inconsciente, ¿Cómo podemos aprender un
47
tema de una asignatura? ¿Cuál es el mejor procedimiento para obtener éxito
en nuestro empeño? Todas estas cuestiones, de indudable interés aplicado,
han sido estudiadas por la psicología cognitiva. La investigación psicológica ha
descubierto una serie de principios generales que, si se utilizan correctamente,
pueden ayudar a potenciar los recursos de la mente humana. Una regla
importante consiste en prestar atención al nuevo material y estar motivados
para aprender. Pero esto, por sí solo, no es suficiente. Hace falta, además, una
cierta dosis de práctica para que el aprendizaje realizado se consolide. Es
importante también intentar relacionar la información nueva que queremos
aprender con otras informaciones que ya poseemos. Por último, para que lo
aprendido no se olvide, es necesario que el nuevo aprendizaje se almacene de
algún modo en la memoria. Cuando al cabo de un tiempo queremos recuperar
la información almacenada en la memoria para expresarla en un examen o
para actuar en una situación determinada, podremos hacerlo con facilidad. Este
tipo de aprendizaje es intencional, explícito y consciente. Pero además,
aprendemos muchas cosas sin proponérnoslo conscientemente. Este tipo de
aprendizaje que realizamos sin intención de prender se llama incidental. El
aprendizaje incidental es un tipo de aprendizaje pasivo, no consciente, que
produce conocimiento abstracto y superior al conocimiento explícito cuando
realizamos juicios en condiciones complejas (Reber, 1989)
LA IMPORTANCIA DE LOS ESQUEMAS: LOS ESTUDIOS DE
BARTLETT
Hace mas de medio siglo, el psicólogo ingles Frederic Bartlett (1932)
estudió el funcionamiento e la memoria humana en ambientes naturales
utilizando material significativo en lugar de utilizar sílabas sin sentido, como
había hacho tiempo atrás Ebbinghaus. Con este fin, Bartlett (ver figura) preparó
historias que resultaran interesantes y que estuvieran próximas al tipo de
materiales que las personas normales utilizan a diario.
Bartlett introdujo en la psicología la teoría de los esquemas y su influencia
en
el
recuerdo.
Los
esquemas
son
conocimientos
almacenados
o
representados en la memoria como consecuencia de las experiencias pasadas.
Según esta teoría, lo que recordamos está influido por los conocimientos
48
previos. El conocimiento almacenado en la memoria está organizado formando
una serie de esquemas (representaciones mentales) que contienen el
conocimiento que poseemos sobre un objeto o una situación más compleja.
Uno de los métodos utilizados por Bartlett consistió en leer una narración y
comprobar como las personas las recuerdan después de diferentes períodos
de tiempo. Una de sus historias más conocidas es la llamada “La guerra de los
fantasmas”. Si desea comprobar que fue lo que observó Bartlett, lea una vez
esta historia despacio. Después cierre el libro, o saltéese esta parte. Dentro de
una semana intente recordarla. Escriba la historia tal como la recuerde. Repita
este proceso al cabo de un mes. Lea después de este tiempo la historia original
y compare su primer y su segundo recuerdo de la misma. Comprobará que ha
habido cambios sustanciales con respecto a la historia original, y lo mismo
entre su primer recuerdo de la historia y el segundo. Esto fue precisamente lo
que encontró Bartlett.
Una de las historias de Bartett
“LA GUERRA DE LOS FANTASMAS”
Versión original
Una noche, dos jóvenes de Egulac bajaron al río a cazar focas. Estando allí se
encontraron envueltos en la niebla y el silencio. Entonces oyeron gritos de
guerra y pensaron:”puede que se preparen para la guerra”. Se marcharon a la
orilla y se escondieron detrás de un tronco. Aparecieron canoas, oyeron el
ruido de los remos y comprobaron que una se dirigía hacia ellos. Los cinco
hombres que venían en la canoa les dijeron: “¿Qué pensáis?, deseamos que
vengáis con nosotros. Vamos a remontar el río para luchar contra la gente.”
Uno de los jóvenes dijo: “no tengo flechas”.
El dijo: “las flechas están en la canoa”.
“yo no iré. Me pueden matar. Mi familia no sabe a dónde he ido”. “Pero tú”, dijo
volviéndose al otro, “puedes ir con ellos”
Así que uno de los hombres fue con ellos y el otro volvió a casa.
Y los guerreros remontaron el río hasta una ciudad al otro lado de Kalama. La
gente bajó al río y empezaron a luchar, y muchos murieron. En ese momento,
el joven oyó a uno de los guerreros que decía: “de prisa, vamos a casa: este
49
indio ha sido golpeado”. Entonces pensó: Oh, son fantasmas”. No se sentía
mal, pero decían que le habían disparado.
Así que las canoas regresaron a Egulac, y el joven regresó a su casa y
encendió el fuego. Y dijo a todo el mundo: “escuchadme, acompañé a los
fantasmas y fuimos a luchar, muchos de nuestros compañeros murieron y
muchos de nuestros atacantes también. Dijeron que fui golpeado, pero no me
siento mal”. Se lo contó a todos, después calló. Cuando amaneció se
desvaneció. De su boca salió algo negro. Su cara se contorsionó. La gente
salió y lloró. Estaba muerto. (Bartlett, 1932).
Bartlett (1932), en su libro Remembering, recogió historias como esta junto
a los resultados obtenidos cuando pidió a sujetos ingleses que las recordaran
después de diferentes intervalos de tiempo. Esta historia le habrá parecido
extraña, lo mismo que les pareció a los sujetos de Bartlett. Compare la historia
original con el recuerdo de un sujeto después de dos años y medio
LA GUERRA DE LOS FANTASMAS (dos años y medio después)
Este es el recuerdo de un sujeto después de dos años y medio después de
haber oído esta historia.
“algunos guerreros fueron a luchar contra los fantasmas. Lucharon todo el día y
uno de los suyos resultó herido.
Volvieron a casa al atardecer, llevando a su camarada enfermo. Al final del
día, empeoró rápidamente y los paisanos lo rodearon. Al ponerse el sol algo
negro salió de su boca. Estaba muerto”.
Como habrá observado en la trascripción anterior, con el paso del tiempo el
recuerdo de la historia se hace mucho más breve. Bartlett destacó el papel del
conocimiento previo en la reconstrucción de la historia. Los recuerdos no eran
simples copias de los sucesos o eventos sino que dependían de sus propios
esquemas en los que influían las expectativas y las experiencias. La teoría de
Bartlett es una teoría que funciona arriba-abajo.
Bartlet introdujo en psicología el concepto de esquema para explicar la
forma como los sujetos humanos recuerdan historias. Como habrá observado
50
en la trascripción de la “guerra de los fantasmas”, las personas omiten ciertos
detalles de la historia que tratan de recordar, introducen detalles que no
estaban en la historia, reconstruyen la historia con el fin de que adquiera
sentido. Según Bartlett, las personas asimilan la historia de ciertos esquemas
mentales contenidos en su memoria gracias a la experiencia pasada.
El resultado más importante es que el recuerdo de determinados
acontecimientos se transforma hasta hacer que coincida con la información
contenida en dichos esquemas.
Aunque se están acumulando datos acerca de la base física de la memoria,
muchas respuestas continúan siendo inciertas. ¿Los recuerdos están
almacenados en lugares sinápticos específicos, como sugiere el trabajo de
Kandel y Schwartz con los caracoles marinos? ¿O los recuerdos están
dispersos, como lo sugiere incapacidad de Lashley para anularlos? ¿O existen
otras dos situaciones? Y, ¿exactamente cómo almacenamos los recuerdos
explícitos e implícitos? De un modo todavía desconocido, la interacción entre
todo el sistema de la memoria y sus subsistemas y redes disperso nos permite
almacenar residuos de una vida entera de experiencias con sus olores,
imágenes y sonidos asociados. Es evidente que aún tenemos que descubrir
gran parte de lo que necesitamos conocer acerca de la base física de la
memoria.
Recuperación
Para la mayoría de la gente, la memoria es la rememoración, la capacidad
de recuperar información que no se encuentra en el plano del conocimiento
consciente. Para un psicólogo, la memoria es cualquier signo de que algo que
fue aprendido y se ha retenido. De modo que identificar o reaprender con más
rapidez la información también indica la existencia de la memoria.
Un ejemplo: cuando ya no se esté en condiciones de recordar a la mayoría
de las personas del último curso del colegio secundario, tal vez pueda aún
identificar sus rostros entre una serie de fotografías de final de curso, y
reconocer sus nombres en una lista de apellidos. Harry Bahrick y col., (1975)
51
informaron que la gente que se había diplomado 25 años antes no podía
recordar a muchos de sus condiscípulos, pero sí podía identificar el 90% de sus
rostros y de sus nombres. Y si tiempo atrás uno aprendió algo y después lo
olvidó, probablemente volverá a aprenderlo con más rapidez que la primera
vez. Cuando se estudia para un examen final o se revive una lengua usada en
los primeros años de infancia, el reaprendizaje es más fácil. Los tests de
reconocimiento y del tiempo consagrado al reaprendizaje revelan que
recordamos más de lo que podemos evocar.
Indicios para la recuperación. Para recuperar un documento de una
biblioteca que almacena información, se necesita un sistema de acceso a la
misma. En las pruebas de reconocimiento, las claves de recuperación (p. ej.,
las fotografías), permiten llegar hasta una información (nombres de los
condiscípulos) que de otro modo no podríamos evocar. Las claves de la
recuperación también nos indican donde buscar, en la Colliers Encyclopedia,
las entradas “dólar”, “moneda” o “dinero”. Pero tal vez los esfuerzos sean
inútiles. Para obtener la información deseada se tendría que buscar la entrada
“Gran Sello de Estados Unidos” (Hayes, 1981). Como ocurre con la información
almacenada en las enciclopedias, los recuerdos son inaccesibles a menos que
tengamos la clave para recuperarlos. Cuando mas y mejor aprendida sea la
clave utilizada para la recuperación, más accesible será el recuerdo.
Se puede concebir un recuerdo como un elemento contenido en el
almacenamiento gracias a una red de asociaciones (J.R.Anderson, 1983). Para
recuperar determinado recuerdo se necesita identificar primero uno de los hilos
que
conduce
al
mismo,
proceso
denominado
desencadenamiento
preparación (Bower, 1986). El filósofo y psicólogo William afirmó que la
preparación es el “despertar de las asociaciones”. A menudo nuestras
asociaciones se ven activadas o preparadas sin darnos cuenta. Oír o ver la
palabra conejo puede determinar inconscientemente que la gente entienda la
palabra hablada piel como pelo, conejo origina asociaciones con pelo, a pesar
de que no recordamos haber oído la palabra conejo. (Recuerden que incluso
los estímulos subliminales a veces pueden desencadenar respuestas a
estímulos ulteriores.)
¿Podemos recordar mejor si recurrimos a claves de recuperación
procedentes de nuestra propia trama de asociaciones? Sin duda. Los recursos
52
mnemotécnicas nos suministran fáciles signos de recuperación: ROY G. BIB;
HOMES: moño, zapato, árbol. También podemos recurrir a claves que activen
nuestro recuerdo de experiencias anteriores. Antes de las audiencias del
Watergate, John Dean refresco su memoria “releyendo todos los artículos de
periódicos que trataban de lo que había sucedido, y después situándome a mi
mismo en lo que había hecho en determinados momentos” (Neisser, 1981)
Efectos del contexto. Sin duda, situarse en el contexto en que se realizó
cierta experianciaes útil. Duncan Godden y Alan Baddeley (1975) lo
descubrieron al hacer que varios submarinistas escuchasen un lista de
palabras en dos medios distintos, a tres metros bajo el agua o sentados en la
playa, los submarinistas recordaron mas palabras cuando se les sometió a un
nuevo examen en el mismo lugar.
Es probable que el lector haya vivido experiencias análogas referidas a los
efectos del contexto. Al regresar al lugar donde vivió o a la escuela a la cual
asistió hace años, es posible que el individuo se sienta asaltado por claves de
recuperación, y después por recuerdos. Afrontar un examen en la misma aula
en que uno asistió a clase puede ayudar un poco. Carolyn Rovee-Collier (1989)
descubrió en varios experimentos que un contexto familiar activa los recuerdos
incluso en los niños de 3 meses. Después de aprender que mediante
movimientos de las piernas activaban un móvil (gracias a una cinta atada al
tobillo), los bebes recuperaron mucho mejor ese aprendizaje cuando se les
puso de nuevo a prueba en la misma cuna y con el mismo móvil.
A veces estar en un contexto análogo a uno anterior, puede desencadenar
la experiencia denominada déjà vu, esa extraña sensación de que “haber
vivido antes la misma situación”. La gente que formula así la pregunta: “¿Cómo
puede reconocer una situación que estaba viviendo por primera vez?” quizás
suponga
que
está
sucediendo
algo
paranormal.
¿Se
trata
de
una
reencarnación (“debo haber experimentado esto en una vida anterior”) o de una
precognición (“Vi esta escena en mi mente antes de realizar la experiencia”)?
Si formulamos la pregunta de distinto modo (“¿por qué creo reconocer esta
situación?”), advertiremos como nuestro sistema de la memoria puede producir
la situación de déjà vu (Alcock, 1981). Si hemos vivido antes una situación
análoga, aunque no podamos recordar qué era, la situación actual puede estar
cargada de calves que nos ayudan inconcientemente a recuperar la
53
experiencia anterior. Así, si vemos a un extraño que se parece a uno de
nuestros amigos y camina como él, la semejanza puede originar un sentimiento
de reconocimiento. Pero este sentimiento choca con nuestra certeza de que la
persona es un extraño, y nos lleva a pensar: “Vi antes a esa persona”.
Estado de ánimo y recuerdos. Las palabras, los hechos y los contextos
asociados no son las únicas claves para la recuperación. Los episodios del
pasado pueden haber despertado una emoción específica, la cual después nos
lleva a acordar los hechos asociados. El psicólogo cognoscitivo Gordon Bower
(1983) explica: “un estado emocional específico es como una habitación
específica de una biblioteca, donde el sujeto deposita los registros del
recuerdo; esos registros pueden recuperarse más fácilmente si regresa a la
misma habitación o al mismo estado emocional”. Las cosas que aprendemos
en un estado –sea este alegre o triste, en estado de embriaguez o sobriedadpueden recordarse mas fácilmente cuando volvemos al mismo estado,
fenómeno denominado recuerdo dependiente del estado. Lo que se aprende
cuando uno esta borracho, o excitado o deprimido no se recuerda bien en
ningún estado (las drogas y la depresión estorban la codificación); pero se
recuerda un tanto mejor cuando el individuo de nuevo está borracho, excitado o
deprimido. La persona que oculta dinero cuando esta borracha puede olvidar
donde lo puso hasta que vuelve a embriagarse.
Resulta aún más sorprendente el efecto de un estado de ánimo sobre los
recuerdos coloreados emocionalmente (Ellis y Ashbrook, 1989); Ucros, 1989).
Una explicación, aunque discutida, se basa en que asociamos los hechos
positivos o negativos con sus emociones concomitantes. Así, cuando volvemos
a sentirnos bien o mal, recordamos más fácilmente los buenos o los malos
tiempos asociados. Algunos ejemplos: si la gente se siente animosa –gracias a
la hipnosis o simplemente a los episodios de la jornada (una victoria en el
mundial para los sujetos alemanes de un estudio) –suelen evocar un mundo de
color de rosa (Forgas y col., 1984; Schwartz y col., 1987). Se juzgan a si
mismos competentes y eficaces, atribuyen benevolencia a otras personas, y la
vida en general es maravillosa. Si algunos hechos negativos ponen de mal
humor a las mismas personas, de pronto todo lo recuerdan negativamente.
Por lo tanto, no debe sorprendernos que las personas que suelen estar
deprimidas recuerden a sus padres como individuos rechazantes, punitivos y
54
promotores de sentimientos de culpa; y en cambio las personas que antes
estuvieron deprimidas describen a sus padres como personas que jamás
padecieron una depresión grave (Lewinsohn y Rosenbaum, 1987). Sus
recuerdos son “congruentes con el estado de ánimo”. La depresión agría los
recuerdos al desencadenar asociaciones negativas. Es posible que usted y yo
asintamos como quien está al corriente del asunto. Pero por extraño que
parezca, cuando nos sentimos de buen o de mal humor, insistimos en atribuir
nuestros cambiantes juicios y recuerdos a la realidad más que a nuestro
circunstancial estado de ánimo.
A veces después de recibir un golpe a través de unas malas noticias, por
ejemplo un examen fallido, tratamos de contrarrestar el efecto recuperando
recuerdos que apuntalan nuestro ego (Parrott y Sabini, 1990). De todos modos,
el estado de ánimo actual colorea nuestra recuperación de las experiencias
anteriores, e influye aún mas intensamente en la codificación de las
experiencias nuevas (Jonson y Magaro, 1987; Mayer y Salovey, 1987). La
gente feliz se muestra mas receptiva para la retroacción positiv, la gente
deprimida para la retroacción negativa (Esses, 1989). El malhumor también nos
predispone para percibir e interpretar de manera negativa el comportamiento
de otras personas. Cuando estamos de buen humor, los mismos actos
provocan una impresión mas positiva. Es cierto que nuestro estado de ánimo
depende del mundo que nos rodea. Pero también es cierto que el modo en que
uno percibe el mundo depende de su estado de ánimo. Las paciones tienden a
deformar.
El efecto del estado de ánimo sobre la codificación y la recuperación
contribuya a explicar por qué los estados de ánimo perduran. Cuando uno se
siente feliz, recuerda hachos felices, y eso ayuda a prolongar el ánimo positivo.
Cuando está deprimido, recuerda hechos deprimentes, lo cual a su vez
alimenta interpretaciones deprimentes de los hechos actuales. Como veremos
en el capítulo 15, este proceso mantiene el círculo vicioso de la depresión.
Elizabeth Loftus ha demostrado repetidas veces que los testigos aculares
también elaboran informes cuando se les pide que recuerden incidentes. En un
examen con John Palmer, Loftus mostró un filme de un accidente de tráfico e
interrogó después a los espectadores acerca de lo que veían (Loftus y Palmer,
1973). Los que escucharon la pregunta “¿A que velocidad corrían los
55
automóviles cuando se estrellaron uno contra otros?” suministraron cálculos de
velocidad mas elevados que los que recibieron la pregunta “¿A que velocidad
iban los automóviles cunado chocaron uno contra otro?”. Una semana
después, los investigadores preguntaron a los testigos si recordaban haber
visto vidrios rotos. Los que recordaron haber visto vidrios rotos eran el doble
cuando se les formulaba la pregunta utilizando la palabra “estrellaron” que
cuando se utilizaba la palabra “chocaron”. En realidad, no hubo vidrios rotos.
El resultado repetido es un efecto de información errónea: después de
exponerse a una información errónea, mucha gente recuerda mal. Recuerdan
erróneamente una señal de paso como una de detención, los martillos como
destornilladores, los envases de coca como recipientes de maníes, la revista
Vogue como Mademoiselle, el ”doctor Henderson” como el “doctor Davidson”,
el cereal para el desayuno como varios huevos, y un hombre completamente
afeitado como un individuo con bigote (Loftus y col., 1989).
El olvido como fracaso de la codificación
Entre los aplausos destinados a la memoria –los esfuerzos para
comprenderla, los libros acerca del modo de mejorarla-, ¿se han oído voces
que elogian el olvido? La de William James (1890, pág. 680) fue una de esas
voces: “Si recordáramos todo, la mayoría de las veces llegaríamos a estar tan
mal como si no recordáramos nada”. Desechar el amontonamiento de
información inútil o envejecida –donde aparcamos el automóvil ayer, el antiguo
número telefónico de un amigo, los pedidos en el restaurante, con los platos
que ya han sido preparados y servidos- seguramente es una bendición (Bjork,
1978). El mago ruso de la memoria, S., a quien conocimos al comienzo del
capítulo, se veía perseguido por la cantidad de recuerdos inútiles, que
constantemente dominaba su conciencia. Para él era más difícil que para otros
pensar abstractamente, es decir, generalizar, organizar, evaluar. Una buena
memoria es útil, pero también lo es la capacidad de olvidar.
¿Qué determina el olvido? Una respuesta es que no atinamos a codificar la
información. Sí, ésta nunca ingresó en el sistema de la memoria. El novelista y
56
crítico inglés C. S. Lewis (1967, pág. 107) describió vívidamente porqué
recordamos “casi nada”:
Todos nosotros comprobamos como cada minuto de nuestra propia vida está
completamente lleno. Segundo tras segundo nos vemos bombardeados por las
sensaciones, las emociones, los pensamientos, a los que no podemos atender por
su exceso, y al 90% de los cuales sencillamente debemos ignorar… El pasado…
fue una rugiente catarata de miles y miles de millones de momentos así: uno
cualquiera de ellos es demasiado complejo para aprehenderlo en su totalidad, y la
suma total excede todos los límites de la imaginación… Con cada movimiento del
reloj, en cada rincón habitado el mundo, una inconcebible riqueza y diversidad de
elementos de la “historia” se desprende del mundo y se sumerge en el olvido total.
Ciertamente, jamás advertimos gran parte de lo que sentimos. Si uno vive
en Estados Unidos, probablemente ha visto millares de monedas de un
penique en el curso de su vida. ¿Puede recordar como es la cara que muestra
la faz de Lincoln? Los detalles de un penique no son importantes –ni son
esenciales para distinguir los peniques de otras monedas- y pocos de nosotros
nos hemos dedicado a codificarlos. Como observamos antes, codificamos
automáticamente cierto tipo de información; otros tipos de información
requieren un procesamiento esfrzado. Sin esfuerzo, la memoria cae en el olvido
Hemos visto que hay olvido cuando no atinamos a codificar la información, y
cuando nuestros recuerdos almacenados se deterioran. Los hechos olvidados
son como libros que uno no puede encontrar en la biblioteca: algunos porque
jamás fueron comprados, otros porque fueron desechados a la hora de
almacenarlos.
Hay una tercera posibilidad: incluso si se almacena el libro y está
disponible, puede suceder que no sea accesible. Quizá usted no dispone de la
información necesaria para buscarlo y recuperarlo. Asimismo, a veces la
información llega a nuestro cerebro y, aunque sabemos que está allí, no
podemos hacernos con ella. El nombre de la persona puede estar en la punta
de la lengua, esperando que demos con él. Cuando la persona que no puede
recordar información obtiene indicios para la recuperación (“empieza con una
m”), a menudo recuerda lo que no podía evocar. Los problemas de la
57
recuperación ayudan a explicar los ocasionales fallos de memoria de los
ancianos.
Interferencia. El aprendizaje de algunos ítems puede interferir con la
recuperación de otros, sobre todo cuando los ítems son análogos. Si alguien
nos da algún número telefónico que es necesario recordar, es posible que
podamos evocarlo después. Pero si dos personas mas nos suministran sus
números, la rememoración de cada número sucesivo será mas difícil. Esta
interferencia proactiva se refiere al efecto negativo del aprendizaje previo
sobre la rememoración de la información nueva. A medida que uno recoge más
y más información, el desván mental no se llena nunca, pero sin duda se
produce acumulación.
Por ejemplo, después de comprar una nueva cerradura de combinación o
recibir un nuevo número telefónico, el anterior puede interferir. Benton
Underwood (1957) exploró este fenómeno. Comprobó que la gente que
aprende diferentes listas de palabras en sucesivos días tiene cada vez más
dificultad para recordar cada nueva lista al día siguiente. Esta interferencia
preactiva explica por qué Ebbinghaus, después de memorizar innumerables
listas de sílabas sin sentido, podía recordar solo alrededor de una cuarta parte
de una nueva lista de sílabas al día siguiente de aprenderla (mucho menos de
lo que el lector, siendo novato, podría recordar después de aprender una sola
lista).
La interferencia retroactiva alude ala efecto negativo de la información
nueva sobre el recuerdo de la información previa. Por ejemplo, es típico que el
aprendizaje de los nombres de los estudiantes nuevos interfiera con el
recuerdo de un profesor con respecto a los nombres aprendidos en las clases
precedentes. El cuadro ilustra los dos tipos de interferencia
Tiempo 1
Tiempo2
test
interferencia
Estudiar francés
Estudiar español
Recordar español
El francés
interfiere
proactivamente
Estudiar francés
Estudiar español
Recordar francés
El español
interfiere
retroactivamente
58
Uno puede minimizar la interferencia retroactiva rediciendo el número de
hechos que interfieren (por ejemplo, yendo a dormir un rato después de
aprender información nueva). Es lo que John Jenkins y kart Dallenbach (1942)
descubrieron en un experimento clásico. Día tras día, dos personas
aprendieron cada una algunas sílabas sin sentido, y después intentaron
recordarlas cuando ya habían pasado 8 horas despiertas o dormidas. El olvido
fue más rápido después de estar despierto y de participar en otras actividades.
Los investigadores supusieron que “el olvido no es tanto una cuestión del
debilitamiento de las viejas impresiones y asociaciones, sino una cuestión de
interferencia, de inhibición o de obturación de lo viejo por lo nuevo”. Los
experimentos posteriores confirman que la hora que precede al sueño es un
momento apropiado para confiar información a la memoria (Fowler y col.,
1973). Aunque la interferencia es una causa importante del olvido, no debemos
exagerarlo. A veces la información antigua facilita nuestro aprendizaje de la
información nueva. El conocimiento del latín puede contribuir al aprendizaje del
francés, fenómeno denominado “transferencia positiva”. La interferencia existe
cuando la vieja y la nueva información compiten una con la otra.
Olvido motivado. El enorme recipiente para bolos de nuestra cocina
estaba atestado de bollos de chocolate recién cocidos, y había mas encima de
la mesa, enfriándose. Veinticuatro horas después, no quedaba uno solo.
¿Quién los había consumido? Mi esposa, tres hijos y yo habíamos sido las
únicas personas que estaban en la casa durante ese período. De modo que,
mientras los recuerdos aún se mantenían frescos, aborde inmediatamente una
pequeña prueba de la memoria. Andy reconoció haber devorado alrededor de
20. Peter admitió que había consumido 15 bollos. Mi esposa Carol reconoció
haber comido 6, y yo haber comido 15 y llevado 18 a la oficina. Colectivamente,
nuestros recuerdos avergonzados se reconocieron responsables de 89 bollos.
Aun así, ni siquiera estábamos cerca de la cifra total; se habían cocido 160
bollos.
¿Por qué fallaban nuestros recuerdos? ¿Por qué no habíamos codificado,
almacenado y recuperado casi la mitad de los bollos consumidos? Como
señalamos antes, codificamos casi automáticamente la información acerca de
le frecuencia. Entonces, ¿Se trataba de un problema de almacenamiento?
59
¿Acaso nuestros recuerdos de los bollos, como la memoria de las sílabas sin
sentido de Ebbinghaus, se habían disipado casi con la misma rapidez que los
propios bollos? ¿O quizá la información todavía estaba intacta, pero era
irrecuperable porque recordarla resultaba embarazoso?
Con este concepto de la represión, Sigmund Freud sugirió que nuestros
sistemas de la memoria practican la autocensura. Para proteger nuestro
concepto del yo y minimizar la ansiedad es posible que reprimamos los
recuerdos dolorosos. Pero en opinión de Freud, la memoria sumergida aún
perdura, y con paciencia y esfuerzo es posible recuperarla en el curso de la
terapia, a través de otros datos posteriores. Ese era el caso de una mujer que
padecía un temor intenso e inexplicable al agua corriente. Una tía resolvió el
misterio al murmurar un día “yo nunca lo dije”. Las palabras movilizaron en la
mujer el recuerdo de un incidente; había sido una niña desobediente, y durante
un picnic se alejo e la familia y quedo atrapada bajo una cascad, hasta que la
salvó su tía, que prometió que no diría nada a los padres (Kihlstrom, 1990).
La represión es evidencia en las víctimas de la tortura o de la guerra, que
no pueden recordar los momentos cargados de horror. La contrapartida más
cercana de la represión en el laboratorio (y una explicación alternativa de ella)
es el fenómeno e la memoria dependiente del estado emocional y fisiológico a
veces lo olvidamos en un estado radicalmente distinto. Así, lo que
experimentamos cuando nos sentimos afectados por el embarazo o por el
horror puede quedar olvidado cuando nos serenamos.
En algunos experimentos que son bastante análogos al fenómeno del
recuerdo de los bollos. Michael Ross y col. (1981) comprobaron que la gente
modifica sus propias historias sin advertirlo. Después de que Ross convenció a
un grupo de personas de que cepillarse los dientes con frecuencia es deseable,
éstas (más que otras personas) recordaron haberse cepillado con frecuencia
los dientes durante las últimas dos semanas. Después de seguir un curso e
hábitos de estudio muy prestigiado, los estudiantes exageraron mas tarde sus
propios juicios acerca de los progresos que habían alcanzado. Al desvalorizar
sus anteriores hábitos de estudio, se convencieron de que en realidad se
habían beneficiado (Conway y Ross, 1984). A menudo, recordar nuestro
pasado significa modificarlo. Al recordar los hechos de un modo deseado
protegemos y fortalecemos la imagen de nuestra propia persona.
60
PENSAMIENTO
Nos hemos asombrado ante el encéfalo humano: sólo 1.368 Kg de tejido,
que contiene un circuito más complejo que todas las redes telefónicas del
planeta juntas. Nos ha sorprendido lo competente que es el ser humano recién
nacido y nos ha impresionado la rapidez de su desarrollo. Nos ha llenado de
reverente estupor el sistema sensorial humano, que puede desarmar los
estímulos visuales en millones de impulsos nerviosos, transmitirlos a la corteza
visual y rearmarlos en imágenes nítidas, percibidas en color. Hemos
reconocido la capacidad aparentemente ilimitada de la memoria humana y la
facilidad con que procesamos información en forma simultánea (consciente e
inconscientemente, esforzada o automáticamente). No nos sorprendamos
entonces de que nuestra especie haya tenido el genio de inventar la cámara
fotográfica, el coche y la computadora; desencadenar el átomo y poner a la
vista los secretos del código genético; viajar al espacio e indagar las
profundidades de los vastos océanos.
PENSAMIENTO
Nuestra primera ojeada sobre la racionalidad humana comenzará por
considerar las formas lógicas y, a veces, ilógicas con que creamos conceptos,
resolvemos problemas, tomamos dediciones y establecemos juicios. En primer
lugar, consideremos los ladrillos del pensamiento: los conceptos
Conceptos
61
Para pensar y hablar acerca del sinnúmero de hechos, objetos y personas
que existe en nuestro mundo, primero debemos simplificar las cosas
organizando los datos específicos en categorías de conocimiento general,
agrupaciones mentales llamadas conceptos. Considere la variedad de datos
que se suman en el concepto de “silla”: la silla de bebe para comer, el sillón de
respaldo alado, las sillas ubicada alrededor de la mesa del comedor o las sillas
plegables. Cuando utilizamos una palabra como “silla” para referirnos a una
categoría general de cosas, la estamos utilizando como concepto.
Imagine la vida sin conceptos. Necesitaríamos un nombre diferente para
cada objeto e idea. No podríamos pedirle a un niño que “arroje la pelota”
porque no existiría el concepto de pelota. En lugar de decir: “está enojado”
tendríamos que describir la expresión del rostro de esa persona. Su intensidad
vocal y sus palabras. Obviamente nunca podríamos recordar el nombre de
cada objeto; mucho menos el nombre de cada ejemplo de una clase de idea,
relación o emoción, un concepto como “pelota” o “enojado” proporciona mucha
información con un mínimo de esfuerzo cognoscitivo. Esta es la razón por la
cual los conceptos son los ladrillos básicos del pensamiento.
Simplificamos aún mas las cosas al organizar los conceptos en jerarquías.
Por ejemplo: los primeros naturistas buscaron simplificar y ordenar la
complejidad abrumadora de algunas de las 5 millones de especies de cosas
vivientes, encerrándolas en dos categorías básicas: el reino vegetal y el reino
animal.
Posteriormente,
subdividieron
estas
categorías
básicas
en
subcategorías cada vez más pequeñas: vertebrados, peces y escualos, por
ejemplo, en orden de especificidad creciente. Estas jerarquías de conceptos
nos facilitan siempre más la tarea de lidiar con el mundo, agrupando tipos
similares de información en unidades manejables.
El apremio de los naturalistas por clasificar el mundo de la naturaleza refleja
la tendencia de nuestra especie a ordenar nuestro medio ambiente en jerarquía
de conceptos y, luego, para pensar en términos de esas jerarquías. Como lo
descubrieron Alan Collins y Ross Quillian (1969), las personas responden mas
rápido cuando se les pregunta si un canario es un ave que cuando se les
pregunta si un canario es un animal. Collins y Quillian dedujeron que la
diferencia en el tiempo de respuesta demuestra que los conceptos humanos
están organizados en jerarquías, tales como los que se muestran en la figura, y
62
que la gente utiliza estas jerarquías cuando piensa. Al asociar canario con ave,
la gente necesita pensar a través de una sola conexión; al asociar canario con
animal, por el contrario, necesita pensar a través de dos conexiones, lo que
tarda más. Este experimento explica como los psicólogos cognoscitivos pueden
utilizar lo que, en un principio, pareció ser un hallazgo trivial (una leve
diferencia en el tiempo de respuesta) para diferir un descubrimiento importante:
de que forma los humanos utilizamos conceptos para pensar.
ANIMALES
Vivos
AVES
Vivos
Poseen alas
Poseen plumas
Pueden volar
CANARIOS
Vivos
Poseen alas
Poseen plumas
Pueden volar
Son amarillos
CARDENALES
Vivos
Poseen alas
Poseen plumas
Pueden volar
Son rojos
PECES
Vivos
Poseen aletas
Pueden nadar
Poseen branquias
TIBURONES
Vivos
Poseen aletas
Pueden nadar
Poseen branquias
Son peligrosos
SALMONES
Vivos
Poseen aletas
Pueden nadar
Poseen branquias
Nadan hacia sus
arroyos modernos
para poner huevos
Así como los biólogos ordenan el mundo de cosas vivientes clasificándolo de
acuerdo con sus relaciones de evolución, nosotros simplificamos y ordenamos el
mundo organizando los conceptos en jerarquías. Es evidente la rapidez con la que se
asocian conceptos más íntimamente relacionados, tal como salmón y pez, que
aquellos que se relacionan en una forma más distante, tal como salmón y animal.
La formación de conceptos
Si reconocemos la importancia que revisten los conceptos para el
pensamiento, vale preguntar entonces ¿Cómo los formamos? A veces, por
medio de reglas. Un triángulo posee tres lados, nos dicen; por lo tanto, de ahí
en adelante clasificamos como triángulos todas a aquellas formas geométricas
que tengan tres lados. En forma similar, se nos puede decir que un ave es un
animal que tiene alas y plumas y pone huevos.
63
Mas aún, nosotros solemos formar nuestros conceptos desarrollando un
prototipo: un mejor ejemplo de una categoría particular (Rosca, 1978). Cuando
más se corresponden los objetos con nuestro prototipo, mucho más rápido se
incorporan al concepto. Por ejemplo, tanto un petirrojo como un ganso
satisfacen nuestra regla para el concepto de “ave”, aunque la gente acepta mas
pronto la expresión: “el petirrojo es un ave” que “un ganso es un ave”. Para la
mayoría de nosotros, entonces, el petirrojo es un ave “mas” ave; se parece mas
a nuestra imagen prototípica del ave. Esta forma rápida y fácil de determinar
qué cosas pertenecen a qué conceptos no es tan lógica como el método de
asociación por reglas, si bien, por cierto, es mas cognoscitivamente eficiente.
Resolución de problemas
Otra contribución a nuestra racionalidad procede de nuestras capacidades
para resolver problemas; el enfrentar nuevas situaciones para las que no
existen respuestas bien aprendidas. Cuando regresamos a casa y no tenemos
la llave y la puerta de entrada esta cerrada; cuando estudiamos que forma
darle a un parcial universitario; cuando nos sentimos confundidos al buscar los
medios para privar una teoría, a menudo triunfa el ingenio humano. Lo hace
mediante una serie de etapas: 1) definiendo el problema (Ud. no tiene la llave
de la puerta de entrada, que esta cerrada); 2) desarrollando una estrategia
específica (intente con la puerta trasera; si esta cerrada, busque una ventana
abierta); 3) ejecutando la estrategia y 4) determinando si funciona.
Estrategias para la resolución de problemas
Diversas estrategias pueden utilizarse para resolver problemas. Trataremos
de examinar las 4 más importantes: ensayo y error, prueba de hipótesis,
algoritmo y heurística.
Ensayo y error. Cuando las soluciones posibles son pocas para resolver un
problema, podemos hacerlo mediante el ensayo y error. Cuando, por ejemplo,
en un cuarto de hotel, encontramos un televisor de modelo desconocido,
normalmente accionamos una perilla y luego otra, hasta que el receptor se
encienda. En el baño de ese hotel, al no estar seguros de cual es la canilla del
agua caliente, elegimos una y abrimos. Si nos equivocamos, sabemos que la
64
otra es la buena. Aún cuando nos enfrentamos a problemas más complejos,
puede ser beneficioso el ensayo y error. Thomas Edison, por ejemplo, no tenia
forma de saber cual era la sustancia que funcionaría como filamento de la
lámpara incandescente. Entonces probó miles de ellas hasta tropezar con una:
el carbón, que fue la verdadera (Hunt, 1982).
Prueba de hipótesis. Íntimamente relacionada con el ensayo y error, es
otra
estrategia
importante
para
resolver
problemas.
Tentativamente,
suponemos como manejar el problema; a posteriori lo probamos, a ver si
funciona bien. Si, por ejemplo, al tratar de encender el televisor del hotel,
descubrimos de inmediato que no existen controles visibles, podemos suponer
que los controles están escondidos en la parte delantera del receptor. Así,
probamos esta hipótesis tirando de todos los ángulos para ver si podemos
descubrir un panel oculto. Si nuestra hipótesis fue correcta, nuestro problema
queda resuelto. Si fue equivocada, podemos intentar otra: tocar los laterales y
parte inferior del receptor donde, ahora, sospechamos que se encuentran los
controles.
Algoritmos. Los expertos en resolución de problemas. Allan Newell y
Herbert Simon (1972) han definido el algoritmo como el método más riguroso
de ensayo y error. Los algoritmos son procedimientos lógicos, metódicos y
que se realizan paso a paso para lograr la solución de un problema. Tuvieron
su origen en el campo de la matemática, pero el concepto ha sido aplicado a
otro tipo de problemas.
Si se utiliza el algoritmo apropiado, se garantiza la correcta solución del
problema. Sin embargo, el proceso puede tardar un poco, ya que implica el
examen de toda solución posible, realizado en forma ordenada hasta llegar a la
correcta. Si, por ejemplo, se nos desafiara a que formemos otra palabra con las
letras de “CINERAMA”, podríamos recurrir al algoritmo. Implicaría probar
sistemáticamente cada letra en cada posición y luego controlar en el diccionario
la combinación resultante. Si Ud, decide probar este procedimiento, prepárese
para una semana de trabajo ya que existen 40.320 combinaciones posibles de
letras. Si dispusiera de 10 segundos para buscar cada solución posible,
finalizaría en un término aproximado de 5 días.
Heurística (del gr. Heuriskein: hallar, encontrar, inventar). Obviamente, los
algoritmos no convienen a la mayoría de los problemas con que nos
65
enfrentamos: nuestro tiempo ya es demasiado corto además, no existen
algoritmos para muchos problemas. Ud. va manejando. Suponga que su auto
queda atascado en el lodo. ¿Puede pensar en algún procedimiento
matemático, riguroso, para lograr liberarse? Ya que los procedimientos más
formales no son, a menudo, los más apropiados, con frecuencia recurrimos a
simple estrategias basadas sobre la experiencia y la práctica (llamadas
heurísticas) para resolver problemas. Es la inventiva. Todos contamos con un
repertorio de estrategias basadas en trozas de conocimiento que hemos
recogido, reglas que hemos aprendido o hipótesis que nos han surtido efecto
en el pasado.
Cuando usamos prácticas heurísticas, o sea, la inventiva, entonces estamos
esencialmente diciendo: “este problema me recuerda problemas similares que
he enfrentado anteriormente, por ende, lo que funcionó una vez debería
funcionar
ahora.
“Consideremos
como
podríamos
utilizar
estrategias
heurísticas para resolver el problema de encontrar otra palabra dentro de
“CINERAMA”. Sabemos, por ejemplo, que las palabras castellanas nunca
comienzan con las combinaciones “mc”, “nc”, “rc” o “nm”, y que dos “a” rara vez
se agrupan. Utilizando estas reglas basadas en la experiencia y práctica, y
luego aplicando el ensayo y error, no nos tomaría mucho tiempo descubrir la
respuesta correcta: AMÉRICA.
Obstáculos que se presentan en la resolución de problemas
Si bien los seres humanos son sumamente ingeniosos para resolver sus
problemas, existen ciertas tendencias humanas que interfieren en su capacidad
de resolución. Aquí examinaremos dos de estos obstáculos: predisposición a
confirmar y fijación. Posteriormente, en este capítulo, examinaremos algunos
otros factores que también ejercen una influencia adversa sobre nuestra
racionalidad.
La predisposición a confirmar. Uno de los mayores obstáculos que se
presentan en la resolución de problemas es nuestra tendencia natural y
humana a buscar información que confirme nuestra hipótesis, fenómeno
conocido como predisposición a confirmar. Considere, por ejemplo, el
“problema de las cuatro cartas” creado hace algunos años por los
investigadores británicos Peter Wason y Philip Jonson-Laird, (1968). En este
66
experimento se le mostró a los sujetos cuatro cartas o naipes. Cada carta
posee una letra en uno de los lados y un número en el otro. Se les pregunta a
los sujetos cuales son las cartas que deberían dar vuelta para probar la
siguiente regla: si existe una “D” en un lado de la carta, debe haber un “3” en el
otro.
El problema perece simple, pero pocas personas lo hacen correctamente.
La mayoría, por supuesto, desea dar vuelta la carta con la letra “D” para
verificar si en verdad hay un “3” en el otro lado. Pero, ¿Cuál sería la próxima
carta que se debería dar vuelta? La mayoría de las personas eligen el “3”,
aunque de hecho, el dar vuelta el “3” no prueba nada, ya que, auque el otro
lado de la carta presente una letra que no fuera una “D”, la regla seguiría
siendo válida. (Recuerde, la regla se refiere únicamente a aquellas cartas que
registren una “D” en uno de sus lados.) la segunda elección correcta sería el
“7”, ya que si tiene una “D” en su otro lado, la regla sería refutada. ¿Por qué
motivo las personas encuentran dificultad al resolver este problema? Porque
están deseando localizar los ejemplos que confirmen la regla que están
probando. Experimentos como este indican que estamos más ansiosos por
verificar nuestras creencias y presentimientos que por tratar de infirmarlos.
D 3 B 7
El problema de las cuatro cartas. Se dice que cada carta posee una letra en uno de los
lados y un número en el otro, y si se establece la regla “Si aparece una D en uno de los lados
de cualquier carta, debe haber un 3 en su otro lado”. ¿Cuáles serán las cartas que daría vuelta
para probar esta regla?
Wason (1981) informó que aún cuando se le ofrezca a los sujetos la
respuesta correcta al problema de las cuatro cartas (inclusive cuando el error
67
cometido por su propia lógica se demuestre utilizando cartas reales), a menudo
no se apartan de su razonamiento lógico.
Esta convicción incorregible de están en lo correcto cuando, en realidad
están equivocados, guarda analogía con la crisis de creencia de la vida real. La
gente común evade los hechos, se vuelve incoherente o se defiende
sistemáticamente de la amenaza que representa la nueva información relativa
al tema en cuestión.
La fijación. Veamos si Ud. es lo suficientemente inteligente para resolver
algunos acertijos (muy parecido a los que probablemente haya visto en
revistas), los que han sido extraídos de algunos experimentos clásicos:
Intente resolver estos problemas::
Ubique seis fósforos de modo tal que
formen cuatro triángulos equiláteros
Suponga Ud. que tiene una jarra con capacidad para 21 pocillos, otra con
capacidad para 127 pocillos, y otra para 3 pocillos. Extrayendo y descartando
tanta agua como guste, necesita celular exactamente 100 pocillos de agua.
¿Como puede hacerlo?
Si cuenta con una caja de fósforos, algunas chinches y una vela, ¿cómo
puede hacer para sostener la vela sobre una cartelera?
¿Intentó resolver todos los problemas presentados? (si no fue así debe
resolverlos antes de continuar con la lectura.)
Parte de los principales obstáculos en la resolución de problemas consiste
en las diferentes formas de fijación (incapacidad para encarar un problema
desde una perspectiva distinta). Por ejemplo, si se intenta resolver el problema
de
los
fósforos
al
buscar
soluciones
bidimensionales,
como
ocurre
comúnmente, entonces se habrá pasado por alto la posibilidad de lograr la
solución tridimensional.
En general se tiende a recurrir a ciertos tipos de soluciones siguiendo un
modelo fijo por una muy buena razón, y es que, la mayoría de las veces, las
soluciones positivas en otras soluciones anteriores se pueden aplicar a los
problemas nuevos. Consideremos, por ejemplo, la pregunta.
Si tenemos la secuencia U-D-T-C-?-?-?, ¿Cuáles son las tres letras que
corresponden al final de la secuencia?
68
No se desaliente si no pudo encontrar la respuesta. Este es un problema
difícil. La mayoría de la gente no logra darse cuanta de que las últimas letras
corresponden a C(inco), S(eis), S(iete). Pero una vez aprendida la clase de
solución que requería este problema seguramente podría resolver el segundo
con facilidad:
Si tenemos la secuencia E-F-M-A-?-?-?, ¿Cuáles son las tres letras que
corresponden al final de la secuencia?
(Si también en este caso le resulta difícil encontrar la respuesta, pregúntese
que mes es.)
Así como los logros del pasado pueden resultar beneficiosos para resolver
los problemas que se nos presentan en el presente, también pueden interferir
en la posibilidad de idear un enfoque diferente para enfrentarlos, ya que se
requiere buscar una clase de solución totalmente nueva. Esta tendencia a
repetir soluciones que resultaron eficaces en el pasado constituya una especie
de fijación denominada patrón mental. Ya se presentó un ejemplo de patrón
mental en el problema de los fósforos. También puede aparecer al querer
resolver el problema de las jarras con agua. En el caso del primer problema
presentado es muy probable que, para resolverlo, haya utilizado la fórmula
siguiente:
B – A – 2C = cantidad deseada de agua.
Esta misma fórmula es aplicable a los siete problemas. Más aun, una vez
que haya Ud. desarrollado un patrón mental, seguramente resolverá los
problemas posteriores mucho más rápido que el primero.
Otra clase de fijación, conocida con el nombre de fijación funcional
(denominación que si bien es la más adecuada, también resulta algo torpe), es
nuestra tendencia a percibir que las funciones de los objetos son fijas y no
pueden cumplir otra función que aquellas para la cual fueron creadas. Por
ejemplo, ver en un centavo solo una moneda y no la posibilidad de utilizarlo
como el destornillador que tanto se necesita. Puede ser que se experimente
como una fijación funcional al tratar de resolver el problema presentado con la
vela. Si se piensa en la caja de fósforos únicamente como recipiente para
guardarlos, se habrá pasado por alto la posibilidad de usarla como base o
“candelero” para la vela. En realidad, percibir y relacionar los objetos de uso
69
familiar con formas novedosas es un aspecto importante del pensamiento
creativo.
La resolución del problema de los fósforos de madera se logra evitando fijación, que consiste en limitar
nuestra visión del problema a la búsqueda de soluciones bidimensionales. (Extraído de “la resolución de
problemas” de M. Scheerer)
Comprensión
Luego de aprender algunos de los obstáculos, simples pero poderosos,
para pensar lógicamente, habrá comenzado a dudar de la naturaleza de sus
capacidades de razonamiento. A pesar de estos obstáculos, podemos
arreglárnosla bastante bien para resolver problemas. En efecto es frecuente
que nos pasemos cierto tiempo tratando de descifrar un enigma: de pronto,
todas las piezas parecen encajar y encontramos la solución. Esta capacidad de
captar súbitamente la realidad, esta suerte de inspiración que nos permite
resolver problemas, se conoce generalmente con el nombre de comprensión
(insight en inglés).
Se obtuvieron algunos ejemplos de comprensión como resultado de la
observación de animales. Un caso notable fue el que registro el psicólogo
alemán de la Gestalt, Wolfgang Kohler (1925). Durante la Primera Guerra
Mundial, Kohler, anclado en una distante isla africana, se dedicó a estudiar la
especie de chimpancés de la zona. En un experimento que realizó con uno de
estos, llamado Sultán, colocó un trozo de fruta y un palo largo fuera de la jaula
del chimpancé bastante alejado de su alcance y una vara corta dentro de la
jaula. Al ver la vara, Sultán la agarró y trató de tocar la fruta. Pero la vara,
hacha a propósito, era demasiado corta. Luego de varios esfuerzos
infructuosos, el chimpancé dejó caer la vara y se detuvo a pensar en todo lo
acontecido y los elementos con que contaba. Luego, en forma repentina, como
si pensara mejor, ¡paf!. Sultán dio un salto, asió de vuelta la vara más corta, la
que esta vez utilizó para acercar la vara larga, de la que luego se sirvió para
alcanzar la fruta. De acuerdo con la teoría de kohler, las acciones de Sultán
dieron pruebas fehacientes de la capacidad cognitiva del animal, del mismo
70
modo que otros elementos que comprueban que en el aprendizaje existen otros
factores además del condicionamiento irreflexivo.
Lo que constituye una anécdota ocasional sobre el mundo animal, resulta
ser una experiencia totalmente aplicable a los seres humanos. Kohler describió
la comprensión como el sentimiento de satisfacción que acompaña a esos
relámpagos repentinos de inspiración. Seguramente Ud. podrá encontrar
muchos ejemplos de comprensión que se le dieron en momentos que debía
resolver un problema matemático difícil, darse cuenta de cómo debía redactar
su monografía semestral o, simplemente, encontrar las soluciones de algunos
de los problemas propuestos en este capítulo.
También el hecho de disfrutar de un chiste puede depender de nuestra
capacidad de insight (de la facilidad para comprender un final inesperado o un
doble sentido, como por ejemplo el cuento de profesor Smith, quien se quejaba
ante sus colegas por las constantes interrupciones de sus alumnos: “no bien
me levanto para hablar, algún tonto comienza a decir algo”).
El razonamiento
Antes de poder resolver problemas, tomar decisiones y emitir juicios,
debemos ser capaces de razonar. ¿Cómo razonamos, y en que medida lo
hacemos correctamente? Consideremos las formas de la razón humana y
algunas razones de la sinrazón.
Razonamiento deductivo e inductivo
Nuestro razonamiento puede adoptar dos formas: deductivo e inductivo. En
el razonamiento deductivo, partimos de premisas o verdades generales que
conocemos o que presuponemos ciertas, para llegar a conclusiones
particulares. Por ejemplo, sabemos como verdad general que todos los gatos
maúllan. Por lo tanto podemos concluir que Micifuz, gato que no conocemos,
maúlla. Si las suposiciones de las cuales partimos son verdades probadas y
nuestro razonamiento es válido, luego las conclusiones a las que arribemos
también serán verdaderas. La matemática, algunas formas de teología y el
derecho son en su mayoría deductivos.
71
En el razonamiento inductivo llegamos a conclusiones sobre la base de
nuestras observaciones. Este razonamiento funciona al revés. Generalizando a
partir de hechos particulares. Por ejemplo, si cada uno de los gatos que
conocemos maúllan, podemos concluir razonablemente que Micifuz, el nuevo
gato de nuestro amigo, también maullará. Sin embargo, por medio del
razonamiento inductivo, no podremos llegar jamás a estar completamente
seguros de que nuestra conclusión sea correcta. Siempre existe la posibilidad
de que encontramos un gato que no maúlle. Además, si eso llegara a ocurrir,
sabríamos que nuestra conclusión era errónea. Básicamente, el razonamiento
inductivo es la comprobación de una hipótesis.
Como
señala
Diane
Halpern
(1984),
en
la
vida
real
utilizamos
constantemente una y otra forma de razonamiento. Por otra parte, nuestras
creencias (es decir, nuestras suposiciones generales) influyen en nuestras
observaciones, y a su vez nuestras observaciones in fluyen en lo que creemos.
Razonamiento deductivo formal
Hemos visto que parte de la nueva corriente sobre el pensamiento hace
hincapié en nuestra tendencia a carecer de objetividad. Buscamos información
que tienda a confirmar nuestras corazonadas (tendencia a la confirmación) y
nos aferramos a nuestras convicciones, aun cuando se nos presenten pruebas
asociadas
o
información
que
las
desacreditan
(persistencia
en
las
convicciones). ¿Podemos liberarnos de los efectos de nuestras convicciones
sobre nuestro razonamiento, utilizando las herramientas de la lógica formal?
Veamos.
En filosofía, el silogismo (juicio en que dos afirmaciones presumiblemente
verdaderas, llamadas premisas, nos conducen a una tercera afirmación o
conclusión) es la base del razonamiento deductivo formal. Por ejemplo,
consideremos este silogismo tan conocido:
Todos los humanos son mortales.
Sócrates es humano.
Por lo tanto, Sócrates es mortal.
La mayoría de nosotros somos lo suficientemente racionales como para
darnos cuenta e que la conclusión de este silogismo surge en forma lógica de
las premisas.
72
Sin embargo, algunas veces nuestro conocimiento e ideas preexistentes
interfieren con nuestra capacidad de razonamiento lógico. Por ejemplo,
echemos un vistazo al siguiente silogismo (adaptado de Hunt, 1982ª):
Los que creen en la democracia creen en la libertad de expresión.
Los comunistas no creen en la democracia.
Por lo tanto, los comunistas no creen en la libertad de expresión
¿Le parece lógica la conclusión? Si es así tomemos otro silogismo con la
misma forma y secuencia lógicas:
Los tordos tienen plumas.
Las gallinas no son tordos.
Por lo tanto, las gallinas no tienen plumas
En ambos casos el razonamiento es inválido, la conclusión no surge de las
premisas. Ahora probemos con el siguiente silogismo:
Todo lo que favorezca al pleno empleo es beneficioso desde el punto de vista
social.
La guerra favorece al pleno empleo.
Por lo tanto, la guerra es beneficiosa desde el punto de vista formal.
En este caso, la conclusión surge lógicamente de las premisas. Lo
incorrecto no es el razonamiento sino la premisa falsa de la cual se parte.
Los silogismos que acabamos de estudiar ejemplifican algunas de las
formas de nuestro conocimiento y creencias, que interfieren en nuestro
razonamiento. Tendemos a aceptar como lógicas aquellas conclusiones que
están de acuerdo con nuestras opiniones, como por ejemplo la idea de que el
comunismo restringe la libertad. Pero nos cuesta mas aceptar conclusiones
que estén en contra de nuestras opiniones, tal como la idea de que la guerra
sea beneficiosa. Esta interferencia de nuestras convicciones puede causar
problemas serios, particularmente cuando tenemos que enfrentarnos a
cuestiones que significan un reto a nuestras convicciones. Los peligros del
razonamiento inválido son evidentes en los argumentos utilizados para
“fundamentar” la inferioridad intelectual de negros y oros grupos étnicos. Este
argumento puede expresarse en el siguiente silogismo:
Si los negros son mentalmente inferiores a los blancos, tendrán un cociente
intelectual inferior al de los blancos.
Los negros tienen un cociente intelectual inferior al de los blancos.
Por lo tanto, los negros son mentalmente inferiores.
Si bien el razonamiento seguido en este silogismo no es mas válido que el
ejemplo “las gallinas no tienen plumas” (los negros pueden presentar un
cociente intelectual inferior debido a otras razones como por ejemplo un nivel
73
inferior de estudios formales), la aceptación en masa de este silogismo falso ha
alentado las prácticas discriminatorias tendientes a colocar a los negros en un
plano desventajoso, frente a los tests de inteligencia tradicionales.
LENGUAJE
Quizás, el indicio más intangible del poder del pensamiento humano y, en
definitiva, uno de los logros mas importantes de nuestra especie, sea el
lenguaje. Desde la antigüedad, los seres humanos proclamaron con orgullo que
la capacidad para expresarnos por medio del lenguaje era lo que nos colocaba
por enzima de los otros animales. “Al estudiar el lenguaje humano”, expresó el
lingüista Noam Chomsky (1972), “nos acercamos a lo que algunos podrían
denominar `la esencia humana`, las capacidades distintivas del hombre”. Ya se
trate de hablado, escrito o simbólico, el lenguaje nos permite comunicar ideas
complejas de persona a persona y transmitir el conocimiento acumulado por la
civilización, de generación en generación.
El desarrollo del lenguaje
¿Qué otro logro humano hay mas notable que la adquisición del lenguaje?
Antes de que los niños puedan sumar 2 mas 2, ya pueden crear sus propias
oraciones con un sentido original y una gramática correcta, y pueden
comprender oraciones de una complejidad mayor de las que usan para
expresarse. Por otra parte, la capacidad infantil, a los 6 años de edad, para
reconocer 8.000 palabras o mas por su raíz, prueba en forma contundente la
facilidad con que aprenden las palabras (Carey, 1977). En efecto, se estima
que los niños de 3 años aprenden muchas palabras nuevas por día. ¿Cómo se
origina esta capacidad para el lenguaje y como se desarrolla?
Todos coinciden en que solamente los humanos poseen un lenguaje, si por
ese término aludimos a la expresión verbal o mediante signos de una gramática
compleja. Si queremos referirnos, mas sencillamente, a la capacidad de
comunicarnos mediante una secuencia significativa de símbolos, en ese caso
los monos, en efecto, poseen capacidad para el lenguaje.
74
En sus reflexiones sobre la cuestión, uno de los entrenadores de la
chimpancé Lana. Duane Rumbaugh (1985, 1987), cree que es demasiado
simplista preguntar: “¿los monos poseen o no capacidad para el lenguaje
humano?” El lenguaje “es algo muy complejo, con muchísimas dimensiones y
facetas. Nuestros parientes vivos mas próximos poseen algunas pero no todas”
de modo que, mas que pensar en el lenguaje en términos de todo o nada,
como el embarazo, mas bien debemos concebirlo como un continuo de
habilidades, algunas de las cuales están al alcance de los monos.
Aunque los chimpancés no poseen nuestra capacidad para el lenguaje, sus
cualidades de pensamiento y comunicación continúan impresionando a sus
entrenadores.
Loulis,
hijo
adoptivo
de Washoe,
aprendió
68
signos
sencillamente observando a Washoe y a otros tres chimpancés adiestrados en
el lenguaje. Mas aun, Washoe, Loulis y los otros ahora realizan gestos
espontáneamente, en demande de actividades como perseguir, cosquillear,
abrazar, venir, o atusar. La gente que conoce los signos puede escuchar las
conversaciones entre otros chimpancés, y llegar a un acuerdo casi perfecto
acerca de lo que están diciendo: el 90% se relaciona con la interacción social,
el comportamiento o el juego (Fouts y Bodamer, 1987). Mas aun, los
chimpancés son modestamente bilingües; pueden traducir al lenguaje de los
signos las palabras inglesas habladas (Shaw, 1989-1990).
Los instructores de Lana han entrenado a otros dos chimpancés, Sherman y
Austin, de modo que utilicen los tableros de la computadora para comunicarse
unos con otros. Los chimpancés se piden uno al otro determinado alimento o
incluso un instrumento que pueden utilizar para conseguir alimento (Rumbaugh
y Savage-Rumbaugh, 1986). También impresiona el descubrimiento de
Savage-Rumbaugh (1987, 1990) de que los chimpancés pigmeos pueden
aprender a distinguir los matices semánticos del ingles hablado. Kanzi, un
chimpancé de este tipo, se comporta de manera inteligente si se le pregunta
“¿puedes mostrarme la luz?” o “puedes traerme la luz (una linterna)?” o
“¿puedes ensender la luz?” Kanzi tambien conoce las palabras habladas
serpiente mordisco y perro. Si se le entregan animales embalsamados y se le
pide la primera vez que “consiga que el perro muerda a la serpiente”, pone a la
serpiente en la boca del pero.
75
Como vemos, las cualidades lingüísticas de los monos entrenados son
modestas en relación a las normas humanas. Sin embargo, sus impresionantes
cualidades cognitivas hace que nos parezcan “casi humanas”.
PENSAMIENTO Y LENGUAJE
El pensamiento y el lenguaje se entrelazan de manera compleja. Preguntar
cual aparece primero es una de esas preguntas de la psicología que recuerdan
el problema de la gallina y el huevo. ¿Nuestra idea surge primero y esperan
palabras que las designen? ¿O nuestros pensamientos se conciben con
palabras y son inconcebibles sin ellas?
Influencias lingüísticas sobre el pensamiento
El lingüista Benjamín Lee Whorf afirmó que el lenguaje determina el modo
en que pensamos. De acuerdo con la hipótesis de la realidad lingüística de
Whorf (1956), diferentes lenguas imponen diferentes concepciones de la
realidad; “El lenguaje mismo plasma las ideas fundamentales de un hombre”.
La gente que habla un solo idioma rara vez llega al concepto de Whorf.
Para ella, el lenguaje es solo un vehículo del pensamiento. Pero para quien
habla dos idiomas diferentes, por ejemplo el ingles y el japonés, parece obvio
que uno piensa de distinto modo en diferentes idiomas (Brown, 1986). Por
ejemplo, las distintas palabras japonesas que significan dar son el soporte de
importantes distinciones culturales. El uso de los distintos dar depende de la
jerarquía del sujeto, y de si es o no miembro o amigo de la familia.
Otro ejemplo: en inglés, hay una palabra que significa nieve (snow). La
lengua esquimal tiene muchas. Según afirma Whorf, esta diversidad de
términos permite que los esquimales perciban en la nieve diferencias que
pasarían inadvertidas a las personas que hablan otro idioma. El vínculo
lenguaje-pensamiento también se manifiesta a nivel de la gramática. Los indios
hopi no tienen pasado en sus verbos. Por consiguiente, afirmó Whorf, los hopi
no pueden pensar tan fácilmente acerca del pasado.
Los críticos de la idea de que el lenguaje determina el pensamiento afirman
que las palabras reflejan más que crean el modo en que pensamos. La vida
76
misma de los esquimales depende de su capacidad para identificar diferentes
estados de la nieve y el hielo, de modo que necesitan palabras distintas para
estas condiciones. (Los esquiadores también describen las laderas con
términos como nieve adhesiva, o polvo). El que carezcamos del amplio
vocabulario esquimal para describir la nieve, no significa que seamos
incapaces de percibir tales diferencias. Asimismo, un nativo de Nueva Guinea
que carece de los términos que usamos para designar las formas y los colores,
de todos modos los percibe igual que nosotros (Rosca, 1974).
Por consiguiente, aunque es exagerado afirmar que el lenguaje determina el
modo en que pensamos, nuestras palabras ciertamente pueden influir sobre lo
que pensamos (Hoffman y col. 1986). Por lo tanto, convendrá que elijamos
cuidadosamente nuestras palabras. Cuando la gente se refiere a las mujeres
como las muchachas –por ejemplo, “las muchachas de la oficina”- perpetúan
una visión de la jerarquía inferior de las mujeres, ¿no es así? O veamos el uso
genérico del pronombre él. ¿Hay cierta diferencia si escribo “Un niño aprende
el lenguaje mientras el interactúa con sus (de él) cuidadores” o “los niños
aprenden el lenguaje mientras ellos interactúan con sus (de ellos) cuidadores”?
algunos arguyen que no hay diferencia, porque todos los lectores saben que
“debe entenderse al género masculino como que incluye a las mujeres” (como
lo declaró el Parlamento británico en 1850).
Pero, ¿siempre se entiende que el género él incluye a las mujeres? Veinte
estudios han demostrado consecuentemente que no es así (Henley, 1989). Por
ejemplo, Janet Hyde (1984) pidió a los niños que completasen relatos en los
cuales la primera línea, que ella suministrba, era “cuando un niño va a la
escuela,----------- a menudo suele sentirse inquieto el primer día”. Cuando Hyde
utilizaba la palabra él en el espacio en blanco, los relatos de los niños casi
siempre se referían a varones. Si ponían el o ella en el espacio en blanco una
tercera parte de los personajes eran femeninos. Los estudios con adolescentes
y adultos en América del Norte y Nueva Zelanda han observado efectos
análogos del genérico él (Hamilton, 1988; Martyna, 1978; Ng, 1990). Las
oraciones acerca de “el artista y su obra” tienden a evocar las imágenes de un
hombre.
Consideremos también que la gente usa selectivamente los pronombres
genéricos. Por ejemplo en “el doctor… él” y “la secretaria… ella” (MacKay,
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1983). Si el y su (de el) fuesen realmente formas sin género, no vacilaríamos
un instante cuando oímos que “el hombre, como otros mamíferos, amamanta a
sus crías”. Que nos sobresaltemos indica que sus (de él) implica una
connotación de género que choca con nuestra idea de amamantar.
El poder del lenguaje para influir sobre el pensamiento determina que la
formación del vocabulario sea una parte fundamental de la educación. Ampliar
el lenguaje implica ampliar la capacidad de pensar.
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