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Transcript
Insigne y Nacional Basílica de Santa María de
Guadalupewww.virgendeguadalupe.org.mx
Versión estenográfica de la
Homilía pronunciada por el M. I. Sr. Cango. Juan Raymundo Maya Paz
Párroco de la Parroquia de Santa María de Guadalupe, Capuchinas, en la Solemnidad
de la Asunción de la Santísima Virgen María
15 de agosto de 2016
El Señor hace proezas, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a
los potentados y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Hoy celebramos la Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo en
cuerpo y alma. Y escuchamos estas bellas palabras de la Virgen María al visitar
a su prima Isabel, su maravillosa experiencia de Dios. Recordemos hermanos, a
propósito de esta fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, cuando el
Papa Pío XII declaró en el año 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima
Virgen María al cielo en cuerpo y alma. Lo hizo solemnemente en la Plaza de San
Pedro acompañado de 36 cardenales, 555 patriarcas, arzobispos y obispos; de
un gran número de dignatarios eclesiásticos y de una gran muchedumbre
entusiasmada, se dice alrededor, un poco más de un millón de personas.
Y dijo muy solemnemente el Papa Pío XII, después de elevar a Dios muchas y
reiteradas preces y de invocar la luz del espíritu de la verdad, para gloria de Dios
omnipotente que otorgó la Virgen María su peculiar benevolencia para honor de
su hijo, rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte para
aumentar la gloria de la misma augusta madre y para gozo y alegría de toda la
Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados
apóstoles, Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos
ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre
Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma
a la Gloria Celestial.
En seguida ahí en la Plaza de San Pedro se dio un explosivo aplauso, pues ya
eran casi 1900 años de fe del pueblo creyente y de la Iglesia que estaba esta
verdad implícita, latente, sobre la Virgen María y ahora confirmada y ratificada
por el romano pontífice, apelando a la infalibilidad propia del sucesor de San
Pedro, que también hermanos, tuvo millones y millones de espectadores en los
cinco continentes, quienes lo pudieron ver en televisión o lo oyeron por las
estaciones de radio del mundo entero ese importante anuncio papal. Así es, pues
la Santísima Virgen María, que fue concebida sin pecado, que fue humilde, pura,
dócil, obediente y entregada totalmente al Plan de Dios, claro que no podía
conocer la corrupción del sepulcro. En ella aprendemos el valor del silencio, la
discreción, la humildad y hasta el dolor como parte de este triunfo y exaltación
junto a su hijo Jesucristo, junto a Dios en el cielo.
María Santísima es pionera entre todos nosotros. Haber alcanzado la meta del
cielo que a todos nos aguarda. Jesucristo devuelve a María Santísima, su madre,
todo el cariño que de ella había recibido. Comparte con su madre santísima su
triunfo sobre la muerte y presenta al Padre Creador, a la creatura enaltecida y
llena de gracia y el Padre Dios recibe el mejor regalo de su hijo y ve junto a sí a
la mujer que colaboró para ofrecer al mundo su amor misericordioso.
Por la asunción de María Santísima exulta el cielo, los ángeles bendicen a Dios
al recibir a la que dio a luz al Verbo hecho carne. Y ahora bien hermanos, para
nosotros los católicos que celebramos esta fiesta con alegría ¿Por qué es
importante que profundicemos en el dogma de la Asunción de la Santísima
Virgen María? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a esta
interrogante y nos invita a que la conozcamos más.
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: la Asunción de la Santísima Virgen María
constituye una participación singular en la resurrección de su hijo Jesucristo y
una anticipación de la resurrección de los demás cristianos. Para nosotros
también nos involucra. La importancia de la Asunción de la Virgen María, para
nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio de la era cristiana, radica en la
relación que hay entre la resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de
María Santísima, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se
haya en cuerpo y alma ya glorificada ya en el cielo. Eso es hermanos, una
anticipación de nuestra propia resurrección.
Esta celebración nos invita, nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que
llevamos todos los días. Una pausa para reflexionar sobre el sentido de nuestra
propia vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último, que todos, todos estamos
llamados a alcanzar la perfección, la verdadera felicidad, la vida eterna,
hermanos, pero eso sí, cumpliendo cabalmente la voluntad de Dios, como María
Santísima, como nuestro patrono San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, como tantos
santos y santas de Dios, con fe, obediencia, humildad y caridad, perseverando
en la escucha de la Palabra de Dios, en la práctica de las obras de misericordia,
en la recepción de los sacramentos. También nosotros hermanos, entonces sí,
nosotros con el auxilio de María Santísima alcanzaremos la futura inmortalidad
y la felicidad para siempre en el cielo con María Santísima nuestra madre.
Así sea.