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1
Reforma del Código Civil. Algunas Preocupaciones
Persona humana - CAPÍTULO 1 - Comienzo de la existencia
ARTÍCULO 19.- Comienzo de la existencia.
La existencia de la persona humana comienza con la concepción en el seno materno. En el caso de
técnicas de reproducción humana asistida, comienza con la implantación del embrión en la mujer, sin
perjuicio de lo que prevea la ley especial parala protección del embrión no implantado.
1. Situación Planteada
2. El Código Civil por su carácter estable y modélico, al definir obligaciones y derechos de las personas e
instituciones no es algo neutro, sino que a través de él se expresan doctrinas o corrientes de
pensamiento que van a incidir en la vida de los argentinos. Junto a las necesarias actualizaciones que la
reforma busca realizar, creemos que el nuevo Código debe tener en cuenta la riqueza de nuestras
tradiciones jurídicas y constitucionales, como los principios y valores que hacen a nuestra vida e
identidad. Necesariamente en un Código Civil se presentan opciones que definen materias e institutos
que rigen y orientan la vida de una comunidad. Entre ellas queremos señalar, en primer lugar, la
necesidad del reconocimiento del comienzo de la vida humana desde la concepción y su necesaria
protección jurídica. Debilitar este principio liminar es disminuir la base jurídica de un sistema y orientar,
por su misma autoridad, el alcance de futuras leyes sobre la entidad de los embriones congelados.
(C.E.A., Reflexiones y aportes sobre algunos temas vinculados a la reforma del Código Civil)
Principales cuestiones en juego (n°4) El Código Civil y nuestro estilo de vida (Comisión Permanente, 23 – 08 - 2012)
Si se aprueba sin modificaciones este proyecto, algunos seres humanos en gestación no tendrán
derecho a ser llamados "personas". La maternidad y la paternidad quedarán desfiguradas con la
denominada "voluntad procreacional"; se legitimará, por un lado, la promoción del "alquiler de vientres"
que cosifica a la mujer y por otro, el congelar embriones humanos por tiempo indeterminado, pudiendo
ser éstos descartados o utilizados con fines comerciales y de investigación. Se discriminará, en su
derecho a la identidad, a quienes sean concebidos por fecundación artificial, porque no podrán conocer
quién es su madre o su padre biológico.
2. La condición humana y personal del embrión
Donum Vitae n° 1:
Esta Congregación conoce las discusiones actuales sobre el inicio de la vida del hombre, sobre la
individualidad del ser humano y sobre la identidad de la persona. A ese propósito recuerda las
enseñanzas contenidas en la Declaración sobre el aborto procurado: “Desde el momento en que el óvulo
es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo
ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde
entonces. A esta evidencia de siempre… la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra
que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: un hombre,
este hombre individual con sus características ya bien determinadas. Con la fecundación inicia la
aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y
poder actuar” (25). Esta doctrina sigue siendo válida y es confirmada, en el caso de que fuese necesario,
por los recientes avances de la biología humana, la cual reconoce que en el cigoto (*) resultante de la
fecundación está ya constituida la identidad biológica de un nuevo individuo humano. (…)
2
Ciertamente ningún dato experimental es por sí suficiente para reconocer un alma espiritual; sin
embargo, los conocimientos científicos sobre el embrión humano ofrecen una indicación preciosa para
discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un
individuo humano podría no ser persona humana?
Pontificia Academia para la Vida (1997 y 2006))
El juicio, que es un acto de la mente humana, sobre la naturaleza personal del embrión humano surge
necesariamente de la evidencia del dato biológico, el cual implica el reconocimiento de la presencia de
un ser humano con una capacidad activa e intrínseca de desarrollo, y no de una mera posibilidad de
vida.
3. Esos logros de la embriología moderna necesitan ser sometidos al análisis de la interpretación
filosófico-antropológica para poder percibir los grandes valores que todo ser humano, aunque sea en la
fase embrional, lleva consigo y expresa. Por consiguiente, se trata de afrontar la cuestión fundamental
del status moral del embrión.
Es sabido que, entre las diversas propuestas hermenéuticas presentes en el debate bioético actual, se
han indicado varios momentos del desarrollo embrional humano a los cuales unir la atribución al mismo
de un status moral, a menudo aduciendo razones fundadas en criterios "extrínsecos" (es decir, partiendo
de factores externos al embrión mismo). Pero ese modo de proceder no es idóneo para identificar
realmente el status moral del embrión, dado que todo posible juicio acaba por basarse en elementos
totalmente convencionales y arbitrarios.
Para poder formular un juicio más objetivo sobre la realidad del embrión humano y, por tanto, deducir
indicaciones éticas, es preciso más bien tomar en cuenta criterios "intrínsecos" al embrión mismo,
comenzando precisamente por los datos que el conocimiento científico pone a nuestra disposición. A
partir de ellos se puede afirmar que el embrión humano en la fase de la preimplantación es: a) un ser de
la especie humana; b) un ser individual; c) un ser que posee en sí la finalidad de desarrollarse en cuanto
persona humana y a la vez la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo.
¿De todo ello se puede concluir que el embrión humano en la fase de la preimplantación ya es realmente
una persona? Es obvio que, tratándose de una interpretación filosófica, la respuesta a esta pregunta no
es de "fe definida" y permanece abierta, en cualquier caso, a ulteriores consideraciones.
Con todo, precisamente a partir de los datos biológicos de los que se dispone, consideramos que no
existe ninguna razón significativa que lleve a negar que el embrión es persona ya en esta fase.
Naturalmente, eso presupone una interpretación del concepto de persona de tipo substancial, es decir,
referida a la misma naturaleza humana en cuanto tal, rica en potencialidades que se expresarán a lo
largo de todo el desarrollo embrional y también después del nacimiento.
En apoyo de esta posición, conviene observar que la teoría de la animación inmediata, aplicada a todo
ser humano que viene a la existencia, resulta plenamente coherente con su realidad biológica (…).
Dignitas Personae
Si la Instrucción Donum vitæ no definió que el embrión es una persona, lo hizo para no pronunciarse
explícitamente sobre una cuestión de índole filosófica. Sin embargo, puso de relieve que existe un nexo
intrínseco entre la dimensión ontológica y el valor específico de todo ser humano. Aunque la presencia
de un alma espiritual no se puede reconocer a partir de la observación de ningún dato experimental, las
mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen «una indicación preciosa para
discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un
individuo humano podría no ser persona humana?».[8]En efecto, la realidad del ser humano, a través de
toda su vida, antes y después del nacimiento, no permite que se le atribuya ni un cambio de naturaleza ni
una gradación de valor moral, pues muestra una plena cualificación antropológica y ética. El embrión
humano, por lo tanto, tiene desde el principio la dignidad propia de la persona.
3
Academia Nacional de Medicina
La ética y el juramento médico defienden al niño por nacer y toda vida
Frente a algunas manifestaciones recientes a favor de legalizar el aborto que se han difundido en los
medios, la Academia Nacional de Medicina quiere recordar principios básicos de la ciencia y la práctica
médicas que obligan y vinculan a todos los profesionales del país.
La salud pública argentina necesita de propuestas que cuiden y protejan a la madre y a su hijo, a la vida
de la mujer y a la del niño por nacer. La obligación médica es salvar a los dos, nada bueno puede
derivarse para la sociedad cuando se elige a la muerte como solución. Si el aborto clandestino es un
problema sanitario corresponde a las autoridades tomar las mejores medidas preventivas y curativas sin
vulnerar el derecho humano fundamental a la vida y al de los profesionales médicos a respetar sus
convicciones. Por ello,
La Academia Nacional de Medicina considera:
Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al
momento de su concepción. Desde el punto de vista jurídico es un sujeto de derecho como lo reconoce
la Constitución Nacional, los tratados internacionales anexos y los distintos códigos nacionales y
provinciales de nuestro país.
Que destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano.
Que el pensamiento médico a partir de la ética hipocrática ha defendido la vida humana como condición
inalienable desde la concepción. Por lo que la Academia Nacional de Medicina hace un llamado a todos
los médicos del país a mantener la fidelidad a la que un día se comprometieron bajo juramento.
Que el derecho a la “objeción de conciencia” implica no ser obligado a realizar acciones que contrarían
convicciones éticas o religiosas del individuo (Art.14, 19 y concordantes de la Constitución Nacional).
Aprobada por el Plenario Académico realizado el 30 de septiembre de 2010
3. La protección ética y jurídica
Donum Vitae n° 1
Por tanto, el fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la
constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su
totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el
instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los
derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida.
La doctrina recordada ofrece el criterio fundamental para la solución de los diversos problemas
planteados por el desarrollo de las ciencias biomédicas en este campo: puesto que debe ser tratado
como persona, en el ámbito de la asistencia médica el embrión también habrá de ser defendido en su
integridad, cuidado y sanado, en la medida de lo posible, como cualquier otro ser humano.
4
Pontificia Academia para la Vida (1997 y 2006)
La actitud ética de respeto y cuidado de la vida y de la integridad del embrión, exigida por la presencia de
un ser humano, que debe ser considerado como una persona, se apoya en una concepción unitaria del
hombre, (Corpore et anima unus), que ha de ser reconocida desde el primer instante del organismo
corpóreo: su dignidad personal.
Además, desde el punto de vista moral, por encima de cualquier consideración sobre la personalidad del
embrión humano, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la
duda de encontrarse en su presencia) exige en relación con él el pleno respeto de su integridad y
dignidad: todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus
derechos fundamentales, el primero de los cuales es el derecho a la vida, ha de considerarse
gravemente inmoral.
Dignitas Personae (2006)
4. (…) Conviene aquí recordar el criterio ético fundamental expresado en la Instrucción Donum vitæ para
valorar las cuestiones morales en relación a las intervenciones sobre el embrión humano: «El fruto de la
generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto,
exige el respeto incondicionado, que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y
espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción
y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona,
principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida».
5. Esta afirmación de carácter ético, que la misma razón puede reconocer como verdadera y conforme a
la ley moral natural, debería estar en los fundamentos de todo orden jurídico.[7]Presupone, en efecto,
una verdad de carácter ontológico, en virtud de cuanto la mencionada Instrucción ha puesto en evidencia
acerca de la continuidad del desarrollo del ser humano, teniendo en cuenta los sólidos aportes del
campo científico.
4. Conclusión
6. Las leyes son necesarias para la buena vida social. Su contenido no es indiferente, porque las leyes
son indicativas de las conductas que la sociedad considera valiosas, para alentarlas y protegerlas, o
disvaliosas, para prohibirlas o castigarlas. En ese sentido, la ley, sin identificarse con la moral, tiene un
indudable contenido moral. No hay leyes moralmente neutras. (C.E.A., Reflexiones y aportes sobre algunos temas
vinculados a la reforma del Código Civil)
Evangelium Vitae n° 90 (1995)
En un régimen democrático, donde las leyes y decisiones se adoptan sobre la base del consenso de
muchos, puede atenuarse el sentido de la responsabilidad personal en la conciencia de los individuos
investidos de autoridad. Pero nadie puede abdicar jamás de esta responsabilidad, sobre todo cuando se
tiene un mandato legislativo o ejecutivo, que llama a responder ante Dios, ante la propia conciencia y
ante la sociedad entera de decisiones eventualmente contrarias al verdadero bien común. Si las leyes no
son el único instrumento para defender la vida humana, sin embargo desempeñan un papel muy
importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres. Repito una
vez más que una norma que viola el derecho natural a la vida de un inocente es injusta y, como tal, no
puede tener valor de ley. Por eso renuevo con fuerza mi llamada a todos los políticos para que no
promulguen leyes que, ignorando la dignidad de la persona, minen las raíces de la misma convivencia
ciudadana. La Iglesia sabe que, en el contexto de las democracias pluralistas, es difícil realizar una
eficaz defensa legal de la vida por la presencia de fuertes corrientes culturales de diversa orientación.
5
Sin embargo, movida por la certeza de que la verdad moral encuentra un eco en la intimidad de cada
conciencia, anima a los políticos, comenzando por los cristianos, a no resignarse y a adoptar aquellas
decisiones que, teniendo en cuenta las posibilidades concretas, lleven a restablecer un orden justo en la
afirmación y promoción del valor de la vida. En esta perspectiva, es necesario poner de relieve que no
basta con eliminar las leyes inicuas. Hay que eliminar las causas que favorecen los atentados contra la
vida, asegurando sobre todo el apoyo debido a la familia y a la maternidad: la política familiar debe ser
eje y motor de todas las políticas sociales.
Caritas in Veritate (2009)
28. Uno de los aspectos más destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto
a la vida, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los
pueblos. Es un aspecto que últimamente está asumiendo cada vez mayor relieve, obligándonos a
ampliar el concepto de pobreza y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida,
sobre todo donde ésta se ve impedida de diversas formas.
La situación de pobreza no sólo provoca todavía en muchas zonas un alto índice de mortalidad
infantil, sino que en varias partes del mundo persisten prácticas de control demográfico por parte de los
gobiernos, que con frecuencia difunden la contracepción y llegan incluso a imponer también el aborto. En
los países económicamente más desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida están muy
extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis, contribuyendo a difundir una mentalidad
antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir también a otros estados como si fuera un progreso
cultural.
Algunas organizaciones no gubernamentales, además, difunden el aborto, promoviendo a veces en
los países pobres la adopción de la práctica de la esterilización, incluso en mujeres a quienes no se pide
su consentimiento. Por añadidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, las ayudas al
desarrollo se condicionan a determinadas políticas sanitarias que implican de hecho la imposición de un
fuerte control de la natalidad. Preocupan también tanto las legislaciones que aceptan la eutanasia como
las presiones de grupos nacionales e internacionales que reivindican su reconocimiento jurídico.
La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se
encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía
necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad
personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida
provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la
ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las
necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales
para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas
actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho
fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida.