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Transcript
Unilateralismo norteamericano en la invasión a Afganistán e Irak
Renee Isaabel Mengo
UNC-Argentina
http://www.uib.es/catedra_iberoamericana
1
Número 10
Colección Artículos
Unilateralismo norteamericano en la invasión a Afganistán e Irak
Renee Isaabel Mengo
UNC-Argentina
http://www.uib.es/catedra_iberoamericana
2
ISBN: 978-84-937289-6-0
DP: 1203-2011
Ediciones de la Fundació Càtedra Iberoamericana
Cra de Valldemossa, Km 7.5
07122 Palma de Mallorca
© del texto y de la edición: Fundació Càtedra Iberoamericana
http://www.uib.es/catedra_iberoamericana
3
Resumen
El fin del sistema bipolar ocurrido tras el desmembramiento del bloque soviético a principio de los noventa, le
proporcionó a Estados Unidos de Norteamérica un poder absoluto en el escenario mundial.
Fue a partir del 11 de Septiembre de 2001 que el hiper unilateralismo se hizo más evidente que nunca cuando
Estados Unidos de Norteamérica firmó una guerra contra el terrorismo internacional. La respuesta militar al 11
de septiembre de 2001 fue denominada "Operation Enduring Freedom (Operación Libertad Duradera)" para la
invasión a Afganistán y quedaría finalmente plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional de Septiembre de
2002 cuando se aceleró y decidió la invasión a Irak concretada en marzo de 2003.
Palabras clave:
Nuevo orden mundial - unilateralismo- ataque preventivo - fundamentalismo - terrorismo
American unilateralism in the invasion of Afghanistan and Iraq
Abstract
The end of the bipolar system occurred after the breakup of the Soviet bloc in the early nineties, gave the United
States of America an absolute power on the world stage.
It was from September 11 2001 that the hyper unilateralism became more evident than ever when United States
signed a war against international terrorism. The military response to September 11, 2001 was called "Operation
Enduring Freedom (OEF)" for the invasion of Afghanistan and would be finally enshrined in the National
Security Strategy of September 2002 when it increased and decided the invasion of Iraq concretized in March
2003.
Keywords:
New World Order - Unilateralism-emptive attack - fundamentalism - terrorism
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Unilateralismo norteamericano en la invasión a Afganistán e Irak
"Lo trágico de la guerra es que echa mano de lo mejor del hombre para emplearlo en la peor de las obras
humanas: destruir." Ralph Waldo Emerson
Presentación
Inmediatamente a la caída del muro de Berlín (1989) y del colapso soviético (1991), Estados Unidos de
Norteamérica en la persona de George Bush (padre), anunciaba la creación de un “nuevo orden mundial”.
Aparentemente se intentaba ver la reacción internacional que producía esa figura, situación que provocó
resquemor en Europa, donde se avanzaba en convertir a la Comunidad Económica a Unión Europea, fuerte desde
el punto de vista económico y político y la instauración de la moneda única, el euro.
Bajo este contexto, en 1992 se ratifica el Tratado de Maastricht o Tratado de la Unión Europea (TUE) en él que
se definen tres pilares constitutivos del bloque: el pilar central comunitario sobre integración económica creando
dentro del mercado una nueva zona fuerte capaz de competir con los Estados Unidos de Norteamérica, el
segundo pilar de Política Exterior y de Seguridad Común, y el tercer pilar de justicia y asuntos internos.
Esta reacción obligó a cambiar la estrategia triunfalista, y lanzar la idea de la globalización, que resultaba más
neutra y menos alarmante. Pero en realidad se trata de un nuevo orden mundial, y donde hay un orden existe un
ordenador. Es también una ideología y como toda ideología se refiere a la política.
Así, en la década de los noventa del siglo XX entró en crisis el sistema de Estados que emergió en Westfalia en
el siglo XVII, y se inicia un proceso de transición que se caracteriza por la puesta en cuestión del principio de
soberanía y el ascenso de la convicción de la necesidad de intervención de la comunidad internacional en el
ámbito interno de los Estados.
La transición a un mundo global ha sido terminada solamente en un sentido restringido. Con el colapso del
bloque soviético, ya no hubo un centro de autoridad y poder mundial alternativo, potencialmente igual. En
otros sentidos, la transición es, empero, profundamente incompleta: tiene un carácter marcadamente
inacabado, contradictorio e inestable. Las relaciones globales de autoridad están centradas formalmente en un
conjunto de instituciones fundamentalmente débil, en el sistema de las Naciones Unidas, con una muy limitada
legitimidad en la sociedad mundial, limitada autoridad sobre los centros nacionales de poder estatal, y recursos
y capacidades limitados para formular normas y políticas globales (por no hablar de poder de coacción para su
aplicación). La autoridad global depende excesivamente del Estado Occidental, y más particularmente de los
Estados Unidos de Norteamérica y está mediada decisivamente por las políticas interestatales e intraestatales
del Occidente. Muchos Estados fuera de éste se encuentran integrados de manera relativamente débil en las
instituciones estatales globales y occidentales (y algunos en la sociedad mundial). Las relaciones estatales
globales a finales del siglo XX representaron manifiestamente, un marco relativamente débil, inestable y
variable para la sociedad global.
Desde la caída de la Unión Soviética, el mosaico de Estados con mayor o menor incidencia en los asuntos
internacionales fue opacado por el abrumador poderío militar y económico de Estados Unidos de Norteamérica.
Considerado por muchos analistas como el regreso a la unipolaridad, este momento marcó también el inicio de
una era caracterizada por la aparición de nuevas amenazas a la paz y la seguridad mundial: terrorismo,
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5
narcotráfico, crimen organizado, proliferación de armas masivas de destrucción, etc. Desaparecido el enemigo
comunista, el discurso sobre la seguridad nacional norteamericana tuvo como eje a los “rogue states” 1: Irak, Irán,
Libia y Corea del Norte, entre otros pasaron a conformar lo que Bush definió como el eje del mal.
En base a lo planteado se deduce que, el comienzo del siglo XXI estuvo lejos de ser la de paz que pareció
anunciar el fin de la Guerra Fría. Vieron por el contrario tan rápida expansión y transformación de los conflictos
que hizo que se hablara de “nuevas guerras”.
El ensayo trata de aproximar una interpretación en la aplicación del unilateralismo sobre Afganistán e Irak con
sus respectivas invasiones.
Contexto
El 11 de Septiembre de 2001, la principal superpotencia del mundo fue víctima de ataques terroristas perpetrados
contra el World Trade Center y el Pentágono, íconos del poder económico y militar mundial. La vulnerabilidad a
la que se vio sometido Estados Unidos de Norteamérica demostró que no alcanza con poseer un enorme arsenal
de armas nucleares, ni mucho menos sostener sofisticados sistemas de defensa. El soñado escudo antimisiles de
Bush se tornó obsoleto para frenar un ataque que no necesitó de armas de destrucción masivas para tener efectos
devastadores. Este hecho constituyó el detonante para una modificación del eje en torno al cual se articulan las
relaciones de fuerza en el ámbito internacional. Luego de los ataques, el presidente Bush declaró que Estados
Unidos de Norteamérica estaba en guerra, no sólo contra el terrorismo sino también con los Estados que
brindaran protección a los terroristas. La lucha entre el bien y el mal anunciada por el presidente norteamericano
pareció recrear un ambiente similar al de la Guerra Fría, donde se enfrentan valores que cada parte defiende
como trascendentales. El primer mensaje de Bush luego de los atentados en el Congreso fue claro: o se está con
Occidente o se está contra Occidente. No había lugar para terceras posiciones. En su lucha contra el terrorismo
Estados Unidos de Norteamérica utilizaría todos los medios necesarios para enfrentar esta nueva amenaza a su
seguridad nacional. Osama Bin Laden y la red Al Qaeda fueron señalados como los autores de los atentados y el
régimen talibán fue acusado de ser el protector de la red terrorista2.
El 12 de Septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó la Resolución 1368 3 en la que
condenó inequívocamente los ataques terroristas, y reconocía que los mismos constituían una amenaza a la paz y
la seguridad internacional. Además, dicho organismo reafirmó el derecho inmanente a la defensa propia,
individual o colectiva, conforme al Art. 51 de la Carta de Naciones Unidas; y expresó su disposición a tomar las
medidas necesarias para responder a esos ataques y combatir el terrorismo. Por su parte, la Asamblea General a
Llamados así cuando el sistema de gobierno es dictatorial y se caracterizan por tender más hacia el totalitarismo que hacia el
autoritarismo; su retórica y política exterior son fervientemente antiestadounidenses; a diferencia de otras dictaduras, están
obsesionados con la política internacional.
Los rogue states estarían definidos en base a tres criterios de comportamiento externo: 1) el empleo de armas de destrucción
masiva, 2) el uso del terrorismo internacional como un instrumento de política estatal y 3) una orientación de política exterior
que amenaza a los aliados de Estados Unidos o a importantes intereses americanos en regiones claves. Véase Litwak, Robert,
“Rogue States and U.S. Foreign Policy. Containment after the Cold War”, The Woodrow Wilson Center Press, Washington,
2000, pag. 49.
2
Solmirano, Carina. Unilateralismo vs. multilateralismo: Las lecciones de Irak
Fuente. http://www.f-e-i.org.ar/ennee/vi/Tema%201/Carina%20Solmirano.doc
3
SC Res. 1368 (Sept. 12, 2001) en www.un.org/docs [consulta: 10-07-2003]
1
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6
través de la Resolución 564, condenó enérgicamente los ataques (sin referirse expresamente a los mismos como
ataques y sin mencionar el derecho a la legítima defensa propia), e instó a los Estados a intensificar la
cooperación internacional para erradicar los actos de terrorismo. La Organización del Tratado del Atlántico
Norte expresó que si se determinaba que los ataques a Estados Unidos provenían del extranjero, se consideraría
que los mismos constituían un ataque contra todos los miembros de la organización, según el Art. 5 del Tratado
de Washington5. La Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó el 21 de septiembre de 2001 una
resolución mediante la cual declaró: “Estos ataques terroristas contra los Estados Unidos de América son
ataques contra todos los Estados americanos y, de conformidad con todas las disposiciones pertinentes del
Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y el principio de solidaridad continental, todos los
Estados Partes del Tratado de Río deberán brindar asistencia recíproca efectiva para enfrentar tales ataques y
la amenaza de ataques similares contra cualquier Estado americano, y para mantener la paz y la seguridad del
Continente”6.
El 28 de Septiembre, a partir de un borrador presentado por Estados Unidos de Norteamérica, el Consejo de
Seguridad, actuando bajo el Capítulo VII de la Carta, adoptó por unanimidad la Resolución 1373 en la que entre otras medidas- exhortó a los Estados a negar el financiamiento, apoyo y refugio a los terroristas, a
intensificar y agilizar el intercambio de información operacional entre los Estados miembros, y estableció un
Comité del Consejo de Seguridad para monitorear la implementación de estas medidas.7
Ninguna de estas resoluciones autorizaba expresamente el uso de la fuerza. Sin embargo, reconocían el derecho
inherente de legítima defensa así como también la necesidad de combatir, por todos los medios, las amenazas a
la paz y seguridad internacional causadas por actos terroristas.
Pocas semanas después de los ataques, en un mensaje ante el Congreso, Bush le demandó al régimen talibán la
entrega de los líderes de Al Qaeda que estuvieran en su territorio y el cierre de los campos de entrenamiento
terrorista. Estas demandas no estarían sujetas a negociación o discusión. Ante la negativa del régimen talibán de
cumplir con esas demandas, e invocando el Art. 51 de la Carta de Naciones Unidas, Estados Unidos de
Norteamérica inició acciones militares en Afganistán el 7 de Octubre de 2001. La operación “Enduring
Freedom” contó con el apoyo de más de treinta Estados, y tuvo como principales objetivos: el desmantelamiento
de las bases terroristas de los talibanes y de la red Al Qaeda, la caída del régimen talibán y la instalación de un
gobierno de transición, luego legitimado por los acuerdos de Bonn y por el Consejo de Seguridad a través de la
Resolución 1386.
El unilateralismo estadounidense aplicado no constituye una novedad para los analistas de las relaciones
internacionales. Al respecto, (Cárdenas, 2003)
sostuvo que, pese a conformar una suerte de imperio
“benevolente”, con principios, los Estados Unidos de Norteamérica nunca renunciaron al uso unilateral de la
fuerza.
El siglo XX presenció muchos episodios que así lo confirman, como los de México, Honduras,
4
GA Res. 56/1 (Sept. 18, 2001) en www.un.org/docs [consulta: 10-07-2003]
Press Release N° 124, Statement by the North Atlantic Council (Sept. 12, 2001), en
www.nato.int/docu/basictxt/treaty.htm#Art05 [consulta: 10-07-2003]
6
RC.24/RES.1/01 (Sept. 21, 2001) en www.oas.org [consulta: 10-07-2003]
7
SC Res. 1373 (Sept. 28, 2001) en www.un.org [consulta: 10-07-2003]
5
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Nicaragua, Dominicana, Guatemala, Haití, Grenada, o Panamá. Además de las experiencias, bastante distintas,
de las guerras de Corea y Vietnam.
Desde que se configuró el nuevo esquema de poder mundial a principios de los noventa, Estados Unidos de
Norteamérica se convirtió en la única potencia con capacidad militar y económica suficientemente autónoma
como para incidir (directa o indirectamente) en los asuntos globales. Sin embargo, fue a partir del 11 de
Septiembre que el hiperunilateralismo se hizo más evidente que nunca. La estrategia de Seguridad Nacional
anunciada por el presidente George W. Bush en Septiembre de 2002 expresa claramente el interés
norteamericano por extender su poder a nivel global, a través de una política unilateral justificada por “ataques
preventivos”.
El 11 de septiembre de 2001, las torres gemelas y el Pentágono, epicentros financieros y militares de Estados
Unidos de Norteamérica respectivamente, fueron derribados por aviones secuestrados por terroristas de Al
Qaeda, bajo el liderazgo de Osama Bin Laden. El mayor impacto de estos ataques fue a nivel simbólico pues no
solo pusieron en entredicho la inquebrantable seguridad y supremacía norteamericana, sino que también
alertaron a Europa sobre los actos terroristas que sobrevendrían a los países de la Unión Europea, por su cercanía
política y militar con los Estados Unidos de Norteamérica. Así, las inevitables consecuencias de las dinámicas de
globalización y un evidente nuevo contexto de seguridad, caracterizado por la percepción de amenazas globales
como el terrorismo, el desbordamiento nacional de conflictos civiles, las redes globales de crimen organizado,
etc, fomentó un amplio consenso al interior de la Unión Europea para reformular su Política Exterior y concretar
de una vez por todas una estrategia común, que definiera el alcance de la acción exterior europea en el mundo.
El unilateralismo norteamericano quedaría finalmente plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional de
Septiembre de 2002. En dicho documento, Estados Unidos de Norteamérica afirma disfrutar de una fuerza
militar sin precedentes, como así también de una gran influencia económica y política. Por eso, “Estados Unidos
de Norteamérica busca impulsar las condiciones que permitan que las naciones puedan elegir por sí mismas las
recompensas y los retos de la libertad política y económica. Porque en un mundo a salvo de peligros, la gente
estará en condiciones de mejorar sus propias vidas. De allí que Estados Unidos de Norteamérica defenderá la paz
al luchar contra los terroristas y los tiranos. Preservará la paz al crear buenas relaciones entre las grandes
potencias. Extenderá la paz al fomentar sociedades libres y abiertas en cada continente” 8.
De este modo, la doctrina está dirigida contra los llamados rogue states, los cuales constituyen una amenaza a la
seguridad norteamericana. La administración Bush afirmaba que las conexiones de estos estados con grupos
terroristas y con la posesión de armas nucleares, los obligaba a tomar medidas anticipadas para defender a
Estados Unidos, aún cuando no exista la certeza del tiempo y lugar de ataque.
La administración Bush tuvo tres desafíos: cómo responder a los responsables de los ataques, cómo reducir la
vulnerabilidad ante potenciales ataques y cómo comprometerse con el mundo para bajar el número de futuros
atacantes. Y la base de toda esta respuesta está en el Estado.
Véase “The National Security Strategy of the United States of América”, September 2002, www.whitehouse.gov [consulta:
27-07-2003]
8
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La corta historia de este siglo XXI, está marcada en todo el mundo por los ataques terroristas de 2001 en Estados
Unidos. Europa no se ha librado de las consecuencias de este hecho con el ataque en Madrid 11 de marzo de
2004 y en Londres el El 7 de julio de 2005.
El 11 de septiembre de 2001 no sólo demostró la vulnerabilidad de los Estados Unidos de Norteamérica sino el
fracaso de la combinación entre unilateralismo y aislacionismo, bases del programa del presidente Bush (hijo).
El impulso tecnológico que sustenta la globalización económico-financiera y que da una decisiva ventaja militar
a Estados Unidos de Norteamérica, crea el germen de una "sociedad global" con una opinión pública activa y
organizaciones no gubernamentales importantes.
Hoy la guerra es otra. Más allá de la tecnología, existe el terror. Esta nueva guerra opera por redes. Precisa de
alta tecnología para destruir y matar pero además, convoca a iluminados y creyentes que se disponen a morir
contra el terror, que parece ser el enemigo real de la paz y la democracia, ¿de qué ventaja goza el "unilateralismo
global" de los estadounidenses?.
1.
Invasión a Afganistán
9
Capital: Kabul.
Gobierno: República islámica (segundo gobierno de Hamid Karzai).
Población: 32.738,376 (estimada hasta 2008)
Después del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos de Norteamérica firmó una guerra contra el terrorismo
internacional. El Presidente norteamericano inició esta respuesta con la firma de una orden tendente a bloquear
los activos financieros de los grupos terroristas. A diferencia de otros conflictos anteriores, esta guerra se iba a
librar tanto sobre suelo propio como extranjero. En consecuencia, los días posteriores a los ataques, se inició un
despliegue de tropas americanas al Sudoeste de Asia y países circundantes a Afganistán.
La respuesta militar al 11 de septiembre de 2001 fue denominada "Operation Enduring Freedom (Operación
Libertad Duradera)", aunque antes se había denominado "Justicia Infinita". Dado que para los musulmanes solo
Alá puede proporcionar Justicia Infinita, y con el ánimo de no ofender convicciones religiosas se sustituyo la
denominación inicial por "Libertad Duradera".
Luego del atentado, Estados Unidos de Norteamérica encontró un manto de legitimidad bajo el Consejo de
Seguridad para ejercer la fuerza en Afganistán. Lo hizo bajo el Art. 51 de la Carta: derecho a la legítima defensa.
9
Fuente. http://www.elpais.com/todo-sobre/pais/Afganistan/AFG/
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La Operación Libertad Duradera comenzó el 7 de octubre de 2001. Las operaciones iniciales de combate
incluyeron ataques aire suelo a cargo de los bombarderos B-1, B-2 y B-52, de los caza-bombarderos F-14 y F/A18, así como misiles de crucero Tomahawk lanzados barcos y submarinos americanos y británicos.
Los objetivos militares iniciales de la Operación Libertad Duradera, fueron expuestos por el Presidente Bush el
20 de septiembre durante la Sesión Conjunta del Congreso y su alocución al país el 7 de octubre, e incluía la
destrucción de campos de entrenamiento terroristas y su infraestructura dentro de Afganistán, la captura de
líderes de Al-Qaeda y el cese de actividades terroristas en Afganistán.
El Secretario de Defensa Donald Rumsfeld indicó que los objetivos estadounidenses contemplaban explicar a los
líderes Talibán que albergar terroristas era inaceptable, adquirir datos de inteligencia sobre Al-Qaeda y recursos
de los Taliban para desarrollar relaciones con grupos de oposición a los mismos, evitar la utilización de suelo
afgano como una zona segura para terroristas y destruir el potencial militar Talibán, lo que permitiría a la
oposición tener éxito. Finalmente, la fuerza militar ayudaría a proporcionar ayuda humanitaria al pueblo afgano.
Decir los talibanes es una simplificación. Cuando se combate a una simplificación se pierde la guerra. En
Afganistán hay cuatro tipos de insurgencia que se financian con el comercio del opio. (...) En muchas zonas
rurales no hay presencia del Estado y la gente se fía más de los insurgentes que de las autoridades de Kabul y las
tropas extranjeras. Los talibanes son inteligentes, han aprovechado sus errores, el último el desastre de las
elecciones. Sin un Gobierno respetado por los afganos, toda estrategia, nueva o vieja, acabará en desastre. Estas
son algunas de las frases de un experto en asuntos de seguridad desde el anonimato: 40.000 rebeldes luchan
contra más de 100.000 soldados de Estados Unidos de Norteamérica y la OTAN 10.
En Afganistán se encuentran 112.000 soldados extranjeros que luchan contra la rebelión de los talibanes. Casi
70.000 de ellos lo aporta el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica.
Desde el año 2001 y hasta el 1 de diciembre de 2009, 1.532 soldados extranjeros murieron en Afganistán, entre
ellos 929 estadounidenses, 236 británicos y 133 canadienses. 11
Este es el detalle de las fuerzas por país al 22 de octubre de 2009:
- Estados Unidos de Norteamérica: 34.800
- Gran Bretaña: 9.000 (El gobierno anunció el envío de 500 más)
- Alemania: 4.500
- Francia: 3.750
- Canadá: 2.830
- Italia: 2.795
- Holanda: 2.160
- Polonia: 1.910
- Australia: 1.350
- España: 1.000
10
Fuente: icasualties.org.
Fuente:http://www.elpais.com/articulo/internacional/talibanes/hay/combatir/elpepiint/2009110
9elpepiint_9/Tes
11
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10
- Rumania: 990
- Turquía: 720
- Dinamarca: 690
Con cantidades menores de efectivos, siguen Bélgica (530), Noruega (480), República Checa (480), Bulgaria
(460), Suecia (430), Hungría (360), Nueva Zelanda (300), Croacia (290), Albania (250), Lituania (250),
Eslovaquia (245), Letonia (175), Finlandia (165), Macedonia (165), Estonia (150), Grecia (145), Portugal (145),
Eslovenia (130), Azerbaiyán (90), Emiratos µrabes Unidos (25), Bosnia Herzegovina (10), Ucrania (10),
Singapur (9), Irlanda (7), Luxemburgo (8), Jordania (7), Austria (4), Islandia (2) y Georgia (1).
El peso fundamental de las operaciones recaería sobre Estados Unidos de Norteamérica, aunque incluirían
contribuciones significativas de la comunidad internacional. Hacia 2002, la coalición estaba formada por más de
68 naciones, con 27 naciones que tienen representantes en la oficina central CENTCOM 12.
En cierto sentido, la victoria fácil que lograron los operativos de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos de
Norteamérica –aliados con la Alianza del Norte– lograron sobre el Talibán en otoño de 2001 probó ser una
invitación fatal del entonces Presidente Bush y a los arrogantes hombres que lo rodeaban a internarse en el
pantano de Irak. Como resultado se declaró la victoria en Afganistán prematuramente. El Talibán no
desapareció, sólo cambió el color de sus turbantes y continuó luchando.
Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados han perdido tiempo en Afganistán. Entre 2001 y 2007 la
insurgencia talibán pudo haber sido derrotada por completo. Sin embargo, la falta de estrategia de la
Administración Bush en el país centroasiático y la mala gestión del Gobierno afgano de Hamid Karzai han
revertido los logros que se consiguieron inicialmente, cuando las tropas internacionales consiguieron derrocar al
régimen de los talibán y expulsar a Al Qaeda.
El deterioro de la situación en Afganistán no hace más que agravarse. Política y económicamente, el país hace
aguas, mientras, los talibán están reconquistando gran parte del territorio. Según Ahmed Rashid, escritor y
periodista paquistaní experto en Afganistán, los talibanes controlan ya dos tercios del territorio. Todo, como
consecuencia de no dedicar los suficientes recursos militares y económicos al país desde que en 2003 Irak se
convirtió en el nuevo frente de la 'guerra contra el terror' de Bush en su momento.
La nueva Administración demócrata intenta corregir el rumbo. Nada más llegar a la Presidencia a comienzos de
2009, Barack Obama, abogó por una estrategia global que integre los esfuerzos militares y civiles en la
reconstrucción del país. La solución para el conflicto de Afganistán no es sólo militar. Esta nueva estrategia
también establece como una cuestión crucial entrenar al Ejército y la policía afganos. Otra de sus claves es poner
en marcha una iniciativa diplomática que incluya a los países vecinos.
Afganistán ya es la guerra de Barack Obama. A diferencia de Irak, cada vez más en segundo plano ante el
relativo declive de la violencia, el país atacado tras los atentados del 11-S ha centrado los esfuerzos del
presidente de EEUU, pero ésta no es sólo la guerra del presidente Obama. Lo que está sucediendo en Afganistán
representa las mismas amenazas para todo el mundo: terrorismo, drogas, extremismo. Al respecto “la producción
Con socios nacionales e internacionales, Comando Central de EE.UU. promueve la cooperación entre las naciones, responde
a las crisis, y disuade o derrotas estatales y no-agresión, y apoya el desarrollo y la reconstrucción, cuando sea necesario, a fin
de establecer las condiciones para la seguridad regional, la estabilidad y la prosperidad
12
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de opio, el ingrediente básico de la heroína, se disparó y ahora el 93% del opio en el mundo proviene de este
país, según Naciones Unidas. Este comercio constituye el 60% de la economía y expertos estiman que provee
unos US$100 millones al año a la insurgencia”13.
En el transcurso de 2010 habrá un aumento considerable del número de soldados procedentes de los países de la
OTAN aparte de Estados Unidos. Eso se añade a los aproximadamente 36.000 soldados no estadounidenses que
ya están sobre el terreno. Pero no se trata sólo de cifras. Se trata de estrategia. En enero de 2010, Estados Unidos
envió otros 30 mil soldados a Afganistán, pero a su vez anunció que se retiraría en 2011.
Políticamente el presente de esta nación, esta representado por las elecciones de fines de 2009. Hamid Karzai
con segundo mandato, es el vencedor de unas elecciones en las que todos han perdido. Perdió él, que se dejó casi
todo su crédito político y la legitimidad en el camino; pierden los afganos que tras 30 años de guerras y ocho de
supuesta democratización y reconstrucción siguen siendo las víctimas principales, y pierde Occidente que ha
invertido más de 65.000 millones de dólares y entregado la vida de 1.502 de sus soldados en un conflicto que se
ha empantanado en todos los frentes, en el militar, ante los talibanes que en 2007 recuperaron la iniciativa, y en
el político, por la inestabilidad. Es el peor escenario para Barack Obama y la OTAN.
2.
Invasión a Irak
14
Capital: Bagdad
Gobierno: República Parlamentaria Federal.
Población: 25.331.985 (est. julio 2001)
Desde los años noventa, Irak formaba parte de los denominados estados gamberros. Durante 12 años, el régimen
de Saddam violó 16 resoluciones de Naciones Unidas en torno al desarme. Sin embargo, durante esos años Irak
fue contenido y en ocasiones castigado por transgredir las disposiciones de la ONU, por ejemplo, a través de
bombardeos aéreos ante la violación iraquí de la zona de exclusión aérea.
13
Fuente:http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2009/11/090821_elecciones_afganas_anali
sis_alf.shtml
14
Fuente. http://www.elpais.com/comunes/2003/guerrairak/escenario.html
http://www.uib.es/catedra_iberoamericana
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Cuando las nuevas amenazas a la seguridad se redefinieron: terrorismo internacional y armas de destrucción
masiva, Irak volvió a estar en el centro de los debates de la Casa Blanca. Al conformar el “eje del mal” junto a
Irán, Libia y Corea del Norte, Irak pasó a representar una amenaza a la seguridad estadounidense.
La decisión estadounidense de atacar Irak y derrocar al régimen de Saddam Hussein tiene una larga data. La
violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad posteriores a la primera Guerra del Golfo, la certeza
norteamericana de que Irak fabricaba armas nucleares y posteriormente, las sospechas de lazos entre la red
terrorista Al Qaeda y Saddam sentaron algunas de las bases sobre las que la administración Bush declarara su
intención de ejercer un ataque preventivo.
El peligro que los rogue states y el terrorismo internacional significan para la seguridad norteamericana aceleró
las prioridades del gobierno norteamericano respecto a Irak. Incluso antes de que terminara la guerra en
Afganistán, Irak se había convertido en el nuevo objetivo de la política exterior de Estados Unidos. Confirmadas
estas suposiciones en el documento que ya hemos analizado, la cuestión parecía ser sobre la forma en que el
ataque a Bagdad se realizaría: bajo el mandato multilateral de Naciones Unidas o bajo la nueva doctrina de
seguridad norteamericana.
En Septiembre de 2002, en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Bush expuso su
preocupación sobre Irak. Remarcó que su país se enfrentaba al desafío de grupos criminales y regímenes ilegales
que, junto al terrorismo, amenazaban la seguridad común. Agregó que los peligros provenían de un régimen y
solicitó la colaboración del Consejo de Seguridad para trabajar en las resoluciones necesarias para desarmar a
Irak. Pero aclaró que Estados Unidos actuaría sólo si el Consejo no lo hacía15. Una semana después, antes de
enviar una resolución al Congreso, advirtió que si el Consejo de Seguridad no trataba el problema de Irak,
Estados Unidos lo haría16 “le he dicho al pueblo americano que ocurrirá...Si las Naciones Unidas no actúan y si
Saddam no se desarma, Estados Unidos liderará una coalición para desarmarlo” 17.
El giro definitivo en la cuestión Irak se produjo el 28 de Febrero, cuando el Secretario de Prensa de la Casa
Blanca, anunció que el objetivo de Estados Unidos de Norteamérica no era simplemente el desarme de Irak sino
que ahora incluía el cambio de régimen. El 5 de marzo de 2003, Francia y Rusia anunciaron que bloquearían
cualquier resolución que autorizara el uso de la fuerza contra Hussein. El día siguiente, China declaró que
adoptaría la misma posición. El Reino Unido reflotó una propuesta de compromiso, pero los cinco miembros
permanentes del Consejo no se pusieron de acuerdo. De cara a una seria amenaza a la paz y la estabilidad
internacional, el Consejo de Seguridad se paralizó.
El 20 de Marzo las fuerzas de la coalición, encabezadas por Estados Unidos, Gran Bretaña y España, iniciaron
acciones militares contra el régimen de Saddam Hussein, violando las normas del derecho internacional que
proscriben el uso de la fuerza (Art. 2, 4 de la Carta de Naciones Unidas). De esta manera, Bush cumplía lo que
en enero había prometido ante el pueblo norteamericano: “Estados Unidos no depende de las decisiones de
otros”. Esta frase coincide con lo sostenido por (Kennedy, P. 2003): “la impresión general que últimamente da
Véanse las declaraciones del Presidente Bush ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Septiembre de 2002, en
http://www.whitehouse.gov/news/releases/2002/09/20020912-1.html [consulta: 05-10-03]
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http://www.whitehouse.gov/news/releases/2002/09/20020919-1.html, [consulta: 05-10-03]
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Estados Unidos es que no nos importa lo que piensa el resto del mundo. Cuando necesitamos ayuda - para
perseguir a terroristas, congelar activos financieros y habilitar bases aéreas a las tropas estadounidenses,
jugamos con el resto del equipo; cuando no nos gustan los planes internacionales, nos damos media vuelta”.
Con o sin aprobación de Naciones Unidas, Estados Unidos de Norteamérica atacaría Irak. Fundamentalmente
por dos razones: Estados Unidos se arrogó el poder de atacar primero (strike first) de acuerdo a su Estrategia de
Seguridad Nacional. Su rol de única superpotencia mundial le permitió adoptar una política de aún por sobre el
Consejo de Seguridad que es el encargado de reglamentar el derecho de recurrir al uso de la fuerza armada. Irak
era para Estados Unidos uno de los objetivos en la lucha contra el terrorismo internacional y la proliferación de
armas de destrucción masiva. En segundo lugar, porque Estados Unidos, en su condición hegemónica, busca
consolidar su poder y evitar que su supremacía sea disputada por otros Estados. Como sostiene (Russell, 2003;
p.7): “lo que estamos discutiendo es esencialmente el rol de Estados Unidos de Norteamérica en el mundo y
distintas formas de ejercicio de poder”. Después de todo, la política se define como la lucha por el poder y por
los recursos para aumentar ese poder. La presencia de Estados Unidos en Medio Oriente es esencial para
preservar el actual statu quo y los intereses norteamericanos en la zona. Así lo indicaba (Brzezinski, 1998; p. 40)
hace unos años, “Eurasia es el tablero en el que la lucha por la primacía sigue jugándose”. Este es el objetivo
estratégico de Estados Unidos de Norteamérica.
Pero también es cierto que el Consejo de Seguridad se estancó. Desde la aprobación de la Resolución 1441 18, las
discusiones al interior del Consejo giraron en torno a una posible autorización del uso de la fuerza si el régimen
iraqui no aceptaba las verificaciones. Pero el régimen las aceptó. Entonces, se debatió durante cuanto tiempo se
realizarían las inspecciones. Estados Unidos de Norteamérica amenazaba con que el tiempo se terminaba,
mientras Alemania, Francia y Rusia solicitaban darle más tiempo al régimen de Hussein. La segunda resolución
presentada por Gran Bretaña proponía el establecimiento de patrones de cumplimiento de la Res. 1441, la
fijación de un plazo hasta mediados de abril para que Irak cumpliera con lo establecido y la presunción de que
una falta de cumplimiento constituiría una violación material que habilitaría el uso de la fuerza. Sin embargo,
Estados Unidos de Norteamérica ofreció un ultimátum hasta mediados de marzo. Francia, por su parte, se mostró
inflexible con la nueva resolución, y amenazó abiertamente con utilizar su poder de veto. La lucha de poder entre
los miembros permanentes del Consejo hizo fracasar la vía multilateral. Por eso, el Consejo de Seguridad fue una
de las grandes víctimas de la guerra: su incapacidad para evitar la guerra le restó legitimidad y credibilidad.
El Consejo actuó rápido y logró unanimidad en las resoluciones aprobadas poco después de los atentados. Las
imágenes de los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas y el Pentágono, las torres derribándose y una
nación entera enlutada por la peor tragedia de su historia, mostraban al mundo una nuevo tipo de amenaza que
atentaba contra la paz y la seguridad.
Es por eso que la Estrategia de Seguridad Nacional, constituye una política de estado de tipo unilateral, destinada
a mantener el statu quo, y se sustenta en los ataques preventivos para lograrlo. Ante la imposibilidad de
encontrar consenso en el Consejo de Seguridad para atacar a Irak, Estados Unidos decidió atacar solo.
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http://www.whitehouse.gov/news/releases/2002/10/iraq/20021025.html, [consulta: 05-10-03]
ONU. S/RES/1441. La situación entre el Iraq y Kuwait. 8 de noviembre de 2002.
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Durante la guerra, Estados Unidos de Norteamérica desplegó su poderío militar de una manera abrumadora y
derrocó al régimen de Saddam Hussein. La posguerra demostró que la libertad y la democracia tardarían mucho
tiempo en llegar a Irak. La ola de violencia desatada y el alto porcentaje de soldados caídos incrementaron más
la falta de credibilidad en torno a Bush y a sus colaboradores.
El debate entonces en torno a la prevalencia de una vía unilateral o multilateral todavía no se ha resuelto. Es
claro que las acciones militares de Estados Unidos violaron el derecho internacional y que el Consejo de
Seguridad no tuvo la fortaleza o voluntad para detener a Estados Unidos de Norteamérica. Hoy, la balanza
parece inclinarse hacia la vía multilateral. Por eso, Estados Unidos de Norteamérica necesitará de virtud política
para cambiar el curso de la historia. Debemos reconocer que Estados Unidos es y seguirá siendo durante los
próximos años o décadas la única superpotencia mundial. Esto, empero, no le impide confiar en los mecanismos
multilaterales que él mismo contribuyó a crear. Este multilateralismo no deseado pero necesario puede ser la
herramienta que legitime el poder de Estados Unidos de Norteamérica. Ya lo ha hecho en otras ocasiones y las
consecuencias han sido totalmente distintas a las que hoy enfrenta en Irak.
Tras el inicio de la Invasión de Irak de 2003, las naciones de Europa se vieron divididas en cuanto a la forma de
encarar el terrorismo. Tras el ataque lanzado por Estados Unidos contra Afganistán (amparado por las
resoluciones de la ONU) e Irak, los países europeos reaccionaron de forma diversa, tanto en el seno de la UE
como internamente, ante el enfoque que había dado Estados Unidos de Norteamérica a la lucha contra el
terrorismo.
Por un lado, algunos países europeos, encabezados por Alemania y Francia, se opusieron al nuevo concepto de
"guerra preventiva" y rechazaron participar en el ataque a Irak. Otros países europeos, encabezados por Italia,
España y Polonia, respaldaron la iniciativa de Estados Unidos de Norteamérica y enviaron efectivos militares.
Sin embargo, debido al cuestionable objetivo de la operación, a cambios políticos internos y a las numerosas
críticas desde diversos sectores sociales, España ha aproximado sus posturas a las tesis del eje franco-alemán,
mientras que Polonia e Italia han dado un perfil más discreto a su posición.
El nuevo Gobierno es el primero en ser elegido por vía democrática en medio siglo, y el primero en estar
dominado por la mayoría chií. También es la primera vez que los kurdos ocupan aproximádamente el 25% de los
cargos más importantes.
Para aproximarse a la comprensión del mundo iraki, desde un enfoque religioso, los chiítas son mayoría, son el
60% de una población de 26 millones, completada por sunnitas -a los que pertenecía Saddam Hussein- y kurdos,
musulmanes también pero no árabes.
Si los religiosos chiítas rearman su actual coalición tras las elecciones de marzo de 2010, (marcadas por alta
violencia), seguirán afinando lazos con Irán. Mientras los religiosos chiítas tengan influencia, la geopolítica
norteamericana tendrá motivos para preocuparse.
El auge de lo étnico y lo religioso en la política lo convirtieron en un país de minorías. Como en Líbano, su
estabilidad política es frágil. Irak se convirtió en una fuente de inestabilidad en Oriente Medio y va a seguir así
por mucho tiempo.
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Asesores norteamericanos esperaban que Irak reconociera a Israel y le exportara petróleo, pero eso no va a
ocurrir. Esperaban que los chiítas se secularizaran y contuvieran a Irán. Tampoco sucederá. Más aún, la fortaleza
de los chiítas en Bagdad anima a los chiítas en kuwatíes y saudíes, e introduce inestabilidad en el Golfo.
Desde un punto de vista geopolítico, esta historia fue un gran error de Estados Unidos de Norteamérica. Ayudó a
Irán, no a Israel. La invasión y ocupación convirtió a Irak en un Líbano.
Hay una imagen creada en Occidente que identifica a Irán con la inestabilidad y cree que la busca en sí misma,
ya sea en Irak o en Líbano. Y lo cierto es que a Irán no le conviene la inestabilidad en Irak porque no quiere
tener bases estadounidenses en su frontera y sabe que la inestabilidad en Irak podría favorecer este desenlace.
Económicamente hablando, siete años después del comienzo de la invasión los ganadores son las empresas que
surgieron como hongos, a partir del siglo XXI, de soldados profesionales; es decir de los nuevos mercenarios.
Son la empresa Blackwater, la empresa Triple Canopy; las empresas que han hecho de la guerra un negocio
privado, que han liberado al ejército de muchas de sus funciones y son en estos momentos esenciales para la
seguridad de las empresas extranjeras que operan en Irak así como para los propios altos cargos del Estado
iraquí.
Lo que está claro es que los ataques terroristas en 2001, han proporcionado una nueva oportunidad de carácter
cualitativo para que EEUU, actuando en nombre de las compañías petrolíferas, atrinchere sus tropas en las
repúblicas centroasiáticas de la ex-Unión Soviética, así como en la región transcaucásica, donde se encuentran
las segundas reservas petrolíferas en importancia del planeta. El camino ha quedado abierto para que comiencen
a acelerarse los proyectos de construcción de oleoductos y gaseoductos a través de Afganistán y Pakistán hacia
Karachi: es la ruta mejor y más barata para transportar el combustible hacia el mercado. Afganistán cuenta
también con considerables recursos de gas y petróleo, al igual que Pakistán.
Hay quien dice que Washington se ve motivado por la necesidad de garantizar que el petróleo siga llegando a los
consumidores norteamericanos, lo cual explicaría su interés en Asia Central, el Próximo Oriente, y otras regiones
del globo. En realidad, Norteamérica depende en gran medida de sus fuentes de energía doméstica y de
Venezuela, principal fuente de importaciones petrolíferas de Estados Unidos de Norteamérica. El 15% del
petróleo importado procede de África. De lo que trata todo esto es de cómo los beneficios de las grandes
corporaciones pueden verse aumentados enormemente vendiendo energía a quienes carecen de ella (el Sur y el
Sureste asiático) y de vencer a China y a Rusia en la carrera por hacerse con el control de las reservas de gas y
petróleo de Asia Central y la cuenca del Mar Caspio. Las recientemente descubiertas reservas de petróleo de
Kazajistán podrían ser fácilmente canalizadas a través de Rusia. Dejar a un lado las vías rusas y de paso
obstaculizar las operaciones petrolíferas rusas (que dependen en gran medida de sus clientes europeos),
proporcionaría aún más beneficios a las corporaciones occidentales. Ganarían un acceso mayor al mercado
europeo. Construir un oleoducto en Afganistán significaría también abrir una ruta aún más directa hacia el Golfo
Pérsico a través de Irán, al tiempo que se frustraría la creciente cooperación entre Rusia e Irán. Es el "Gran
Juego" del petróleo.
Para realizar una comparación entre ambas invasiones se puede establecer que: Afganistán en el 2001, fue por la
cabeza de Bin Laden, por el gaseoducto que pasará por allí, o quizás también por el opio que las farmacéuticas
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multinacionales usan para elaborar sus medicinas. La segunda invasión de Irak en 2003, fue por el petróleo y
para estabilizar el Oriente Medio (Middle East) quitándole el puesto a Saddam Hussein.
Irán está enriqueciendo uranio que podría llevarle a ser potencia nuclear en Oriente Medio y eso a Israel no le
molaría nada. Allí es donde Obama está entre la espada y la pared. Sabido es que Israel tiene poder de decisión
en USA a través de los lobbys o grupos de presión, por lo tanto la presidencia Obama necesitaría la ayuda de la
comunidad internacional para solucionar este grave marron.
Entre ambas invasiones, se presentan cinco grandes diferencias que hacen mucho más difícil aplicar una
estrategia contrainsurgente en Afganistán:
1.- Los talibanes no son Al Qaeda. La clave en la estabilización de Irak conseguida por EEUU fue la separación
de las diferentes facciones que formaban la insurgencia, y muy especialmente Al Qaeda, de sus elementos
nacionalistas. Aquello fue posible porque Al Qaeda era visto como un cuerpo ajeno a la sociedad iraquí que se
excedió en su voluntad hegemónica. De hecho, bajo el régimen de Sadam, la organización de Bin Laden no
existía en Irak. En cambio, los talibanes forman parte del tejido social afgano, por lo que será imposible
extirparlos de la sociedad afgana.
2.- Afganistán, un país sin tradición estatal. Irak poseía bajo Sadam un Estado central fuerte, y se puede
argumentar que su tradición de un gobierno central se remonta a la civilización babilónica. En cambio, en
Afganistán, incluso en las épocas de estabilidad, el gobierno central ha sido muy débil, capaz de controlar los
alrededores de Kabul y poco más. En las provincias, las tribus eran quienes aportaban orden, y no existe una
clase funcionarial, como si sucede en Irak. Así pues, la tarea de construir un Estado legítimo, clave en todo
esfuerzo contrainsurgente, es mucho más difícil en Afganistán que en el país árabe.
Los pashtunes suponen el 40% de la población afgana. El resto del país nunca aceptaría pacíficamente un control
total de la vida política por ese grupo. No hay más que ver dónde se producen los combates entre EEUU y sus
aliados de la OTAN: siempre en zonas pashtunes o, al menos, mixtas. En los 90, sólo la ayuda militar pakistaní y
saudí (y la complicidad de EEUU) permitió a los talibán tener cierto control sobre Afganistán, aunque con
numerosos focos de resistencia en las áreas no pashtunes
3.- Fraude electoral. Aunque las diversas elecciones iraquíes no hayan sido un modelo de democracia liberal, el
nivel de fraude ha sido mucho menor que en Afganistán, o al menos ésa es la percepción de la población, que es
lo que realmente cuenta. El gobierno iraquí tiene una mayor legitimidad que el afgano, lo que ha permitido que
se haya ganado la lealtad de buena parte de la población en detrimento de las milicias. Por desgracia, no parece
que lo mismo vaya a suceder pronto con el gobierno de Karzai.
4.- El santuario pakistaní. Es cierto que los países vecinos de Irak, Siria y sobre todo Irán, han ayudado a la
insurgencia, proporcionándole armas, o al menos haciendo la vista gorda respecto a su entrada en territorio
iraquí. Sin embargo, no se puede decir que los insurgentes dispusieran de un santuario allí en el que replegarse y
recuperarse ante el acoso estadounidense, antes de planear nuevas ofensivas. Pues bien, esto es lo que sucede en
Pakistán, y no parece que Islamabad pueda -o quiera- neutralizarlo ocupando las zonas tribales pastunes.
5.- Territorio rugoso. El territorio montañoso de Afganistán es ideal para llevar a cabo una guerra de guerrillas,
mucho menos propicia en un territorio desértico como el iraquí.
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El recién anunciado plan para Afganistán del presidente Barack Obama se parece más a la estrategia de salida de
George W. Bush que a la de Lyndon Johnson en Vietnam. O al menos está diseñada según la mitología de
Washington de que Irak fue convertido de un pantano en un éxito salvador por la voluntad indomable y una
“escalada” de tropas de último momento. Pero Afganistán no se parece mucho a Irak, y el consenso de
Washington sobre su supuesto éxito allí es equivocado en aspectos claves.
Con respecto a las dos invasiones, las narraciones de los veteranos de Irak y Afganistán ponen de manifiesto el
gran estrés al que están sometidos los soldados en una “guerra de guerrillas”, en la que el enemigo está
escondido entre la población civil, y puede golpear en cualquier momento.
Así pues, no es de extrañar que la tasa de suicidios en el ejército estadounidense esté batiendo récords. En lo que
va de año, se han producido ya 117 casos de suicidio, lo que ya supera la cifra del año anterior, de 103.
Sin embargo, la cantidad de soldados con problemas mentales es mucho mayor. El síndrome más común es el
llamado PTSD (“Post-traumatic Stress Disorder”), que consiste en el sufrimiento de una ansiedad aguda,
pesadillas, y depresión como resultado de una experiencia traumática.
Desde 2003, unos 34.000 soldados han sido diagnosticados con esta enfermedad. Ahora bien, se teme que la
cifra real sea muy superior, pues durante años, la cultura de la organización ha disuadido a los soldados de
reconocer este tipo de enfermedad al estigmatizarlo como un signo de debilidad.
A menudo, estos problemas psicológicos tienen consecuencias profundas en las relaciones de los veteranos con
su entorno social, como su pareja o su familia, tras su retorno del frente. De hecho, las peleas y actos violentos
protagonizados por veteranos, algunos desembocando en asesinatos, han aumentado sensiblemente los últimos
años. Lo concreto es que, Al presente hay 115 mil soldados que siguen en Irak, a los 120 mil de Afganistán y a
los más de 30 mil heridos y 4 mil que no lograron volver a sus hogares.
En Irak, Las tropas estadounidenses se retirarían definitivamente en 2012.
Conclusión
El derrumbe de la URSS en 1991constituyó la concreción histórica más evidente de los efectos radicales de la
globalización, y abrió una década de transición hasta el 11de setiembre del 2001, la de la postguerra fría,
caracterizada por la crisis del sistema internacional, la aparición de un nuevo tipo de conflictos y la extinción de
la estructura bipolar de las relaciones internacionales.
La oportunidad histórica que constituyo la caída del comunismo se ha desperdiciado. Vivimos en un mundo de
Interdependencia compleja y dinámico en el cual han aparecido nuevos actores y nuevos problemas que de
alguna manera redefinen las interacciones entre los actores del sistema. No se trata solamente del hecho de que
han hecho su aparición nuevos actores dentro del sistema, sino además del hecho de que las normas que regulan
las interacciones entre los actores del sistema no parecen ser suficientes para enmarcar las nuevas dinámicas que
caracterizan al sistema. Es particularmente importante destacar el hecho de que han aparecido dentro del sistema
nuevos temas de agenda que son tan complejos y tan dinámicos que no pueden ser resueltos de manera
individual por ninguno de los actores del sistema, sin importar cuales son sus potencialidades de poder.
El fin del sistema bipolar ocurrido tras el desmembramiento del bloque soviético a principio de los noventa, le
proporcionó a Estados Unidos un poder absoluto en el escenario mundial.
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Desde que se configuró el nuevo esquema de poder mundial a principios de los noventa, Estados Unidos de
Norteamérica se convirtió en la única potencia con capacidad militar y económica suficientemente autónoma
como para incidir (directa o indirectamente) en los asuntos globales. Sin embargo, fue a partir del 11 de
Septiembre de 2001 que el hiperunilateralismo se hizo más evidente que nunca.
Estados Unidos de Norteamérica continúa siendo la primera potencia, tiene el poder económico, pero por otra
parte está China que compra su deuda y sin la cual EE.UU. quebraría. La carta imperial de Bush hijo, la idea de
exportar la democracia interviniendo militarmente ya no tiene posibilidades. No tienen la fuerza, los soldados ni
los recursos para pagar ocupaciones, no pueden ser hegemónicos. No pueden seguir pensando que ganaron la
Guerra Fría y que están destinados a gobernar. Sin embargo, sí pueden ser líderes, pero para serlo tienen que
ganárselo.
En base a lo anterior planteado se deduce que, el comienzo del siglo XXI estuvo lejos de ser la de paz que
pareció anunciar el fin de la Guerra Fría. Vieron por el contrario tan rápida expansión y transformación de los
conflictos que hizo que se hablara de “nuevas guerras”.
Los veinte años transcurridos desde la caída del Muro de Berlín permiten observar en perspectiva la magnitud de
los cambios ocurridos en la escena internacional, así como las brechas entre las expectativas que ese
acontecimiento despertó en todo el mundo y las complejas y contradictorias realidades que se vivieron desde
entonces hasta el presente, tal como lo demuestran las invasiones a Afganistan e Irak.
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