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¿Qué es ser misionero, hoy?
P. Javier Hernández Pastor, oar
Agustinos Recoletos · Monachil · Granada
Conviene aclarar conceptos, porque hoy hay una “explosión misionera dentro
de las comunidades cristianas que, por una parte, está bien en cuanto se hace
con buena voluntad; pero por otra, al no tener claras las ideas, se queda todo en
eso, en buena voluntad.
Los problemas se presentan en torno a tres núcleos:
1.- Fundamentos y Fines de la Misión
a).- Son muy frecuente en nuestro país secularizado estas preguntas:
¿Tiene sentido hoy ser misionero en lo más estricto de la palabra, lo religioso,
con un mensaje válido para todos? ¿No se puede ser misionero – o sea,
colaborar con el bien de los pobres – sin ser creyente? ¿No es lo religioso algo
muy propio de cada conciencia en donde se debe evitar toda interferencia?
Además ¿no basta con acabar con la pobreza, la injusticia y la miseria, la falta de
cultura o de salud sin mezclar ambiguas motivaciones religiosas?
b) – Una misión existe cuando, además del enviado, hay alguien que
envía con autoridad para hacerlo y un servicio que prestar o un mandado que
cumplir. El que envía es el que determina el objeto del envío. En nuestro caso, el
que envía no puede ser otro que Dios. La misión es un movimiento de amor de
Dios al mundo; la Iglesia es un instrumento para esa misión. Existe la Iglesia
porque existe la misión y no al revés. Participar en la misión o ser misionero
será, pues, participar en el movimiento del amor de Dios hacia su pueblo.
Pero ¿cuál es el objeto de la misión en el mundo? ¿Establecer hospitales,
escuelas o servicios de asistencia social? ¿Crear una nueva conciencia política?
¿Defender el respeto a los derechos humanos? ¿Anunciar una “salvación
eterna” sin mirar mucho ni poco las necesidades actuales?
Según esto, ¿la Iglesia se reduce a ser una gran ONG?¿O una especie de agencia
que reparte billetes para la eternidad?
El objetivo de la misión es una salvación integral total, sin dualismos.
Salvación para el individuo que está llamado a encontrar su propia plenitud y
salvación. Para la comunidad en cuanto tal que camine en la liberación del mal
y de crecimiento en la verdad, belleza y el bien. Y, sobre todo, recuperar la
amistad perdida y siempre deseada con el Creador.
Y¿ de dónde o de quién le viene esa salvación? Para el creyente, la
respuesta está en la persona, mensaje, vida, muerte y resurrección de Jesucristo.
Él precisamente es el que envía: “Id al mundo entero y predicad la Buena
Nueva, curad enfermos y expulsad demonios”.
2.- Ambitos y Lugares de la Misión
a).- Hay quien dice, entre los cristianos, que el salir de tus fronteras
geográficas, culturales, como dice el sentido más primigenio de Misión ha
terminado, puesto que el Evangelio ha sido `predicado en todas partes y existen
ya Iglesias locales en todos los continentes y países. Y ¿qué sentido tiene hoy
enviar misioneros a otra latitudes, cuando aquí tenemos lugares alejados de la
fe y con menos vocaciones? ¿No es más misionero el que colabora en una
parroquia secularizada da Madrid o de Granada que el que colabora con alguna
comunidad joven de África o de América? ¿No será mejor que cada uno
colabore con el Reino allí donde vive, sin pretender
b).- Según Bruno Forte, la misión se realiza hoy en estos contextos
fundamentales:
- En el mundo postmoderno, que prescinde de Dios y se cree el único erigirse en
salvador de otros? protagonista de su historia.
- En el reverso de la historia: que se refiere a esa gran cantidad de gente que
vive miserablemente, los millones de pobres del Sur.
- Las grandes religiones: Islam, hinduismo, budismo, sintoísmo.
- Las grandes ciudades: con sus guetos, sus reinos de la muerte, el pero, la
miseria, las favelas. Sin servicios higiénicos o sanitarios, can grandes bolsas
de droga…
- Los pueblos marginados en los cinco continentes.
- Las nuevas situaciones de sufrimiento humano: 25 millones de refugiados,
huidos de sus países. Millones de emigrantes, con desarraigo familiar,
social, etc. Millones de desplazados dentro del mismo país. Millones de
analfabetos, de mujeres maltratadas, sin derechos, afectados por las guerras,
por estructuras económicas o políticas injustas.
Estas situaciones son tan distintas entre sí q
ue la misión tiene que
llevarse a cabo con respuestas diferenciadas. Juan Pablo II acuñó las categorías
de “actividad pastoral”, “nueva evangelización” y misión ad gentes”. Estas
categorías se entremezclan y no se dan de manera separada, pero sí lo
suficientemente diferenciadas como para exigir carismas, actitudes y
organizaciones diferenciados. No es lo mismo plantearse la nueva
evangelización en Latinoamérica que intentar anunciar el Evangelio en China,
atender a los refugiados de Sudán que renovar la apertura a Dios en Suecia, por
ejemplo. También existe diferencia entre ser misionero entre seguidores de las
religiones africanas que entre los del hinduismo o las masas secularizadas de
Occidente. Pero en medio de todo eso, Juan Pablo II ha dejado claro el que no se
confundan las cosas y que se descubra que la primera evangelización es la
primera obligación de la Iglesia.
Lo que se necesitan son personas que acojan el amor de Dios que les
ha sido regalado gratuitamente y lo expresen gratuitamente, según los
propios carismas y al servicio de los muchos grupos humanos que hoy, como
siempre, los están esperando.
3.- Métodos y estilos
a).- Y en cuanto a los métodos se cuestiona el que parezca que se está
colonizando, que se está imponiendo la superioridad de otros pueblos, culturas
y religiones.
b).- De muchos ámbitos del mundo se alza el grito de una humanidad
necesitada y deseosa de acoger el mensaje de la verdad y amor, de perdón y
compromiso, de justicia y apertura al Creador del que la Iglesia es heredera.
Pero la pregunta que nos queda es ¿Cómo?
Es difícil prever el rumbo que va a tomar la historia, a partir del 11 de
Septiembre, por ejemplo; de la guerra de Irak, del descalabro del muro de Berlín
con el derrumbe del comunismo y marxismo, con el empuje arrollador del
Islamismo integrista, de las sectas. Así, a veces se abren puertas que parecían
cerradas a cal y canto y se cierran algunas que parecían abiertas de par en par.
En cuanto a los cristianos, dice el Papa “podemos juzgar con certeza que
el futuro nos ofrecerá la Epifanía de un nuevo aspecto de la plenitud de Cristo.
Esto nos hará vibrar de alegría de poder colaborar de algún modo en las nueva
y maravillosas formas de vida que Dios comienza a hacer crecer en la Iglesia”.
(Juan Pablo II, viaje a Hungría, 1991)
Por eso, hay que tener prudencia histórica y confianza básica, mente y corazón
abiertos al Espíritu para percibir los caminos que la misión deberá correr. Así
surgirán carismas nuevos que respondan a exigencias nuevas, según sean los
retos planteados. De todas formas deberán constar de los siguientes elementos:
- Actitud contemplativa: No perderse en la vorágine de los acontecimientos,
informaciones, etc., sino que encuentren dentro de sí mismos una fuente de
sabiduría y amor. Como siempre, la palabra válida saldrá del silencio.
- Conocer las diversas culturas: Abrirse a otras culturas y pueblos.
Conocimiento no sólo cultural, sino amoroso. Ver lo positivo de ellas.
- Una apertura a los signos de los tiempos: Por ejemplo: la defensa de la
dignidad humana, el nuevo papel de la mujer, la independencia de los
pueblos, el valor de la libertas y autonomía, la solidaridad, la ecología, el
rechazo a la guerra…
Estos valores son el resultado de muchos seres humanos, movidos por la
acción del Espíritu Santo. La acción misionera debe sintonizar con ellos y
colaborar a su expansión.
- Una contemplación cada vez más profunda del misterio de Cristo: Al
mismo
tiempo que se contempla la acción de Dios en las culturas, en los grupos
humanos, en la historia, el misionero debe beber cada vez más del río
inagotable que es la persona de Jesucristo como respuesta a los interrogantes
del hombre y de los pueblos.