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LASALIANA
20 - 16 - C - 90
Oraciones del educador cristiano (5)
(1: 16-9-C-63; 2:17-13-C-73; 3: 18-15-C-79; 4: 19-12-C-81)
* * *
MANSEDUMBRE, PRUDENCIA...
Señor,
los niños a los que educamos son personas;
hemos de tener esto presente
cuando tenemos que reprenderles.
danos, Señor, espíritu de paciencia y comprensión
para que al corregir y reprender
busquemos el bien de los alumnos
y no nuestro desahogo o venganza.
El castigo y reprensión dados con amor,
aunque duelen, son medicinas curativas.
Nos agradaría, Señor,
que los niños y jóvenes comprendieran
que sus faltas, desobediencias...
son acreedoras a una corrección;
las reprensiones y castigos
los vamos a dar
con justicia, cordura y comprensión,
intentando el bien del niño y del joven.
Ser apóstol educador es una misión sublime,
al mismo tiempo que sufrida y difícil.
Enséñanos, Señor,
a reprender con mansedumbre y caridad.
Mueve el corazón de los alumnos,
para que reconozcan sus faltas.
Fortalece su voluntad,
para que cambien su conducta.
El profeta Natán procedió con sencillez
cuando reprendió a David;
éste reconoció su pecado y se arrepintió.
Señor, no permitas que nos dejemos llevar de la ira,
cuando tengamos que reprender o castigar,
sino por el contrario, que pensemos y busquemos
el bien de los alumnos.
Cuando se procede con mansedumbre y caridad,
se produce fruto en los niños y jóvenes;
lo produjo Natán en David:
“Señor, pequé”.
La prudente corrección dispone,
a quienes la reciben,
para enmendar sus faltas.
Cuando se aplica con ira o pasión,
indispone al discípulo con el maestro.
Los correctivos, reprensiones,
aplicados con amor y celo
resultan efectivos y se aceptan.
Señor,
danos un corazón magnánimo y bueno
para reprender con caridad,
para corregir buscando el bien de los alumnos.
Señor,
prepara el ánimo de los niños y jóvenes
para que acepten el disgusto de la represión,
como un bien para su vida.
Señor,
queremos buscar lo mejor para los alumnos
y estamos dispuestos a educar
con exigencia y mansedumbre.
* * *
MINISTRO DE SALVACION
Somos tus cooperadores, Señor;
los niños son el campo que tú quieres cultivar,
por medio de nosotros;
pues tú, Señor,
nos has encomendado
el ministerio de la educación.
Escudriña el fondo de nuestro corazón:
danos fuerzas para ser tus ministros,
danos decisión para administrar los talentos
que nos has dado,
no permitas que nos quedemos en un conformismo.
Cada día levantamos nuestra oración hacia ti;
cada día evaluamos nuestro actuar y ser:
te damos gracias por tu actuar en nosotros,
te pedimos perdón por nuestras ingratitud.
Tú, Señor,
que nos has dado dones y gracias, sin número,
para ejercer nuestra misión,
danos voluntad para vivir nuestra consagración.
Señor,
Tú no haces distinción
entre los deberes de nuestra salvación
y los deberes de nuestro ministerio:
Cuando somos
guías y conductores de los alumnos,
estamos al mismo tiempo
salvando nuestras almas.
Señor,
aceptamos la responsabilidad de la educación,
contando con tu ayuda y apoyo,
para llevar a buen término nuestra labor.
Envía tus gracias y luces
para suplir nuestra ignorancia y debilidad.
Jesús, cuando dijiste:
“ID E INSTRUID A TODAS LAS GENTES”,
nos encargaste instruir a los niños y jóvenes,
nos encargaste educarles en la piedad,
nos diste la misión de construir la Iglesia joven.
Te damos gracias,
Tú nos has dado tu PALABRA –el Evangelio–
nos has dado los SACRAMENTOS...
para santificar y purificar nuestras vidas,
para mover el corazón de los alumnos.
Los niños son tus predilectos:
“DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI”;
están preparados para recibir tu gracia;
enséñanos a educarles en la santidad,
para que se asemejen a Ti, Señor Jesús.
Los niños son débiles y frágiles,
se dejan llevar por los compañeros,
por lo cómodo...
Queremos, Señor, ser
tus manos, tus ojos, tus labios...
para fortalecer su voluntad,
para orientar su vida hacia Ti.
Contamos con tu gracia.
* * *
H. Celestino Hernando