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Viernes 11 de diciembre
Unión Europea dará a los países pobres 2.400 millones de euros
por el cambio climático "InfoBae, 11-12-09"
Los líderes europeos llegaron hoy a un acuerdo para conceder ese número anual a los países en
desarrollo entre 2010 y 2012, con el fin de ayudarles en sus esfuerzos contra el cambio climático
Todos los países de la Unión Europea contribuirán a esta aportación, incluso los que como Letonia,
Bulgaria, Hungría y Grecia se encuentran en una situación económica delicada, informaron fuentes
comunitarias.
"Todos los estados miembros y la Comisión Europea han contribuido", anunció en rueda de prensa al
término del encuentro el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt.
Los jefes de Estado y de Gobierno superaron así las expectativas de la propia Comisión Europea,
algo poco común en este tipo de negociaciones presupuestarias.
"Es más de lo que esperábamos", reconoció el presidente de la CE, José Manuel Durao Barroso.
Barroso consideró la decisión "muy importante para los países pobres" porque "su futuro depende de
acciones inmediatas".
El Ejecutivo comunitario había estimado el pasado septiembre que el bloque europeo debería aportar
entre 500 y 2.100 millones de euros anuales para el periodo 2010-2012 del total de entre 5.000 y
7.000 millones que se espera conceder a los países en desarrollo desde el mundo industrializado.
Las contribuciones por países no quedaron claras de momento, pero sí se confirmó que España
entregará 300 millones de euros para todo el período y que Francia y Reino Unido facilitarán
alrededor de 420 millones de euros anuales.
La canciller alemana, Angela Merkel, anunció que Alemania aportará 420 millones al año, lo mismo
que Reino unido y Francia.
La oferta de hoy de la UE depende para materializarse de las negociaciones de la cumbre de la ONU
en Copenhague que comenzó el pasado lunes y concluye el próximo día 18.
Está por ver cuánto comprometen otros países industrializados para ayudar a las naciones pobres y
qué medidas toman este segundo grupo de países para mostrar su disposición a combatir el
calentamiento global.
La UE acepta conceder esta financiación adelantada, que cubre los tres últimos años de vigencia del
Protocolo de Kioto (que concluye a finales de 2012), a cambio de que las naciones en desarrollo
acepten limitar el crecimiento de sus emisiones entre el 15 y el 30% con respecto a sus proyecciones
(es decir a lo que emitirían si no tomasen ninguna medida medioambiental).
Fuente: EFE
NEGOCIACIONES EN COPENHAGUE PARA COMBATIR EL CALENTAMIENTO GLOBAL
Los países emergentes contraatacan y exigen más esfuerzos a los
ricos "Clarín"
Brasil, India y China, entre otros, piden a las potencias mayores recortes de emisiones.
Por: María Laura Avignolo
India, China, Brasil, Africa del Sur y Sudán presentaron un documento en Copenhague que es la
antítesis de la proposición de la presidencia danesa en la cumbre sobre climática de la ONU. El
vespertino francés Le Monde obtuvo una copia del draft y lo publicó en su edición de ayer.
El texto de los grandes países emergentes propone la prolongación del Protocolo de Kioto hasta el
2017 o el 2020 y al mismo tiempo, los países en desarrollo (PVD) aseguran estar listos para
comprometerse en la acción de la reducción de emisiones de CO2.
El documento propone la creación de "un fondo global de clima", bajo el régimen de Naciones Unidas,
encargado de gerenciar la ayuda aportada por los países industrializados a los países en desarrollo,
para financiar su adaptación al cambio climático.
El texto confidencial, obtenido por Herve Kempf, el enviado especial de Le Monde a Copenhague, fue
redactado por China en acuerdo con los otros países mencionados, A ellos se sumo Sudán, que
preside este año el G-77, que agrupa a los países en desarrollo en el seno de la ONU.
El documento podría ser la base para las duras negociaciones que se desarrollarán en los próximo 10
días, antes del acuerdo final. En esta guerra de filtraciones mediáticas, el documento oficial de la
presidencia danesa fue publicado por el británico The Guardian y provocó la furiosa reacción de los
países en desarrollo.
China había convocado a una reunion especial el 27 y 28 de noviembre en Beijing y de allí nació el
nuevo borrador del Sur.
Después de analizar el documento danés, Sudan disparó: "Este es un nuevo instrumento que tendría
como efecto tirar por la borda las obligaciones de los ricos frente a los pobres".
El "contradocumento", escrito por los chinos en un lenguaje muy diplomático y enviado por fax el
pasado 30 de noviembre a los otros países que lo apoyan, parece "realista y aceptable", según Le
Monde y es presentado "bajo la forma de una decision final de la conferencia" en Dinamarca.
El documento filtrado establece que "el desarrollo económico y la erradicación de la pobreza son la
prioridad indiscutible de un país en desarrollo", tras admitir la predicción científica de que "el aumento
de la temperatura global no deberá exceder los 2 grados centígrados".
Según Le Monde, este punto es un avance mayor que abre la puerta a la reducción de emisiones de
CO2 por parte de los países del Sur y es un drástico esfuerzo. El proyecto de acuerdo insiste sobre
los compromisos para los países ricos, del Anexo I., y partes del Protocolo de Kioto. "Ellos deben
tener en cuenta los objetivos para el 'Segundo período de compromiso' de este protocolo, cuyo
término podría ser el 2017 o el 2020", según el draft chino.
Para los países del Anexo I que no son parte del Protocolo de Kioto -es decir Estados Unidos- "los
compromisos de reducción de emisiones deben ser comparables a los objetivos" de los otros. Esta
alambicada formulación reconoce implícitamente que los Estados Unidos no deben tomar como fecha
de referencia 1990 (que es la que fue adoptada por Japón y la Unión Europea). Pero implica que
EE.UU. debe reducir sus emisiones "por medidas domésticas". Es decir: son esperadas reducciones
absolutas, sin recurrir al mercado de carbonos.
El documento menciona que las acciones de los países en desarrollo no serán controladas por una
instancia internacional. El análisis y la supervisión de las acciones se harán según "las líneas
directrices" elaboradas por la comunidad internacional. Un marco institucional específico será
establecido para la adaptación de Estados insulares, de los Estados más pobres y de los países
africanos.
El fondo global de clima sería creado bajo el régimen de Convención de la ONU, que excluye de facto
el recurso del Banco Mundial, que era la posición deseada por EE.UU. El texto precisa que los
Fondos para el Medio Ambiente Mundial, una estructura ya existente y autónoma, será "la entidad
operacional del Fondo Global". Según Kempf, "el proyecto de acuerdo es hábil. Mezcla a la vez lo que
no es negociable y los compromisos manifiestos. Es un proyecto de discusión más que un proyecto
de combate". El debate recién se inicia.
cumbre de copenhague
China apunta a las potencias
"Crítica de la Argentina"
El gigante asiático reclamó que sólo los países desarrollados sean obligados a reducir las emisiones
de gases de efecto invernadero.
Militantes. Todas las jornadas hay manifestaciones en Copenhague contra los representantes de las
grandes potencias.
China presentó un documento alternativo al borrador de trabajo danés en la cumbre climática de
Naciones Unidas, en el que propuso que sólo los países industrializados sean obligados a establecer
objetivos específicos respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero. La propuesta china
llama a las naciones desarrolladas a actuar para la protección del clima, pero sólo “sobre la base de
sus circunstancias nacionales específicas”, aunque el texto no aporta cifras concretas. De acuerdo
con el diario francés Le Monde, en la elaboración del borrador chino participaron India, Brasil,
Sudáfrica y Sudán, que actualmente es el portavoz del grupo del G-77, integrado por países
emergentes y en vías de desarrollo.
La organización ecologista Greenpeace calificó la propuesta de demasiado débil. “Una estabilización
de la temperatura de la tierra de dos grados centígrados de calentamiento no es posible si no
participan también los países emergentes”, advirtió el coordinador de la política climática de
Greenpeace, Martin Kaiser. Aunque, admitió, “el primer paso lo deben dar los países industrializados,
y eso forma parte de la agenda de la cumbre de la Unión Europea (UE) en Bruselas”.
Desde la capital belga, funcionarios de la UE arremetieron contra China y otros países en vías de
desarrollo por obstaculizar las conversaciones. Antes de su partida a Bruselas, el primer ministro
danés, Lars Løkke Rasmussen, cuyo país acoge la cumbre climática, anunció un nuevo borrador para
un acuerdo global dirigido a combatir el cambio climático que será entregado el fin de semana. En el
anterior borrador que había presentado para el acuerdo final, que había calificado de “papel de
trabajo”, había definido objetivos climáticos concretos para los países en vías de desarrollo, lo que un
portavoz del grupo de los G-77 había interpretado como continuación de las viejas tácticas
colonialistas de Estados Unidos y la Unión Europea.
Los 27 países de la UE se reúnen en Bruselas para establecer una línea común para la fase decisiva
de la cumbre climática de Naciones Unidas en Copenhague la próxima semana. Los temas más
espinosos continúan siendo las obligaciones a reducir las emisiones de CO2, el nivel de los recortes y
la repartición de ayudas financieras a países emergentes y en vías de desarrollo.
Por otro lado, Greenpeace acogió positivamente una propuesta presentada por el inversor
internacional George Soros quien aboga por que las naciones más ricas del mundo utilicen 100.000
millones de dólares de las reservas de divisas del Fondo Monetario Internacional (FMI) para
desarrollar proyectos de reducción de emisiones en países pobres.
“Los países ricos podrían doblar los fondos disponibles para combatir el cambio climático mediante la
consolidación de unas nuevas líneas de crédito abiertas en el FMI para un fondo verde”, explicó
Soros, quien añadió que no se estaba utilizando ese dinero de las cuentas de reservas del FMI.
Entre tanto, la unión de protección medioambiental IUCN advirtió hoy en la cumbre de Copenhague
de que el dióxido de carbono no sólo es responsable del efecto invernadero y contribuye al
calentamiento terrestre, sino que también aumenta la acidez de los océanos.
De acuerdo con el estudio que presentó el IUCN, desde comienzos de la industrialización hace 250
años, la acidez de las aguas marítimas se ha incrementado en un 30 por ciento. De acuerdo con
IUCN, en la actualidad los océanos absorben al año un 25 por ciento del dióxido de carbono
generado por el ser humano.
se calcula que hay unos 50 mil militantes ecologistas
Jóvenes argentinos, en Copenhague
"La Nación"
Participan de diversas actividades junto con estudiantes de otros países de América latina
Laura García Oviedo
Para LA NACION
COPENHAGE.- Alrededor de 30 jóvenes latinoamericanos participan de la cumbre mundial de cambio
climático que tiene lugar en esta ciudad, entre ellos varios estudiantes argentinos, que asisten para
capacitarse en el proceso de negociaciones y redactar una declaración regional que se dará a
conocer a fines de la próxima semana.
En los pasillos y salones del Bella Center, un gigantesco edificio donde tiene lugar la cumbre
climática, los jóvenes realizan diferentes actividades. Y también logran sorprender a los diplomáticos.
Por ejemplo, decenas de ellos interrumpieron el aire solemne del encuentro al entonar anteayer una
versión de "Give peace a chance" ("Dale una oportunidad a la paz"). Con algunos cambios en la letra,
vestidos en pijamas y sentados en el piso de uno de los salones, emularon así la protesta por la paz
realizada por John Lennon y Yoko Ono hace 40 años, para reclamar que la voz de los jóvenes sea
escuchada y que los gobernantes tomen medidas ambiciosas para evitar los efectos del cambio
climático.
"Creemos que hay que ponerse las pilas lo antes posible para firmar un acuerdo fuerte contra el
cambio climático, para así implementar medidas de mitigación y también de adaptación", dijo a LA
NACION el argentino Emilio Pérez Campanelli, que participa en esta cumbre.
Campanelli, oriundo de Mayor Buratovich, en la provincia de Buenos Aires, es estudiante de la
Licenciatura de Desarrollo Local y Regional en la Universidad Nacional de Villa María. Fue uno de los
ganadores de las becas que la ONG 350 otorgó a seis jóvenes de América latina.
"Sabemos que estas negociaciones son procesos lentos en los que pesan los intereses de más de
190 países, pero esperamos un avance significativo", destacó.
Cada tarde, el grupo de jóvenes latinoamericanos se reúne para hacer un balance de las actividades
del día. Cada uno sigue diferentes aspectos de las negociaciones que se llevan a cabo en
Copenhague.
"En mi caso, estoy preocupado y sigo muy atento dos temas: el mecanismo de reducción de la
deforestación, donde está en juego la protección de los bosques nativos, y también la protección de
los derechos de las comunidades indígenas", dijo el peruano Juan Carlos Soriano, de 23 años, que
estudia ecología humana en Estados Unidos.
Por su parte, la ecuatoriana Diana Garcés Acuña, de 25 años y estudiante de ingeniería ambiental,
opinó que los países de la región "deberían unirse para tomar medidas coordinadas".
En el Bella Center también está el argentino Enrique Maurtua Konstantinidis, de 25 años. Es
estudiante de Biología de la Universidad Nacional de La Plata e integrante de la Fundación Biosfera,
y participó como joven observador de las cumbres de Buenos Aires y Montreal.
"Todavía no se sabe qué puede pasar. En el mundo diplomático todo se hace por un motivo y nadie
muestra sus cartas hasta el final", dijo, al referirse a las perspectivas de éxito del encuentro.
Los jóvenes presentes en Copenhague, mediante la alianza de ONG juveniles en la llamada
Youngos, tienen también la oportunidad de hablar durante las sesiones plenarias.
La cumbre de Copenhague / La producción de alimentos, amenazada
Alertan que el cambio climático traerá más hambre en el mundo
"La Nación"
La FAO llamó a combatir la pobreza; Soros promueve un fondo con reservas del FMI
COPENHAGUE.- En un dramático llamado a la comunidad internacional, la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) instó ayer a los países reunidos en la
cumbre climática de Copenhague a combatir la pobreza, al considerar que el hambre es la primera
consecuencia del cambio climático.
La inestabilidad climática y el calentamiento global se han convertido en una "seria amenaza" para la
producción mundial de alimentos, sometida a fenómenos como inundaciones y sequías, sostuvo en
Copenhague el máximo responsable de la FAO.
"Es urgente que la comunidad internacional se comprometa para que los países más vulnerables
puedan emprender estrategias de seguridad alimentaria", afirmó el director general de la FAO,
Jacques Diouf.
En una conferencia de prensa conjunta, la ministra danesa de Agricultura, Eva Kjer Hansen, destacó
que la pobreza y el cambio climático son ya los dos "mayores desafíos" de la humanidad.
En la actualidad, la agricultura supone el 14% de las emisiones globales de gases de efecto
invernadero que, sumado a la deforestación -con un 17%-, le da al uso de la tierra un tercio del total
de las emisiones.
Hansen insistió que la agricultura no debe ser vista únicamente como "parte del problema" del cambio
climático, sino como una "vía esencial" para su solución.
* Foro: ¿Qué opina del panorama internacional?
En su opinión, si se mejoran los métodos agrícolas desde un punto de vista sostenible, también se
puede incrementar la productividad y contribuir a combatir el hambre.
Según datos de la ONU, la población mundial pasará de los 6700 millones de personas actuales a los
9100 millones en 2050, incremento que conllevará una grave "escasez" de alimentos y una mayor
competitividad por los recursos naturales.
Advertencia
En tanto, en el cuarto día de la conferencia que discute un acuerdo global sobre el recorte de
emisiones de gases de efecto invernadero y sobre el financiamiento para mitigar el cambio climático,
la Unión Mundial para al Conservación de la Naturaleza (IUCN) advirtió ayer la necesidad de
instrumentar reducciones drásticas de emisiones contaminantes, para frenar la acidificación de los
océanos e impedir la extinción en masa de las especies marinas, la inseguridad alimentaria y graves
daños para la economía mundial.
En el reporte, la IUCN (por sus siglas en inglés) remarca los recientes descubrimientos científicos de
acidificación de los océanos y precisa las acciones que son urgentemente necesarias para frenar su
aceleración.
El océano provee cerca de la mitad de los recursos naturales de la tierra, absorbe el 25 por ciento de
las emisiones anuales del anhídrido carbónico, y produce la mitad del oxígeno que se respira. Pero, la
acidez de los océanos aumentó el 30 por ciento en 250 años, o sea, con la industrialización.
Si los niveles de carbono en la atmósfera continuaran aumentando con esta tendencia, la acidez
podría crecer un 120 por ciento para 2060, un nivel jamás alcanzado en 21 millones de años. Para
2100, el 70 por ciento de los corales será expuesto al agua corrosiva.
Plan de Soros
En este contexto, y mientras continúa la batalla entre potencias económicas y países en desarrollo
sobre la financiación de las políticas anticalentamiento, el inversor George Soros presentó un plan en
la conferencia de la ONU para destinar hasta 100.000 millones de dólares para ayudar a los países
pobres a combatir el impacto del cambio climático.
El fondo podría estar disponible inmediatamente y no se añadiría al déficit nacional de los países
donantes, ya que saldría de las arcas del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo el financiero.
"Los gobiernos de los países industriales trabajan sobre la base del malentendido de que la
financiación tiene que venir de sus presupuestos nacionales pero no tiene por qué ser el caso, ya lo
tienen -indicó Soros-. Se encuentra sin utilizar en sus cuentas de reserva y en las cámaras del Fondo
Monetario Internacional."
El objetivo de la cita de Copenhague es lograr un acuerdo que reemplace al protocolo de Kyoto, que
expira en 2012 y busca reducir los gases de efecto invernadero. Los países han renunciado por el
momento a lograr un pacto legalmente vinculante, un objetivo que quedará para la reunión de México
en diciembre de 2011, y se esfuerzan en lograr un acuerdo político, que incluya compromisos para el
recorte de emisiones y financiación para los países pobres.
En ese sentido, los 27 jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea (UE) iniciaron ayer en
Bruselas un Consejo Europeo marcado por la división en las ayudas que el bloque dará al Tercer
Mundo en la lucha contra el calentamiento global.
La cumbre de Bruselas se realiza en paralelo a la cita mundial sobre el clima de Copenhague, donde
el bloque comunitario quiere jugar fuerte la "carta ecológica".
Mientras los líderes europeos debatían, un grupo reducido de activistas de la organización
Greenpeace logró desplegar durante unos segundos una pancarta alusiva, con el lema: "UE, salven
la cumbre de Copenhague".
La UE estima que se necesitan entre 7400 y 10.300 millones de dólares anuales durante los tres
próximos años para que los países más pobres del planeta puedan asumir la lucha contra el cambio
climático, entre 2010 y 2012. Los líderes del bloque dejaron para hoy el anuncio de la cifra que
aportarán a la financiación internacional.
Agencias DPA, EFE, ANSA y Reuters
Supercomputadora para predecir el clima
* HAMBURGO (DPA).? Un grupo de científicos alemanes presentó ayer en Hamburgo la
supercomputadora más avanzada del mundo para predecir los cambios en el clima. Desarrollada por
el laboratorio climático y centro informático Deutsches Klimarechenzentrum GmbH (DKRZ), la
computadora analiza cualquier región del planeta y pronostica cómo responderá al cambio climático.
La máquina, que tuvo una inversión de US$ 51,6 millones, tiene una velocidad de 160 teraflops (un
tera realiza un billón de cálculos por segundo), es 60 veces más rápido que el modelo anterior y
almacenar hasta 10.000 terabytes al año (un terabyte son 1000 gigas).
La movilización de Copenhague
"La Nación"
Naomi Klein
Para LA NACION
TORONTO.- El otro día recibí una copia prepublicación de The Battle of the Story of the Battle of
Seattle ("La batalla de la historia de la batalla de Seattle"), de David y Rebecca Solnit.
Se ha previsto la publicación del libro diez años después de que una histórica coalición de activistas
cancelara la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, la chispa que encendió el
fuego de un movimiento global anticorporativo.El libro es un fascinante relato de lo que realmente
ocurrió en Seattle, pero cuando hablé con David Solnit, el gurú de la acción directa, que contribuyó a
producir esa cancelación, descubrí que estaba menos interesado en recordar los sucesos de 1999
que en hablar de la cumbre sobre el cambio climático de las Naciones Unidas y de las acciones de
"justicia climática" que organizó en Estados Unidos.
Hay en la movilización de Copenhague cierta cualidad de Seattle: la enorme variedad de grupos, la
diversidad de tácticas y los gobiernos de los países en desarrollo dispuestos a presentar demandas
activistas en la cumbre.
Pero Copenhague no es tan sólo una repetición de Seattle. Parece que las placas tectónicas
progresistas se están desplazando, creando un movimiento que se basa en los puntos fuertes de una
era anterior, pero también aprendiendo de sus errores.
La gran crítica contra el movimiento que los medios insistieron en llamar "antiglobalización" fue que
tenía una larga lista de quejas pero pocas alternativas concretas.
Por contraste, el movimiento en Copenhague aborda un solo problema -el cambio climático-, pero
tiene un relato coherente sobre su causa y sus remedios que incorpora casi todos los problemas del
planeta.
En esta crónica, nuestro clima no sólo está cambiando debido a particulares prácticas contaminantes,
sino también a la lógica subyacente del capitalismo, que valora por encima de todo las ganancias a
corto plazo y el crecimiento perpetuo.
Nuestros gobiernos pretenden hacernos creer que esa misma lógica puede ahora refrenarse para
resolver la crisis climática, creando una materia prima comerciable llamada "carbono" y
transformando los bosques y tierras de cultivo en "sumideros" que supuestamente compensarán
nuestras desenfrenadas emisiones.
Los activistas de la justicia climática argumentan en Copenhague que, lejos de resolver la crisis
climática, la política de intercambio del carbono representa una privatización sin precedente de la
atmósfera y que esas compensaciones y sumideros amenazan con convertirse en un apoderamiento
de recursos de proporciones coloniales.
Estas "soluciones basadas en el mercado" no sólo serán un fracaso para resolver la crisis climática,
sino que también profundizarán drásticamente la pobreza y la desigualdad, porque las personas más
pobres y más vulnerables son las víctimas primordiales del cambio climático, así como los primeros
conejillos de Indias de estos planes de intercambio de emisiones.
Pero los activistas de Copenhague no sólo dicen que no a todo esto. Proponen soluciones que
simultáneamente reducen las emisiones y disminuyen la desigualdad.
A diferencia de lo ocurrido en las cumbres precedentes, en las que las alternativas se pensaron a
posteriori, en Copenhague las alternativas constituyen el punto central de la reunión.
Por ejemplo, la coalición Acción de Justicia Climática ha convocado a los activistas a irrumpir en el
centro de conferencias el 16 de este mes.
Muchos de ellos lo harán como parte de un "bloque ciclístico", marchando juntos en una "irresistible
nueva máquina de resistencia", aún no revelada, hecha con cientos de bicicletas viejas.
El objetivo de esta acción no es suspender la cumbre, a la manera de lo ocurrido en Seattle, sino
abrirla, transformándola en "un espacio para hablar de nuestra agenda, una agenda de abajo, una
agenda de justicia climática, de verdaderas soluciones en contra de las soluciones falsas. Será
nuestro día".
Algunas de las soluciones propuestas por los activistas son las mismas que el movimiento global de
justicia ha defendido durante años: agricultura local sustentable; proyectos energéticos más
pequeños y descentralizados; respeto de los derechos indígenas sobre las tierras; dejar de extraer
combustibles fósiles de la tierra; flexibilizar la protección de los derechos intelectuales de propiedad
de la tecnología verde, y pagar estas transformaciones gravando las transacciones financieras y
cancelando las deudas externas.
Algunas soluciones son nuevas, como la demanda de que los países ricos paguen reparaciones por
"la deuda climática" a los países pobres. Son exigencias difíciles de cumplir, pero todos acabamos de
ver la clase de recursos que nuestros gobiernos emplean para salvar a las elites.
Tal como lo expresa un eslogan pre-Copenhague: "Si el clima fuera un banco, lo hubieran salvado",
en vez de abandonarlo a la brutalidad del mercado.
Además de una crónica coherente y de la consignación de posibles alternativas, se producirán
muchos otros cambios, incluyendo un enfoque más reflexivo de la acción directa, un método que
reconoce la necesidad inmediata de hacer algo más que hablar, pero dispuesto a no hacerle el juego
al habitual enfrentamiento entre policías y manifestantes.
"Nuestra acción es de desobediencia civil", dicen los organizadores de la movilización del 16 del
actual. "Superaremos cualquier barrera física que se interponga en nuestro camino? pero no
responderemos con violencia si la policía intenta reprimir." (Pese a esto, no hay posibilidad de que la
cumbre de dos semanas no incluya algunos enfrentamientos entre la policía y los muchachos de
negro; después de todo, esto es Europa.)
Hace una década, en un editorial de opinión que publiqué en The New York Times después de la
cancelación de la cumbre de Seattle, escribí que un nuevo movimiento de defensa de una forma de
globalización radicalmente diferente había tenido "su fiesta de presentación".
¿Cuál será la importancia de Copenhague? Le planteé esa pregunta a John Jordan, cuya predicción
de lo que finalmente ocurrió en Seattle cité en mi libro No Logo .
Me respondió: "Si Seattle fue la fiesta de presentación de este movimiento de movimientos, tal vez
Copenhague sea la celebración de nuestra mayoría de edad".
Jordan advierte, sin embargo, que crecer no significa actuar sobre seguro, cambiando la
desobediencia civil por reuniones formales.
"Espero que hayamos crecido para hacernos mucho más desobedientes", dijo Jordan, "porque la vida
en este mundo nuestro puede aniquilarse a causa de demasiados actos de obediencia".
© LA NACION
Traducción, Mirta Rosenberg
La autora es periodista, economista política e investigadora canadiense. Escribió No Logo.
Jueves 10 de diciembre
Los intereses, siempre los intereses
"Página 12"
Por Juan Gelman
Comenzó el lunes pasado, pero su futuro es incierto. La XV Conferencia de la ONU sobre el cambio
climático (CO15) se abrió con una suerte de subrayado de los peligros reales que el fenómeno
entraña y con declaraciones desde la Casa Blanca que no satisficieron a sus aliados europeos: le
reclamaron más. La propuesta de Obama sólo reduciría las emisiones de carbono estadounidenses
un 17 por ciento en relación al año 2005, mientras que de la Unión Europea se espera una
disminución del 30 por ciento. Muy loable, pero el verdadero juego de la Conferencia pasa por otro
lugar.
Seis meses antes de que ésta se llevara a cabo, 650 ejecutivos prominentes, dueños de periódicos,
líderes políticos, científicos, economistas y representantes de diferentes gobiernos se reunieron en el
marco de la Cumbre empresarial mundial sobre el cambio climático (Cemcc), que deliberó del 24 al
26 de mayo también en Copenhague. La inauguró nada menos que el secretario general de las
Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el Nobel de la Paz Al Gore hizo su aporte discursivo. Los resultados
de la Cemcc se resumen en un “informe para decisores políticos” encargado por las corporaciones a
PriceWaterHouseCoopers, la empresa consultora más grande del mundo: 155.000 empleados en 150
países y 28.000 millones de dólares de ganancia en el año fiscal julio 2007/junio 2008.
El documento, que prefigura los lineamientos que muy probablemente seguirán los acuerdos de la
CO15, poco tiene que ver con preocupaciones ambientales. Más bien consiste en una agenda de
cómo obtener beneficios gracias al calentamiento global, y puede leerse en el sitio del Consejo del
Clima, organismo sueco con asiento en la capital danesa que ha promovido la colaboración entre
empresarios internacionales y científicos con vistas al CO15 (www.copenhaguenclimatecouncil, 3-609). Cabe reconocer que el informe no es oscuro: “El anhelo implícito de la Cemcc fue el de afrontar
los desafíos gemelos del cambio climático y de la crisis económica. Los participantes de esta Cumbre
analizaron cómo esos riesgos pueden ser convertidos en una oportunidad si los círculos
empresariales y los gobiernos trabajan juntos, y qué políticas, incentivos e inversiones estimularán
con mayor eficacia el crecimiento (de consumo) del carbón”. En suma, como señala el economista
canadiense Michel Chossudovsky, “el consenso sobre los peligros del efecto invernadero se usa para
justificar un lucrativo y multimillonario plan de comercialización del carbón en beneficio de las
corporaciones y las instituciones financieras y en detrimento de los países en desarrollo”
(www.globalresearch.ca, 7-12-09).
La importante empresa de asesoría económica Bloomberg lanzó la alarma: declaró que el plan de
comercialización del carbón se centrará en torno de los llamados instrumentos o productos
financieros derivados, terreno fértil para la especulación y uno de los factores que desencadenaron la
crisis económica en EE.UU. “Los bancos –indicó– se preparan para hacer con el carbón lo mismo que
hicieron antes” (www.bloomberg.com, 4-12-09). Michael Masters, fundador de la consultora Masters
Capital Management, señaló a su vez que “los especuladores terminarán controlando los precios del
carbón estadounidense..., los bancos procurarán inflar el mercado carbonífero..., Wall Street lo
venderá como un producto de inversión y nada de esto tiene que ver con la oferta y la demanda
reales, ya vimos esta película”. El boom no regulado de instrumentos financieros relacionados con el
previsto aumento del consumo de carbón, menos contaminante que el petróleo, no tendrá otro efecto
que profundizar aún más la crisis económica. Lo cual poco importa a los voraces perseguidores de
beneficios máximos inmediatos.
Podrán manejarse muchos temas en los 11 días que durará esta Cumbre sobre el cambio climático
convocada por la ONU, pero nunca se hablará de “las modificaciones técnicas ambientales” con fines
militares que una Convención del organismo internacional prohíbe. La cuestión ha sido expresamente
excluida de la agenda y no se trata sólo de los daños que bombardeos y otras delicias de la guerra
causan al medio ambiente: es además y sobre todo su manipulación con propósitos bélicos.
En el 2007 se desclasificaron documentos de los archivos oficiales del gobierno británico que “revelan
que tanto EE.UU., a la cabeza en este campo, como la Unión Soviética tenían programas militares
secretos destinados a controlar el clima del mundo. ‘En el año 2025 Estados Unidos será dueño del
clima’, dicen que se vanaglorió un científico” (www.expess.co.uk, 16-7-09). En efecto, funcionarios del
Pentágono admiten que durante la guerra de Vietnam practicaron la llamada “siembra de nubes” para
provocar lluvias copiosas que arrasaran los cultivos de zonas bajo control del Vietcong y se estima
que la pluviosidad aumentó un tercio. Un ejemplito de lo que la humanidad puede esperar.
Miercoles 9 de diciembre
Un preacuerdo para los grandes
"Crítica de la Argentina"
La filtración de borradores que favorecen a las grandes potencias calentó la segunda jornada de la
cumbre del cambio climático de la ONU.
Nuria Vicedo, desde Copenhague
Copenhague. El texto de un documento redactado por Dinamarca enardeció a los países emergentes.
La segunda jornada de la Cumbre de la ONU del Cambio Climático transcurrió entre filtraciones de
borradores de acuerdos redactados por los países industriales, por un lado, y por las naciones
emergentes, por otro, que manifestaron la distancia entre ambas posturas.
Un día después de la inauguración de la conferencia, que concluirá el 18 de diciembre, la anfitriona,
Dinamarca, ya tenía preparado un borrador de acuerdo, para satisfacer los deseos de potencias como
Estados Unidos y el Reino Unido, según las ONG.
El borrador de ocho páginas, al que tuvo acceso EFE, está fechado el 27 de noviembre pasado y
aborda las condiciones para reducir un 50% las emisiones de dióxido de carbono (CO2) hasta 2050,
frente a los valores de 1990, tomando en cuenta la “responsabilidad diferenciada y las respectivas
posibilidades” de los países. El responsable de la ONU sobre el Cambio Climático, Yvo de Boer, salió
al paso de las especulaciones y sostuvo que el texto danés es un “documento no oficial” que se
adelantó antes de la conferencia a “varias personas con el propósito de consultarlo”.
“Los únicos textos formales en el proceso de la ONU son los que ponen sobre la mesa quienes
participen en las sesiones”, aseguró.
Kim Carstensen, del grupo climático del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), criticó que el
borrador danés intente satisfacer los intereses de los países ricos en vez de servir a la mayoría con
una solución “ambiciosa y justa”. El principal problema del texto es, a su juicio, que no asegura un
marco legal vinculante para los compromisos y la financiación a largo plazo y que no dice qué ocurrirá
con el protocolo de Kioto, lo que genera inseguridad en los países en desarrollo.
Las ONG critican que el borrador nunca ha estado sobre la mesa de negociaciones, sino que sólo fue
mostrado en círculos cerrados la semana pasada, y, según sus expertos, ha provocado una reacción
defensiva por parte de países como China, India, Sudáfrica y Brasil, que hicieron circular una
propuesta propia.
Interrogado sobre esa propuesta, el director del departamento chino de Cambio Climático de la
Comisión del Desarrollo Nacional, Su Wei, calificó de “injusto” poner cuotas de reducción de
emisiones de (CO2) a países que aún no han completado su industrialización. (EFE)
El debate en la cumbre del clima
Ambiente caldeado
"Página 12"
En la cumbre internacional sobre el clima, que se celebra desde el lunes en Copenhague, la discusión
sobre el reparto de los esfuerzos para reducir la emisión de gases de efecto invernadero da lugar a
algunas visiones optimistas y otras tantas escépticas. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon,
espera de la conferencia sobre el clima “un acuerdo robusto”, “efectivo inmediatamente” y con
“recomendaciones específicas”. En cambio, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel
Durao Barroso, sostuvo que si bien es “un deber” llegar a un consenso, porque el cambio climático es
“una amenaza efectiva”, estimó que no habrá “un acuerdo vinculante, porque algunos países no están
listos”. Otra de las polémicas que complican la llegada a un acuerdo se desató en torno de un
documento elaborado por el país anfitrión. En éste, Dinamarca convoca a las naciones a reducir a la
mitad las emisiones en 2050 –respecto de 1990–, pero no promete dinero para ayudarlos a lograr el
cometido. El gobierno danés aclaró que el texto difundido “era únicamente un borrador”.
Alrededor de 15 mil delegados de distintas partes del mundo participan de la cumbre. Pese a las
declaraciones optimistas del secretario de la ONU, quien cree en la posibilidad de un acuerdo entre
naciones, los países en desarrollo no sólo repudiaron el documento danés, sino que aseguraron que
amenaza el éxito de la cumbre.
La disputa entre China y Estados Unidos –los dos países más contaminantes del planeta– fue una de
las cuestiones que introdujeron tensión. El representante de China, Su Wei, por ejemplo, declaró que
naciones industrializadas como Estados Unidos, Japón o de la Unión Europea deberían aceptar su
“responsabilidad histórica” en el calentamiento global y reducir sus emisiones de gases de efecto
invernadero en mayor medida que las demás. Ante las presiones de la cumbre para que China baje el
consumo de carbón para energía, Su dirigió la mirada a quien pelea con ella el primer puesto de
naciones más contaminantes: “Las emisiones de Estados Unidos siguen en aumento, pese a que ya
está totalmente industrializado”.
fue inaugurada por naomi klein
Arrancó la contracumbre
"Crítica de la Argentina"
Tony Phillips, desde Copenhague
La autora canadiense Naomi Klein dio el discurso de apertura de la contraconferencia Klimaforum09,
en la sesión inicial de la autotitulada Cumbre Climática de los Pueblos. Klein, más conocida por sus
libros No logo y La doctrina del shock, basado en sus experiencias durante la crisis de 2001-2002 en
la Argentina, reconoció que “no es experta en cambio climático”, pero que “sabe un poco acerca de
las corporaciones transnacionales”.
Explicó que los participantes de Klimaforum09 están aquí “luchando para proteger algo que es
demasiado importante para dejarlo en manos del mercado”. Se refería a los planes para ampliar el
mercado global de créditos de carbono de manera que los países que pueden darse el lujo de hacerlo
sigan emitiendo gases de efecto invernadero.
Con respecto a los planes de Estados Unidos para ampliar el comercio global de créditos de carbono,
Klein rechazó la idea de exportar restricciones de emisión del mundo desarrollado hacia el mundo en
desarrollo, mediante la compra de créditos de CO2. Esto ubica a Klein al lado de James Hansen,
director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, quien fue el primer científico en advertir al
Congreso norteamericano sobre el calentamiento global. Hansen ha dicho que “ningún acuerdo de
Copenhague será mejor que un mal acuerdo que no va a funcionar”.
Klein no cree que Copenhague no vaya a producir un acuerdo para después de 2012, cuando fenece
el Protocolo de Kioto sobre reducción de gases de efecto invernadero. “El presidente Obama no
vendría si no creyera que va a haber un acuerdo”, dijo Klein. Piensa que los negociadores de los
países desarrollados impondrán mano dura, incluso sobre el bloque de países africanos, para llegar a
un acuerdo. Los africanos dieron el portazo en la reunión previa sobre cambio climático en Barcelona,
y acusaron a los países desarrollados de no poner una oferta razonable sobre la mesa. El continente
africano ya sufre los efectos del cambio climático, como la expansión del Sahara.
Klein considera que incluso África será forzada a firmar a un mal trato bajo las severas tácticas de
negociación que se imponen en la cumbre climática oficial.
La autora canadiense dijo que las protestas ecologistas de los movimientos sociales “tuvieron su
parto en Seattle (en 1999) y deben llegar a la mayoría de edad en Copenhague”.
TIRONEO EN LA CUMBRE A POCOS DIAS DE LA LLEGADA DE BARACK OBAMA
Europa felicita a EE.UU. pero le pide que duplique la reducción de
gases "Clarín"
Washington declaró dañinos a los gases contaminantes pero quiere bajar sólo 17%.
Por: Gustavo Sierra
Los ambientalistas del mundo no podían expresar mayor alegría ayer en los pasillos del enorme Bella
Center donde transcurría el segundo día de esta crucial cumbre de cambio climático. Barack Obama
tiene a partir de ahora las manos más libres para tomar medidas concretas contra las emisiones de
gases contaminantes que están provocando el efecto invernadero. La Agencia de Protección
Ambiental de EE.UU. (EPA) había anunciado durante la madrugada europea que a partir de ahora
cataloga a esas emisiones como "nocivas para la salud", algo que le da al presidente la posibilidad de
ordenar cambios en las leyes sin tener que pasar necesariamente por el Congreso.
El anuncio de EPA fue realizado para provocar un efecto particular acá en Copenhague. Ya había
una decisión de la Corte Suprema estadounidense en la que se decía muy concretamente que las
emisiones de dióxido de carbono afectan la salud de la población y por lo tanto se debe hacer algo
para eliminarlas. Pero eso ocurrió en el 2007 y George Bush todavía estaba en la Casa Blanca
negándose a suscribir el Protocolo de Kioto con el que la comunidad internacional se comprometió a
recortar emisiones. Cuando asumió Obama, se esperaba que todo esto cambiara de inmediato, pero
el presidente prefirió enviar una ley al Congreso que propone un recorte del 17% con respecto a los
niveles del 2005. La Cámara de Representantes la aprobó por un muy escaso margen y la ley ahora
duerme en el Senado. EPA hizo lo que se debía haber hecho hace un año para mejorar la imagen de
Obama días antes de llegar a esta asamblea.
"Bueno, ahora Obama tiene un plan B, si los senadores conservadores le tiran abajo la ley igual podrá
ordenar el recorte. Esperemos que esto lo entusiasme y venga con alguna oferta un poco más
generosa de la que presentó hasta ahora", dice John Nordbo de la organización ambientalista
internacional WWF antes de salir corriendo a una reunión con delegados africanos.
Y esa exigencia no es sólo de los activistas. Es oficial. Europa quiere que Obama se comprometa
mucho más. En principio duplicar el esfuerzo y que la reducción de gases sea de 30% y no de 17%.
"Sería asombroso que Obama llegara acá con la misma propuesta que ya tenía. Ahora todos
esperamos algo más", dijo en una conferencia el ministro sueco de Medio Ambiente, Andreas
Carlgren. El sueco, habló en representación de la Unión Europea porque su país ocupa en este
momento la presidencia temporal de ese organismo. Y fue aún más específico: "EE. UU. y China
pusieron ofertas sobre la mesa y les damos la bienvenida. Pero esos compromisos no son suficientes
para mantener el calentamiento por debajo de dos grados", que es el objetivo de la cumbre.
Y el premier británico Gordon Brown le subió aún más la apuesta a su colega estadounidense al
afirmar que Europa debía comprometerse a un recorte igual de las emisiones del 30% para el 2020
con respecto a los niveles de 1990. Esto significa un 10% más de lo que hasta ahora había ofertado
la EU. "Hay que ser ambiciosos", dijo el premier y remarcó que EE.UU. debía hacer lo mismo. Una
promesa que muchos expertos ven que el propio Brown tendrá dificultades para cumplir. Por ejemplo,
tendría que suspender muchos de los 140 millones de vuelos que se generarían sólo en los
aeropuertos británicos para ese entonces.
Y lo que está en juego, por debajo de esta controversia, es la realidad de los números. Washington
prometió el recorte del 17% de sus emisiones de CO2 en relación con 2005, algo que equivale a sólo
un 3 ó 4 % en relación con 1990. Pero, en realidad, el recorte de emisiones estadounidense es mayor
que el europeo si se toma el periodo 2005-2020 y menor si se toma como referencia 1990, ya que en
los ocho años de Bush las emisiones no pararon de crecer.
Mientras tanto, los otros grandes "players" de esta cumbre, China y Brasil, presionan a EE.UU. y
Europa por igual para que entreguen una mayor cantidad de fondos con destino a la reconversión en
los países en desarrollo. Beijing pidió a las potencias "demostrar su sinceridad y voluntad política con
compromisos concretos y transferencia de tecnología". Y el embajador Luís Alberto Figueiredo, el jefe
de la misión brasileña, hablando en el magnifico stand que tiene su país en este centro de
convenciones, advirtió que si los desarrollados no proponen "un financiamiento adecuado a los en
desarrollo será muy difícil lograr un acuerdo". Se refería a los US$ 30.000 millones que ofrecieron
EE.UU., Alemania y Australia. El ministro de Ambiente brasileño, Carlos Minc, había dicho que es
imprescindible contar con al menos 300.000 millones de dólares.
Pero Europa no parece estar dispuesta a entregar ese dinero en forma tan sencilla. "Nosotros nos
preguntamos si los emergentes deben recibir recursos o es más plausible enviarlos a los países
menos desarrollados como los de África", se sinceró el ex ministro de Medio Ambiente francés, Brice
Lalonde.
El gran juego diplomático pareciera recién haber comenzado. Aún quedan nueve días de
negociaciones.
ENTREVISTA EMBAJADORA SILVIA MEREGA CANCILLERIA ARGENTINA
"Diseñar nuestros proyectos"
La embajadora Silvia Merega es la directora de Asuntos Ambientales de la cancillería argentina. Es
quien representa al país en esta cumbre hasta que el fin de semana llegue el canciller Jorge Taiana.
Dice que Argentina busca "lograr una distribución equitativa de las cargas que la mitigación de las
emisiones de gases contaminantes y la adaptación nos van a crear".
¿Qué espera lograr Argentina en esta cumbre?
Argentina busca mayores facilidades de acceder a fondos internacionales, a fondos públicos, que
puedan abordarse en una mecánica de trabajo más equitativa donde Argentina pueda diseñar sus
propios proyectos, donde no dependa de agencias de implementación que condicionan los tiempos y
los montos.
¿Y que está dispuesta a dar?
Transparencia en el proceso, desde el manejo de los fondos a la concreción de los proyectos.
Los países que pondrán dinero piden recorte de emisiones, y cupos.
Los países que van a poner el dinero quieren modificar las bases del sistema de cambio climático en
el marco de la ONU. Este marco tiene un principio que diferencia entre los países en razón de su
desarrollo y su nivel de contaminación. Ahí se crea la llamada deuda ambiental. Hay países que se
desarrollaron contaminando más y otros menos.
¿Por qué Argentina vino con una delegación tan modesta cuando algunos vecinos como Brasil tienen
700 personas?
Nosotros tenemos un proyecto de desarrollo diferente al de Brasil. El tener una delegación muy
numerosa puede ser porque Brasil recibe los embates de los países desarrollados en forma directa o
quizá que vea esto como una oportunidad de mostrarse de alguna manera particular. La Argentina
tiene una representación multisectorial.
COPENHAGUE. ENVIADO
Martes 8 de diciembre
CUMBRE SOBRE EL CLIMA EN LA ONU: DELEGADOS DE 192 PAISES INICIARON LAS
DELIBERACIONES EN COPENHAGUE, DINAMARCA
Con un fuerte debate, comenzó la cumbre por el cambio climático
"Clarín"
India, China y Brasil se oponen a que la ONU audite las emisiones de gases.
Por: Gustavo Sierra
Fuente: COPENHAGUE
Había electricidad en el ambiente. Los delegados de los 192 países congregados en el enorme
auditorio del Bella Center de Copenhague parecían estar sintiendo el peso de la Historia. Estaban ahí
para intentar trazar un plan concreto para modificar el sistema de producción impuesto hace 150 años
por la Revolución Industrial con el objetivo de terminar con las emisiones de gases contaminantes que
están provocando el cambio climático.
"Se terminó el tiempo de la retórica. Tenemos que actuar y tiene que ser ahora", les dijo Yvo de Boer
el jefe de los negociadores de las Naciones Unidas en su discurso inaugural. Y tienen apenas seis
días para lograr el borrador. Después habrá dos días más en que los ministros intentarán armar un
acuerdo para que en los otros dos días siguientes vengan 110 jefes de Estado y de gobierno de todo
el planeta para ponerle la firma. Hoy se inauguró la cumbre tan esperada de medio ambiente en
Copenhague y la atención del mundo político, económico y social estará centrada aquí en la puerta
del Báltico en las próximas dos semanas esperando que los líderes del mundo estén a la altura de
este momento histórico.
Poco después de las diez de la mañana una trompeta sonó nítida para dejar paso a un grupo de
jovencitas de origen vikingo que entonaron algunas melodías tradicionales escandinavas. Fue una
ceremonia sencilla y a la vez profunda. Duró apenas quince minutos con el pequeño film que se
exhibió a continuación con una niña que sueña con una catástrofe climatológica.
De inmediato habló el primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, para decirle a sus colegas del
globo que "se necesita una gran voluntad política en este momento y la tienen que traer para lograr el
acuerdo". De Boer puso como ejemplo a un chiquito víctima del tsunami en Indonesia y dijo que había
que hacerlo "por los chicos del mundo". Y el jefe de científicos de la ONU, Rajendra Pachauri, tuvo
que salir a defender a la comunidad científica internacional tras el escándalo del "climagate" (en el
que aparecieron unos mensajes en los que se daba a entender que algunos expertos manipularon la
información para probar un mayor aumento de las temperaturas en la Tierra).
A un costado del recinto, Jorge Valdéz, un delegado social dominicano, asentía con la cabeza.
"Trataron todo. Primero era que Obama no venía, que China no iba a recortar ninguna emisión de
gases, que los científicos mienten con lo del cambio climático, que nadie iba a poner un dólar. Y nada
funcionó. Nada de todo eso es cierto. Tenemos confianza. Estamos ante la posibilidad cierta de llegar
a un buen acuerdo", comenta. Se refiere a que podría encontrarse un punto de encuentro poniendo
como base el 2005 y hacer el recorte de emisiones desde allí y hasta el 2020 de un 20% a un 25%.
Y crear un fondo internacional de al menos 100.000 millones de dólares al año para financiar a los
países más pobres su reconversión industrial. Eso está en la mesa y nadie parecería estar muy en
desacuerdo.
Pero, claro, hay muchos otros puntos que enfrentan a los delegados. Un momento antes de comenzar
las deliberaciones llegó un cable desde New Delhi diciendo que India, China y Brasil llegaron a un
acuerdo para presentar aquí en Copenhague una postura en común. El ministro de Medio Ambiente,
Jairam Ramesh, dijo durante un debate parlamentario en la Rajya Sabha (cámara alta), que "tenemos
un borrador de base común de los tres países que debe servir para orientar la negociación".
El punto básico es que el nuevo terceto de las potencias emergentes se opone a que las Naciones
Unidas auditen sus emisiones de gases contaminantes. No quieren que se cree una organización
como la de energía atómica que presiona a Irán y otros países para terminar con sus programas
nucleares independientes.
"Los países se pondrán de acuerdo porque es necesario tener un número para disminuir las
emisiones, es necesario tener financiamiento para reducir carbono y, sobre todo, es preciso
financiamiento para ayudar a los países pobres a tener un desarrollo sustentable, más sólido", aclaró
el presidente Lula da Silva desde Brasilia en su programa semanal de radio.
Desde América Latina también se escucharon ayer otras voces. El flamante reelegido Evo Morales de
Bolivia ratificó que estará acá el jueves que viene. Y hasta Hugo Chávez dice que está pensando en
viajar "si es que vamos a discutir en serio". Ni siquiera Chávez pareciera querer perderse la foto. La
delegación argentina, por ahora, sigue encabezada por el canciller Taiana, aunque en el Palacio San
Martín no se descarta el posible viaje de la presidenta Cristina de Kirchner.
Y lo que provocó sorpresa entre los delegados fue el editorial conjunto que publicaron ayer 56 de los
diarios más importantes del mundo, entre ellos Clarín. "Eso indica claramente que esto es global. Un
problema de la Humanidad. Y, que aparezca en todos esos diarios, marca la preocupación que hay
en todo el mundo por lo que vayamos a hacer o dejar de hacer acá en Copenhague", dijo uno de los
científicos de Naciones Unidas que lidera las negociaciones en la conferencia.
Lo bueno, es que quedan aún dos semanas de negociación. Lo malo, es que el reloj ya comenzó a
correr.
POSIBLE CONSECUENCIA DE LA CUMBRE DE COPENHAGUE
Un pacto climático exigirá cambios de fondo a empresas
"El
Cronista"
Si se acuerda reducir las emanaciones de gases efecto invernadero, las compañías productoras o
fuertes consumidoras de energía tendrán que reconvertirse
ED CROOKS
Junto a los miles de políticos, funcionarios, miembros de organizaciones ambientales y periodistas
que participarán de la cumbre climática en Copenhague, muchas de las compañías más grandes del
mundo estarán cerca atentas al encuentro. Las que no viajan a Copenhague dudan del valor del viaje,
sospechan que será más para alimentar el ego de sus ejecutivos que para servir los intereses de los
accionistas; en particular desde que se reconoció que el acuerdo más sólido que puede obtenerse en
la reunión será un pacto político, y que Copenhague es parte de un proceso, no un destino final.
Sin embargo, las compañías saben que deben mantenerse cerca de la escena, para estar al tanto de
las negociaciones y para tratar de influir en el resultado. El encuentro podría tener implicancias para
todos los sectores de las economías.
La Agencia Internacional de Energía afirmó que, para limitar las emanaciones de gases de efecto
invernadero, el mundo necesita una revolución en el abastecimiento energético. Y que se tendrán que
invertir u$s 500.000 por año en energía limpia en los próximas 20 años.
Si, después de Copenhague, el mundo toma el sendero de la reducción en las emanaciones, las
medidas tendientes a cumplir con la inversión anual de u$s 500.000 tendrán que ponerse en marcha
rápidamente. Según New Energy Finance, un grupo de investigaciones, la inversión global en energía
limpia será de u$s 110.000 millones este año. Su pico del año pasado fue de sólo u$s 155.000
millones, menos de una tercera parte de lo que se necesitará.
Esa elevada inversión exigirá cambios fundamentales en el escenario corporativo, en particular para
las compañías que son productoras o fuertes consumidoras de energía. Eso otorga a esas empresas
una buena razón para seguir muy de cerca el debate en Copenhague.
El impacto de la cumbre se sentiría en forma más inmediata en la Unión Europea, donde se afirmó
que si se llega a un acuerdo climático internacional, se subirá la meta de reducción de emanaciones
del ya difícil 20% al 30% para 2020. Para la industria energética, eso significaría un enorme esfuerzo
adicional en la construcción de generación renovable –como la eólica y solar–, más plantas
nucleares, biocombustibles más avanzados y mayor eficiencia energética.
También significará cambios radicales en otros sectores europeos como el automotriz, que se verá
impulsado a fabricar autos más eficientes en el consumo de combustible, y vehículos híbridos y
eléctricos. Las industrias que consumen mucha energía, como la siderúrgica, probablemente reciban
mayores presiones. El transporte aéreo, que por primera vez ingresa en el sistema europeo de límites
de emanaciones, tendrá que hacer un mayor ajuste.
Lunes 7 de diciembre
Un desafío global
El mundo, en vilo por la cumbre climática
"La Nación"
La reunión empieza hoy en Copenhague
Luisa Corradini
Corresponsal en Francia
PARIS.- Impulsada por una de las mayores amenazas que haya enfrentado el planeta, la comunidad
internacional se reúne a partir de hoy en Copenhague durante 12 días para tratar de exorcizar el
fantasma del calentamiento climático y sus terribles consecuencias.
El objetivo de esta gigantesca conferencia, bajo el patrocinio de las Naciones Unidas (ONU), es evitar
que la temperatura media terrestre aumente 2°C a finales del siglo y pueda llegar a poner en peligro
la vida del hombre sobre la Tierra, como advirtió ayer el papa Benedicto XVI desde el Vaticano. "La
salvaguarda de la creación pide la adopción de estilos de vida sobrios y responsables, sobre todo
hacia los pobres y las generaciones futuras", advirtió el Sumo Pontífice en vísperas de la apertura de
la cumbre.
El objetivo de 2°C es la forma científica de decir que los 192 países que participan en la Convención
de la Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Unfccc) deben ponerse de acuerdo para reducir en
un 50% sus emisiones de dióxido de carbono antes de 2050 si quieren evitar una catástrofe
planetaria.
Más de 103 jefes de Estado y de gobierno viajarán a Copenhague. Billones de dólares, poderosos
intereses nacionales e internacionales y, sobre todo, la vida de millones de seres humanos podrían
depender de los resultados de esta cumbre.
Tanto los países opulentos como los emergentes deben aceptar reducir su consumo de carbón,
petróleo y gas. Esos combustibles fósiles extraídos de las entrañas de la tierra fueron los
responsables de la prosperidad del planeta, pero también crearon el monstruo de los gases del
"efecto invernadero (GEI)".
Pero los desacuerdos son tan numerosos, sobre todo entre los países ricos y los pobres -reunidos en
el llamado G-77-, que todos abandonaron la esperanza de que Copenhague termine con un texto
vinculante. La conferencia podría producir un acuerdo político que fije el marco para la continuación
de las negociaciones, con miras a firmar un tratado en 2010.
Durante el fin de semana, Estados Unidos consiguió elevar las expectativas: el anuncio de que el
presidente Barack Obama estará en el cierre de la cumbre, recta final de las negociaciones, creó
ilusiones sobre un desenlace más optimista.
En estas dos semanas, la cumbre se centrará en dos puntos fundamentales: decidir objetivos cifrados
para el control de emisiones de GEI y determinar el monto que los países ricos están dispuestos a
pagar para ayudar a las naciones en desarrollo a luchar contra el calentamiento climático.
"El objetivo es, ni más ni menos, cortar el nudo gordiano que entrelaza cambio climático y desarrollo",
explica Jean-Charles Hourcade, del Centro Internacional de Investigación sobre Medio Ambiente y
Desarrollo (Cired).
Las promesas laboriosamente obtenidas antes de Copenhague están muy lejos de satisfacer a los
expertos. Para ellos, es necesario reducir entre 25 y 40% las emisiones de GEI antes de 2020 en
relación con los niveles de 1990.
La Unión Europea (UE) y Japón se comprometieron a disminuir un mínimo del 20%. En Estados
Unidos, donde la llegada de Obama había despertado nuevas esperanzas, el Congreso estudia una
reducción de 17%, pero tomando como base los niveles de 2005.
La decisión de los grandes países emergentes, que se cuentan entre los más contaminantes del
mundo, podría desbloquear la situación: China -principal emisor de GEI junto con Estados Unidos-, la
India y Brasil han prometido recortar sus emisiones, aunque se niegan a asumir compromisos
vinculantes.
La segunda gran cuestión es quién pagará. Según la ONU, se necesitarían 240.000 millones de
dólares anuales suplementarios desde ahora hasta 2030, para luchar contra el calentamiento global.
En el edificio ultramoderno del Bella Center de Copenhague, los 15.000 participantes analizarán otra
infinidad de temas menos políticos: protección de los bosques, medición de las emisiones, reglas
necesarias para los bonos de carbono y cómo hacer cumplir un acuerdo.
Además de los delegados, que bregarán a puerta cerrada, Copenhague desplegará una
impresionante panoplia de causas y opiniones diferentes. Los "creyentes", liderados por el ex
vicepresidente norteamericano Al Gore, el ecologista francés Nicolas Hulot y el príncipe Carlos, se
enfrentarán a los escépticos, que los consideran demasiado alarmistas y dudan seriamente de la
gravedad del calentamiento climático y de los informes apocalípticos que difunden los científicos.
"[Los] que niegan la realidad del calentamiento global debilitan la democracia", dijo Gore en una
entrevista con el diario italiano La Repubblica . El premio Nobel de la Paz también se pronunció sobre
el llamado "climagate", polémica creada por una serie de correos electrónicos enviados entre
científicos en los que se habla de cómo manipular datos que confirmen la influencia del hombre en el
cambio climático. "Los negacionistas del cambio climático están engañando a la gente, haciendo
creer que esos correos tienen un significado mayor del que les corresponde."
Paralelamente a la cumbre, se celebrará un foro alternativo con la participación de 10.000 militantes
de ONG. La reunión se hará cerca de la estación central ferroviaria. La principal atracción de esa
cumbre será el testimonio de las actuales víctimas del cambio climático en Bangladesh, Nigeria y
Groenlandia, que explicarán cómo sus vidas ya son afectadas por el aumento de 0,8° C registrada en
un siglo.
La conferencia se abrirá, de todos modos, en un contexto más alarmante, creado por un nuevo
informe científico. En un estudio publicado ayer en la revista Nature Geoscience, un grupo de
especialistas británicos afirma que los índices de reducción propuestos hasta ahora provocarían un
calentamiento global de "más de 3° C" en 2100.
TRIBUNA
El cambio climático nos afecta a todos y todos debemos
resolverlo "Clarín"
Por primera vez, cincuenta y seis diarios de cuarenta y cinco países deciden hablar con una sola voz
a través de un editorial común. La grave emergencia en la que se encuentra el medio ambiente exige
responsabilidad y decisión de los líderes que se reúnen desde hoy en Copenhague. Es imperioso
revertir el mayor fracaso de la política moderna.
Cincuenta y seis diarios de cuarenta y cinco países toman hoy la medida sin precedentes de hablar
con una sola voz a través de un editorial común. Lo hacemos porque la humanidad enfrenta una
grave emergencia. A menos que nos unamos para dar pasos decisivos, el cambio climático arrasará
nuestro planeta y con él desaparecerán también la prosperidad y la seguridad. Los peligros se vienen
haciendo evidentes desde hace una generación. Ahora los hechos empezaron a hablar: once de los
últimos catorce años fueron los más cálidos de la historia; el casquete de hielo ártico se funde y los
elevados precios que alcanzaron el año pasado el petróleo y los alimentos constituyen un anticipo del
futuro caos. En las publicaciones científicas, la cuestión ya no es si los seres humanos son los
culpables, sino el escaso tiempo que nos queda para limitar el daño. Hasta ahora, sin embargo, la
respuesta del mundo es débil y ambivalente.
El cambio climático es algo que se viene produciendo desde hace siglos, tiene consecuencias
perdurables, y la lucha contra el mismo se determinará en los próximos catorce días. Instamos a los
representantes de los ciento noventa y dos países reunidos en Copenhague a no vacilar, a no incurrir
en disputas, a no culparse mutuamente, sino a aprovechar la oportunidad de revertir el mayor fracaso
moderno de la política. No debe haber una lucha entre el mundo rico y el pobre, ni entre Oriente y
Occidente. El cambio climático nos afecta a todos, y todos debemos resolverlo.
La ciencia es compleja, pero los hechos son claros. El mundo tiene que tomar medidas para limitar a
dos grados el aumento de la temperatura, objetivo que exigirá que se limiten las emisiones globales y
que éstas empiecen a reducirse en el transcurso de los próximos cinco o diez años. Un nuevo
aumento de entre tres y cuatro grados -el menor que cabe esperar si no se toman medidas- secaría
los continentes y convertiría las tierras de cultivo en desiertos. Se extinguiría la mitad de las especies,
millones de personas se verían obligadas a desplazarse y el mar invadiría países enteros.
Pocos creen que a esta altura Copenhague pueda dar lugar a un tratado completo. El avance real
hacia ese tratado sólo pudo comenzar con la llegada del presidente Obama a la Casa Blanca y la
reversión de años de obstruccionismo estadounidense. El mundo, sin embargo, sigue estando a
merced de la política interna de los Estados Unidos, dado que el Presidente no puede adoptar un
compromiso pleno con las medidas necesarias hasta que lo haya hecho el Congreso de su país.
Pero los políticos presentes en Copenhague pueden y deben acordar los elementos esenciales de un
acuerdo justo y efectivo, y sobre todo un estricto cronograma para convertirlo en un tratado. Su plazo
debe ser la reunión de la ONU sobre el cambio climático que se realizará en junio en Bonn. Como
señaló un negociador: "Puede llevarnos más tiempo, pero no podemos permitirnos una repetición."
El eje de ese acuerdo debe ser un convenio entre el mundo rico y el mundo en vías de desarrollo que
comprenda cómo se va a dividir la carga de la lucha contra el cambio climático y cómo compartiremos
un nuevo recurso precioso: el billón de toneladas de carbono que podemos emitir antes de que el
mercurio alcance niveles peligrosos.
A los países ricos les gusta destacar que la verdad aritmética es que no puede haber una solución
hasta que gigantes en vías de desarrollo como China tomen medidas más drásticas que las que
adoptaron hasta ahora. Pero el mundo rico es responsable de la mayor parte del carbono acumulado,
de las tres cuartas partes de todo el dióxido de carbono que se emitió desde 1850. Ahora tiene que
ponerse a la cabeza, y todo país desarrollado debe comprometerse a hacer reducciones específicas y
significativas que, en su conjunto, en diez años reducirán las emisiones del mundo rico a un nivel muy
inferior al que tenía en 1990.
Los países en vías de desarrollo pueden señalar que no fueron ellos los que provocaron el grueso del
problema, y también que las regiones más pobres del mundo van a ser las más afectadas. Pero
deben aceptar que en el futuro contribuirán cada vez más al calentamiento y, por lo tanto, tienen que
comprometerse a tomar medidas propias importantes y medibles. Si bien todos hicieron menos que lo
que algunos habían esperado, las recientes decisiones de los mayores contaminadores del mundo los Estados Unidos y China- en cuanto a adoptar metas de emisión constituyeron pasos importantes
en la dirección correcta.
La justicia social exige que el mundo industrializado aporte más recursos y comprometa fondos para
ayudar a los países más pobres a adaptarse al cambio climático, así como tecnologías limpias que les
permitan crecer económicamente sin aumentar el nivel de sus emisiones. La arquitectura de un futuro
tratado también debe precisarse mediante un riguroso monitoreo multilateral, recompensas
adecuadas para la protección forestal y una evaluación creíble de las "emisiones exportadas", de
modo tal que la carga pueda llegar a compartirse de forma más equitativa entre quienes crean
productos contaminantes y los que los consumen. Esa equidad, por otra parte, implica que la carga
que asuma cada país desarrollado esté en relación con la capacidad del mismo. Por ejemplo, los
miembros más nuevos de la UE, que suelen ser mucho más pobres que "la vieja Europa", no deben
sufrir más que sus socios más ricos.
La transformación será cara, pero mucho menos que el rescate de las finanzas globales, y mucho
menos costosa que las consecuencias de no hacer nada.
Muchos de nosotros, sobre todo en el mundo desarrollado, tendremos que cambiar nuestra forma de
vida. La era de los vuelos que cuestan menos que el traslado en taxi al aeropuerto se acerca a su fin.
Tendremos que comprar, comer y viajar de manera más inteligente. Vamos a tener que pagar más
por la energía, y también usarla menos. Pero el pasaje a una sociedad baja en carbono ofrece la
perspectiva de más oportunidades que sacrificios. Algunos países ya reconocieron que abrazar la
transformación puede generar crecimiento, empleo y una mejor calidad de vida. El flujo de capital
cuenta su propia historia: el año pasado por primera vez se invirtió más en formas renovables de
energía que en producir electricidad a partir de combustibles fósiles. Erradicar nuestro hábito de
carbono en el transcurso de unas pocas décadas exigirá una hazaña de ingeniería e innovación
comparable con otras que tuvieron lugar en la historia. Sin embargo, mientras que llevar al hombre a
la Luna o dividir el átomo fueron cosas que nacieron del conflicto y la competencia, la carrera del
carbono debe ser producto de un esfuerzo cooperativo para alcanzar la salvación colectiva.
Superar el cambio climático supondrá un triunfo del optimismo sobre el pesimismo, de la visión sobre
la miopía, de lo que Abraham Lincoln llamó "los mejores ángeles de nuestra naturaleza".
Es con ese espíritu que cincuenta y seis diarios de todo el mundo se unieron detrás de este editorial.
Si nosotros, que tenemos puntos de vista políticos y nacionales tan diferentes, podemos ponernos de
acuerdo sobre qué debe hacerse, entonces sin duda nuestros gobernantes también pueden hacerlo.
Los políticos presentes en Copenhague tienen el poder de conformar el juicio de la historia sobre esta
generación, una generación que tomó conciencia de un desafío y estuvo a la altura del mismo, o una
generación tan estúpida que vio venir la calamidad pero no hizo nada para evitarla. Les imploramos
que tomen la decisión correcta.
Traducción de Joaquín Ibarburu.