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PALABRAS CON OCASIÓN DE LA CELEBRACIÓN
DEL DÍA DEL MAESTRO 2011
Por: Padre José Wílmar Sánchez Duque, Rector General Funlam
Presento mi fraterno saludo a todos los asistentes a este evento de
celebración en el día del maestro amigoniano, y junto con él mi más profundo
agradecimiento por formar parte de esta obra pastoral de la Congregación de
Religiosos Terciarios Capuchinos, obra en la cual cada uno se constituye en
un valioso medio a través del cual se gestan hombres y mujeres nuevos,
seres humanos que desde su ser y hacer profesional contribuyen en la
revolución social más grande de todos los tiempos: la dignificación del ser
humano y la transformación de las condiciones que afectan la calidad de vida
de las personas, particularmente las poblaciones más críticas y vulnerables
de nuestra sociedad.
Cada año y durante la misma fecha la sociedad nos invita a celebrar el día
clásico del maestro, más que una celebración rutinaria, es la oportunidad de
reflexionar juntos el profundo compromiso y responsabilidad que de dicha
misión se deriva, y es que además de administradores, ingenieros,
psicólogos, comunicadores sociales, abogados o cualquier otra profesión
somos también maestros, personas que desde su ser y hacer interactúan
con otros sujetos en proceso de formación, maestros que desde su
experiencia se constituyen en pedagogos acompañantes de procesos de
enseñanza – aprendizaje; maestros que desde la interacción inciden en el
desarrollo integral de los estudiantes.
Hoy más que nunca se hace necesario revitalizar la figura del maestro y
dignificar la misma haciendo de ella no una simple profesión, sino una
vocación a través de la cual se realizan proyectos de vida y se aporta al
desarrollo integral de la sociedad y a la construcción de un mundo más justo,
fraterno y solidario, y es que precisamente, ninguna otra profesión –vocación
tiene tanto impacto en la vida de los seres humanos como la educación
impartida por auténticos maestros.
El maestro, y por ende la escuela se convierten en ámbitos en los cuales las
interrelaciones humanas se constituyen en escenarios privilegiados para el
aprendizaje, es allí en donde el sujeto no solo aprende las nociones básicas
del conocimiento, sino donde ocurre el milagro mismo de la humanización.
Desde los procesos básicos del aprendizaje el individuo va construyéndose
como ser histórico y como sujeto social se inserta en la cultura y asume de
ella los principios y normas que la rigen, por esto insisto: el ambiente
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educativo es el espacio privilegiado donde ocurre el milagro de un nuevo
nacimiento, de una nueva creación.
Si bien en el núcleo familiar se han sentado las bases para una adecuada
inserción social, es en la escuela en donde dichas bases alcanzan su
desarrollo pleno y total, es en ella en donde el sujeto se percibe y concibe
como ser consciente, donde aprende a reconocer y asumir sus sentimientos
y emociones. Es en la escuela en donde se gesta el ser social, el sujeto ético
y democrático; es en la escuela donde principios como libertad, justicia, paz,
equidad cobran su sentido más pleno y auténtico y hacen posible que el ser
humano supere el sometimiento a las simples contingencias históricas y se
constituya en sujeto social con capacidad crítica
de realización y
autodeterminación, deje de pensar sólo en sí mismo y se perciba y conciba
como sujeto responsable de conservar y promover el desarrollo integral,
proteger la vida propia y de los demás.
Por ello, gran parte de la explicación de las crisis actuales, radica sin lugar a
dudas en la crisis formativa de la escuela, y hablo de escuela en el sentido
más amplio de la palabra, incluyendo allí cualquier ámbito de formación
humana. Hoy más que nunca se evidencia, que fenómenos como la
violencia, la injusticia, la corrupción, la miseria, el subdesarrollo son ante todo
una crisis ética y moral de sujetos que ante el bien común han interpuesto la
búsqueda egoísta del bien particular, hoy se legitima el medio sobre el fin, el
uso de violencia sobre el uso de la razón, la fuerza de las armas sobre el
peso de los argumentos, la preponderancia del fuerte sobre el débil, de lo
material sobre lo espiritual, lo estético ha sido reducido a simple banalidad, el
bien ser y el bien estar han cedido paso a una búsqueda insaciable del
placer y del tener. Hoy más que nunca el dinero se ha convertido en símbolo
de éxito y plenitud. La Escuela en lugar de constituirse en un ámbito
paradigmático que presente un nuevo modelo social, se ha constituido en
espacios en los cuales se replican sin ningún juicio crítico los más grandes
antivalores de la humanidad.
Vivimos en una sociedad en la cual la trascendencia, la búsqueda de la
verdad, la justicia, la paz, la solidaridad y la fraternidad dejaron de ser parte
de nuestras actitudes y del discurso, para convertirse en asuntos de las
agendas políticas o de los mercenarios de turno, a los cuales hay que
pagarles el derecho a vivir en paz y no ser víctima de acciones violentas,
dejaron de ser parte de nuestros currículos educativos para constituirse en
discursos frívolos o en dignas piezas de museo, de la misma forma como han
sido reducidas las grandes utopías de la humanidad en nuestros tiempos.
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Muchas de las crisis actuales empezaron a gestarse desde el instante en que
el robo, el fraude, la trampa y la corrupción dejaron de ser antivalores y se
convirtieron astucia, sagacidad, avispamiento, en saber aprovechar el cuarto
de hora, desde el instante en que lo público, incluidos bienes e impuestos
dejaron de ser patrimonio social y sin que nos importara se convirtieron en
botín para saqueo de unos cuantos, desde el momento en que la mentira y la
astucia se constituyeron en los argumentos para estar por encima de la
misma verdad e imponer decisiones que favorecen justamente a quien
ejecuta el mal, desde el momento en que la escuela, la universidad relegó su
papel formativo y performativo para constituirse meramente en un escenario
para la capacitación y el desarrollo de competencias y destrezas laborales y
profesionales con fines de titulación.
Muchas de las crisis actuales iniciaron en el momento mismo en que la
escuela, la universidad dejó de sentirse parte fundamental en la articulación
de proyectos sociales y en paradigma del comportamiento humano y pasó a
ser simplemente una institución, que como muchas otras se rigen por la
oferta y la demanda, dejó de ser formadora para convertirse en institución
capacitadora y certificadora.
Una mirada desprevenida a nuestra realidad actual nos hablan de una
profunda descomposición social que ha afectado la totalidad de instituciones,
incluida la escuela. Los múltiples asesinatos, el crecimiento desmedido de
robos, las asonadas con una amplia participación de jóvenes, la aplicación
de justicia a manos de turbas enfurecidas, la delincuencia y la prostitución
infantil, la magnitud de los delitos cometidos contra el erario público, el
chantaje, el soborno y la extorsión, delitos en los cuales estamos
encontrando niños, adolescentes, adultos y ancianos,
prestigiosos
profesionales, prestantes políticos o altos dignatarios civiles, militares o
religiosos, todo ello nos habla de una crisis que ha logrado permear de
corrupción, miseria y muerte todas las estructuras del estado y por ende su
impacto real se evidencia en los ámbitos personal, familiar y social.
Es una realidad que no solo debe desatar en nosotros estupor o asombro,
sino ante todo cuestionamientos que desafíen nuestra conciencia y nuestro
ejercicio profesional como maestros. Debemos volver a recuperar nuestro
papel protagónico en las aulas como formadores de conciencia, libertad y
voluntad.
Nuestro rol de maestros nos obliga a volver a incorporar en nuestros
discursos y en nuestras prácticas pedagógicas el discurso ético y moral y la
forma como el mismo se articula con el engranaje social, a través de nuestro
ejercicio laboral o profesional. Como ha sido original en el discurso
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amigoniano desde su origen como Institución universitaria, no solo formamos
profesionales, formamos seres humanos, servidores de la comunidad,
personas éticas, solidarias, críticas, libres, generosas. Seres humanos que
asumen un profundo compromiso en la transformación de la sociedad y estos
solo será posible a través de maestros, que como ustedes vivan su profesión
en clave de fe, como un servicio a través del cual se crean condiciones de
humanización y personalización; maestros que revelan la presencia de un
Dios misericordioso, compasivo y justo. Maestros que se constituyen para
sus estudiantes en modelos de vida, ciencia y virtud.
Esta primera década del siglo XXI, ha sido indudablemente el escenario de
profundas transformaciones y acontecimientos que han marcado de modo
indeleble, y en más de un caso en modo dramático la historia de los
hombres, por ello si queremos cicatrizar las profundas heridas del tejido
social, si queremos ser artífices de procesos de reconciliación, justicia y
reparación, si queremos el surgimiento de un estado de derecho social y
democrático, si nuestra aspiración es el surgimiento de una nueva casta de
líderes políticos que dejen atrás las viejas costumbres y trampas y asuman
como compromiso el desarrollo social y la búsqueda del bien común, si
nuestro sueño es el de una sociedad regida por principios y en la cual todos
tengan acceso al bienestar que el progreso y desarrollo traen, debemos
continuar con esta ardua y muchas veces ingrata tarea de ser maestros,
debemos seguir formando a nuestros estudiantes aplicando el principio de
exigencia en el amor y amor en la exigencia, debemos dotarlos de
competencias y destrezas, de saberes, principios y valores, de modo que
este talante amigoniano, no sea solo un slogan sino una impronta que
identifica a nuestros graduados de los profesionales de otras instituciones.
Nunca antes, como ahora se hace necesario volver a construir juntos las
grandes utopías sociales, volver a creer en los principios de vida como la
justicia, la equidad, la solidaridad, la fraternidad, hoy más que nunca se hace
imprescindible volver a creer en aquello que bellamente definió el papa Pablo
VI como la civilización del amor, y entendida ésta como el conjunto de
condiciones éticas, morales, religiosas, políticas, civiles y, económicas, que
permiten a la vida humana una condición mejor de existencia, una racional
plenitud, un feliz destino eterno. Entendido el amor en su sentido más
genuino, el amor como una forma seria, encarnada en la existencia sociopolítico-económica-cultural, de vivir los valores cristianos y los ideales más
elevados de la humanidad
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Es un cambio cultural que exige a todos el valor de asumir un nuevo estilo
de vida que se manifieste en poner como fundamento de las decisiones
concretas –a nivel personal, familiar y social– la justa escala de valores: la
primacía del ser sobre el tener, de la persona sobre las cosas, de la ética
sobre la técnica, del ejemplo sobre las palabras.
Si existe un momento de la historia en el cual el rol del maestro cobre
preponderancia y protagonismo, es en la actualidad de nuestra historia. Las
recientes situaciones de desorden social y corrupción sistemática en todos
los estamentos del estado, así como del sector privado nos obliga a asumir
un rol más activo y protagónico. Nuestras aulas tienen que convertirse en
auténticos laboratorios sociales en los cuales desde la interacción social con
nuestros estudiantes discernimos y construimos juntos el tipo de profesional,
de ciudadano, de ser humano, de cristiano que queremos.
Como docentes amigonianos encontramos en la Figura de Jesús Buen
Pastor el modelo de lo que significa asumir la responsabilidad de guiar y
conducir a otros en la construcción y vivencia de proyectos de vida
humanizantes y humanizadores. En él encontramos el modelo perfecto de lo
que significa ser maestros, de ir siempre adelante con el ejemplo antes que
con las palabras, en él asumimos como nuestra su misión de dar la vida
para que otros vivan.
Mis más sentidas felicitaciones a todos aquellos maestros amigonianos que
durante años, meses o simplemente días, han aprendido lo apasionante que
es ser gestores de vida nueva. Doy gracias a Dios por cada uno de ustedes,
por su entrega libre y generosa, por su compromiso permanente de hacer de
esta obra amigoniana una Institución en la cual la realización del ser humano
seguirá siendo el compromiso que sabemos cumplir.
Invito a todos los presentes y a quienes nos rodean a que a través de un
caluroso aplauso expresemos nuestro más sentido y sencillo homenaje al
maestro amigoniano. Feliz día del maestro.
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