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Transcript
LA IGLESIA Y LA POLÍTICA
Patrick Hanssens
INTRODUCCIÓN
En el centenario de la República
Este año Panamá celebra el centenario de su existencia como república
independiente. Sin embargo, nuestra vida como nación soberana no está exenta
de problemas sociales muy profundos. Muchos de estos problemas son producto
de actitudes personales y culturales. Por eso, el mejor aporte que, como Iglesia,
podemos dar a nuestro país en este centenario es la evangelización de la vida
política y social.
¿Por qué?
Vemos que muchos panameños y panameñas están profundamente
decepcionados de los políticos y sus partidos. Mucha gente percibe la política
como sucia o la identifica con corrupción. La gente tiene la sensación que los
políticos los engañan con falsas promesas y, una vez en el poder, cuidan sobre
todo sus propios intereses. Actuando así, hacen pensar que la política es una
mera lucha por el poder, que no vale la pena participar y que votar no sirve para
nada, pues al final estamos iguales o peores que antes.
Todo esto demuestra la urgente necesidad de una nueva cultura política con
objetivos puestos en el bien común y criterios éticos de discernimiento y de
participación. Dice el Cardenal Oscar A. Rodríguez, de Honduras: "Uno de los
desafíos de la Iglesia en Latinoamérica en el siglo XXI es el diálogo con el mundo
de la política, para recuperar la nobleza y dignidad de esta actividad."
¿Para qué?
El Evangelio es una fuerza renovadora capaz de transformar a personas y
estructuras. Dice Juan Pablo II: "Con el mensaje evangélico la Iglesia ofrece una
fuerza liberadora y promotora del desarrollo precisamente porque lleva a la
conversión del corazón y de la mentalidad; ayuda a reconocer la dignidad de cada
persona; dispone a la solidaridad, al compromiso y al servicio de los hermanos."
(RMi 59).
De cara al 2004:
De cara a las elecciones del 2004, es importante que los cristianos nos vayamos
formando sobre nuestra responsabilidad cívica y social. Dicen los obispos de
Panamá: "La democracia no es algo conquistado definitivamente, sino que es un
1
trabajo continuo para cada generación y exige la participación responsable y
activa de todos. Requiere una educación y un aprendizaje a lo largo de toda la
vida." (La Justicia Social en Panamá, #87).
También el Papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica a los laicos dice: "Los
fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la "política"; es
decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa,
administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el
bien común." (ChL 42).
El folleto no pretende dar respuestas concretas de cara a las decisiones que cada
uno debe asumir, sin embargo, ofrece principios evangélicos, criterios de juicio y
pistas de acción, para que cada cristiano pueda asumir con mayor conciencia su
propia responsabilidad política, buscando siempre los verdaderos intereses del
pueblo panameño y dejándose inspirar por lo que Dios quiere para nosotros.
I
LA FE SE CONOCE POR SUS OBRAS
1. LA BUENA NOTICIA DEL REINO DE DIOS
En la vida de Jesucristo, Dios ha revelado su amor y benevolencia para con
nosotros. Toda la vida de Jesús es un reflejo de este amor y misericordia de Dios.
Hablaba de esta forma: “El plazo está vencido, el reino de Dios se ha acercado.
Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva.” (Mc 1,15). La vida de Jesús
estuvo bajo la expectativa y la confianza segura en la venida del reinado de Dios.
Es más, la misma vida de Jesús, desde una búsqueda incesante para que la
voluntad de Dios se realizara entre nosotros, se hizo manifestación visible de este
reinar.
Jesús hablaba de Dios como de un Padre bueno y misericordioso. La fe en su
Padre-Dios era para Jesús un estilo de vida, marcaba su forma de ser y de vivir.
Su propia vida reflejaba el amor de Dios para con cada uno de sus hijos e hijas, de
manera especial para con los más excluidos y los apartados. De esta manera,
Jesús expresaba la ternura de Dios para con los más débiles, curando a muchos
enfermos y devolviendo la salud e integridad de vida a los marginados.
Invitaba a sus discípulos a confiar plenamente en Dios-Padre y a vivir un estilo de
vida nueva que reflejara esta confianza absoluta. El mismo Jesús estuvo dispuesto
a sufrir el rechazo y la muerte como consecuencia de su fidelidad a Dios y su
proyecto. La confianza de Jesús en su Padre no ha sido defraudada. Dios lo ha
glorificado y le ha dado un Nombre sobre todo nombre.
2. LA FE SE MANIFIESTA EN ACTITUDES NUEVAS
2
También a nosotros, Jesús nos invita a preocuparnos primero por el reino de Dios
y su justicia, y las demás cosas vendrán por añadidura. (Mt 6,33). Nos invita a no
poner nuestra confianza en el dinero, sino a usar el dinero para mejorar las
relaciones fraternas entre las personas. "Aprovechen el maldito dinero para
hacerse amigos, para que, cuando se les acabe, los reciban a ustedes en las
viviendas eternas." (Lc 16,9).
Jesús insiste en la necesidad de perdonar, una y otra vez si es preciso. "No hasta
siete veces, sino hasta setenta veces siete." (Mt 18,22). Advierte del camino
equivocado de la violencia. A uno de los discípulos que sacó la espada al
momento de su arresto Jesús le dice: "Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa
la espada, perecerá por la espada." (Mt 26,52).
La fe en Dios se demuestra en una actitud de vida con obras de justicia y de
bondad (Gál 2,22-23ª). Una fe sin obras es como un árbol muerto. La verdadera fe
se reconoce a sus frutos. "Todo árbol bueno da frutos buenos, y el árbol que no es
bueno no los da. El árbol bueno no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar
frutos buenos. Por lo tanto, reconocerán al árbol por sus frutos." (Mt 7,17-20).
Nuestra fe en el Padre-Dios y el amor a los hermanos y hermanas tiene que
traducirse en obras concretas. El seguimiento de Cristo significa comprometerse a
vivir según su estilo. Esta preocupación por la coherencia entre fe y la vida ha
estado siempre presente en las comunidades cristianas.
El apóstol Santiago escribió a las primeras comunidades cristianas: "¿De qué
sirve, hermanos míos, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras?, ¿a caso
podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del
sustento diario, y alguno de ustedes les dice: "váyanse en paz, caliéntense y
hártense", pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también
la fe, si no tiene obras, está realmente muerta." (Stgo 2,14-17).
3. EL DIVORCIO ENTRE FE Y VIDA: UN PECADO GRAVE
Sin embargo, para muchos cristianos, existe un divorcio entre la fe y la vida en
comunidad. Muchas veces nuestra espiritualidad no ha crecido pareja con nuestra
maduración humana. Nos quedamos con una espiritualidad infantil y sentimental,
ajena al compromiso evangélico. Nuestras prácticas religiosas son más
devocionales que bíblicas, más privadas que comunitarias y fraternales, más
íntimas que abiertas al mundo. Esta forma de vivir la fe no es capaz de nutrir
nuestro compromiso en el mundo.
Son bastante los cristianos que terminan por instalarse cómodamente en su fe sin
que su vida se vea afectada lo más mínimo por su relación con Dios. Cristianos
que se desdoblan y cambian de personalidad, según se arrodillen para orar a Dios
o se entreguen a sus ocupaciones diarias. Dios no penetra en su vida familiar, en
su trabajo, en sus relaciones sociales, en sus proyectos e intereses. La fe queda
3
convertida en una costumbre, una tradición, una prudente medida de seguridad o
un sentimiento emotivo.
Todos hemos de preguntarnos con sinceridad: ¿Qué significa realmente Dios en
nuestro diario vivir? ¿Qué importa el credo que pronuncian nuestros labios, si falta
luego en nuestra vida un mínimo esfuerzo de seguimiento sincero a Jesucristo?
¿No olvidamos, con demasiada frecuencia, cuál es la voluntad del Padre? La
verdadera fe ha de traducirse en hechos y actitudes que marcan nuestra vida
diaria y que son capaces de transformar nuestro ambiente.
Decían los obispos latinoamericanos en Santo Domingo: "La falta de coherencia
entre la fe que se profesa y la vida cotidiana es una de las varias causas que
generan pobreza en nuestros países, porque los cristianos no han sabido
encontrar en la fe la fuerza necesaria para penetrar los criterios y las decisiones
de los sectores responsables del liderazgo ideológico y de la organización de la
convivencia social, económica y política de nuestros pueblos. En pueblos de
arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia."
(SD161).
Para crecer en el compromiso social cristiano es necesario una fe que se deja
alimentar por el Dios de la vida y de la historia, manifestado en Jesucristo.
II
DIOS CAMINA CON SU PUEBLO
1. EL SEÑOR DE LA HISTORIA
Entrar en la dinámica de la fe bíblica es introducirse en la experiencia de Dios
como Señor de la historia. La fuente de la espiritualidad bíblica es la experiencia
de un Dios que se hace presente en la historia para formarse un pueblo y darle
vida, y vida en abundancia. En el libro Deuteronomio podemos leer de qué manera
el israelita proclama su fe en el Dios de la historia, en el Dios que acompaña a su
pueblo a través de los acontecimientos de la vida. (Leamos: Deut 26,1-10).
El Dios de la Biblia no es el garante del orden natural, social o político. Su
presencia es más bien desestabilizadora. Él nos saca de la rutina y del desorden
instituido, para crear cosas nuevas entre nosotros, para formarse un pueblo capaz
de hacer historia y de transformar el mundo.
Cuando Yahvé se revela a Moíses en la zarza ardiente, le dice: "He visto la
humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo
maltrataron sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos. He bajado para
librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y
fértil, a una tierra que mana leche y miel." (Ex 3,7-10).
4
La Biblia nos narra la historia de Dios con su pueblo. Es el relato de la experiencia
de un pueblo que escucha y cree en la promesa de Dios y que camina a la luz de
su Palabra. A través de la historia, Dios escogió a un pueblo para que fuera su
pueblo y él su Dios.
2. JESUCRISTO, DIOS-CON-NOSOTROS
En la vida de Jesús, Dios se ha manifestado como "Dios-con-nosotros", "Diospresente-en-la-historia". En Jesucristo Dios se ha dejado conocer como el Dios
que quiere estar cerca, caminando con nosotros, para hacernos partícipes de su
propia vida. “Se manifestó la bondad de Dios, Salvador nuestro, y su amor por los
hombres. No se fijó en lo bueno que hubiéramos hecho, sino que nos tuvo
misericordia y nos salvó. En el bautismo volvimos a nacer y fuimos renovados por
el Espíritu Santo que derramó Dios sobre nosotros por Cristo Jesús, Salvador
nuestro. Por gracia de Cristo pasamos a ser justos y santos y esperamos, como
herencia, la vida eterna.” (Ti 3,4-7).
En Jesucristo, Dios nos ha revelado la plenitud del proyecto de vida que tiene con
la humanidad. Se ha dejado conocer como Padre para revelarnos el amor y la
ternura que nos tiene. Al proceder así, nos llama a ser pueblo suyo para asumir en
y con nuestra vida, la propia misión de Jesús de ser constructores de su Reino.
Jesús nos hace la firme promesa de que nunca estaremos solos en este caminar
como pueblo de Dios. Sus últimas palabras en el evangelio de San Mateo son la
promesa de su presencia: "Todo poder se me ha dado en el Cielo y en la tierra.
Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en
el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo
que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se
termina este mundo." (Mt 28,18-20).
3. LA PRESENCIA DE DIOS HOY
Dios no sólo se ha manifestado a través de la historia, sino que también hoy el
Señor nos invita a ser su pueblo y nos acompaña en el caminar diario. La promesa
de su presencia tiene toda la vigencia para el hoy de nuestra historia. A través de
los signos de los tiempos, por medio de su Palabra en la comunidad cristiana y a
través del impulso de su Espíritu, el Señor nos habla y nos guía hoy. En medio de
nuestro caminar está el Cristo resucitado.
Como comunidad cristiana es importante cultivar este ojo contemplativo para
poder descubrir el paso de Dios en la vida de nuestro pueblo.
La vida cristiana es el camino a través del cual somos invitados a cambiar nuestra
vida y a transformar la historia de acuerdo al proyecto de Dios. Esta
transformación tiene que ver con las diversas dimensiones de la vida. También
tiene que ver con los aspectos económicos, sociales y políticos de la existencia
humana.
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Dice Jesús a sus discípulos: "Ustedes son luz para el mundo. No se puede
esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No se enciende una lámpara para
esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a
todos los de la casa. Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que
vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los Cielos."
(Mt5,14-16).
III CRISTO NOS COMPROMETE A TRANSFORMAR LA SOCIEDAD
1. EL VERDADERO CULTO A DIOS
La Ley y los profetas condicionan la validez de la Alianza al respeto del derecho
de los pobres, hambrientos y oprimidos, hasta tal punto que Yahvé parece poner
en tela de juicio sus promesas más solemnes cuando reinan la injusticia y la
iniquidad. (Leamos: Jeremías 7,4-7). Dios vuelve su rostro ante su pueblo cuando
el hermano vuelve el rostro ante el hermano.
En los profetas y en la Ley, la justicia es un tema indisolublemente religioso y
social. El santo es el justo. La injusticia es una ofensa a Dios. (Dt 24,14-15).
Para los profetas, la oración y los actos religiosos no valen nada si no se respeta
el derecho del pobre. (Amós 5,21-24; Isaías 1,11-17; Miqueas 6,6-8; Isaías 58,310).
También en la Nueva Alianza, cuando alguien le preguntó a Jesús qué tenía que
hacer para alcanzar la vida, Jesús le respondió: "¿Qué lees en la Biblia?”
Contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con
todo tu espíritu; y a tu prójimo como a ti mismo.” Jesús le dijo: "Tu respuesta es
exacta; haz eso y vivirás.”
Y cuando le pregunta: "¿Quién es mi prójimo?”, Jesús responde con la parábola
del buen samaritano. La pregunta por el prójimo no es una pregunta teórica, sino
práctica: el prójimo es aquel que necesita de mi ayuda y a quien tengo que
atender. Yo no soy el centro, sino el prójimo es el punto de referencia. Sus
necesidades definen lo que tengo que hacer. Ante él no me puedo quedar
indiferente. (Lc 10,25-37).
2. EL EVANGELIO COMO FUERZA TRANSFORMADORA
El compromiso social de la Iglesia, es decir su servicio al mundo, es consecuencia
del propio Evangelio, porque el Evangelio nos invita al amor fraterno, a la
promoción integral de la persona humana, a trabajar por la justicia y la paz entre
6
los seres humanos. Como la santidad de Dios se manifiesta en su misericordia y
ternura para con las personas, así también los discípulos de Jesús han de irradiar
la fraternidad y la solidaridad como expresión visible de su amor a Dios.
Decía Pablo VI en su encíclica Anunciando el Evangelio: "Entre evangelización y
promoción humana - desarrollo, liberación - existen efectivamente lazos muy
fuertes. Vínculos de orden antropológico, porque, el hombre que hay que
evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y
económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la
creación del plan de la redención que llega hasta situaciones muy concretas de
injusticia, a la que hay que combatir, y de justicia que hay que restaurar. Vínculo
de orden eminentemente evangélico, como es el de la caridad; en efecto, ¿cómo
proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el
verdadero, el auténtico crecimiento humano." (EN 31).
El mismo Evangelio es una fuerza renovadora y transformadora de la sociedad.
Así lo expresa Juan Pablo II: "Con el mensaje evangélico la Iglesia ofrece una
fuerza liberadora y promotora del desarrollo precisamente porque lleva a la
conversión del corazón y de la mentalidad; ayuda a reconocer la dignidad de cada
persona; dispone a la solidaridad, al compromiso, al servicio de los hermanos."
(RMi 59).
3. LA ENSEÑANZA SOCIAL DE LA IGLESIA
Frente a los problemas complejos de la sociedad actual, la Iglesia, inspirada en el
Evangelio, trata de orientar a los cristianos para tener claro los principios
fundamentales, ofrecer criterios de juicio y pistas de acción, para que el cristiano
pueda asumir responsablemente su compromiso en la sociedad. La doctrina social
de la Iglesia es la enseñanza del Magisterio (Iglesia como "Maestra") en materia
social para orientar al creyente en la tarea de transformar el mundo según el
proyecto de Dios.
La enseñanza del pensamiento social de la Iglesia no es un añadido, sino que
"forma parte de la misión evangelizadora". (SRS 41). Por eso podemos decir que
la enseñanza social de la Iglesia es una verdadera catequesis social porque
ilumina la vivencia concreta de nuestra fe en temas sociales, económicos y
políticos.
Dice Juan Pablo II: "Es cierto que la Iglesia tiene como fin supremo el reino de
Dios, del que constituye en la tierra el germen e inicio, y así, por tanto, totalmente
consagrada a la glorificación del Padre. Pero el Reino es fuente de plena
liberación y de salvación total para los hombres: con éstos, pues, la Iglesia camina
y vive, realmente y enteramente solidaria con su historia." (ChL 42).
Cuando la Iglesia se compromete en los temas sociales no lo hace por afán de
poder, sino que el servicio a los necesitados es para la Iglesia, al mismo tiempo,
fidelidad a Dios.
7
IV
HAGAMOS DE PANAMÁ NUESTRA CASA COMÚN
Panamá es un país hermoso, con una abundante naturaleza, situado entre dos
océanos, en el centro de las Américas. Pero un país no se caracteriza, en primer
lugar, ni por su territorio, ni por su paisaje peculiar. Lo que caracteriza
esencialmente a un país son sus habitantes, todos ellos con sus rasgos
específicos, que van desde el color de la piel hasta su manera de ser y de vivir.
1. LA SOCIEDAD
Las personas humanas no vivimos aisladamente. Parte esencial de nuestro ser es
la relación con los demás a través de diferentes sociedades y organizaciones.
La base de toda sociedad es la familia. Es en ella que se forjan las personas y se
transmiten los valores básicos: el amor y el respeto por la vida y por las personas.
Los problemas de la sociedad se reflejan en la familia. Como es la familia, así será
la sociedad.
Otro elemento básico en la sociedad es la religión. Ella da la cohesión más
profunda y el sentido a la vida. En la Iglesia nos reunimos para acoger al Señor
quien quiere hablarnos al corazón, y quien a través de su Palabra nos convoca
para que le alabemos, le demos gracias, le presentemos nuestras necesidades y
busquemos realizar entre todos su proyecto de vida. La Iglesia nos reúne como
pueblo de Dios, dándole sentido a esta vida e invitándonos permanentemente a
renovar nuestra condición de hermanos y hermanas, y de peregrinos que
caminamos en la búsqueda de cumplir la voluntad de Dios, en la esperanza de la
venida de su Reino.
Otra de las instituciones importantes en la sociedad es la escuela. La primera
misión de la escuela es preparar a las futuras generaciones para que puedan ser
personas de bien. Por eso, la escuela capacita a los jóvenes para la vida
profesional, para que puedan asumir el día de mañana su lugar en el mundo del
trabajo. A la vez aporta para la transmisión y la recreación de la cultura y de los
valores, dentro de lo que llamamos la identidad cultural del pueblo.
En la sociedad moderna, cada vez más el trabajo humano se desarrolla en una
comunidad que se llama "empresa". En ella se trabaja junto con otros para
producir mejor. El factor más importante en estas empresas productivas es la
misma persona humana. Por eso, la empresa, antes de ser una entidad
productiva, es una comunidad de personas, que con su trabajo buscan asegurarse
el sustento para sí y su familia, a la vez que aportan para el bien de la sociedad.
Existen también las asociaciones de trabajadores según la labor que realizan,
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como son los gremios sindicales, asociaciones profesionales, cooperativas y
asociaciones campesinas.
Otro tipo de grupos y asociaciones son los clubes cívicos, los movimientos
populares, las asociaciones artísticas, los grupos de derechos humanos, de
consumidores y de quienes luchan por la preservación de la naturaleza. Existen
diferentes instancias de educación informal, que adquieren cada día más
importancia. Hay también comités barriales...
Sucede así que un país está formado por muchas personas que tienen derechos y
obligaciones y que se organizan de diversas maneras para poder vivir mejor y
para servir más adecuadamente a los demás. Esta diversidad de grupos y
asociaciones enriquece la sociedad y la vida de las personas.
2. EL ESTADO
El Estado es la organización pública de un país que tiene como meta armonizar y
coordinar los diferentes intereses particulares dentro de un proyecto global.
Podemos hablar del Estado panameño porque la población que habita este
territorio tiene un ordenamiento de la vida pública con su proyecto y gobierno
propio. Cuando un Estado es independiente y soberano, se le reconoce como
nación. En este año celebramos los cien años de existir como nación.
Es importante en todo momento distinguir entre el Estado y el Gobierno. Los
gobernantes no son dueños del Estado, sino que son administradores y servidores
de la cosa pública. Los gobernantes quedan por un tiempo limitado, mientras que
el Estado es permanente.
Los empleados públicos no están al servicio de los gobernantes, sino que son
servidores del pueblo. Su función es servir al país para que la cosa pública marche
en beneficio de todos. Para que esto sea posible, es necesario que exista una ley
de carrera administrativa, por la cual se determinan los derechos y deberes de los
servidores públicos y se les nombra no por intereses de un determinado partido,
sino por su capacidad y competencia. La estabilidad del servidor público lo hace
más profesional y menos dependiente de los caprichos del gobernante de turno.
V
“LA POLÍTICA ES EL ARTE DE HACER POSIBLE LO
DESEABLE”, Cardenal Oscar Rodríguez
1. ¿QUÉ ES LA POLITICA?
Cada uno de los grupos y gremios que componen el país tiene finalidades propias
y caminos para obtenerlas. Si no hubiera nadie que tratara de organizar esas
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finalidades entre sí, de ayudar a solucionar los naturales conflictos de intereses
que se producen, sería el caos. Viviríamos todos en un mismo territorio, pero en
peleas permanentes.
Ahora bien, la función de la política es exactamente esta: ayudar a organizar todos
los intereses, procurando que haya justicia, es decir, que a cada cual se le
reconozcan sus derechos y se le pueda exigir el cumplimiento de sus deberes.
Dicho de otra manera, la política tiene como finalidad ayudar a la organización de
todos los grupos humanos para que, con el esfuerzo de todos, sea posible convivir
en armonía y concordia.
La política nos concierne a todos. Nadie puede ni debe vivir sin interesarse por la
suerte de su país. A través de múltiples acciones, sea el trabajo en la base, la
organización barrial o sindical, la formación de adultos, la reflexión grupal o la
expresión de nuestras críticas e ideas constructivas, podemos influir y participar en
la organización de la sociedad. Son todas formas de participar en la política, en un
sentido amplio de la palabra. Son formas de participar en la política entendida
como búsqueda y organización del bien común.
2. LA POLITICA ES UN ARTE NOBLE, PERO DIFICIL
El Concilio Vaticano II llama la política "ese arte difícil y tan noble". Un arte tiene
que ver con la belleza, con la armonía, es decir con lo que agrada a la vista, al
oído. La política es un arte, porque su objetivo es la concordia social, el acuerdo
entre todas las asociaciones y la fraternidad entre todas las personas que
constituyen la sociedad.
Que la política sea un arte significa también que el quéhacer político no se
improvisa, sino que
requiere de habilidades, según sean mayores las
responsabilidades que se asuman. Y al hablar de responsabilidades estamos ya
señalando la dimensión ética de la política: tiene que ver con una respuesta al
prójimo, quien nos urge a reconocer sus necesidades como propias.
La política es un arte difícil porque, por una parte, nos exige escuchar
permanentemente la voluntad de Dios y conocer sus designios respecto al hombre
y la sociedad y, por otra, porque el desafío de organizar con justicia y en vista del
bien común los intereses de todos es una tarea enorme.
La política es un arte noble porque el servicio que está llamado a prestar es
precisamente la búsqueda del bien común, que hace posible la concordia social y
las relaciones fraternas entre todos. Por lo mismo, junto con darnos más felicidad
y dignidad, nos puede ayudar a descubrir que si somos hermanos - y vivimos
como tales - es porque somos todos hijos de un Padre común.
3. EL BIEN COMUN
La meta de la política es el bien común, el bien de todas las personas y de toda la
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persona, es decir su desarrollo más pleno e integral. En esto seremos juzgados.
(Mt 25,31-46).
Claro está que el Estado por sí solo no puede garantizar la realización plena de
cada persona o familia. El Estado no está en la capacidad de dar trabajo a cada
uno, no puede garantizar la unidad familiar, ni puede asegurar la felicidad de la
gente. Para hacer esto, tendría que limitar grandemente o quitar la libertad y la
responsabilidad de las personas y asociaciones. Actuando así haría más daño que
bien.
La responsabilidad de Estado es crear las condiciones para que las personas y los
grupos tengan la oportunidad para asumir su propia responsabilidad y
desarrollarse lo mejor posible.
3.1. Definir Prioridades
Para lograr esto es necesario definir prioridades. Hay que definir ¿qué es primero
y qué es secundario? ¿Qué es más importante: la libertad de todas las personas
en tener trabajo y comida, o la de algunas que lucran con la escasez y las
necesidades de los demás? ¿Qué es primero: la dignidad de quienes nada tienen
o la opulencia de unos cuantos? ¿Qué es más importante: la información veraz
puesta al alcance de todos o el éxito de algunos que controlan los medios de
comunicación social? ¿Qué es más importante: la seguridad del trabajador o la
ganancia de la empresa?
Cuando preguntamos ¿qué es primero?, estamos valorando, estamos diciendo
que esto es mejor que aquello. En toda acción humana - y por supuesto en la
política - hay valores comprometidos. Valores que nos muestran lo que es bueno y
lo que es malo o menos bueno, lo que es mejor y lo que no ayuda a construir el
bien común.
Por lo anterior se ve claramente que el bien común no es la simple suma de los
intereses particulares, que son muchas veces contradictorios. Por eso, la
búsqueda de bien común implica armonizar y valorar dichos intereses: ver cuáles
son más fundamentales para darles una mayor prioridad. En esta valorización se
tendrá que tomar en cuenta la dignidad y los derechos fundamentales de todas las
personas.
3.2. La libertad y la solidaridad, dos pilares de bien común.
En la búsqueda del bien común hay valores fundamentales que tienen que ver con
la misma dignidad de las personas y que son la libertad y la solidaridad. Por eso,
no se puede sacrificar ni la solidaridad ni la libertad, porque ellos son bienes
humanos a los cuales las personas no pueden renunciar sin poner en peligro su
condición de tal, sin degradarse como persona.
Para conciliar la libertad y la solidaridad es necesario una visión integral de la
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persona humana dentro de una recta comprensión de su vida en sociedad. La
libertad humana no se puede confundir con libertinaje, que no asume ninguna
responsabilidad social por sus actos.
4. LA " POLITIQUERIA"
Cuando se pierde de vista la nobleza de la misión política y la grandeza de esa
vocación, se empequeñece la mirada, se pierde el aliento para las grandes tareas
y sólo es posible mantenerse en las pequeñas máquinas de poder, en las
influencias que tienen su precio, en el dinero fácil y la corrupción.
Todo eso es "politiquería" que, además del daño moral personal que causa a
quienes degradan el sentido del quéhacer político, provoca también un daño a la
sociedad entera y a las posibilidades del bien común. La "politiquería" sucede
fundamentalmente cuando se olvida que la política es un servicio a la sociedad en
su conjunto, y se pasa a servirse de ella para fines individuales y mezquinos.
VI
“UNO DE LOS NUEVOS RETOS PARA LA IGLESIA ES
EVANGELIZAR EL MUNDO DE LA POLÍTICA”, Cardenal Oscar Rodríguez
Para los cristianos el llamado que Dios nos hace, se expresa a través de la historia
de la salvación. Todo ello lo conocemos por la Biblia, por la vida de la Iglesia y por
los signos de los tiempos.
También hoy, Dios nos habla a través de los acontecimientos y a través de su
presencia en la historia humana. El nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia, es
llamado a ser sal y luz para las naciones, con miras al reino de Dios. (Mt 5,13-16).
1. EL COMPROMISO SOCIAL DE LA IGLESIA
Ahora queremos comprender mejor cuál es el papel que debe jugar la Iglesia en
relación con la política.
La vida de la Iglesia depende del cuidado de sus Pastores. Ellos fueron puestos
por Jesús para que la guiaran. A veces, los Pastores tienen que interpretar la
Biblia para que podamos mantenernos unidos en una misma fe. Si no fuera así,
nos disgregaríamos y no seríamos un solo cuerpo, como quiere el Señor. Cada
uno interpretaría la Palabra y la voluntad del Señor a su manera y no podríamos,
entonces, ser un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Otras veces, ellos tienen que ayudarnos a tener claro los criterios de reflexión y a
discernir pistas de acción ante nuevas situaciones humanas que son difíciles de
interpretar, sea por su complejidad o por su novedad.
12
En estos casos los Pastores de la Iglesia ejercen su Magisterio, es decir la tarea
del maestro que enseña y nos ayuda a responder con fidelidad a Dios en medio de
las complejas situaciones sociales que nos presenta la historia.
El Magisterio de la Iglesia que se refiere a cuestiones sociales, económicas y
políticas, se llama Enseñanza Social de la Iglesia y se ejerce a través de
pronunciamientos diversos: Constituciones Conciliares; Encíclicas y Exhortaciones
Apostólicas del Papa; más particularmente para nosotros están los Documentos
de los Obispos Latinoamericanos (Medellín, Puebla y Santo Domingo) y las Cartas
Pastorales de la Conferencia Episcopal Panameña.
En esta línea y de cara a los nuevos desafíos que vive la nación panameña, la
Conferencia Episcopal publicó el 6 de enero de 2001, al finalizar el Año Jubilar,
una importante carta pastoral La Justicia Social en Panamá.
Las enseñanzas de la Biblia y de los Pastores de la Iglesia nos ayudan a discernir
los signos de los tiempos, es decir, a descubrir cómo nos habla el Señor hoy día a
través de los acontecimientos, y nos ayudan a actuar.
En esta búsqueda nos ayudan igualmente los hermanos y las hermanas de la
comunidad eclesial a la que pertenecemos y donde participamos activamente.
“Pues donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, ahí estoy yo en medio de
ellos", nos dice Jesús. (Mt 18,20). Él, a través de su Espíritu, no abandona a
quienes quieren acoger su amor y responderle con entrega generosa.
2. EL REINO DE DIOS Y LOS PROYECTOS POLITICOS
La Iglesia anuncia que en Jesucristo el reino de Dios se ha manifestado. Cuando
Jesús habla del "reino de Dios" se refiere a la actuación de Dios en el mundo. Su
actuación muchas veces no se ve, sin embargo, es como un fermento que va
transformando poco a poco nuestra historia desde dentro.
Las opciones por la justicia y la fraternidad, y por una mayor comunión y
solidaridad entre las personas apuntan a la realización de este reinado. Por eso,
son esperanza y tarea concreta para todo cristiano que pretenda asumir en serio
su compromiso de fe. Todo lo que contribuye a una mejor sociedad humana,
interesa al reino de Dios.
Sin embargo, y por lo mismo, ningún proyecto humano puede identificarse
plenamente con el Reino. Para la Iglesia solamente el reinado de Dios es el
absoluto de nuestra esperanza. En primer lugar, porque el reinado viene
originalmente de Dios y no de nosotros mismos. En segundo lugar, porque el
reinado se manifestará en su plenitud solamente al final de los tiempos. Estas dos
afirmaciones no quitan para nada la responsabilidad del cristiano, en su vida
personal y en cuanto miembro de la Iglesia o de cualquier otra asociación humana,
a esforzarse por la venida del Reino.
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Por otro lado, cualquier proyecto político, para serlo de verdad, tiene que ser
histórico. No puede ser absoluto, sino relativo. El proyecto político está sujeto a las
circunstancias precisas que una determinada sociedad está viviendo, aunque
siempre iluminado por las exigencias del Reino.
Por eso, decimos que la política es "el arte de lo posible", de aquello mejor que se
puede alcanzar en una situación dada, en medio de los condicionamientos que
provienen de las diferentes realidades culturales, sociales y económicas, y de las
cuales el quéhacer político no puede prescindir.
La pretensión de prescindir de estas realidades históricas y condicionantes, por
una parte, o la de querer aplicar modelos abstractos y absolutos, por otra,
conducen hacia mentalidades, actitudes y sistemas totalitarios, que no respetan la
libertad de los demás.
Desaparecen, de este modo, el diálogo y la búsqueda de consensos a través de
negociaciones y, con ello, la posibilidad de la concordia social. Actuando de esta
manera, la política se transformaría en algo absoluto, pasaría a ser la única
dimensión de la vida humana digna de ser considerada, y dejaría, entonces, de
cumplir su propia función de servicio para la sociedad.
Además, cuando se absolutiza la política, por olvidar o prescindir de las otras
dimensiones de la vida humana, sucede que se simplifica la realidad - que es
siempre compleja -. El que pretende ser "político" de esta manera absolutizada, no
puede mirar ni interpretar adecuadamente esa realidad, se degrada a sí mismo y
no puede servir de verdad a la causa del desarrollo de la persona en todas sus
dimensiones y a la convivencia fraterna.
VII
POR UNA DEMOCRACIA AMPLIA Y PARTICIPATIVA
1. LA DEMOCRACIA Y LOS PARTIDOS POLÍTICOS
"Democracia" quiere decir que somos los ciudadanos y las ciudadanas quienes
tenemos el poder de decidir y que los gobernantes deben estar al servicio del bien
común y no al revés, como ocurre habitualmente. El fundamento de todo sistema
democrático es el respeto por los derechos humanos. La democracia existe en
función de estos.
Nuestra participación se expresa principalmente a través del derecho al voto, por
el cual el pueblo elige a sus gobernantes. Así, cuando votamos estamos
fortaleciendo la democracia. Pero para que la democracia sea algo más que una
palabra, nuestra participación debe ser consciente y responsable.
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Dentro del sistema democrático los partidos son el medio propio para participar en
la política. Los ciudadanos se organizan como partido en torno a un proyecto
común para resolver los problemas fundamentales de la nación. Los partidos
proponen a la sociedad programas de gobierno para ordenar la economía, la
salud, la educación, el cuidado por el medio ambiente, etc. en función del bien
común, y buscan el apoyo del electorado para llegar al poder y realizar sus
propuestas.
Los partidos pueden tener muchos miembros. Algunos son militantes activos.
También hay quienes tienen una vocación política más precisa y aspiran
postularse a los cargos directivos en el partido o a los puestos de elección popular.
2. MARCO CONSTITUCIONAL Y LEGAL
Ahora bien, para que funcione la democracia, es necesario un marco
constitucional y legal. Es importante la libertad de pensamiento y el derecho a la
libre expresión de las ideas. Esto significa la discusión pública de los planes de
gobierno, el desarrollo de la capacidad crítica y el control social que impide graves
deterioros morales en la sociedad, entre los cuales está la corrupción
administrativa.
De aquí, entonces, la exigencia de la libertad de prensa y la necesidad de
asegurar a todos el derecho de acceder a los medios de comunicación en igualdad
de condiciones. La discusión pública de los problemas de un país cumple,
además, una función educativa que ayuda a que cada cual vaya asumiendo su
propia responsabilidad social.
Por iguales razones es fundamental, para que pueda existir una verdadera
democracia, la libertad de asociación en sus diversos sentidos y, particularmente,
la de los partidos políticos.
La democracia quiere ser un sistema institucionalmente abierto que hace posible
la alternancia en el poder a través de elecciones periódicas Es, entonces, una
condición esencial que haya elecciones libres y que el voto de cada ciudadano se
pueda emitir con la información debida y el secreto que asegure esa misma
libertad y resguarde de presiones indebidas.
Las democracias funcionan con mayorías y minorías. Cada uno de ellas cumple su
propia función. Mientras la mayoría gobierna y ejerce el poder y la autoridad, la
minoría ejerce una tarea crítica y de control.
Igualmente resulta imprescindible la división de los Órganos del Estado (el
ejecutivo, el legislativo, el judicial), que da independencia al uno respecto a los
otros y permite un control recíproco que impide o dificulta los posibles abusos.
Cada uno de estos Órganos ha de estar sujeto a las leyes y la Constitución para
que exista un Estado de Derecho.
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3. LA DEMOCRACIA COMO ESTILO DE VIDA
Además de ser una estructura política, la democracia exige actitudes propias de
cada ciudadano. Para decirlo de otra manera, la democracia debe ser también un
estilo de vida. Algunas de las virtudes ciudadanas o disposiciones habituales que
tenemos que desarrollar y que hacen posible convivir en democracia son: el
respeto por el otro, la tolerancia hacia ideas y opiniones diferentes a las mías, la
capacidad de diálogo, la participación responsable en los quehaceres de la
comunidad, la reflexión crítica sobre los problemas que se presentan, la noviolencia activa, el sentido del bien común y la honestidad.
Sin estas actitudes ciudadanas es muy difícil que un sistema democrático
funcione. Por eso, debemos educarnos a nosotros mismos y a las futuras
generaciones para que aprendan a vivir en democracia y sean ciudadanos
respetuosos de los demás, creativos en sus ideas, activos en las cosas de la
comunidad e íntegros en su caminar.
La familia en primer lugar es la principal escuela donde se educa a los niños y
jóvenes a vivir en paz y armonía. También a través de las diferentes iglesias, de
las escuelas y de los medios de comunicación social se debe promover una
cultura de paz y de preocupación por el bien común.
Por todo lo anterior, se comprenderá fácilmente por qué la Iglesia prefiere este
sistema de organización de la sociedad a cualquier otro. De hecho, es el sistema
que asegura el máximo de participación de todos y, aunque pueda perfeccionarse
aún más por tratarse de una realidad humana, es el que ofrece la mayor garantía
en relación con el respeto a la inalienable dignidad de la persona humana.
VIII “EL CRISTIANO DE NINGÚN MODO PUEDE ABDICAR DE LA
PARTICIPACIÓN EN LA POLÍTICA”, Juan Pablo II
1. NUESTRA RESPONSABILIDAD
Cada cristiano debe asumir una responsabilidad activa en materia política. Esto
significa para él una serie de deberes ineludibles.
El primero de estos es formarse. Se trata, sin duda, de la formación general como
persona y como cristiano, pero, más en particular y en relación con las
responsabilidades políticas, de llegar a descubrir una respuesta coherente como
pueblo a los desafíos de nuestro tiempo a la luz del Evangelio y de la enseñanza
social de la Iglesia.
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El segundo de estos deberes es informarse. De este deber deriva el derecho a
una información veraz y oportuna. Sin ella resulta imposible conocer la realidad
social, los desafíos y urgencias que ella plantea, las propuestas más adecuadas
para la concordia y el desarrollo justo de la sociedad. Como cristianos tenemos la
responsabilidad por aprender a analizar críticamente la realidad en la cual vivimos.
A través de la información podemos conocer las causas de los problemas y buscar
alternativas constructivas.
El tercero es el deber de participar en la vida social y política según la vocación
propia de cada cual. Una primera forma de participar es a través de las
organizaciones y movimientos sociales. Ellos pueden ejercer una presión real
sobre los gobernantes para que tomen las decisiones en función del bien común.
Dicen los obispos en su Carta Pastoral La Justicia Social en Panamá: "La
democracia debe fundamentarse sobre una amplia base social que garantice la
participación ciudadana y de los movimientos sociales, superando así la tentación
de limitar la participación al sistema político partidista y electoral." (#100).
Es importante que la ciudadanía ejerza un papel fiscalizador sobre las actuaciones
de sus gobernantes. Hay que confrontar y evaluar las gestiones del gobierno a la
luz de los programas presentados a través de una auditoría cívica.
Una forma más explícita de participación es a través de los partidos políticos.
Parece obvio que estos deberes son mayores en la medida que cada uno
reconozca en sí mismo su propia vocación política. Así el ciudadano común,
aunque deba formarse, informarse y participar, tendrá una exigencia menor que
aquél que es miembro de un partido político o aquél que asume responsabilidades
políticas directas.
2. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES PARA EL DISCERNIMIENTO
Aunque la Iglesia reconozca y valore la autonomía propia de cada partido en sus
decisiones políticas, el cristiano, que ha sido convocado a hacer una opción
radical por el Dios de la vida, no puede apoyar o adscribirse a un partido que no
respeta el derecho a la vida.
De esta opción por el Dios de la vida deriva, para el cristiano, una opción
fundamental por la dignidad de cada persona humana, creada a imagen y
semejanza de Dios. De allí que el reconocimiento de los derechos humanos
será un criterio imprescindible para el discernimiento, tanto el respeto por los
derechos individuales, como la promoción de los derechos sociales y económicos:
derecho a la salud, la vivienda, al trabajo...
De las opciones anteriores deriva un tercer criterio que es la opción preferencial
por los pobres. Para un cristiano, la solidaridad y la justicia no pueden ser
dejados de lado a la hora de discernir en el orden político. En la Biblia, el Dios de
la vida manifiesta una ternura especial por el débil y empobrecido. Dios mismo
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toma su defensa y lo ama. Además, no es posible construir una sociedad con
justicia para todos sin prestar una atención especial por los derechos de los más
empobrecidos. (Lc 4,18-19).
Estas tres opciones deberán ser elementos de inspiración permanente del
quéhacer del cristiano en política y, a la vez, de discernimiento constante para las
decisiones que cada cual deba tomar.
De esta manera, si parece que cada cristiano deba asumir su responsabilidad
propia en materia política, también es evidente que sólo participará en aquellos
partidos que promuevan el bien común en un ambiente de justicia y de libertad
para todos. Dicen nuestros Obispos: "Como cristianos no debemos apoyar
partidos y proyectos políticos que funcionan exclusivamente al servicio de los
intereses del poder económico y en detrimento de la vida y de los derechos
humanos, lo que los hace ineficaces para impulsar el bien común." (# 104).
Una vez más, la participación en política para un cristiano es, en primer lugar, una
responsabilidad ética, y como tal es parte de su respuesta personal al llamado del
Señor.
3. FORMAS DE PARTICIPAR
Ya hemos dicho que si la política es un servicio al bien común de la sociedad
humana, ningún cristiano puede eximirse de esta tarea que viene imperada para él
por el mandamiento de la caridad y por las exigencias de la justicia.
A los cristianos laicos, según sea su vocación personal, les corresponderá, bajo
grave responsabilidad de conciencia, participar de una u otra forma en el quéhacer
político. Dice Juan Pablo II: "Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de
la participación en la política; es decir, de la múltiple y variada acción económica,
social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e
institucionalmente el bien común." (ChL 42).
Dicha participación podrá ir desde el ejercicio del derecho a pronunciarse y a
votar, hasta postularse para puestos de elección popular y ocupar cargos de
responsabilidad política, pasando por diversas formas de adscripción y práctica
partidarias.
El cristiano que actúa en la política hará bien en revisar constantemente sus
motivaciones e interrogarse acerca de su fidelidad a Jesucristo y a la comunidad.
Los obispos, sacerdotes y religiosos(as) tampoco pueden eximirse de la
responsabilidad general del cristiano ante la política. Sin embargo, y dada su
función y el servicio a la unidad que en la Iglesia y desde ella deben prestar, la
prudencia les aconseja prescindir de cualquier adscripción partidaria o
manifestación pública a favor de algún partido o candidato concreto.
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Todo lo cual no quita que deban ayudar a formar la conciencia de los cristianos
desde una perspectiva ética en relación con el quéhacer y la responsabilidad
política, y que deban, a la vez, intervenir en cuestiones políticas y desde la
perspectiva del Evangelio, cuando estén en juego las opciones cristianas
fundamentales. En tales casos, la intervención de la Jerarquía no será sino un
servicio más, que proviene de su propio ministerio, y que tiene que ver con su
propia misión: servir siempre a la comunión. Más todavía cuando ésta se
encuentre amenazada.
IX
EN LAS ELECCIONES ¡A VOTAR CON CRITERIO!
1. NO NOS DEJEMOS ENGAÑAR
No todo lo que brilla es oro. La propaganda política que aparece en la televisión es
igual a la propaganda comercial: engañosa. Quiere hacernos creer que los
candidatos están siempre cerca de los pobres y se preocupan de sus
necesidades.
¡Que no nos engañen! Cuando están en campaña, todos los candidatos dicen que
quieren sacrificarse por la patria. Sin embargo, la experiencia nos enseña que
muchas personas que se meten en política buscan mas bien su provecho propio.
Debemos estar atentos y no dejarnos engañar por esas personas que hablan
bonito, pero tienen malas intenciones.
Para que los anuncios políticos no nos impresionen, hay que tomar en cuenta que
detrás de cada uno de estos hay expertos en publicidad y con recursos técnicos
para fabricar mensajes de impacto. En el anuncio político que pasa por televisión,
no aparece el candidato real, sino el candidato actor: el que tiene que memorizar
diálogos, vestirse, sonreír, caminar, saludar, acariciar niños, abrazar ancianos, tal
y como se lo indican sus asesores. Su objetivo es lograr el voto de los electores
manipulando sus sentimientos y emociones. En este negocio lo que importa es
vender o ganar. Por eso, apelan a las emociones y no a la inteligencia de la
audiencia.
La experiencia nos demuestra que esas personas una vez elegidas, no cumplen
con lo prometido, se enriquecen más bien con el patrimonio del Estado, es decir,
con nuestros recursos.
2. CRITERIOS PARA ELEGIR
La democracia, para que funcione, exige una ciudadanía consciente y
responsable. Cuando escogemos al presidente de la República, a los legisladores,
a los alcaldes y a los representantes, lo hacemos para que nos representen y
velen por el bien común.
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Sin embargo, muchas personas comprometen su voto a cambio de un empleo u
otros supuestos favores. Otras se aferran al partido político en el que han nacido y
crecido. Lo defienden contra viento y marea. No se fijan qué tipo de personas son
los candidatos ni cuáles alternativas de desarrollo ofrecen para el país.
El voto por colores no es un voto consciente. Votar conscientemente es escoger
candidatos capaces, honrados y con los mejores planes de gobierno. Por eso, al
momento de votar hay que tomar en cuenta la trayectoria del partido, el programa
de gobierno que presenta y la honestidad y capacidad del candidato.
2.1.
Partidos comprometidos con los intereses del pueblo:
En nuestro sistema electoral los candidatos para legislador y presidente son
propuestos por los partidos. Esto quiere decir que su manera de proceder estará
fuertemente influenciada por el partido al que pertenecen.
Por esta razón es importante conocer los partidos: su trayectoria de lucha y
ubicación en el ambiente social, su proyecto de sociedad y su plan de gobierno.
También es importante tomar en cuenta la democracia interna del mismo. Muchos
partidos parecen tener dueño, por lo que sus miembros tienen poca o ninguna
participación en las decisiones del partido.
Hay partidos que son constituidos para defender los intereses de las clases
dominantes. Aunque sus discursos durante la campaña electoral son populistas y
prometen que van a trabajar para ayudar a los pobres, sus verdaderos intereses
son otros, son los intereses de su clase social. Lo demás son eslóganes para
conquistar votos.
Por eso, es necesario analizar los intereses que hay detrás de cada partido
político, ¿a qué grupo social representa?, ¿cuál es su visión de sociedad? y ¿qué
proyecto económico promueve?
2.2.
Programas serios y coherentes:
En un sistema democrático, una campaña electoral debería ser, principalmente, un
proceso mediante el cual los partidos políticos y sus candidatos expongan sus
programas y planes de gobierno para decirnos cuáles problemas van a solucionar
y cómo piensan hacerlo.
Un programa serio debe enfrentar los grandes retos de la sociedad: la pobreza, el
desempleo, la falta de equidad, la preservación del medio ambiente, la salud
pública, la seguridad ciudadana y la administración de justicia recta y expedita,
tomando en cuenta nuestra identidad nacional en el contexto de una mayor
integración global.
Cuando hablamos de programas de gobierno no se trata de promesas aisladas e
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individuales que se hacen con mucha facilidad durante la campaña electoral y que
después, en la mayoría de los casos, no se cumplen; se trata mas bien de una
propuesta integral y coherente, a través de la cual se pretende lograr un desarrollo
económico que crea oportunidades de trabajo, junto con una política social para
que también los excluidos tengan acceso a la salud y educación.
Claro está que un programa serio y coherente implica también ¿cómo se va a
financiar?, ¿de dónde van a salir los recursos?: ¿a través de impuestos - y a
quiénes - o a través de un endeudamiento progresivo?
Las alianzas electorales, para que sean confiables y perdurables, deben tener una
cohesión interna en torno a un programa de gobierno y no ser constituidas de
manera oportunista sólo para conquistar el poder. Este tipo de alianza siempre
será frágil y pasajera.
2.3.
Candidatos íntegros y capaces:
Al momento de elegir es necesario analizar también la calidad de las personas. Un
buen candidato debe ser íntegro y capaz. La integridad implica la dedicación leal y
desinteresada por el bien común, la honestidad y la transparencia, la sensibilidad
social y el sentido de justicia. Todo eso debe manifestarse en una trayectoria de
lucha e implica un determinado estilo de vida.
Por otro lado, el candidato tiene que tener la capacidad para analizar los
problemas que afectan al país y para elaborar propuestas constructivas;
capacidad también para escuchar, dialogar y conciliar, y para tomar decisiones
adecuadas en momentos difíciles.
El mejor criterio para asegurarse de las cualidades políticas y humanas de un
candidato es conocer su trayectoria de vida y de lucha por el bien de la comunidad
y del país.
Un candidato que se pasa hablando mal de sus adversarios o que se dedica a
insultar, que es agresivo y utiliza medios violentos durante su campaña, no
merece nuestro apoyo.
X
“NO PUEDE HABER UNA BUENA POLÍTICA SIN TENER
CLARO A QUÉ TIPO DE SOCIEDAD ASPIRAMOS”, Cardenal Oscar
Rodríguez
Para participar responsablemente en la política es necesario tener una visión del
país que queremos. De otro modo, nos podemos dejar engañar por unas cuantas
promesas electorales. Sin una visión coherente, la política camina sin rumbo.
21
En enero de 2001 los Obispos de Panamá escribieron una carta pastoral muy
importante sobre La Justicia Social en Panamá. Consideremos algunos de los
retos fundamentales que mencionaron y que debemos enfrentar como pueblo y
nación.
1. LA CONSOLIDACIÓN NACIONAL
1.1. Manejo y modernización del Canal:
Dentro de todo programa de gobierno debe estar claro cuál será el manejo del
Canal y de qué manera se piensa trabajar por su modernización. La
modernización no puede estar simplemente al servicio de las navieras
internacionales, sino que tiene que tomar en cuenta los intereses del propio país.
¿Cómo modernizar el Canal, sin que ésta sea a costo de la inundación de las
tierras de muchos campesinos pobres y sin que ésta implique un endeudamiento
insoportable para el país? ¿Cómo garantizar de que las decisiones que se tomen
sean realmente consultadas y decididas por el propio pueblo panameño?
1.2. Una democracia participativa:
Todo proyecto de gobierno tiene que tener alguna propuesta para garantizar una
mayor participación ciudadana. La descentralización del poder podría acercar la
autoridad a los ciudadanos y facilitar una mayor participación en y fiscalización del
poder. ¿Cuál es la propuesta que tienen los candidatos y partidos sobre la
autoridad municipal y de los corregimientos? ¿Se prevé la posibilidad de que los
municipios y las alcaldías tengan mayores recursos para responder a las
necesidades locales?
Para evitar la politización de la administración pública es necesario la
implementación de una ley de carrera administrativa y una ley general de sueldos.
¿Cuál es la propuesta de nuestros candidatos? ¿De qué manera proponen limitar
los excesivos privilegios que los diferentes órganos del Estado se han venido
dando a sí mismos? ¿Cuáles serán los espacios de consulta ciudadana sobre los
temas de interés nacional?
1.3. Preservación del ambiente:
¿Qué propuestas tienen los candidatos y partidos en torno a la preservación del
medio ambiente? Pensemos en la protección de nuestra flora y fauna, en la
limpieza de los ríos y bahías, en el problema de la basura y de las aguas servidas,
en la contaminación del aire. ¿Qué importancia tiene para los candidatos cada uno
de estos temas?
2. EL DESAFÍO DE LA EQUIDAD
2.1. Combatir la pobreza:
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Sin ningún lugar a dudas uno de los problemas más graves en el país es la
pobreza y la falta de trabajo. Cualquier candidato o partido tiene que tener una
visión clara del desarrollo económico y social del país. ¿Qué políticas se piensan
implementar para garantizar mayores oportunidades de trabajo para los pobres y
marginados? ¿Cómo piensan desarrollar la economía sin descuidar los derechos
fundamentales de los trabajadores?
La ideología dominante que ha marcado los proyectos de desarrollo durante la
última década ha sido el neoliberalismo, donde el capital privado y el libre mercado
son los únicos reguladores del sistema económico. Sin embargo, el Estado y la
sociedad tienen la responsabilidad de garantizar que el desarrollo económico esté
en función de todos y no de un pequeño grupo que concentra cada vez más las
riquezas.
¿Cuál es la propuesta que tienen los candidatos sobre el desarrollo económico?
¿Cómo piensan promover un desarrollo con equidad social?
Dijeron los obispos en su Carta Pastoral: "Es evidente que el Estado no puede
generar un puesto de trabajo para todos los ciudadanos. Esta no es su función.
Sin embargo, el Estado no puede renunciar a su obligación de orientar y estimular
el desarrollo del país, especialmente en cuanto a crear las condiciones para que
todos tengan la oportunidad de realizarse a través de un trabajo digno y honrado".
(# 118). ¿Cómo piensan nuestros candidatos poner esto en práctica? ¿Cómo
piensan garantizar, en un mundo cada vez más globalizado, los derechos
fundamentales de los trabajadores?
En la economía moderna la educación es un factor determinante para promover
oportunidades de trabajo. ¿Cómo garantizar el acceso a una educación de calidad
para todos? ¿Cuáles son las reformas que proponen para mejorar la calidad de la
educación?
Para quienes no tienen un trabajo estable, la salud se ha vuelto un problema
insuperable. El Estado debe garantizar el acceso de la población empobrecida a
los servicios de salud. ¿Qué propuesta tienen los candidatos en torno a los
problemas de salud y desnutrición? ¿Qué hacer para salvar el futuro de la Caja
del Seguro Social, sobre todo el programa de invalidez, vejez y muerte? ¿Cómo
garantizar que todos los panameños tengan acceso a agua potable a un costo que
esté a su alcance? ¿Qué propuestas hay?
2.2. Seguridad ciudadana:
La violencia en las calles se ha vuelto un problema que se palpa a diario. ¿Cómo
promover una mayor seguridad en las comunidades? ¿Qué propuestas hay para
humanizar el sistema penitenciario? ¿Cómo combatir eficazmente la mora judicial?
2.3. Transformaciones estructurales:
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Muchos pequeños campesinos viven sin tierra propia, en una situación de
completo abandono. ¿Cuál es la propuesta para un desarrollo rural que incorpore
a los pequeños campesinos? ¿Hay una propuesta para una auténtica reforma
agraria? ¿Se prevé una ayuda a los pequeños campesinos para que logren un
acceso a una tecnología adecuada?
Dice la Carta Pastoral: "Para impulsar una política social acorde a las necesidades
del pueblo, el Estado debe reestructurar el presupuesto de la nación. A la vez es
necesario aumentar sus ingresos, haciendo el aporte tributario más justo y
equitativo." (# 154). ¿Cuál es la propuesta del candidato para hacer el aporte
tributario más justo, para que quienes mayores ingresos tienen, aporten más al
fisco? ¿Qué política se va a implementar para combatir la corrupción? - ¿para
contrarrestar la evasión de impuestos? - ¿para disminuir los gastos suntuosos y
superfluos del Estado?
Antes de tomar tu decisión, asegúrate que los candidatos que apoyarás, tengan
propuestas concretas, viables y creíbles para solucionar los problemas
fundamentales de la nación. No hay candidatos perfectos, pero siempre habrá uno
o una que será mejor que otro. Recuerda que con el voto delegamos parte de
nuestro poder político a otra persona. Por eso, tu voto vale mucho.
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