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9. EL REINADO DE FERNANDO VII. ESPAÑA ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA
REACCIÓN.
Fernando VII había usurpado el trono de su padre Carlos IV en marzo de 1808,
mediante el motín de Aranjuez. Pero las maniobras de Napoleón en Bayona dieron
como resultado la devolución del trono a su padre, y la posterior cesión de la corona de
España a Napoleón a cambio de propiedades. Muerto Carlos IV y con Napoleón en
retirada, el tratado de Valençay (diciembre de 1813) suponía el reconocimiento de
Fernando VII como legítimo monarca de España, así como la retirada de las tropas
francesas de territorio español y la preparación del regreso de Fernando.
El primer aspecto del reinado de Fernando VII es el de su relación con el modelo
político establecido durante su ausencia por las Cortes de Cádiz. Fernando había
abandonado el país como monarca absoluto y ahora pretendían recibirlo como monarca
constitucional. Sin embargo, se encontró con el apoyo incondicional de un grupo de
diputados absolutistas y eclesiásticos, que le animaron a declarar nula y sin efecto la
obra legisladora de las Cortes de Cádiz, como en efecto hizo el rey, viendo no solo esta
manifestación de adhesión (Manifiesto de los persas, Valencia, 1814), sino también la
exultación del pueblo al comprobar el retorno de “El Deseado”.
A partir de ese momento, solemos dividir el reinado de Fernando VII en tres
periodos:
1- Sexenio absolutista (1814-1820). Marcado por el regreso del monarca como rey
absoluto, con la anulación de la obra de las Cortes, y la reinstauración de las
instituciones más típicas del Antiguo Régimen, como el señorío jurisdiccional o la
Inquisición.
Como puntos a favor, Fernando VII cuenta con el pueblo y con el contexto
internacional que, tras la derrota de Napoleón era propicio a la Restauración, es decir, a
reponer en el trono a los monarcas afectados por las guerras, como era el caso de
Fernando.
Como aspectos en contra, la desastrosa situación económica: destrucción de
industria, agricultura, comercio, las colonias en pie de guerra... Y el surgimiento de la
oposición liberal que conspiraba bien desde el exilio, bien desde los cuarteles, puesto
que la mayoría de los integrantes de este liberalismo era del sector militar. El método
que se impuso para la lucha contra el absolutismo fue el pronunciamiento: rebelión
militar local que se “pronuncia” públicamente mediante un manifiesto (muchas veces
redactado por el elemento civil de la conspiración) esperando así conseguir el apoyo del
pueblo y de otras guarniciones hasta lograr la sublevación general. Los
pronunciamientos se sucedían con frecuencia casi anual: Espoz y Mina en 1814, Porlier
en 1815, Conspiración del Triángulo en 1816, Lacy en 1817, Vidal en 1819...
2- Trienio liberal (1820-23). El uno de enero de 1820 el Coronel Rafael Riego se
pronunciaba al frente de las tropas acantonadas en Cabezas de San Juan, que esperaban
ser trasladadas a América. Proclamó la Constitución de 1812, y se paseó por Andalucía
sin encontrar respuesta especialmente favorable. Sin embargo, cuando ya se disponía a
deponer su actitud, otras ciudades y guarniciones empezaron a sumarse a la sublevación,
hasta conseguir que el Rey aceptase jurar la constitución, en marzo de 1820.
Inmediatamente se formó gobierno, se convocaron elecciones y las nuevas Cortes, de
mayoría liberal, comenzaron la obra de liquidar el absolutismo y poner en pie el edificio
que se había frustrado en 1814.
Las medidas liberalizadoras de la economía se centraron en la eliminación de las
trabas a la libre circulación de mercancías y en la liquidación del feudalismo en el
mundo agrario: supresión de señoríos jurisdiccionales, supresión de los mayorazgos,
disminución del diezmo, venta de tierras de los monasterios, ... También se suprimieron
los gremios, una vez más, y se proclamó la libertad de industria.
En cuanto a la modernización política y administrativa se tomaron medidas
como:
- Reforma del sistema fiscal.
- Reforma del Código Penal.
- Creación de la Milicia Nacional.
- Aplicación de los principios de racionalidad e igualdad legal.
Los enemigos del régimen liberal eran muchos. Para empezar el propio rey, que
intentó boicotear sistemáticamente la obra liberal mediante el uso del derecho de veto y
de la conspiración. Continuando, los nobles y los eclesiásticos, los que más tenían que
perder con las medidas económicas adoptadas que ponían fin a sus privilegios. También
los campesinos, cuya economía tradicional era profundamente alterada por la
introducción de la circulación monetaria y por las nuevas relaciones de tipo capitalista,
que les perjudicaban, y beneficiaban a los burgueses. Ante esta oposición, que llegó a la
revuelta armada en 1822, los liberales se escindieron en dos facciones: doceañistas o
moderados; y veinteañistas o exaltados. Finalmente, Fernando VII consiguió convencer
a las potencias de la Santa Alianza de que se había vulnerado el estatus pactado en el
Congreso de Viena de 1814, y se produjo la intervención del ejército francés (Cien Mil
Hijos de San Luis, con el Duque de Angulema al mando) que puso fin al experimento
liberal.
3- Década ominosa (1823-33). En los diez años finales, Fernando VII va a gobernar
prácticamente sin oposición. Los liberales habían sido duramente reprimidos, muchos
habían marchado al exilio, y los que quedaban sufrían la persecución. Aplastada la
oposición liberal, y con las colonias perdidas prácticamente en 1824, la única
preocupación de Fernando era el problema económico. La gravedad de la situación era
tal, que no tuvo más remedio que acudir a la burguesía industrial de Madrid y
Barcelona, concediendo un arancel proteccionista para las manufacturas catalanas y
llamando a López Ballesteros a ocupar el Ministerio de Hacienda. Esto fue interpretado
por los absolutistas más rancios como una relajación intolerable del régimen, por lo que
se organizaron partidas realistas a partir de 1827 en Cataluña (Els Malcontents).
A partir de 1830, otra preocupación asalta al rey: su sucesión. Después de tres
matrimonios, Fernando se casa con su sobrina María Cristina de Borbón y Parma, de la
que tendrá dos hijas, Isabel y Luisa Fernanda. Dadas las circunstancias, Fernando se
decide a publicar una antigua Pragmática Sanción que había elaborado su padre Carlos
IV, con la que declaraba derogada la ley sálica. De esa forma, garantizaba la corona
para su hija Isabel. También garantizaba la oposición frontal de Carlos María Isidro,
hermano del rey, y un conflicto que, a la larga, será la puerta de entrada del liberalismo
en el poder político de España.