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Hora Santa.
1ª Parte. Nos ponemos en la presencia de Jesús.
Palabras de ambientación.
Vamos a estar una hora con Jesús. No es un sacrificio, es una gracia, una
predilección.
Gracias, Señor, porque nos permites estar contigo.
Siempre estamos en tu presencia, pero ahora con más intensidad.
Nuestro estar aquí esta noche es la presencia del amigo en un momento
delicado para el amigo.
Al amigo le duele que le dejemos solo. ¿No habéis podido velar ni siquiera
una hora conmigo?
Jesús está noche te reconoce, te llama por tu nombre, como a Pedro,
Santiago y Juan; y cuándo él pronuncia tu nombre, te recrea. Te ama.
Presentación de todos.
Queremos, Jesús, estar contigo.
Queremos recordar tus palabras,
Benditas palabras.
Queremos poner nuestro corazón junto a tuyo,
Y captar tus sentimientos.
Canto: Amor es vida.
Silencio para recordar.
Monición.
En silencio miramos a Jesús. El silencio es la mejor manera de escuchar,
porque nos permite llevar hasta el corazón las cosas que vemos, que oímos,
que sentimos.
1
Ahora, en silencio, vamos hacer pasar por el corazón (re-cordar) lo que esta
tarde hemos oído, vivido, celebrado, cantando…. Cualquier cosa de las
celebraciones. O de la vida. A lo mejor, también allí estaba Jesús. (Música de
fondo).
Silencio.
Recordemos.
Oremos.
2ª Parte: Meditamos en el amor.
Lectura de Juan 15, 9-17.
Breve silencio.
Canto: Como el Padre me amó.
Meditación. (Tenemos que tener preparados cinco carteles con los nombres de las cinco
característica del amor de Jesús, que se irán colocando ante la mesa de la Reserva, o en otro lugar
apropiado antes de cada parte de la meditación).
Lector 1: Conocido es el amor de Jesús. Es más, Jesús es Amor, el Amor
de los amores. Mucho podemos decir de su infinito amor. Vamos a destacar
hoy cinco características de su amor, que brillan como cinco resplandores.
El primero es La GRATUIDAD. (sacamos y colocamos el cartel correspondiente).
Lector 2: El amor de Jesús es gratis. El amor de Jesús es gratuidad.
Él nos amó primero: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os
he elegido a vosotros”. No nos eligió por nuestros méritos, sino por su
designio eterno. “Antes de formarte en el seno materno, te conocía”, antes
de que fueras, yo te amaba.
¿Y qué nos pide a cambio? Que nos dejemos amar, que creamos en el
amor. Nos pide confianza e intimidad. Ni siquiera nos ama para que le
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amemos, sino para que nos amemos, para que seamos felices amando, para
que vivamos en el amor.
Silencio Breve.
Canto: Pescador de hombres.
Lector 1: Ahora destacamos LA MISERICORDIA. (Sacamos el cartel
correspondiente).
Lector 3: Dios es amor misericordioso. Si preguntamos la razón de por qué
nos ama, la única respuesta es su misericordia. Te ama porque te conocía,
conocía tus miserias, y se compadeció de ti, volcando su corazón sobre ti.
Podría pensarse en un amor “justo”, que favoreciera a cada uno según sus
méritos. El amor de Dios rompe estos esquemas. Sabemos que tiene
preferencias, pero hacia los pequeños y los pobres.
La misericordia es la que más resplandece en Cristo, cuyas entrañas se
conmovían ante las miserias humanas.
Silencio breve.
Rezamos el Salmo 102. (A dos coros)
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
Él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
Él sacia de benes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
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El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando,
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levante el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
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prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos del suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Lector 1: El tercer resplandor es SERVICIALIDAD. (Sacamos el cartel
respectivo).
Lector 4: El amor de Cristo no se queda en sentimientos, sino que se
traduce en compromisos curativos y liberadores. Cuando ve una miseria
humana, no se limita a conmoverse, sino que se acerca, asume la realidad,
ofrece la ayuda necesaria. Es un amor humilde y samaritano.
Hoy nos fijamos especialmente en el Lavatorio. Jesús, con la toalla y la
jofaina, a los pies de sus discípulos.
Recordemos en nuestro corazón el episodio de Jesús como siervo.
Pongámosle nuestro rostro al de los discípulos.
Cambiemos el nombre de Pedro por el nuestro propio.
Lávame, Señor, los pies, las manos, la cabeza y el corazón.
Lávame y enséñame a lavar los pies de mis hermanos, a curar sus heridas, a
cargar con ellas.
Silencio.
Canto: Yo no soy nada.
Lector 1: Contemplemos ahora la cuarta característica del amor de Jesús:
la GENEROSIDAD. (Ponemos el cartel).
Lector 5: Por nosotros lo da todo y se dio del todo. Siendo rico, se hizo
pobre para enriquecernos: se empequeñecía para dignificarnos; se entregó
para salvarnos. Nos dio su palabra, sus medicinas, su pan. Se dio él mismo
haciéndose pan. Nos dio su cuerpo y su sangre y su Espíritu.
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Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Como él, muchos seguidores suyos, han dado la vida por los hermanos. Por
él, muchos amigos suyos han dado la vida. ¿Recuerdas alguno? Dilo en voz
alta. (Invitamos a la gente a que en voz alta digan nombres de quienes recuerdan que ha dado la vida
por Dios o por los demás. Sean santos o no. Hayan muerto o no).
Después de un tiempo prudente prosigue el
Lector 5: Ahora entra en ti y piensa que esa generosidad del Padre, de su
Hijo Jesús y de su amoroso espíritu ha sido contigo y por ti. Piénsalo.
Medítalo.
Silencio. (De vez en cuando se va diciendo: )
-
Dios me ama a mí.
Dios me ha creado a mí.
Dios se ha fijado a mí.
Dios me ha dado mi familia, mis padres, mis abuelos, mis hermanos,
mi esposa, mi esposo; mis hijos; mis nietos;
Dios ha muerto por mí.
Dios ha resucitado por mí.
Dios ha venido al mundo por mí.
Dios me mira a mí.
Cristo se entregó por mí.
Dios está aquí por mí.
Canto: El Alfarero.
Lector 1: El último resplandor del amor de Dios que hoy destacamos es la
PERMANENCIA. (Sacamos el cartel respectivo).
Lector 6: Se repite el Permaneced en mi amor, como yo permanezco en su
amor. Él nos quiere desde siempre y para siempre.
Se habla también de la intimidad, como la savia en la vid.
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Permanecer es estar siempre, por encima del tiempo. Cuando la vida nos va
bien. Cuando la vida no va mal. Cuando estamos enamorados, o cuando las
discusiones son el pan nuestro de cada día. Cuando estamos sanos, y
cuando estamos enfermos. Cuando éramos niños, cuando somos adultos,
cuando seamos mayores. Siempre y en todo momento Dios permanece
amándome. Y yo ¿Permanezco unido a su amor? ¿Permanezco amándole?
¿Permaneceré amándole mañana, y el año que viene, y el otro, y el otro?
Silencio.
Lector 6:
Ahora repite para ti:
+ “Con amor eterno te amé, por eso he reservado gracia para ti”.
+ Con amor eterno te he compadecido”.
+ “Dada gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor”.
Breve pausa.
Lector 6: Ahora repitamos en voz alta: (Se leen otra vez las tres frases anteriores
y la gente las va repitiendo).
3ª Parte: oramos con fe.
Peticiones.
Sacerdote o quien dirige: Quisiéramos poner ante nuestros ojos a
cuantos están marcados por el dolor y la angustia, por la soledad o el
sinsentido, por la desgracia y la tortura, por la marginación y la
miseria, por la enfermedad o la cárcel, por la humillación y la condena
a muerte…
En todas ellas Cristo sigue su agonía.
 Por los agonizantes y enfermos terminales, que además de los
paliativos no les falte el ángel del consuelo.
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 Por los que viven en la miseria y el olvido, que lleguen a todos sus
gritos silenciosos.
 Por los que son víctimas del terror, de la guerra, de los secuestros y
la tortura, que a todos nos interpele su martirio.
 Por los ancianos que no son queridos y se sienten solos, que
encuentren personas que les acompañen y valoren.
 Por las mujeres maltratadas, víctimas de la violencia de género, la
prostitución, que puedan recuperar su dignidad y su libertad.
 Por los niños esclavizados, vendidos, prostituidos, militarizados, que
encuentren los medios para rehacer sus vidas.
 Por los que no tienen trabajo, por los fracasados que no les falten
nuevas oportunidades.
 Por todos los que están marcados por el desamparo o el vicio y las
adicciones, que no pierdan la esperanza de su liberación.
 Por los inmigrantes, que tienen que afrontar tantos riesgos y
separaciones que puedan ser integrados socialmente.
Podemos añadir peticiones en voz alta.
Padre Nuestro.
Acción de gracias.
Te damos gracias, Señor,
Por el misterio pascual de tu muerte y resurrección.
Te damos gracias, Señor,
Por el pan y el vino de la Eucaristía.
Te damos gracias, Señor,
Por haberte quedado con nosotros.
Te damos gracias, Señor,
Por haber bajado a nuestros infiernos.
Te damos gracias, Señor,
Por tu amor hasta la muerte.
Te damos gracias, Señor,
Por tu presencia permanente.
Te damos gracias, Señor,
Por la fuerza de tu resurrección.
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Te damos gracias, Señor,
Por el aliento de tu Espíritu.
Te damos gracias, Señor,
Por este rato de oración.
Canto final: Cantemos al Amor de los amores.
Hora Santa.
Queremos, Jesús, estar contigo.
Queremos recordar tus palabras,
Benditas palabras.
Queremos poner nuestro corazón junto a tuyo,
Y captar tus sentimientos.
1.- Si guardáis mis palabras/y como hermanos
os amáis/compartiréis con alegría/el don de la
fraternidad./Si os ponéis en camino,/sirviendo
siempre a la verdad,/fruto daréis en
abundancia,/mi amor se manifestará.
2.- No veréis amor tan grande/como aquel que
os mostré:/Yo doy la vida por vosotros./Amad
como yo os amé./Si hacéis lo que os mando/y
os queréis de corazón,/compartiréis mi pleno
gozo/de amar, como él me amó.
Canto.
1.- Amor es vida, vida es alegría./Quien
nunca amó, vivió sin ilusión./ Alegres cantan
sus melodías/ las ansiedades del corazón. (2).
Alegre estoy, cantando voy,/ este es el día
que hizo el Señor. (bis).
2.- Yo soy feliz por cada día nuevo,/por la
ilusión de ver amanecer,/por las estrellas y
por el cielo,/por la alegría de renacer. (2).
3.- Por los caminos áridos del mundo,/busco
la huella de un amor feliz./Soy peregrino, soy
vagabundo,/un cielo eterno brilla hoy en mí.
(2).
4.- Cuando recuerdo aquel amor divino,
que siendo Dios al suelo descendió,
mi alma canta, mi alma goza
porque la vida me dio el Señor. (2)
GRATUIDAD.
1.- Tú, has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios ni a ricos,
tan sólo quieres que yo te siga.
Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.
2.- Tú sabes bien lo que tengo,
en mi barca no hay oros ni espadas,
tan sólo redes y mi trabajo.
3.- Tú necesitas mis manos,
mi cansancio que a otros descanse,
amor que quiera seguir amando.
4.- Tú, pescador de otros lagos,
ansia eterna de almas que esperan,
amigo bueno que así me llamas.
1ª Parte. Nos ponemos en la presencia
de Jesús.
Presentación de todos.
2ª Parte: Meditamos en el amor.
Canto: Amaos.
Como el Padre me amó,/yo os he amado./
Permaneced en mi amor./Permaneced en
mi amor.
MISERICORDIA.
Salmo 102. (A dos coros)
Bendice, alma mía, al Señor,
Y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
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Y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
Él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
Él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos del suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.
¡Bendice, alma mía, al Señor.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando,
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levante el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
Porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
Que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.
SERVICIALIDAD.
Yo no soy nada.
1.- Yo no soy nada/y del polvo nací,/pero tú
me amas y moriste por mí./Ante la cruz sólo
puedo exclamar:/“tuyo soy, tuyo soy”.
Toma mis manos, te pido,/toma mis labios,/
te amo, toma mi vida,/oh Padre, tuyo soy,
tuyo soy.
2.- Cuando de rodillas/yo te miro, Jesús,/veo
tu grandeza y mi pequeñez./¿Qué puedo darte
yo?,/tan sólo mi ser./Tuyo soy, tuyo soy.
GENEROSIDAD.
El Alfarero.
Gracias quiero darte por amarme./ Gracias
quiero darte yo a ti, Señor./Hoy soy feliz
porque te conocí./Gracias por amarme a mí
también.
Yo quiero ser, Señor, amado,/ como el
barro en manos del alfarero./Toma mi
vida, hazla de nuevo./Yo quiero ser un vaso
nuevo.
Te conocí y te amé./Te pedí perdón y me
escuchaste./Si te ofendí, perdóname,
Señor,/pues te amo y nuca te olvidaré.
PERMANENCIA.
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
Su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
3ª Parte: oramos con fe.
Acción de gracias.
Te damos gracias, Señor,
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Por el misterio pascual de tu muerte y
resurrección.
Te damos gracias, Señor,
Por el pan y el vino de la Eucaristía.
Te damos gracias, Señor,
Por haberte quedado con nosotros.
Te damos gracias, Señor,
Por haber bajado a nuestros infiernos.
Te damos gracias, Señor,
Por tu amor hasta la muerte.
Te damos gracias, Señor,
Por tu presencia permanente.
Te damos gracias, Señor,
Por la fuerza de tu resurrección.
Te damos gracias, Señor,
Por el aliento de tu Espíritu.
Te damos gracias, Señor,
Por este rato de oración.
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