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Transcript
MÉXICO Y LA PRIMERA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA
Tte. Navío SDN. Prof.
Leticia Rivera Cabrieles
Mtra. en Historia.
“ El asalto a Padierna, la llegada allí de los yanquis, el encaramarse uno al asta bandera,
derribarla, desgarrarla, repicotearla orgulloso, fue horrible; yo lo veía a través de mi llanto
y aullaba como una mujer…me dolía la sangre, gemía algo dentro de mí que me espantaba…
la muerte hubiera sido como agua pura y fresca para mi alma sedienta”.
Guillermo Prieto, Memorias de mis tiempos.
INTRODUCCIÓN
El tema de la guerra que Estados Unidos condujo contra México entre los años de 1846 a 1848, ha
sido ya objeto de numerosas publicaciones de carácter histórico, por lo que este artículo no
pretende ser una contribución adicional a la valiosa historiografía existente sobre el tema, sino más
bien, explicar esta guerra ubicándola en el contexto de las relaciones internacionales de ambos
países, es decir conectándola con el fenómeno del expansionismo que si bien apareció en Europa a
finales del siglo XV, Estados Unidos lo emprende a partir de su independencia en el siglo XVIII. Este
fenómeno fue el antecedente directo de la guerra contra México que culminó con la perdida del 55%
del territorio nacional.
En este marco del proceso de expansión imperialista analizamos las
estrategias políticas y militares empleadas tanto por México como por los Estados Unidos.1.
En esta misma vertiente se pretende señalar que se ha reconocido poco la importancia que
esta guerra tuvo para ambas naciones, en tanto fue un paso en la ascensión de Estados Unidos
para irse colocando como una gran potencia frente a las europeas y para México porque fue el
amago extranjero que más pérdidas le significo de todas las intervenciones que ha sufrido. Además,
porque a pesar del tiempo transcurrido, este tema para nuestro país continúa siendo objeto de un
debate acalorado y emocional dado que la guerra evidencio con toda su magnitud la falta de unión
de los mexicanos, así como de las debilidades del Estado para la defensa que se atribuye a un
legado colonial y a las divisiones internas existentes en ese momento. No obstante, pese a la
superioridad bélica, México tuvo la oportunidad de haber cambiado el curso de la guerra cuando el
General Scott permaneció durante diez semanas en Puebla con el fin de descansar a las tropas y
abastecerse de víveres. Sin embargo, México no ataco y permitió el avance hacia la Ciudad de
1
A partir de la segunda mitad del siglo XIX el proceso de acumulación capitalista y la expansión de
la producción industrial en todos los sectores dieron lugar al desarrollo de una nueva fase del modo
de producción capitalista bajo el nombre genérico de imperialismo. Las principales características de
esta transformación de la economía occidental fueron las siguientes: Una expansión territorial, una
expansión comercial y una expansión financiera que derivo hacia finales de ese siglo en la
formación de los grandes monopolios.
1
México. Este momento de la guerra puso a flote las diferencias y rivalidades políticas de los
dirigentes y militares del Ejército mexicano.
Este artículo no pretende responder a posiciones preestablecidas, es decir, no trata de
justificar las debilidades de México, ni satanizar a los Estados Unidos y al margen de las
responsabilidades históricas de ambos países, se pretende mostrar con la mayor objetividad posible
la posición y la política que asumieron ambos gobiernos en el desarrollo del conflicto bélico, cuyo
resultado fue el alto precio que tuvo que pagar México para la firma de la paz.
LA EXPANSIÓN NORTEAMERICANA
Como se sabe, la expansión iniciada por los europeos en el siglo XVI, condujo a una agresiva
competencia por el dominio de América del Norte y ello constituyó parte de la herencia cultural que
el viejo mundo dejó en el Nuevo; cuando los europeos finalmente fueron desplazados de América,
su legado expansionista cobró fuerza en la nueva nación americana que eran los Estados Unidos y
que a la larga acabó disputándole la supremacía en el continente.
No deja de ser paradójico el hecho de que, aunque Europa logró consolidar su posición
hegemónica a nivel mundial, ninguna de sus potencias (incluyendo Inglaterra) pudo asumir el
liderazgo de esa hegemonía. La adquisición de la Luisiana, las Floridas, la absorción de Texas,
California y Nuevo México, fueron pasos subsecuentes que colocaron a Estados Unidos, primero en
el nivel de potencia continental, luego en el de mundial y finalmente en el de única superpotencia al
término de las guerras mundiales.
La guerra con México formó parte de ese proceso. Con la extensión de sus fronteras sobre
nuestro territorio, los Estados Unidos adquirían una dimensión continental al bordear los dos
océanos, por lo que en lo sucesivo su expansión sería de carácter global. Antes de la guerra con
México, los Estados Unidos habían comprado a Francia la Luisiana en once millones de dólares.
Obtenían así una salida al Golfo de México, un puerto privilegiado, Nueva Orleáns, para sus avances
comerciales y territoriales y, sobre todo, el control del Río Mississipi. Asimismo, la frontera
imprecisa de la Luisiana fue una cuestión que jamás preocupó a España. Pronto los nuevos
dominios fueron insuficientes y en 1818 el General Andrew Jackson hizo una guerra de exterminio
contra los indios seminolas de los pantanos de la Florida. Después vendría la independencia de
Texas promovida por los Estados Unidos. El Congreso Mexicano desautorizó la legitimación del
despojo. Sin embargo, el estado caótico en que vivía México, no le permitía emprender la
reconquista. Una primera intervención francesa, sirvió además en 1838 para que Santa Anna
perdiera una pierna en el muelle de Veracruz y recuperara el prestigio adquirido en 1829 en
Tampico al vencer a las fuerzas españolas del General Isidro Barradas.
A la guerra con México en 1848, siguió la anexión del territorio británico de Oregón en ese
año, en 1852 se abría el mercado de Japón al comercio occidental, en 1867 se compraba Alaska a
2
Rusia, en 1898 Estados Unidos independizaba a Cuba y se posesionaba de Puerto Rico, Guam y las
Filipinas, en 1900 se incorporaba Hawai, en 1903 se independizaba Panamá de Colombia y
construían el canal interoceánico. etc. Su ascensión definitiva a superpotencia ocurriría al concluir
la segunda guerra mundial y la guerra fría.
Cabe señalar que de todas esas adquisiciones, la de México fue la más grande: 2,500,000
kilómetros cuadrados. La de Luisiana fue de 1,600,000.
Las consecuencias que tuvo la guerra
México-estados Unidos no fueron debidamente reconocidas en su momento, ya que durante los
años de 1789 a 1848 ha sido un período de una Europa que dominaba al mundo2 y los
acontecimientos acaecidos en otros continentes seguían siendo asuntos marginales, puesto que el
equilibrio internacional era determinado por la correlación de fuerzas que imperaban en suelo
europeo.
No obstante, algunas potencias europeas se empezaron a percatar y a alarmar por el
avance norteamericano que podía llegar una amenaza para sus intereses. De ahí que Inglaterra
desplegará una serie de medidas diplomáticas para solucionar el conflicto por Texas y que evitara
que los norteamericanos ampliaran su territorio. Francia reaccionó de forma más aguerrida y de ahí
que en la visión geoestratégica de Napoleón III figuró el proyecto de crear en México un imperio
vasallo del francés, destinado a frenar el avance norteamericano.
En la guerra contra México sabían los Estados Unidos que enfrentaban a una nación
soberana e independiente que durante 300 años sufrió el yugo español y que había tenido que
llevar a cabo una guerra para liberarse de la tutela española. Y que los postulados de la doctrina
Monroe de sólo recurrir a las armas para defenderse del enemigo y para liberar al continente de la
opresión de los europeos perdían su validez.
La agresión a México dejo ver que la virtuosa democracia de los Estados Unidos sólo era una
plataforma hacia sus verdaderas pretensiones de carácter imperial y que tenía la intención de
convertirse en una gran potencia utilizando los viejos y ordinarios métodos de la política del poder.
El haber invadido militarmente por primera vez a una nación independiente con el único propósito
de expandir su dimensión física y acrecentar su poder, vencieron ya toda resistencia o escrúpulos
que tenían los Estados Unidos para entrar de lleno en la contienda por la supremacía que en ese
entonces era de Inglaterra.
El expansionismo norteamericano no quiso ser visto como una prolongación del europeo, ni
como algo inherente al propio desarrollo del capitalismo occidental, puesto que esta nación había
partido de la convicción de la libertad y de que estaban creando algo nuevo y diferente, alejado de
las prácticas antidemocráticas del absolutismo. Por ello, buscaron justificarse con nuevos conceptos
alejados de la inspiración divina de las cabezas coronadas, sino de un destino manifiesto para
2
En este período aconteció la revolución de independencia de los Estados Unidos, la francesa y la
secuela revolucionaria que asoló a Europa después de la derrota napoleónica que convulsionaron y
transformaron a Occidente.
3
propagar las formas republicanas, la democracia y la libertad. Cambiaban la detestable práctica de
la propagación de la religión como justificación a la conquista, para implantar la práctica burguesa
de la adquisición. De nueva cuenta se trataba de justificar ante los ojos del mundo y la historia los
actos de despojo. Sin embargo, el territorio mexicano no fue adquirido, sino conquistado, despojado
mediante la guerra y encubierto a través de una “venta” forzosa para México a precios muy
ventajosos para Estados Unidos.
La guerra para México tuvo catastróficos resultados: no sólo perdió la mitad de su territorio,
sino que fue humillado por la derrota militar y el alto precio de la paz, evidencio la falta de
preparación militar del Ejército, la falta de infraestructura naval que terminó por hacerse más
exigua al término de la guerra; así como puso a flote que aún en medio de la guerra las divisiones y
rivalidades políticas de los dirigentes mexicanos, pesaron más que el peligro eminente representado
por Estados Unidos que se traduce en una carencia de unidad nacional. Por su parte, la debilitada
economía nacional sufrió un mayor revés por el bloqueo de los puertos mexicanos y de sus
aduanas. La guerra con Estados Unidos fue una invitación a la posibilidad de una nueva intervención
extranjera, tal y como sucedió
De la lista de agresiones que México ha tenido como nación independiente, la primera
intervención norteamericana fue la de mayor impacto traumático y de pérdidas económicas. Y
aunque ésta guerra y la francesa de 1862-1867 pusieron en peligro la existencia misma de México
como país soberano e independiente, son muy diferentes, porque la francesa, aunque fue un
episodio triste y doloroso, México pudo recuperar de forma triunfal su soberanía además de la
lección que daría al resto del mundo al fusilar a Maximiliano. En cambio, en la guerra con los
norteamericanos la pérdida territorial fue enorme e irrecuperable. Dentro de las múltiples
complejidades que estuvieron en el desarrollo de la guerra, debe resaltarse que la guerra de James
Polk fue un reto político, diplomático y militar para el cual México no estaba preparado.
Veamos algunas diferencias y circunstancias particulares. En primer lugar, los Estados
Unidos le llevaba cierta ventaja como país independiente, la Nueva España apenas había dejado de
existir 25 años atrás, mientras que los Estados Unidos llevaban medio siglo de ventaja. Además de
las ventajas que representó para los Estados Unidos el implantar en América la experiencia inglesa
en todos sus aspectos. Mientras que México había heredado las instituciones y modo de producción
de una España semifeudal con una economía de antiguo régimen. En el aspecto de la guerra,
México durante sus 300 años de dominación colonial no había participado en ninguna contienda
internacional. Sólo había enfrentado rebeliones internas. Su primera gran convulsión fue
precisamente su guerra de independencia.
Esa, sin embargo, no dejo de ser una guerra de
“familia” en la cuál la mentalidad, la dirección, las operaciones, las técnicas, las estrategias, el
material bélico fueron similares. A diferencia de ellos, los Estados Unidos tenían una larga
trayectoria guerrera.
4
México iniciaría su vida independiente arrastrando circunstancias históricas complejas,
ya que es la debilidad del Estado Nacional lo que llama la atención para una buena parte del siglo
XIX. De hecho, tanto la nación mexicana, el mercado interno y el poder nacional, estaban entonces
en proceso de construcción. Al emerger a la vida independiente, el Estado se enfrentó a la dura
realidad de tener una sociedad diversificada, multiétnica e históricamente dividida; cuya
multiplicidad de poderes e intereses, los llevo a contender en dos grandes bandos políticos por
imponer un proyecto de nación (el de los federalistas luego liberales y los centralistas después
denominados conservadores).
Sin embargo, a la disputa política se sumaría el problema del déficit y la deuda económica.
En 1821, la deuda interna del país ascendía a $76, 286, 499 millones de pesos. A esta deuda, se
añadía la externa, ya que el gobierno al no contar con el reconocimiento de su antigua metrópoli,
tuvo que endeudarse aún más para sortear las constantes amenazas de España3.
Así, la solución del problema político no pudo desligarse de la necesidad de préstamos para
defender la soberanía y la integridad territorial del nuevo Estado. Al problema de la deuda, se
agregaría el lamentable estado de la economía del país que se vio seriamente afectada por la
guerra de independencia. Se calcula que murieron 600, 000 combatientes, el 10% de la población
del país, es decir la mitad de la fuerza de trabajo, y un país que nacía endeudado se vería forzado
durante largo tiempo a aumentar su presupuesto ante las amenazas exteriores. Para colmo no se
logró implantar un sistema fiscal eficiente, tanto por la falta de personal preparado y experimentado
como por el obstáculo de la soberanía estatal, ya fuera dentro del federalismo o centralismo. El
problema monetario fue el gran escollo al que se estrellarían todos los gobiernos. Lo cierto es que
durante todos los años que siguieron a la independencia hubo una gran estrechez de recursos, a
pesar de las inyecciones de capital extranjero.
Por ello, el primer momento de la vida independiente de México sería conocido con el
nombre del período de la anarquía ya que contempló un Estado Nacional que lo era sólo
formalmente, pues carecía de un control efectivo sobre la población y el territorio ya que se hallaba
contenido por una multiplicidad de poderes locales cuya autonomía eran expresión de la debilidad
del poder central. Y esto se explica porque la consumación de la independencia no fue el resultado
del triunfo definitivo de una parte de la población sobre otra, sino un compromiso de intereses cuyo
mantenimiento dependía de que no se alterara el equilibrio de fuerzas sobre el que se había
asentado. Los norteamericanos se enfrentarían a un país trágicamente dividido que no había
logrado formular una política nacional, una diplomacia y una defensa militar adecuada que
repercutió severamente en su Armada al no otorgarle la importancia que requería. Durante los años
críticos de la invasión de 1846 y 1847 ocuparon la presidencia 9 personas, la cartera de relaciones
exteriores 18, la de guerra y marina 16. La defensa militar estuvo a cargo de más de seis generales
3
Josefina Zoraida Vázquez, Los primeros tropiezos, Historia General de México, El Colegio de
México. pp. 735-818. Tomo II, México. 1981.
5
y sólo 7 estados de 19 contribuyeron al esfuerzo bélico4. El triunfo de los Estados Unidos fue el
resultado de la superioridad de sus armas así como de la desunión de los mexicanos. Y a pesar de
que los resultados fueron sumamente adversos para México, de la tragedia surgió algo que sería
crucial para el futuro y la supervivencia del país como nación independiente…el sentimiento de
nacionalidad.
Desde la consumación de la independencia de México, nuestro país buscaba normalizar sus
relaciones internacionales, principalmente con los Estados Unidos mediante la celebración de
Tratados de Amistad, Comercio y Límites. México esperaba tener de los norteamericanos la
solidaridad y el apoyo frente a las amenazas europeas, así como comprensión para sus dificultades
domesticas y su cooperación para solucionarlas.
Por su parte, Estados Unidos aunque compartía con México y América Latina la tesis de que los
días del Viejo Mundo habían tocado a su fin en el nuevo orden, tenía una visión muy distinta sobre
el nuevo orden continental que debería imperar tras la expulsión de España: el papel hegemónico
de Europa debía ser ocupado por ellos. Estas agendas contrapuestas forzosamente entraron en
conflicto desde el primer momento, provocando que estos fueran los años más álgidos en las
relaciones bilaterales en la historia de ambos países.
Al alcanzar su independencia5, México había comenzado a crear su propio concepto de política
interna y externa. Es decir, a crear su política de seguridad nacional6. Desde 1821 los estadistas
4
Enciclopedia de México, 1987. tomo VI, pp. 3360-3361.
El Estado Mexicano que emerge en el año de 1821 enfrentó la carencia de una dirección
hegemónica. Pronto, las diferencias de proyecto de nación se agruparían en torno a dos partidos
políticos que dominaron las primeras décadas: el partido conservador y el partido liberal. Sin
embargo, la falta de experiencia política llevo al país a un caos interno con pronunciamientos
constantes del ejército, al enfrentamiento entre políticos, a lo que se sumó la deuda interna como
externa y por si fuera poco las intervenciones extranjeras que evidenciaron las debilidades del
Estado y las Fuerzas Armadas mexicanas. Por ello, el primer momento de la vida independiente de
México, conocido con el nombre del período de la anarquía, contemplaba un Estado nacional que lo
era sólo formalmente, pues carecía de un control efectivo sobre la población y sobre el territorio y
se hallaba contenido por una multiplicidad de poderes locales cuya autonomía son expresión de la
debilidad del poder central. Además la consumación de la independencia no fue el resultado del
triunfo definitivo de una parte de la población sobre otra, sino un compromiso cuyo mantenimiento
dependía de que no se alterara el equilibrio de fuerzas sobre el que se asentaba. Mario Ramírez
Rancaño, Crecimiento económico e inestabilidad política en México, UNAM, 1977.
5
6
Las relaciones propiamente diplomáticas entre Estados Unidos y México comenzaron en 1822, en
la época de Iturbide, con el envío a Washington de Manuel Zozaya como ministro plenipotenciario.
Aunque la estancia de Zozaya no produjo resultados satisfactorios para México, sirvió para
confirmar temores y para fijar los conceptos, heredados de la Colonia, que resurgirían
constantemente en el curso del tiempo. La desconfianza y las dificultades que presentó la gestión
de Onís cuando trató de fijar la frontera, en el tratado de 1819, fueron la fuente principal de esos
temores e impresiones. Zozaya fortaleció, ahondó las diferencias, y concluyó que los Estados Unidos
sería enemigo jurado de México, pues concebía a los latinos como seres inferiores, de cuyas
posesiones podían disponer los norteamericanos.Esta idea de enemistad hacía necesario que México
desconfiara de las proposiciones norteamericanas. Para mayor información consultase a Carlos
6
mexicanos se dieron cuenta del peligro que entrañaba para el país la existencia de la Santa
Alianza; pero por otra parte, se negaban a admitir la interpretación unilateral de la Doctrina
Monroe.
Desde los inicios del siglo XIX los Estados Unidos habían encaminado su política de seguridad
nacional a implantar en toda América su hegemonía a través de la expansión territorial, económica
e ideológica. Ya desde 1823 el Presidente de los Estados Unidos, James Monroe había enunciado la
ahora famosa doctrina que lleva su nombre y que se resume en la frase “América para los
americanos” que entrañaba una clara advertencia a las potencias europeas para que no se
entrometieran en los asuntos internos de América Latina.
Más tarde, con la teoría del Destino Manifiesto (1845) de John L. O’ Sullivan, los Estados
Unidos enfatizarían su “destino revelador” de paladines y defensores de los derechos de los países
latinoamericanos ante los gobiernos tiranos de Europa. Estados Unidos, había establecido como
estrategia la compra y conquista de nuevas tierras. Pasando por tres etapas claramente
diferenciadas en el siglo XIX:
1. Primera etapa:(1800 a 1819).- Busca la anexión ya sea por compra o por cesión de
territorios que aún controlan Francia y España en Norteamérica. De esta forma, se anexan
la Louisiana, Indiana, Illinois, Mississipi, Alabama y Florida, tierras de gran importancia
desde el punto de vista agrícola y comercial. En el caso de la Louisiana fue comprada a
Francia por once millones de dólares obteniendo con ella una salida al Golfo de México a
través del puerto privilegiado de Nueva Orleáns que les serviría para sus avances
comerciales y territoriales.
2. Segunda etapa:(1835 a 1848).- Pretenden extender su frontera hasta el Océano
Pacífico. El hecho más importante de este período es la separación (1836) y la anexión de
Texas (1845) y la guerra con México (1846-1848) a través de la cual adquirían los estados
de Nuevo México, California y Arizona. En California se podía contar con el Puerto de San
Francisco para comerciar con Asia.
3. Tercera etapa:(1860 a 1890).-Se define como un desplazamiento hacia el oeste y
exterminio de tribus indias, impulsada por la búsqueda de oro y tierras.
La opinión pública yanqui veía en el monroísmo la presencia de un espíritu protector, empeñado en
defender a sus hermanas del sur de la desmedida codicia europea. “El Nuevo Mundo quedaría a
salvo de la corrupción y agresividad de una Europa decadente”. Sea como fuera, lo cierto es que
México y América Latina habían adquirido su independencia gracias a sus propios esfuerzos, sin
recibir ayuda extranjera. En tanto, que los angloamericanos contaron con la ayuda de poderosas
naciones europeas. México conquisto su libertad sin la participación de ninguna otra potencia y
creó así, con sus hermanas latinas, un concepto hispanoamericano del panamericanismo, mientras
que los Estados Unidos permanecieron neutrales en la lucha entre España y sus colonias.
Bosch García en “Dos Diplomacias y un Problema”, Historia Mexicana”, núm 5. El Colegio de
México. p. 46.
7
Diversos elementos contribuyeron a crear este carácter; en primer lugar, su población
formada de inmigrantes europeos ansiosos de mejorar económicamente. Por otra parte, los
problemas de expansión hacia 1840 habían generado un conflicto agudo entre el norte y el sur. Por
lo tanto, la política se había convertido en un juego de compromisos. Uno de ellos: la guerra con
México. El norte ansiaba un puerto en la costa del Pacífico para comerciar con Asia; el sur,
fortalecer su posición esclavista en el Congreso, y el oeste quería más tierras y el presidente
James Polk no tuvo la sensibilidad de advertir que sus iniciativas de compra significaba un ultraje
para los mexicanos.
DE LA CUESTIÓN TEXANA AL DESENLACE DE LA GUERRA
Con la incorporación de Texas a la Unión Americana y la llegada a la presidencia de James
Polk en 1845, se presentaron las condiciones favorables para que Estados Unidos continuara
expandiendo sus fronteras hasta el Océano Pacífico. Polk, candidato del Partido Demócrata, la
agrupación de los esclavistas sureños, basó su campaña en convencer a Inglaterra de que cediera
Oregon hasta la frontera con Alaska y en fijar la frontera texana, y por consiguiente ya
estadounidense en el río Bravo. Texas había establecido una peligrosa colindancia directa con
Nuevo México y California, que eran el objetivo de los Estados Unidos y que eran vistos como una
presa fácil por permanecer prácticamente despoblados ya que sus vínculos con el poder central de
México eran más formales que reales, su reducido número de residentes estaba enfrentado como
consecuencia de las divisiones que privaban en el país entre federalistas y centralistas y el gobierno
mexicano se mostraba más inestable que nunca, y el desarrollo del conflicto texano había puesto en
evidencia la debilidad de la nación. Y James Polk no queriendo desaprovechar esas oportunidades
para engrandecer a su país, y a sí mismo, se dispuso a utilizar cualquier medio para saciar sus
ambiciones. La advertencia mexicana de que la anexión texana podría ser una causa de guerra, no
fue vista como un disuasivo sino como una oportunidad.
De acuerdo con la tradición de considerar al patrimonio nacional como una mercancía sujeta
a compraventa, y para proseguir con los esfuerzos de sus antecesores, Polk intentó normalizar las
relaciones diplomáticas para ahora plantear la compra de California, y por supuesto para finiquitar
las siempre pendientes reclamaciones. Envió para ello al agente confidencial William Parrot, mismo
que no fue recibido. Las autoridades mexicanas sin embargo, dejaron ver que estaban dispuestas a
aceptar la designación de un comisionado especial debidamente facultado para resolver de un modo
pacífico, razonable y decoroso la contienda pendiente. Posición que dejaba ver que, desde el punto
de vista mexicano, existía un latente estado de guerra entre los dos países.
Estados Unidos envió a John Slidell, quien llegó a Veracruz el 29 de noviembre de 1845 con
instrucciones de normalizar las relaciones, arreglar las reclamaciones, ofrecer 5 millones de dólares
por Nuevo México y, ante los rumores de una posible venta de California a los británicos averiguar
los planes que se tenían al respecto. Y a pesar que el propio Joel Ponsseitt había advertido al
8
Departamento de Estado que, bajo la delicada situación que se vivía, los mexicanos sólo estaban
dispuestos a recibir a un comisionado especial para resolver la contienda pendiente; Slidell se
presentó como ministro plenipotenciario, por lo que igualmente fue rechazado.
México esperaba todavía para ese año, recibir satisfacciones y llegar a un acuerdo definitivo
en lo tocante a Texas, pero para Polk la cuestión texana estaba totalmente cerrada, y tan sólo
deseaba restablecer la comunicación oficial para proseguir con su agenda expansionista.
El que México se negará a recibir a Slidell, fue considerado por el presidente norteamericano
como un agravio adicional que se venía a agregar a la larga lista de ofensas y daños infligidos a
Estados Unidos por los mexicanos, lo que hasta el momento sólo habían tolerado, por ser México
una nación hermana y vecina
7
.
Bajo ese pretexto, Polk comenzó a predisponer a la opinión
pública para que en su momento respaldara las acciones que emprendería para vengar tanta ofensa
y exigir las reparaciones necesarias: “La reparación de los agravios a nuestros ciudadanos se liga,
natural e inseparablemente con la cuestión de los límites…”8
Percatándose que los mexicanos no estaban dispuestos a olvidar la cuestión texana, y que
mucho menos accederían a la venta de otros territorios, concluyeron que la única opción era la vía
bélica. Pero ¿cómo justificar ante el mundo la agresión armada contra una nación que padecía
tremenda debilidad, con el único y despiadado propósito de arrebatarle su patrimonio? La salida
frente al dilema no fue difícil de encontrar puesto que ya se había ensayado con anterioridad.
Estados Unidos debían aparecer como la víctima y no al contrario.
Polk utilizó para ello al General Zachary Taylor, veterano de las guerras indias y de la Florida
que desde 1840 comandaba el Ejército del Sudoeste y que se encontraba en la zona fronteriza en
disputa, le ordenó movilizarse hacia territorio mexicano, con lo que se agregaba una provocación
adicional a la que ya implicaba la presencia de barcos de guerra norteamericanos en Veracruz.
Todo era cuestión de esperar a que los mexicanos respondieran al desafío.
En enero de 1846 las tropas de Taylor se internaron en tierras de Tamaulipas que el
Congreso Texano había decretado como propias. Frente a Matamoros, origen de Brownsville, y
durante tres meses soldados de ambos países se espiaron, se acercaron, se alejaron, hasta que la
danza macabra desembocó en el intercambio de disparos. El gobierno norteamericano enviaba una
pequeña fuerza con el propósito de provocar una guerra y para tener pretexto de apoderarse de
California. Aunque en una primera instancia se guardaron las cortesías y los protocolos del caso
entre los dos ejércitos, era evidente que iba a desencadenarse un choque. Los norteamericanos
diariamente izaban su bandera a plena vista de los mexicanos que tenían los títulos de propiedad
sobre el banco norte del río. El problema que enfrentó Taylor es que al contar con tropas con
soldados inmigrantes de varias nacionalidades y ante el rigor de la vida militar, se desertaban.
7
Gastón García Cantú, Las invasiones norteamericanas en México, México, Fondo de Cultura
Económica. p. 193.
8
Ibid.
9
Transcurridos casi dos meses de tensión, la desaparición de un coronel de apellido Cross comenzó
a precipitar las cosas. El teniente David Porter cruzó el río en busca del primero y fue detenido por
militares mexicanos, achacándose a éstos la muerte del teniente quién se dijo fue brutalmente
asesinado. La situación se continuó prolongando hasta que el 23 de abril el General mexicano
Anastasio Torrejón cruzó el río con 1,600 elementos a cierta distancia de las tropas
norteamericanas, y con toda la intención Taylor ordenó detenerlos con sólo 60 hombres y en la
desigual refriega murieron 16 norteamericanos. El ansiado pretexto había sido encontrado sin
importar que ello hubiera costado la vida a 16 elementos de las tropas de Estados Unidos.
Polk había obtenido lo que buscaba. El 11 de mayo clamó ante el Congreso: “Tras
reiteradas amenazas, México ha violado la frontera, nos ha invadido y derramado sangre
angloamericana en suelo angloamericano”. Los congresistas aprobaron la declaración de guerra y
autorizaron el gasto de diez millones de dólares iniciales y el reclutamiento de cincuenta mil
voluntarios, la mitad de ellos inmigrantes alemanes, escoceses, ingleses e irlandeses9.
LA ESTRATEGIA MILITAR
a) La embestida terrestre
Para Polk y sus asesores militares era evidente que, dada la superior capacidad bélica del
país y las pésimas condiciones de la defensa mexicana, el triunfo estaba asegurado, pero de
cualquier forma no se deseaba correr riesgos, pues los costos políticos de una aventura bélica
suelen ser mayores para el presidente en turno, que los de carácter material. Por ello, se lanzó una
operación masiva que comprendió tanto la guerra abierta como la encubierta, el ataque simultáneo
en múltiples frentes, y acciones por mar y tierra.
El senador Thomas Hart Benton dijo al respecto: la intención era la de llevar a cabo una
pequeña guerra, lo suficientemente prolongada para firmar un tratado de paz, pero no tan
prolongada a la vez, como para que la reputación de los militares resultara peligrosa para el
presidente. Polk temía que Taylor obtuviera la nominación a la presidencia por lo que decidió
designar como comandante en jefe de las operaciones al general Winfield Scott, y no a Taylor que
había iniciado el conflicto…el mandatario debería ser el único que se anotase el triunfo.
La estrategia militar fue la de conducir varias campañas simultáneas para, según la veja
práctica jacksoniana, primero apoderarse del territorio, y luego negociar el tratado que legitimara la
adquisición.
Tres ejércitos se internaron en el norte del país, operando al mismo tiempo en la Alta
California (campaña del 2 de julio de 1846 al 13 de enero de 1847), en Nuevo México y en dirección
de Chihuahua (campaña de julio de 1846 a marzo de 1848), y en la región del este colindante con
9
Gastón García Cantú, Op. Cit. 88
10
el Golfo de México (campaña iniciada en mayo de 1846). En California el terreno fue despejado
previamente
con
operaciones
encubiertas
destinadas
a
generar
las
consabidas
revueltas
espontáneas, quedando ello a cargo de los agentes Frémont y Guillespie. El Comodoro Sloat tomó
el puerto de Monterrey y el día 8 San Francisco. Más tarde, Robert Stockon asumió la dirección de
la campaña que acabo sometiendo a San Diego, Santa Clara, San Pedro, y finalmente a los Ángeles
el 13 de agosto. Aún cuando la población de Los Ángeles se rebeló y llegó a desalojar a los
invasores, en diciembre arribaron los refuerzos de Kearny que ya había concluido su tarea en Nuevo
México; la ciudad fue recapturada en enero de 1847.
La campaña de Nuevo México estuvo a cargo de 1,700 hombres al mando del coronel
Esteban Watts Kearny; procedió a tomar Las Vegas, San Miguel y finalmente la capital, Santa Fe, el
18 de agosto de 1846. De la campaña de Kearny en Nuevo México también se derivaron las
expediciones de Doniphan, Wool y Price para conquistar Chihuahua. Finalmente las fuerzas al
mando de Zachary Taylor que desataron el conflicto, llevaron a cabo la campaña “Río Bravo-Saltillo”
en el noreste, misma que comprendió a los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, donde
venciendo la resistencia militar y civil ocuparon Matamoros, Camargo, Monterrey, Saltillo, Parras y
Ciudad Victoria.
Dada la escasa existencia de guarniciones militares en el norte, la defensa mexicana estuvo
principalmente a cargo de los propios habitantes, y a pesar de que lograron algunas victorias como
la recuperación de Los Ángeles momentáneamente, al final de cuentas se acabo imponiendo la
superioridad del armamento y la disciplina militar norteamericana, del apoyo de los colonos, de la
milicia y de los agentes secretos.
b) Bloqueo y toma de los principales puertos mexicanos
La embestida terrestre fue acompañada por el bloqueo y la toma de los principales puertos del
Pacífico y del Golfo de México; Tampico cayó en noviembre de 1846, Veracruz en marzo de 1847,
Tuxpan en abril de 1847, Ciudad del Carmen en mayo de ese año, y más tarde Guaymas, Mazatlán,
La Paz, San Blas y Manzanillo.
A
finales de 1846
el presidente Polk se había percatado que el avance hacia la capital
mexicana desde el norte resultaba lento y costoso. Era mejor seguir la ruta de Hernán Cortés y
lanzarse sobre la Ciudad de México por el camino de la costa y las montañas. Lo anterior,
significaba un despliegue de la flota naval norteamericana sobre los principales puertos del Golfo de
México y el Puerto de Veracruz se presentaba como el punto imprescindible para acceder a
la
Ciudad de México. El general Paredes mando al puerto de Alvarado tres cañoneras, tres
bergantines, dos goletas y un pailebote, dejando indefensa a Veracruz y paradójicamente permitió
que el capitán de navío Tomás Marín lograra una de las victorias de la marina mexicana al impedir
la toma del Puerto de Alvarado por los estadounidenses.
11
Desde 1845, barcos norteamericanos acechaban las costas veracruzanas. Pero al ocurrir la
declaración de guerra de James Polk, se hizo efectivo el bloqueo y el ataque a los puertos
mexicanos. El ataque al Puerto de Alvarado estuvo al mando del Comodoro David Connor, el cual
empleó dos fragatas, tres corbetas, dos vapores, cinco bergantines y varias goletas cañoneras. El 7
de agosto de 1846, intenta por primera vez tomar el puerto.
Las lanchas cañoneras
norteamericanas se aproximaron al fortín (protegidas por el fuego de sus vapores). Intentarían un
desembarco, pero los defensores de Alvarado abrieron fuego desde los médanos, entablándose el
combate por media hora.
Sin embargo, y a pesar de las ventajas de la flota norteamericana sobre la mexicana, los
americanos cesaron el fuego al caer la tarde debido a la aproximación de un fuerte norte,
regresando por tal motivo el día 8 de agosto a Antón Lizardo. La amenaza que se cernía sobre
Alvarado hizo que el comandante general del estado tomase las medidas necesarias para fortificar
la barra, encargándose de ello el capitán de fragata Pedro Díaz Mirón y el Segundo Teniente Juan
Lainé, con la ayuda de los pobladores del lugar así como de Tlacotalpan y de otros pueblos
aledaños, quienes se encargaron además de fortificar y armar las baterías en las márgenes del río
Papaloapan. Se levantó un fortín en la barra y parte de la artillería fue emplazada a lo largo de la
playa con los respectivos destacamentos para su operación.
El personal designado para cada uno de los fortines construidos fue el siguiente: Santa
Teresa, al mando del capitán de fragata Pedro Díaz Mirón; Fortín Santa Bárbara, al mando del
capitán de fragata Ramón Palomo Gutiérrez; fortín El Rosario al mando del capitán de fragata
Miguel Garrido. El capitán de navío Tomás Marín empleó las unidades de la escuadrilla internadas en
el río Papaloapan para impedir que los buques norteamericanos pudieran salir del cerco que él había
planeado, o sea, empleó las baterías de tierra y la artillería de los buques para tomar con fuego
cruzado a los enemigos si intentaban cruzar la barra.
Al amanecer del 15 de octubre de 1846, intentarían por segunda vez ocupar el puerto de
Alvarado. La escuadra de Connor integrada por 2 fragatas de vapor, dos de vela y una escuadrilla
de buques menores, formaron 2 divisiones, una al mando del comodoro Connor y la segunda al de
Perry, disponiendo ambas de 26 cañones.
La escuadra de los Estados Unidos preparados para los desembarcos, pretendió forzar la
barra con su fuego. Al principio el corto alcance de los cañones de los fortines resultaron ineficaces,
pero al acortarse las distancias empezaron a causar serios daños al enemigo.
El Mississipi no pudo hacer blancos sobre las posiciones mexicanas, resultando demasiado
largos sus tiros, unos 200 metros atrás del fortín norte; además la fuerte corriente originado por el
mal tiempo (época de nortes) impidió que los barcos norteamericanos pudieran cruzar la barra.
Connor esperó en vano que se desvaneciera el norte para movilizar a sus buques, sólo el Vixen
logró cruzar la barra, remolcado por dos cañoneras y el McLane encalló. El fuego de la artillería
mexicana resultó más efectiva de lo que pensaban los norteamericanos. El disparo de uno de los
12
fortines dio cerca de la caseta del Vixen, cuyo comandante pudo observar, conforme avanzaba río
arriba, la existencia de otros fortines, y al
fondo a medio río, los barcos mexicanos listos para
entrar en acción en el momento oportuno. El comodoro Connor seguramente pensó que la artillería
mexicana superaba la suya y ante la consecución del mal tiempo, ordenó la retirada.
Los estadounidenses que preparaban cuidadosamente la invasión a los puertos del Golfo de
México, concentraron en el mes de marzo de 1847, en la pequeña isla de Lobos a 12,000 hombres
de tropa, y 163 buques de transporte con todo el tren de campaña necesario.
El 10 de marzo de 1847 recibía el capitán de navío Tomás Marín la orden de evacuar
Alvarado, enviando a Veracruz 600 hombres de la guarnición. Asimismo, destruyó tres buques que
quedaban a flote, pues el resto ya había sido hundido para cerrar el paso a Tlacotalpan.
Quemándose el escaso parque de artillería que quedaba. Cuando Marín y algunos de sus hombres
pretendieron entrar a Veracruz ya no fue posible, pues los estadounidenses habían tomado la plaza
el 13 de marzo. Razón por la cuál se dirigieron a Córdoba.
En relación con la toma del puerto de Veracruz, el puerto comercial más importante de
México para esos años, los norteamericanos ordenaron que 70 barcos de guerra se dirigieran al
puerto, presentándose el 9 de marzo de 1847 la más poderosa fuerza naval que se ha congregado
en un punto del continente americano.
Mientras tanto el general Santa Anna regresaba de La Angostura, encontrándose con la
novedad que en la Ciudad de México se habían sublevado las tropas irregulares destinadas al apoyo
a Veracruz.
Diez mil soldados e infantes de marina norteamericanos desembarcaron frente a la isla de
Sacrificios, entre Mocambo y Collado. Fuera del alcance de los cañones del Fuerte de San Juan de
Ulúa. Éstos trazaron un arco que canceló todos los accesos terrestres al puerto, cortando el
abastecimiento de agua para después sitiar a Veracruz.
El general Juan Morales y la máxima
autoridad civil, Manuel Gutiérrez Zamora, se negaron a rendirse. El General Scott ordenó el
bombardeo, por tierra y mar con piezas modernas de alto calibre.
Veracruz y San Juan de Ulúa resistieron durante seis días el bombardeo. Para el amanecer
del 27 de marzo se habían disparado más de seis mil proyectiles contra la ciudad. Las pérdidas se
calculaban entre trescientos cincuenta soldados muertos y unos cuatrocientos civiles,
la mayor
parte mujeres y niños. Sin esperanza de ayuda, por la discordia civil en la ciudad de México, los
veracruzanos hicieron una defensa heroica hasta que tuvieron que firmar la rendición al quedarse
sin municiones ni víveres ni posibilidad de enterrar a los cadáveres que cubrían las calles
destrozadas.
México negoció con Scott para que permitiera la salida de los civiles, o al menos de las
mujeres y niños. Scott se negó y continuó el bombardeo. El puerto se había ganado una vez más el
calificativo de heroico. El 27 de marzo de 1847, Veracruz se rindió. Scott públicamente reconoció
que sus habitantes habían resistido “más allá de lo que podía esperarse, con una decisión
13
admirable”. Los norteamericanos, al ver el estado miserable de la población, tuvieron que
proporcionar alimentos de sus propias raciones de guerra, para que los sobrevivientes no murieran
de hambre.
Con la toma de Veracruz, México fue despojado de su puerto más importante y se realizó el
objetivo estadounidense de controlar el Golfo como se había hecho ya con el Pacífico. El país perdía
así toda posibilidad de comprar armas y quedaba sin el dinero proveniente de las aduanas.
Matamoros había caído desde el comienzo de las hostilidades, Ciudad del Carmen se declaró neutral
(era parte de Yucatán, que se enfrentaba a la guerra de castas, la rebelión de los mayas), Tampico
y Tuxpan fueron ocupados sólo temporalmente por temor al “vómito negro”. La fiebre amarilla que
hacía estragos mortales entre quienes no eran de la costa, unida a la disentería, fue para México la
mejor aliada contra las invasiones, hasta cierto punto lo mismo que el “ general invierno”
representó para Rusia.
Mientras tanto, el comodoro Matthew C. Perry, atacaba San Juan Bautista (Villahermosa) con
objeto de cumplir la orden del secretario de Estado James Buchanan: explorar las posibilidades de
un canal interoceánico. Juan B. Traconis rechazó el desembarco de Perry. En un segundo intento, el
comodoro logró una breve ocupación de Villahermosa.
c) Rumbo a la ciudad de México y la coyuntura de Puebla
Cuando Washington empezó a planear su ataque a la Ciudad de México, el General Winfield Scott,
había sugerido sobre la forma más efectiva de ocupación de la Ciudad de México, y esto, significaba
tomar la capital, siguiendo la ruta que había seguido Hernán Cortés en 1519. El nombramiento de
Scott como comandante en Jefe de las fuerzas que tomarían Veracruz para continuar hacia la
Ciudad de México, no era fortuito, además de su reconocida capacidad como estratega militar,
cancelaba según James Polo al General Zachary Taylor toda posibilidad de popularidad si resultaba
electo para la presidencia.
Mientras Scott ocupaba Veracruz, el General Antonio López de Santa Anna se había retirado
de la Angostura y volvía a marchas forzadas a la capital, estableciendo la paz (levantamiento de los
polkos)
10
a costa de cesar a Gómez Farías. El levantamiento mencionado se había producido por la
medida dictada por Gómez Farías en protesta por el préstamo forzoso para gastos de guerra que
había impuesto a la Iglesia. Al decir de José Emilio Pacheco “… los habitantes de una tierra (se
refiere a México) ocupada por el norte y a punto de ser invadida por el oriente se entregaron a su
10
Los cuerpos de la guardia nacional organizados en la Ciudad de México se rebelaron contra el
Vicepresidente Valentín Gómez Farías en protesta por el préstamo forzoso para gastos de guerra
que había impuesto a la Iglesia. Los sublevados establecieron una línea de combate que iba desde
San Cosme hasta el convento de La Profesa. Sólo uno de esos cuerpos, el batallón Victoria, se
integró con “ la juventud dorada” capitalina que por su afición a la danza de moda, la polea, hizo
que se llamara “polkos” a todos los rebeldes.
14
ocupación predilecta: desgarrarse a sí mismos…”11. Se dice que el nombre de los polkos esta
asociado a James Polk. Buchanan había enviado al agente Moses Y. Beach para que promoviera y
financiara una operación encubierta, de las que hubo muchas en México. Beach desplegó una intriga
triple: aseguró al clero y a los conservadores que los católicos mexicanos no debían temer a
quienes después de todo veneraban a cristo. Al mismo tiempo, logró convencer a parte de los
liberales moderados de que en la invasión tenían una oportunidad de oro para acabar con el
despotismo de los dictadores militares, y aún fue capaz de persuadir a un sector de “los puros”,
como se designaba a los radicales, de que si Estados Unidos ganaba la guerra y ocupaba todo el
país impondría el federalismo y el régimen liberal12.
Al regresar Santa Anna, ya era tarde para acudir en auxilio de Veracruz. Durante diez
semanas Scott permaneció en Puebla. Fue el momento más vulnerable del ejército angloamericano,
pues sus líneas de abastecimiento podían ser atacadas sin tregua. Arthur Wellesley, duque de
Wellington, vencedor de Napoleón en Waterloo y el estratega más respetado del mundo, sentenció:
“Scott
está perdido. No puede tomar la Ciudad de México ni volverse a su base”. No obstante,
Santa Anna se concentró en la defensa de la capital y desaprovecho la oportunidad única de un
ataque contra Puebla13. La estancia de Scott en Puebla tuvo muchas consecuencias. Al ver la
arquitectura de la ciudad, los angloamericanos comprendieron que pese a sus desórdenes políticos,
los mexicanos no era el país primitivo que suponían. Scott se atrajo a buena parte del clero que
era una de las fuentes principales de la que el gobierno mexicano hubiera podido recibir los
prestamos necesarios para proseguir la guerra.
Scott inicia el 7 de agosto el ascenso hacia la capital. Le sorprendió no hallar resistencia en
los pasos montañosos que hubieran sido tan propicios para un ataque mexicano. No se alcanzó a
configurar en México un amplio movimiento de guerrillas como el que hizo la vida imposible a los
franceses entre 1863 y 1866; además Santa Anna había perdido dos ejércitos: uno en La Angostura
y otro en Cerro Gordo. En medio de las grandes querellas, fue capaz de levantar una tercera fuerza
que constaba de 20, 000 hombres en su mayoría voluntarios y reclutas de leva,
y fortificar la
capital.
El 20 de agosto, en Lomas de Padierna, entre San Ángel y Contreras, se enfrentaron a los
estadounidenses la heroica División del Norte al mando del general Gabriel Valencia sin éxito
alguno, debido al terreno desventajoso y sin recibir ayuda de Santa Anna. La extraña conducta de
Santa Anna se vuelve incomprensible al ver que permitió la toma de San Ángel, Coyoacán y la
hacienda de San Antonio Coapa. En la batalla de Churubusco se hizo patente una vez más el
heroicismo de los mexicanos. Al quedarse sin posibilidades de seguir luchando, el General Anaya
dijo al General Twiggs la frase más célebre de la guerra entera: “si hubiera parque no estaría usted
11
12
13
José Emilio Pacheco, La Guerra Injusta, México, editorial Clío. p. 22.
Ibid. P. 22-23.
Ibid. P. 23-24.
15
aquí”.
Además en esta batalla
los miembros del batallón de San Patricio
14
se pasaron al lado
mexicano al ver que la lucha era semejante a la que su país libraba con Inglaterra. Se hizo un juicio
sumario contra los irlandeses y muchos miembros del batallón de San Patricio fueron ahorcados en
San Ángel y Mixcoac, sometidos al tormento de azotes o marcados a fuego con la letra “D” para
infamarlos como desertores.
El 8 de septiembre Scott resolvió atacar el Molino del Rey en un error estratégico que causó
muchas bajas entre los angloamericanos y fue muy censurado por sus lugartenientes. La defensa
mexicana alcanzó los mayores grados de heroísmo; sin embargo, no pudo evitar el avance hacia la
última batalla: el Castillo de Chapultepec. Scott ordenó fingir ataques sobre las garitas y concentrar
sus fuerzas en el ataque al Castillo de Chapultepec, que por su altura dominaba la Ciudad y la ponía
al alcance de los cañones. El 12 de septiembre bombardeó Chapultepec desde la hacienda de la
Condesa y desde el Molino del Rey, no pudo desalojar a las fuerzas mexicanas.
El 13 ordenó la toma por asalto del punto que defendía Nicolás Bravo. El asalto a
Chapultepec fue en realidad una extensa batalla que abarcó todo el bosque, el Molino del Rey, la
calzada de Tacubaya, la hacienda de la Condesa, la Casa de Alfaro, cuartel general de Santa Anna
(esquina de Varsovia y avenida Chapultepec), y el puente de Insurgentes (estación Insurgentes del
Metro). Al ver que los mexicanos no se rendían a pesar de los estragos del bombardeo, las tropas
de los generales Pillow y Worth escalaron el cerro y los muros del Castillo. Los cadetes se
concentraron en las terrazas y en la enfermería y lucharon cuerpo a cuerpo contra los atacantes.
La caída de Chapultepec señalaba el fin de toda probabilidad de éxito en la defensa de la Ciudad de
México. A las siete de la mañana del 14 de septiembre de 1847, en vísperas del aniversario de la
Independencia de los mexicanos, Winfield Scott entraba en la plaza mayor al frente de sus tropas.
d) Las contradicciones de la clase gobernante en México
En tanto se desarrollaba la invasión, los cambios de gobernantes en la Ciudad de México no
sólo se habían continuado dando, sino que la propia situación bélica los había hecho más
frecuentes. En diciembre de 1845 cayó José Joaquín de Herrera; Mariano Paredes de Arrillaga ocupó
la presidencia de enero a julio de 1846; de agosto a diciembre ésta paso a manos de Mariano
Salas; el cuartelazo dado por Valentín Gómez Farías al frente de “los puros” lo colocó en el poder
ejecutivo de diciembre hasta marzo de 1847; Santa Anna retornaba a la presidencia en marzo y
abril; Pedro María Anaya la ocupó de abril a mayo; Santa Anna la detentó nuevamente de mayo a
septiembre; Manuel de la Peña y Peña lo reemplazó de septiembre a noviembre, y regresó a ella
Pedro María Anaya en noviembre de 1848.
El hecho de que durante dos años en los cuales el país tendría la agresión militar más brutal
de su historia independiente (aunque también fue de suma importancia la segunda invasión de
14
El batallón de San Patricio estaba formado por Irlandeses católicos que habían sido colonos en
Texas y otros que emigraron a causa de la hambruna de 1844.
16
Francia, las consecuencias de ésta no tendrían comparación, pues México saldría victoriosa y no
sufriría pérdidas territoriales), ocho presidentes con diferentes orientaciones ideológicas, estilos de
gobernar y propósitos, trataron de dirigir a la nación y que da razón en parte, de la incapacidad del
país para defenderse.
En tanto el enemigo se iba posesionando del territorio, la energía de la clase dirigente aún
en esos momentos de emergencia nacional se canalizaba hacia las ternas luchas fratricidas que se
orientaba hacia dos bandos políticos los centralistas y federalistas que desde 1821 venían
alternándose en el poder. Y aún más hubo quienes como el General Antonio López de Santa Anna
cambiaba de bando político sin dificultad alguna.
Por otra parte, las medidas dictadas por Valentín Gómez Farías para allegarse de fondos,
conforme transcurría la guerra a través de la confiscación de los bienes del clero, fue decisiva para
que la Iglesia lo considerara un peligro mayor que los propios norteamericanos: “puesto que
aquéllos herejes no confiscaban en Estados Unidos la propiedad de la Iglesia”. Gómez Farías
procedió a expropiar sus bienes, lo que intensificó la confrontación interna. La tragedia más grande
que México vivía era la de la falta de solidaridad frente al peligro: “Las facciones políticas que
nutrían rumores y ataques contra el ejército y sus jefes, sumados a la interpretación regionalista del
federalismo y a la falta de cohesión de una república constituida por una población multinacional,
impedían que hubiera una mayor unidad.15 Por ejemplo, respecto a la revuelta de los “polkos”, el
ministro de Relaciones Exteriores de Gómez Farías, José Fernando Ramírez, diría:
“….El clero mexicano….abrió sus arcas para encender la guerra civil en los
momentos en que el enemigo extranjero echaba sus anclas en Veracruz. El
tesoro que se decía exhausto para defender la nacionalidad y el culto de que es
ministro, se encontró repleto para matar mexicanos”.
16
Las luchas faccionales, las discordias internas y las rivalidades entre los miembros de la dirigencia
fueron aprovechadas inteligentemente por el invasor a través de sus agentes secretos. Santa Anna
tuvo un papel de primer orden en el resultado de la guerra, ya que aún no obstante las limitaciones
militares de México, en varios momentos dejo literalmente “ganar” a los norteamericanos. Por
ejemplo, cuando se dirigió al encuentro con el General Taylor contaba con 14, 048 hombres y 17
piezas de artillería, mientras que los estadounidenses sólo tenía 5 mil hombres. Decidió retirarse de
Saltillo y fortificarse en la Hacienda de Buena Vista. A pesar de que en la batalla de la Angostura
los días 22 y 23 de febrero de 1847 las tropas mexicanas avanzaron con espléndida disciplina y
determinación, la artillería norteamericana se impuso desorientando a los comandantes mexicanos,
y mientras esperan un renovado ataque los norteamericanos, Santa Anna decidía abandonar el
campo de batalla y retirarse a San Luis Potosí.
Consecuentemente Taylor declaró que había
15
Walter Astié-Burgos, Europa y la Guerra de Estados Unidos contra México, Impresores
Aldina, México, 2001. p. 6.
16
Gastón Garcá Cantú, Op. Cit. p. 62.
17
ganado una gran victoria; reclamo que lo proyectaría hacia la presidencia. Aunque en realidad
hubiera sido por default. No fue la primera, ni la última vez, que Santa Anna emprendió la retirada
en los momentos decisivos.
Santa Anna también se declaró vencedor, y al tiempo que fue recibido con honores y
festejos en San Luis, permitió que su ejército se desintegrara y dispersara. Su proclamado triunfo y
el malestar de la Iglesia y los conservadores hacia Gómez Farías, lo llevaron a destituirlo (igual
como lo había hecho en 1833) y a solicitar a cambio a la Iglesia la cantidad de 20 millones para
reorganizar al Ejército y poder enfrentar a Scott que se había posesionado de Veracruz.
Sin embargo, se tuvo que conformar con sólo 100, 000 mil pesos. Al decir de varios
analistas, al equiparar esta guerra con la conquista española de 1521, concluyen que nuevamente
una limitada fuerza extranjera, pero técnicamente superior, se aprestaba a someter a un inmenso
país habitado por millones “cuyos líderes y pueblo se odian más unos a otros, que al enemigo”17.
Se dice que cuando Scott llegó a Veracruz procedente de Nueva Orleáns el 7 de marzo al
mando de 70 naves, y después de bombardearla, la tomó y estableció sus cuarteles en la propia
hacienda de Santa Anna.
Su ejército y el de Santa Anna se enfrentaron en la batalla de Cerro
Gordo el 17 y 18 de abril, donde la mejor disciplina y artillería norteamericana nuevamente se
impusieron. Scott continuó a Puebla y sin resistencia la ocupó el 15 de mayo. No sólo benefició al
invasor la huida de los militares mexicanos (la fortaleza de Perote fue abandonada un día antes de
que aparecieran los extranjeros dejando en sus manos 54 cañones, morteros de fierro y bronce,
11,000 balas de cañón, bombas y granadas de mano por un total de 14,000 y centenares de
fusiles), sino también los enconos entre los mexicanos, de esta forma, Scott puso a su servicio a la
temida gavilla de bandoleros de Manuel Domínguez que operaba entre Veracruz y Puebla, sus
miembros (alrededor de 200) recibieron sueldo, juraron lealtad a los Estados Unidos y se
desempeñaron como guías, informantes, escoltas, correo, espías, delatores, secuestradores y
asesinos de los extranjeros: “Domínguez dio amplias pruebas de su efectividad y también de que
en un momento dado no se tentaba el corazón para asesinar y humillar a un compatriota”. Esa
contraguerrilla de desnaturalizados mexicanos entró triunfante a la Ciudad de México el 21 de
agosto con la división al mando de Worth.
En la Ciudad de México, los puros, los moderados, el clero y los monárquicos, es decir
todos, se acusaban unos a otros del peligro por venir. Entonces decidieron designar al General
Santa Anna para defender a la ciudad, quién milagrosamente formó otro contingente. Y a pesar de
que la capital contaba con muchas ventajas para su defensa, los desacuerdos entre la dirigencia
política y la rivalidad entre los militares, provocaba el desaliento generalizado.
Lucas Alamán, escribía: “…en esta ciudad en las que se han estado haciendo muchas obras
de fortificación, hay reunidos unos 16,000 hombres…temerario parece que Scott marche con tan
17
Citado por Walter Astié, Op. Cit. P. 240.
18
corta fuerza (12,000 hombres) contra una ciudad de 180,000 habitantes y con una guarnición tan
considerable, mucho mayor que la del ejército que la ha de atacar y sin dejar comunicación
establecida con la costa, pero no obstante, eso me parece infalible que tome la ciudad, porque toda
esa tropa en lo general son reclutas, mandadas por generales cuya velocidad en la fuga está muy
acreditada, y las masas de la población no se mueven para nada, pues están viendo todo esto
como si se tratase de un país extraño. Todo esto va a terminar muy pronto”.
Al llegar Scott al valle de México el 16 de agosto y comenzar a internarse por Tlalpan y San
Ángel, prevalecían los celos y las envidias entre los comandantes mexicanos, queriendo cada uno
“pelear su propia guerra”. El desenlace era de esperarse. Santa Anna no acudió en auxilio del
General Gabriel Valencia, y tampoco respaldó al General Manuel Anaya que se encontraba en el
Convento de Churubusco desprovisto de municiones; ambos fueron derrotados. Valencia se retiró a
Toluca donde lanzó un nuevo pronunciamiento en contra de Santa Anna. Los generales Anaya y
Rincón, al igual que el grupo de irlandeses de las fuerzas norteamericanas que se habían pasado
del lado mexicano formando el “Batallón de San Patricio”, fueron tomados prisioneros. Algunos de
estos últimos fueron colgados por traidores, y otros marcados a fuego en la mejilla con la “D” de
desertor.
Logrado el triunfo, los norteamericanos acordaron un armisticio para discutir los términos de
la rendición y el costo que ello tendría para México. Las cesiones territoriales exigidas fueron
consideradas inaceptables y se reiniciaron las hostilidades el 6 de septiembre; los invasores
vencieron en las batallas de Casa Mata, Molino del Rey, y ocuparon el Castillo de Chapultepec el día
13.
e) Las diferencias de formación militar
Las diferencias en la formación militar entre ambos países se hizo patente en esta guerra. Se dice
que los mexicanos fueron a la guerra con un valor que mereció los elogios del enemigo y que hoy
reconocen los historiadores. Era casi todo lo que tenían. En todos los demás campos la
desproporción
resultaba
aterradora.
El
desnivel
tecnológico
incidía
principalmente
en
el
armamento, disponían de un nuevo fusil de percusión, el revólver colt, los cañones rinngold, el
howitzer, la artillería portátil y la gran fábrica de pólvora Dupont.
Mientras que el ejército
mexicano sólo tenía cañones heredados de la dominación española y viejos arcabuces de chispa
comprados a Inglaterra como desecho de las guerras napoleónicas.
Mientras que la Armada
contaba con escasas unidades de superficie y no todas eran para la guerra. El general Scott
dispuso de cuerpos de élite como los marines, la infantería de marina organizada desde 1775,
cuyos miembros recibían especial entrenamiento desde los diecisiete años de edad. En su inmensa
mayoría los soldados mexicanos así como la tripulación de la marina eran reclutados por la leva,
sin ninguna instrucción militar y que a la primera oportunidad se desertaban. El triunfo de Estados
Unidos en esta guerra fue aplaudido como la victoria de la enseñanza en West point. Mientras que
19
en El Colegio Militar, reorganizado cinco años antes, apenas se estaba preparando oficiales de
carrera tanto para el Ejército como para la Marina. Durante esta guerra los generales del Ejército
no eran de carrera, salvo Nicolás Bravo y Juan Álvarez, que eran generales sobrevivientes del
Ejército Realista al que habían entrado casi niños.
La constante del Ejército Mexicano desde que había nacido era el pasarse luchando entre sí; la
práctica del cuartelazo y la asonada constituían toda su instrucción. En el caso de la Armada, esta
había nacido con graves problemas, como consecuencia de las debilidades con que emergía México
a la vida independiente, en donde la preocupación de México desde 1821 había sido la defensa
interna antes que la externa. La guerra con los Estados Unidos evidenció la importancia de esta
Arma a la vez, de todos los problemas con que había nacido. En términos generales, los problemas
que presentaba la Marina Mexicana eran los siguientes:
¾
Carencia de una flota naval apta para la guerra así como en número para la defensa de
los litorales extensos del país (este problema estuvo fuertemente asociado a la falta de
presupuesto asignado)
¾
Escasez de comandantes calificados y
¾
Escasez de personal para formar las dotaciones en los buques y demás instalaciones
navales.
De estos, el más costoso sin duda alguna, era el relativo a la flota. En la Memoria de 1822
Antonio de Medina, Ministro de Estado y del Despacho de Guerra y Marina, menciona como
efectivos navales: “un bergantín falto de carena en San Blas, una goleta en las mismas condiciones
en Veracruz y una lancha para el servicio aduanal en Campeche, elementos que no podían
considerase como base de una Marina Militar”18.
La integración de una flota fuerte significaba para el Estado, contar con los medios
pecuniarios disponibles para eso, que a decir verdad eran muy limitados. Sin embargo, pesó la
decisión de que se necesitaban para poder entrar en acción ya desde la toma del Castillo de San
Juan de Ulúa. El gobierno a propuesta del Ministerio de Guerra y Marina concibió en 1823 (tras el
bombardeo al puerto el 25 de septiembre) el plan de comprar una fragata con 44 cañones y 8
corbetas, cada una con 26 cañones, por 1,400, 000 pesos en total. No obstante, la mala situación
financiera no permitió que se llevara a cabo esta intención.
En lugar de eso, se adquirió por 200, 000 pesos ocho goletas y cuatro lanchas cañoneras
que, sin embargo, eran de tan mala calidad, que no servían para la acción militar. Cuando llegaron
los barcos y se convencieron de que no eran útiles para un ataque a San Juan de Ulúa y después de
que otras diversas intenciones de compra habían resultado irrealizables por falta de dinero, se
18
Mario Lavalle Argudín, Memorias de Marina. Buques de la Armada de México. Pág. 3. Tomo
II. SEMAR, 1992.
20
compró de todos modos una fragata con 44 cañones, un bergantín con 20 y otro con 18 por
423,245 pesos en total.19
Para el año de 1827 la Marina de Guerra Mexicana constaba de los siguientes barcos: navío
Congreso Mexicano, fragatas Libertad y Tepeyac, corbeta Morelos y los cuatro bergantines
Guerrero, Bravo, Victoria y Constante, así como de cinco goletas y cuatro lanchas cañoneras. Sin
embargo, el mayor de estos barcos, el Congreso Mexicano ya estaba inservible y la Tepeyac se
vendería a Rusia por falta de dinero. Otros barcos como la fragata Libertad y algunos más pequeños
no se podían utilizar para fines militares. En la guerra con los Estados Unidos el país contaba con 22
unidades (Goleta Águila, Vapor Guadalupe, Goleta Guerrero, Goleta Isabael, Goleta Laura Victoria,
Goleta Libertad, Goleta Mahonese, Bergantín Mexicano, Vapor Moctezuma, Pailebot Morelos, Goleta
Nonata, Vapor Petrita, Goleta Poblana, Goleta Queretana, Goleta Unión, Bergantín Veracruzano
Libre, Goleta Victoria, Bergantín Zempoalteca, Goleta Anáhuc, Goleta Julia, Bergantín Malek Adhel,
Goleta Sonorense) que no fueron suficientes para proteger los extensos litorales de México y evitar
el bloqueo a los puertos mexicanos.
Inclusive el puerto de Veracruz, pese a su importancia geoestratégica y comercial fue
desprotegido terriblemente al concentrar los barcos en Alvarado y dejarlo prácticamente sólo sin
recibir ayuda del centro por ningún medio. Las barcos mencionados se pierden en su totalidad
durante la guerra ya sea porque fueron echados a pique, incendiados y/o confiscados.
Sin embargo, los problemas de la Marina no sólo se redujeron a la escasez de barcos y de
presupuesto, también incidió la falta de tripulación y de marinos experimentados para la navegación
y la guerra. Ya desde 1822, Don Antonio de Medina, Ministro de Guerra y Marina, asentaba: “…. de
la Marina española…apenas existen unos miserables restos…al servicio del imperio (se refiere al de
Agustín de Iturbide): hay un capitán de fragata, comandante del apostadero de Veracruz, otro
capitán de puerto, un teniente de navío, un primer piloto, graduado de alférez, un escribiente de la
capitanía de puerto, cuatro prácticos, un maestro mayor de carpintero y uno de calafate… además
de los nombrados, se hallan en los Estados Unidos un capitán de navío y un capitán de fragata, y en
México un capitán graduado de fragata y un teniente de navío, un intendente graduado y dos
honorarios, y en Veracruz un comisario ordenador honorario…”20.
Asimismo, el constante estado de guerra que prevaleció en México propició que el Ministerio
de Guerra y Marina solicitara constantemente reclutas para completar sus tropas a los gobiernos
estatales. Demandas que siempre resultaban insuficientes. Razón por la cual desde los tiempos de
19
Memorias de Marina del 7 de noviembre de 1823 y del 16 de diciembre de 1824. Ambas en la
biblioteca de la Secretaría de la Defensa Nacional. Asimismo, puede consultarse a Günter Kahle, El
Ejército y la formación del Estado en los comienzos de la independencia de México, Fondo
de Cultura Económica, México, 1997.
20
Memoria de 1822 que rinde Don Antonio de Medina, Ministro de Estado y del Despacho de
Guerra y Marina.
21
José Joaquín de Herrera se contrató marinería extranjera, especialmente norteamericana
21
. De
igual forma, se recurrió a la leva (aunque el Ministerio de Guerra y Marina se pronunció por los
enganchamientos voluntarios en primer término y después por las matrículas22) para completar las
dotaciones de los barcos.
Bien es sabido, que con muy pocas excepciones en México casi nadie quería reclutarse, aún
la gente de las costas (salvo Campeche) porque no era marinera de oficio y a lo más que se
dedicaban era a la pesca y al tráfico fluvial. Que México había nacido con una cultura del altiplano,
con una economía basada en la hacienda y en la minería y que el mar no fue considerado como algo
funcional para el desarrollo y seguridad de la nación hasta el Porfiriato.
La falta de efectivos para completar las tripulaciones fue una constante a lo largo del siglo
XIX. Los enganchamientos voluntarios no se aplicaron por la escasa inclinación de los mexicanos
hacia los asuntos del mar, lo que las autoridades estatales resolvieron con el envío de contingentes
con reclutas provenientes de la leva y que se realizaron para la Marina con gente de Tampico,
Alvarado, Tlacotalpan, Tuxpan y Veracruz. Sumándose más tarde, la Ciudad de México.
Sin embargo, con todo y la leva, la falta de efectivos para la Marina y el Ejército fue
permanente, situación que se agudizó durante los diversos eventos de guerra. Por ejemplo, en el
conflicto de Texas, de octubre a noviembre de 1835 se solicitó a los estados diez mil nuevos
elementos; en 1838, durante la guerra naval con Francia, el Congreso concedió al presidente
Anastasio Bustamante facultades extraordinarias para solicitar 60,000 mil hombres destinados al
Ejército y la Marina. En 1841, Santa Anna requirió alistar 35 mil reemplazos. En 1844 Santa Anna
obtuvo facultades del Congreso para imponer préstamos por la guerra con Estados Unidos y solicitó
el envío de 60,000 reclutas23. Sin embargo, y esto hay que dejarlo muy claro, la demanda de
efectivos, no significó que fueran proporcionados en esa cantidad por los estados y que se aplicaran
los sorteos y las matrículas ya que prefirieron la leva
24
.
21
Mario Lavalle, Op. Cit. Tomo I, p. 15-37.
Para realizar el sistema de matrículas era necesario levantar un padrón de los habitantes que
habían nacido y vivían en las costas, o en los márgenes de los lagos, ríos, etc. En el padrón se
consideraban los varones mayores de 18 años y menores de 50, soltero, que no sostuvieran a
madre anciana o hermanas solteras.
22
23
José Antonio Serrano Ortega, El Contingente de Sangre. Los gobiernos estatales y
departamentales y los métodos de reclutamiento 1824-1844. Instituto Nacional de
Antropología e Historia, 1993.p. 13-22.
24
Se conoce como leva al reclutamiento obligatorio de la población para servir en las fuerzas
armadas. la leva en masa se comenzó a dar con la Revolución francesa de una manera más
sistemática aunque nunca fue popular; las deserciones y las evasiones eran altas, pero el esfuerzo
fue suficiente para cambiar las tornas en la guerra, y no hubo necesidad de nuevos reclutamientos
hasta 1797, cuando fue instituido un sistema anual más sistemático para ello. Aunque no era una
idea nueva (ya que provenía de pensadores tan diversos como Platón y el abogado y lingüista Sir
William Jones, quien opinaba que cada hombre adulto debía ser armado con un mosquete pagado
22
La Carta Magna de 1824 había propiciado la formación de un Estado nacional pobre incapaz
de controlar los territorios federales, sin una base territorial sólida y con una soberanía
menoscabada y con pocos recursos monetarios a su disposición25, situación que favoreció a las
elites regionales porque podían usufructuar mejor sus zonas de influencia económica y política;
obstaculizando a la vez, todas las medidas provenientes desde el centro y que consideraran
contrarias a sus intereses, tal y cómo ocurrió en lo relativo al número de reclutas que cada estado
debía aportar al servicio de las fuerzas armadas.
El Ministerio de Guerra y Marina se había
pronunciado por la aplicación de los sorteos y las matrículas como formas idóneas para el
reclutamiento, mientras que los estados por las levas, argumentando,
que así no dañaban la
economía del estado o región porque no se veía disminuida la fuerza de trabajo en la ciudad y el
campo.
En esencia la leva se aplicaría sólo para aquéllos que se consideraban como las “lacras de la
sociedad” (en teoría), es decir los vagos y mendigos. Sin embargo, el concepto de “vago” se
extendió también a los desempleados como ocurrió con los artesanos de la Ciudad de México
26
a tal
grado que tuvo que crearse el Tribunal de Vagos para evitar que esta gente fuese enviada a la
Marina o al Ejército.
No obstante, el problema se hizo mucho más grande, cuando a la leva fueron incorporados
los reos de las cárceles y presidios para que purgaran su condena en las fuerzas castrenses, lo que
tuvo un efecto devastador, ya que éstos habían sido sentenciados por los más diversos delitos lo
cual tuvo como consecuencia que esta gente necesitará un trato más estricto para poder
mantenerla bajo control y su presencia causaba un efecto de desmoralización en el resto de la
tripulación.
por el erario público), la práctica anual de la leva en masa era algo raro antes de la Revolución
Francesa.
Las levas francesas fueron claves en el desarrollo de la guerra moderna, y condujo a
ejércitos cada vez mayores en cada guerra sucesiva, culminando en los enormes choques de la
Primera y Segunda Guerras Mundiales en la primera mitad del siglo XX. Fueron los prusianos, sin
embargo, quienes en el periodo posterior a su derrota por Napoleón quienes hicieron la crucial
mejora del reclutamiento sistemático y a corto plazo en tiempos de paz, para crear gran número de
hombres entrenados que podrían ser movilizados al estallar la guerra. Desgraciadamente, la
ventaja que esto les dio para ser los primeros en movilizarse no hizo que la guerra fuese menos
probable.
25
Marcello Carmagnani, “Territorialidad y federalismo en la formación del Estado Mexicano” en
Burson, et. Al. Problemas de la formación del Estado y la Nación en Hispanoamérica, Bohlau
Verlang, Koln Wien, 1984. pp. 289-304.
26
Sonia Pérez Toledo, Los hijos del trabajo. Los artesanos de la Ciudad de México, 17801853 y Los vagos de la ciudad de México y el tribunal de vagos en la primera mitad del
siglo XIX.
23
El problema de la utilización de la leva se debió fundamentalmente porque el Decreto de
reemplazos de 1824 en su artículo tercero dejaba a los estados la libertad en la forma como debían
aportar su contingente. De ahí que casi todos los estados se inclinaran por la leva. Es fácil inferir
que los reclutas obtenidos a través de este sistema, a la primera oportunidad se desertaban. Los
documentos de la época hacen referencia a “escandalosas deserciones”. Los reclutados
carecían
por obvias razones de un “sentido de lealtad” para con la nación, ya que estaban en contra de su
voluntad y no tenían ninguna inclinación por los asuntos del mar. A lo que se añadió lo difícil de la
vida en los cuarteles, los fuertes y los barcos.
Otro gran problema fue la falta de marinos experimentados para comandar las unidades de
la Armada, cuestión que esta estrechamente relacionada con la expulsión de los españoles y que
tuvo graves consecuencias para la nación. El alejamiento de muchos españoles durante la guerra de
independencia y después de ella, originó que las autoridades y la administración en México se
vieran privadas de sus colaboradores más calificados, que por su experiencia de muchos años y
profundos conocimientos especializados, a menudo habían estado en posibilidad de brindar salidas y
soluciones incluso en situaciones críticas.
Y precisamente, uno de los renglones que más daño
había recibido fue el de los militares, al despojarlos de sus cuadros más profesionales.
De esta forma, la Armada nacía en el México independiente sin la experiencia que sólo los
marinos de carrera le podían otorgar. A diferencia de muchas otras profesiones, no se podía
improvisar el conocimiento. Así lo entendió el gobierno nacional, aceptando entonces la contratación
de marinos extranjeros. Algunos ejemplos de ello, son los concernientes al Comodoro de Navío
David Porter y de su sobrino el Teniente David Henry Porter, ambos de origen estadounidense; del
Capitán Blas Godínez Brito de nacionalidad cubana; del Teniente Sebastián José Holzinger, de
procedencia alemana, quienes entre otros, se distinguieron por sus conocimientos navales pero
también por su innegable vocación de servicio y su manifiesto amor a México, a una patria que no
era suya, pero que adoptaron como tal y que dieron todo lo que podían como militares en los
momentos más críticos de la guerra. A ellos, se debe la introducción no formal de reglamentos,
disciplina y doctrina con el fin de ir creando una conciencia militar y un sentido de pertenencia. Los
métodos generalmente fueron rudos ya que las circunstancias históricas del momento así lo exigían.
Pero sin hombres del calibre de los ya mencionados, no sabemos con exactitud que hubiera pasado
en aquellas filas tan heterogéneas de la Armada Mexicana, considerando que en el ejercicio del
Mando y del
Liderazgo, intervienen un sinnúmero de condicionantes, entre ellas las de las
emociones y sentimientos.
EL TRATADO DE GUADALUPE
El objetivo de la invasión fue anexarse la parte norte de México. El 2 de febrero de 1848 se
firmó el Tratado de Guadalupe. En él, México perdió no sólo Texas sino también lo que hoy son los
estados de Arizona, California y Nuevo México y partes de Colorado, Nevada y Utah. El conflicto
24
produjo, en México, la generación de la Reforma y la victoria contra el llamado imperio de
Maximiliano y, en Estados Unidos, la guerra del Norte contra el Sur.
Este tratado encontró fuerte oposición en el Congreso, reunido en Querétaro; pero al fin fue
aprobado ante la dramática realidad de que México carecía de armas y dinero para continuar la
guerra (mayo de 1848). Entretanto, las tropas americanas permanecieron en México hasta el 12 de
junio de 1848, fecha en que salieron para embarcarse en Veracruz. Así acabó la guerra del gran
despojo con los Estados Unidos, con una pérdida de casi la mitad de nuestro territorio.
Esta guerra costó a los Estados Unidos más de $150.000,000 de pesos y sufrió una
pérdida de 27,000 hombres; pero en cambio, adquirieron las magníficas tierras de Texas, Nuevo
México y California, en donde se formaron nuevos estados esclavistas que contribuyeron
momentáneamente a hacer contrapeso político a los estados del norte y que otorgaron al pueblo
norteamericano preponderancia política sobre todo el Continente.
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