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En relación a los hepáticos, recordaremos que vitamina K y transfusión de sangre, deben combinarse según las circunstancias.
En cuanto a la dosis de sangre a transfundir en los
hepáticos no hemorrágicos, cifras medianas de 200 a
300 cc. son las más útiles y con sangre pura; Transfusión Directa, que practicamos muy frecuentemente con
el aparato de Henry y Jouvelet. En aquellos hepáticos
que hagan la gran hemorragia gastroduodenal, deberán tratarse como tales; grandes transfusiones, lentamente, siguiendo la evolución del caso y los necesarios controles: de tensión, pulso, hematocrito, citología,
protidemia, urea, etc., etc.
Vemos, como resumen, que en los cuadros hepáticos y no hepáticos, quirúrgicos, con hipotrombinemia,
donde sea insuficiente vitamina K y sales biliares, por
posible lesión del parénquima hepático, puede obrar
milagros la Transfusión Sanguínea, al elevar la concentración de protrombina modificando las condiciones
hemáticas, permitir la intervención. Es siempre un
coadyuvante eficaz en el hepático.
En las hemorragias gastrointestinales de los
cirróticos, ella permite a los enfermos salvar la crisis,
pero no así evitar un posible nuevo episodio, vinculado,
desde luego, a sus condiciones patológicas hepáticas y
su mecanismo de producción; en algunos casos obrará
sólo paliativamente dado la naturaleza del proceso.
En el Servicio del Prof. Mirizzi, donde se presta muy
esmerada atención a los problemas de la cirugía biliar,
los numerosos enfermos son prolijamente estudiados,
con todas las pruebas funcionales y determinaciones
de Laboratorio, sistemática dosificación de protrombina, la cual es de gran importancia, pues, como sabemos, pueden encontrarse tiempos de hemorragia y de
coagulación normales, con una concentración baja de
protrombina con los riesgos serios que ello representa
en el orden hemorragico quirúrgico.
Repasemos ahora las
2) Indicaciones de la TTransfusión
ransfusión Sanguínea como
tratamiento del shock hemorrágico, quirúrgico, o
traumático
Empezaremos con Wiggers, definiendo el shock
como un síndrome que resulta del desequilibrio de varias funciones, pero donde la reducción del volumen
circulante efectivo y el descenso de la tensión arterial,
constituyen lo fundamental y básico; y cuya alteración
prolongada, puede llevar a un estado de insuficiencia
irreversible, comprometiendo el cuadro con otros síntomas y llegando aún a la muerte.
Para mejor explicarnos la forma tan eficaz de actuar
la transfusión sanguínea plasmática, en los shocks, recordaremos aunque suscintamente, el mecanismo de
producción de este síndrome, cuyas etiologías tratan
de explicar diversas teorías, que no es el momento de
discutir aquí, sino, de recalcar los factores que lo desencadenan y ver su mejor tratamiento.
El mantenimiento de la tensión arterial, resulta del
equilibrio, como sabemos, entre la dinámica cardioAntecedentes históricos de nuestra Revista
Transfusión Sanguínea y Cirugía
(Algunas de sus indicaciones. Dosis. Técnicas.)
vascular por un lado y la masa o volumen sanguíneo
por otro. El desequilibrio entre estos dos factores, trae
como resultado la alteración de la tensión arterial, cuya
caída brusca, con su grave cortejo recibe el nombre de
shock.
Ahora, si el desequilibrio se ha debido a una pérdida
sanguínea grande, con la consiguiente caída de la tensión, tenemos instalado el shock hemorrágico primario: síndrome que se acompaña entre otros síntomas,
de palidez de piel y mucosas (vasoconstricción defensiva), taquicardia, disnea intensa, sed, sudoración profusa, enfriamiento y aún pérdida del conocimiento. Aquí
el desequilibrio se debe a una hipovolemia aguda, que
el organismo trata de salvar con sus medidas defensivas fisiológicas y que médicamente, debe corregirse
con la administración de masa líquida como primera
emergencia: (soluciones fisiológicas cloruradas o
glucosadas, Ringen y Sangre en Especial que resulta la
más eficaz y de elección).
Pero, si este cuadro primario, no se atiende con premura o en forma suficiente, la hipovolemia y su correspondiente anoxemia conducirán a un estasis capilar
periférico, con aumento de la permeabilidad por lesión
endotelial, consecuente trasudación capilar,
hemoconcentración periférica, hipocloremia, acidosis,
llegando al cuadro completo del shock secundario
hemorrágico; ya con insuficiencia de la circulación
periférica, de gravedad extrema y donde como
terpéutica más eficaz, pero siempre que se haga
precozmente y en cantidad suficiente, tiene muy brillante indicación la transfusión de sangre por su calidad,
elementos componentes y mecanismo de acción, al
actuar sobre la insuficiencia circulatoria periférica, reponiendo la masa perdida y corrigiendo todos los valores en déficit; elevando y manteniendo la tensión arterial
base de todo el cuadro.
Ahora, si bien es cierto que la hemorragia grave puede llevar al shock, no todo shock es determinado por
hemorragia, como bien dice Moon; y así tenemos que
el shock quirúrgico, traumático tóxico o por infecciones graves, tienen por base fundamental una
vasodilatación paralítica capilar, con disminución del
tono vascular en todo el organismo, especialmente en
territorio del esplácnico, con estancamiento de la circulación superficial, traducido clínicamente, por el cuadro grave de la insuficiencia circulatoria periférica, con
anemia central real, que puede llegar al colapso y muerte.
La estancación paralítica periférica, va seguida de
trasudación capilar líquida, que arrastra agua, proteínas, sales, bicarbonatos, cloruros, etc., etc., conduciendo a la hemoconcentración acidosis e hipocloremia. Este
déficit de sangre circulante, verdadera hipovolemia,
demostrada científicamente por la célula fotoeléctrica
y la hemoconcentración, demostrada fácilmente por el
hematocrito, como efectos y causas recíprocas, son
los dos factores principales que ocasionan y mantienen la insuficiencia circulatoria periférica y explican los
síntomas más graves y alarmantes del shock: su
hipotensión pronunciada, taquicardia, disnea con
Vol. XXXVIII / N° 2 / 2012
Págs. 165 / 175
Asociación Argentina
de Hemoterapia
e Inmunohematología
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