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cesos que consideramos de mayor y novel interés y
dado que este Curso se refiere a «Cirugía Biliar» comenzaremos por su aplicación:
1) En hepáticos, con o sin ictericia.
2) Como tratamiento del shock quirúrgico-traumático
o hemorrágico.
3) Sobre gastro-intestinales sangrantes y procesos
hemorrágicos afines.
4) En el pre, durante y post operatorio.
1) Indicación de la transfusión sanguínea en los he
he-páticos, con o sin ictericia:
Procesos hepáticos diversos, con ictericia
obstructiva (litiásica, neoplásica, o por compresión de
vecindad pancreática o intestinal), fístulas biliares crónicas, lesión del parénquima hepático por procesos
infecciosos o tóxicos; tienen con frecuencia tendencia
hemorrágica, vinculada directamente a un déficit a veces intenso de protrombina sanguínea, ya sea por insuficiente absorción de la vitamina K a nivel del intestino por falta de bilis, (en los procesos por obstrucción),
o por incapacidad del hígado para su utilización en la
formación de protrombina por lesión de la célula hepática (hepatitis: tóxica, infecciosa, cirrosis, etc.).
Brevemente recordaremos que la vitamina K, o agente anti-hemorrágico que descubriera Dan, de
Copenhague, interviene indirectamente en el fenómeno de la coagulación, al actuar directamente en la formación y concentración de la protrombina sanguínea;
substancia indispensable al fenómeno de la coagulación, de naturaleza coloidal y que es elaborada por el
hígado.
Recordaremos también que se obtiene la vitamina
K, de variados alimentos de origen vegetal y animal y
de la putrefacción bacteriana intestinal, y que requiere
en forma absoluta para su necesaria absorción, la presencia de bilis o sales biliares en el tramus intestinal;
todos ya sabemos, que sin bilis no hay absorción de
vitamina K y que se requiere luego para su posterior
utilización por el hígado en la formación de la
protrombina, la necesaria integridad funcional de la célula hepática.
La insuficiente concentración de protrombina sanguínea, por falta o déficit de absorción de vitamina K,
que acusan los hepáticos con obstrucción biliar y los
que presentan todos los casos, con hipoprotrombinemia, puede coregirse con la administración oral y per
oral de vitamina K sintética y sales biliares, siempre que
el funcionamiento de la célula hepática no esté seriamente lesionado.
Los enfermos con alteración del parénquima hepático, no responden a la terapia con vitamina K y sales
biliares, aunque se usen grandes dosis; pues no hay
absorción y utilización por la célula hepática lesionada.
Vemos, pues, que existen dos factores necesarios a la
formación y concentración de la protrombina, de tanta
importancia en el fenómeno de la coagulación y que
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pueden estar alterados aisladamente: 1) Vitamina K y
su absorción (bilis) ; y 2) Buen funcionamiento hepático.
Es, sobre todo en estos casos, de ictericias
obstructivas pronunciadas, u otras lesiones del árbol
biliar, donde no se consigue elevar suficientemente la
hipoprotrombinemia, con la administración de vitamina K y sales biliares, en los que la Transfusión Sanguínea está perfectamente indicada, pues ella consigue
elevar y mantener el nivel de la protrombineinia, siendo así de inestimable valor como anti-hemorrágico,
permitiendo así el acto quirúrgico, si fuera necesario,
reponiendo la sangre perdida, con el aporte nuevo de
fibrinógeno, protrombina, plaquetas, calcio. etc., de una
sangre normal.
Los litiásicos biliares, pueden presentar hemorragias
gastro-duodenales, a veces intensas, como lo atestiguan observaciones extranjeras y nacionales, entre estas últimas, las de Centeno (1941), Richieri, Perrone,
Gutzman; Kher, quien sobre 1800 litiásicos biliares intervenidos, con o sin cálculos encuentra un 5 % de
hemorrágicos.
Debe ser tenida en cuenta esta posibilidad de hemorragias gastroduodenales en los litiásicos, (así bien
documentada), pero es posible también la coexistencia de ulcus y colecistitis, en algunos casos, como de
colecistitis y poliyosis sangrantes deI tubo gastoentérico en otros, que las expliquen. A veces litiasis e
hipertensión de la porta, están unidas y las hemorragias son debidas a esta última causa. Las hemorragias
pueden también deberse a lesiones del árbol arterial
hepático, así ya la tesis de Marion de 1894, denuncia
un aneurisma de la arteria hepática, abierto en vías
biliares.
Litiasis e infección, son frecuentes, y el proceso infeccioso podrá extenderse a la mucosa píloro-duodenal,
por los focos de adherencias peritoneal y ser ella la
causa de la hemorragia gastro-duodenal, no siendo aquí
la litiasis, sino la infección, el agente hemorrágico; como
así sucede en las colecistitis, no litiásicas, que también
pueden presentar hemorragias. Los traumatismos externos sobre el sistema biliar, hematomas profundos
intrahepáticos, etc., son seguidos de melenas abundantes, o de hematemesis, por lesión directa sobre órgano tan ricamente vascularizado como es el hígado. En
todos estos casos mencionados, la Transfusión Sanguínea es un agente terapéutico muy eficaz y cuya aplicación debe aconsejarse como primera medida. Mejorará el enfermo, permitirá su mejor estudio y tratamiento, y podrán luego continuarse las transfusiones, como
terapia coadyuvante, si fuera ello necesario y conveniente.
La importancia de la Transfusión Sanguínea en los
hepáticos es evidente; Walterre afirma que el tratamiento del pre y post operatorio, de los pacientes con lesiones del tractus biliar, e ictericia, se beneficia grande y
rápidamente con la Transfusión de Sangre. La Clínica
Mayo, denuncia que la mortalidad que ellos obtienen
de un 4,3% sobre ictéricos operados, es debido a hemorragias o insuficiencia hepática.
Vol. XXXVIII / N° 2 / 2012
Págs. 165 / 175
Dr. José M. Pardina