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EJEMPLO DE COMENTARIO DE TEXTO HISTÓRICO.!
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DETERMINAR:!
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Texto narrativo histórico referido a la Roma Clásica Republicana, concretamente en el siglo
I a.C. Constituye este documento una fuente secundaria que presenta información indirecta de los
hechos históricos referidos de la acción política de Julio César como “dictador perpetuo”. El autor,
Suetonio, recoge la vida de las grandes figuras políticas de Roma en su obra “Los Doce Césares”,
posiblemente de la cual se ha extraído este texto. En este fragmento, encontramos las medidas
que Julio César tomó para la reestructuración del Senado y el corpus institucional de los últimos
tiempos de la República romana, ampliando su influencia personal en todos los niveles de la vida
política y administrativa de Roma en esos moemtnos. Este intervencionismo como dictador, a la
postre, generará la creciente oposición del Senado hasta que finalmente, acabe con el asesinato
de César por miembros del Senado, precipitando así guerras civiles en Roma que finalizarán con
la victoria de Octavio Augusto y su “Principado”, al término del siglo I a.C. Esta fuente que proce
deremos a analizar podríamos datarla en torno al siglo I d.C. !
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ANALIZAR. !
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Este texto presenta una idea principal consistente en el refuerzo del poder del dictador Julio César en detrimento de la autonomía e independencia de los diversos mecanismos administrativos y de las instituciones tradicionales de la Roma Republicana. Para ello, encontramos estas
ideas secundarias como argumentos: !
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a) “Completó el Senado (…) sentencia judicial” y “ Admitió a los cargos públicos a los hijos de los
proscritos”: la reincorporación de elementos expulsados de las instituciones descritas en este
párrafo proporcionaba al César una mayor base de adheridos a sus intereses.!
b) “Compartió con el pueblo (…) a propuesta suyas”: detalla el nuevo sistema compartido de
elección de magistrados. A su vez, podemos reseñar una idea accesoria que detalla el procedimiento por el cual César hace efectiva su elección ( “ daba a conocer a sus candidatos mediante tablillas (…)”. !
c) “Admitió en los tribunales de justicia (…) la tercera clase”: que presenta la reforma de los tribunales de justicia eliminando figuras como el tribuno del Erario”.!
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COMENTAR:!
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El Siglo I a.C en Roma presenta claramente un proceso de transformación que se gesta en
el interior de la política romana que terminará con la desaparición de la República Romana y los
comienzos del poder unipersonal representado por Octavio Augusto. !
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La primera centuria antes de Cristo se estrena con la guerra entre los partidarios de Sila y
Mario. Ésta fue una muestra de la tensión existente entre el poder del Senado y los primeros esbozos de establecer un poder cada vez más personal. Tras vencer a Mario y sus partidarios de la
batalla de Porta Collina, Sila ejerció la dictadura durante tres años, protagonizando una fuerte represión mediante las listas de prescripción sobre Senatores y Equites y por otro lado, la promulgación de las Leyes Cornelianas, que permitieron reestructurar el Senado dotándolo de mayor
presencia. Sin embargo, tras su dimisión, Roma no conoció un tiempo prolongado de paz. La rebelión de los esclavos dirigida por Espartaco entre 73-71 a.C tambaleó el modo de vida de Roma.
El sofocamiento y posterior represión de ésta, permitió el ascenso político de Pompeyo y Craso.
Especialmente importante es el caso de Pompeyo, pues su brillante actividad militar exterminando
a los piratas y tomando la zona del Éufrates para Roma por fin, le dotó del suficiente poder y prestigio para conformar junto a Craso y César, protagonista del texto que comentamos, un frente común frente al Senado conocido como “primer triunvirato”. La muerte posterior de Craso luchando
contra los partos dejó a Pompeyo y la figura creciente de César frente a frente. !
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Tras la conquista de las Galias y el éxito de una nueva expedición militar sobre Britania, el
prestigio de Julio César constituía una amenaza para los intereses del Senado. Mientras tanto, la
situación en la capital era complicada. Los conflictos constantes entre los mercenarios y las redes
de clientes catapultaron a Pompeyo como “consul sine collega” para imponer el orden. Esta nueva condición de Pompeyo proporcionó posteriormente el enfrentamiento entre él y César, máxime
tras el ultimátum que el Senado lanzó a César conminándole a licenciar sus ejércitos y renunciar a
su cargo de cónsul en las Galias. !
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La guerra civil entre pompeyanos y cesarianos tuvo diversos capítulos (derrota de Pompeyo en Farsalia y victorias de César en Zela, Tapso y Munda) que resultaron con Julio César como
figura indiscutible de la última Roma republicana, casi asemejándose a un rey ( Marco Antonio llegó a ofrecerle la diadema real que rechazó). El cargo de dictador (“dictator”, cargo que concentraba todos los poderes de la República en tiempos de peligro) se volvió a definir como “Dictator
Perpetuus” dotando de sus capacidades especiales de manera vitalicia a César. Además, éste sería nombrado Imperator (mando supremo del ejercito), cónsul por diez años y Pontifex Maximus
(sacerdote supremo), aparte de controlar tribunos y al funcionariado de Roma.!
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El asesinato de César en los Idus de Marzo del 44 a.C, hizo recobrar al Senado la dirección del Estado. Sin embargo, el proceso de transformación política de Roma era irreversible. El
grupo de senadores que asesinó a César al mando de Bruto y Longinos pretendió volver a la “Res
Publica” de tiempos anteriores, pero eso no fue así. Marco Antonio y Octavio vengaron a César
reclamando su obra legislativa al Senado. La tensión social fue en aumento y tras los funerales de
César, el pueblo desencadenó su furia contra el Senado tras sus últimas y templadas decisiones
contra los asesinos de César. Los acontecimientos girarían hacia la conformación de un triunvirato
entre Octavio, Marco Antonio y Lépido, que se arrogarían tras la Lex Titia plenos poderes, que les
permitirían promulgar leyes y nombrar otros magistrados. !
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Vencidos los defensores del Senado, la situación entre Octavio y Marco Antonio desvelaba
una continuación del conflicto social y político dentro de Roma. Finalmente, la victoria de Octavio
Augusto sobre Marco Antonio en Actium (31 a.C) le daría acceso libre para ser el primer emperador romano, en el año 27 a.C. De esta manera, el proceso de creciente poder único frente a la diversidad de poderes de la República se había completado. !
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El texto del que nos ocupamos es un buen ejemplo de las medidas de Julio César y de
cómo estas apuntaban claramente en la dirección de los sucesos históricos que hemos descrito
anteriormente. En primer lugar, la cuestión del Senado. Julio César aumentó su número a 900
miembros, pero aunque esto pudiera parecer un contrasentido con la visión del Estado que tenía
César y su concepción “popular”, muchos de esos miembros era adeptos a él y su causa (oficia-
les de su ejército, libertos…). Mediante esta artimaña política, César se labraba un apoyo incuestionable dentro del mismo Senado y le evitaba un enfrentamiento directo con su principal enemigo.
Podríamos indicar que el Senado así pasaba a ser un aparato cuyas funciones serían similares a
las de un Consejo de Estado.!
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Entre las magistraturas cuyos integrantes fueron aumentados gracias a César encontramos a la pretura, la cuestura, los ediles y los magistrados subalternos. De nuevo, la misma estrategia que con el Senado: conformar una base de fieles que le permitiera reestructurar la Administración de la República. Es necesario no perder de vista el hecho de que el sistema republicano
mostraba grandes incapacidades conforme su expansión por todo el ámbito del mar Mediterráneo
crecía. El aumento de provincias dependientes de Roma y sus consiguientes necesidades y requerimientos hacían fundamentales el aumento en el número de nuevos funcionarios. Nuevos
funcionarios que habrían llegado a su cargo gracias a la política de César y por tanto, debidos a
él.!
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El proceso de elección de funcionarios junto al pueblo encerraba una ilusión política concreta. Aunque el pueblo podría decidir mediante plebiscitos a sus funcionarios, no hay que olvidar
que Julio César se reservaba la elección de los cónsules (los magistrados más importantes) y la
mitad de todas las demás magistraturas, lo que le permitía la capacidad de decisión y el control de
todo el corpus administrativo romano. !
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Sin embargo, encontramos un elemento que denota las intenciones populistas de Julio
César. Los tribunales de Justicia serían detentados por caballeros (equites) y senadores, eliminando la figura de los tribunos del Erario. Esta medida indica que para César, los puntos claves
que podrían afectar a su visión del Estado como la justicia o el Consulado deberían estar bajo su
control directo. Compensaba así al orden social más favorecido y permitía un cierto equilibrio entre los intereses tanto de las clases más altas como las más humildes. Sin embargo, esto no fue
tan cierto. Como indica González Bravo, lo cierto y verdad fue que estas medidas propiciaron en
el Senado una creciente oposición que culminaría con el asesinato de César a las puertas del Senado.!
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OTROS ASPECTOS. !
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En el estudio de las sociedades históricas más alejadas respecto de nuestro tiempo actual,
existen diversas fuentes de información que por variadas que sean en su naturaleza, nos ofrecen
elementos de análisis y comparación que permiten conclusiones y síntesis a partir de sus datos.
Esta labor del historiador aplicada al texto que acabamos de comentar, debe recordarnos la importancia de las fuentes y el estudio crítico de ellas. Suetonio, autor del texto, es conocido por su imparcialidad en el estudio de las figuras políticas, lo que podemos comprobar ya que aún perteneciendo al orden equites, no encontramos elementos subjetivos en el texto analizado. “Los Doce
Césares” es un ejemplo de estudio historiográfico, junto a otros autores y obras tales como Tácito
(“Historias” y “Anales”) y Tito Livio (“Ab Urbe Condita”), modelos de la historiografía romana.!
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Julio César , personaje histórico al que se refiere este texto ya estudiado, además de su
labor política es conocido por su producción de literatura histórica. Aquí descolló especialmente su
“De Bello Gallico”, que constituye una fuente directa de la conquista de las Galias que nos facilita
el conocimiento de la conquistas y la administración de territorios en la Roma Republicana. Otra
obra de César, “De Bello Civile”, nos presenta comentarios sobre la Guerra Civil entre él y Pompeyo y sus descendientes. Los estudios de los historiadores y la historiografía científica del siglo
XX nos ha mostrado a Julio César como un personaje protagonista del cambio de un poder representativo (Senador republicano) hacia el poder personal total (Octavio Augusto, hijo adoptivo de
César, sería el primer emperador de Roma, con todas sus atribuciones y prerrogativas). !
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En otro orden de cuestiones, es interesante señalar que el proceso histórico de Roma en
el siglo I a.C es extrapolable a otras sociedades históricas, en las que sistemas representativos
que cubren en mayor o menor medida los diversos estratos sociales y sus intereses van siendo
transformados desde dentro hacia otros sistemas con mayor peso y protagonismo de figuras personales acompañadas de la exaltación de éstas. No olvidemos que la propaganda política era radical en el éxito del cursus honorum y que de la mano de ésta, Julio César logró llegar a ser dictador perpetuo. En este caso, podríamos abordar cómo en el siglo XX, Benito Mussolini una vez en
el poder, inició una labor de reestructuración de los órganos de gobierno democráticos mediante la
inclusión de adeptos y partidarios a su causa, transformando el panorama político de Italia con
medidas legislativas posteriores que darían como resultado su poder totalitario como “ Duce” Ese
“enmascaramiento legal” de lo que sería una dictadura en ciernes es un mecanismo que aún hoy
día se da en pleno siglo XXI. !
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CONCLUSIÓN. !
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La importancia de Julio César se extendió a través del tiempo, gracias a la literatura propagandística posterior del poder imperial y sus partidarios (Octavio Augusto, Tiberio, Calígula,
Claudio…) y a través de la Edad Media, de tal manera que en el siglo XVII, W. Shakespeare en su
tragedia “Julio César” nos presentó a éste incluso como una figura trágica. Lo cierto y verdad es
que esta figura nos llevaría actualmente a la diatriba histórica de que la Historia, como producto
intelectual, es reflejo de cambios sociales proporcionados por figuras procedentes de clases dominantes (como indicaba Vifredo Pareto y su teoría de las élites) o de movimientos sociales completos resultantes de la dialéctica hegeliana (preconizados desde la historiografía marxista).