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Lecciones de Antropología para la psicología clínica
Como se ha visto en el capítulo anterior, la vida humana no acontece de forma
genérica o abstracta sino que se da siempre en un yo, en una persona, en alguien capaz de
autoposesión y, sin embargo, llamado a la trascendencia y el encuentro con los otros para
llegar a ser lo que es. No es el hombre un ser realizado ya desde el principio o que sólo
requiera del mero curso del tiempo para alcanzar su pleno cumplimiento. Como diría
Ortega y Gasset, aunque la vida nos ha sido dada, no nos ha sido dada hecha; aunque
nuestra condición no haya sido elegida tenemos una responsabilidad en lo que somos.
En el presente capítulo veremos que para llegar a ser quienes somos los hombres
necesitamos dar sentido a nuestra vida. Y, a la vez, que ese sentido es algo que se descubre
en el marco de un proyecto biográfico que, si quiere ser auténtico, sólo puede construirse
desde la verdadera libertad. Es esta libertad la que, desplegándose en diversos planos,
puede contribuir a nuestra realización personal en los distintos órdenes en los que nuestra
persona participa y encauzar la búsqueda de nuestro fin último (la felicidad) afrontando
todas las vicisitudes y circunstancias que acompañan nuestra existencia, incluido el
sufrimiento.
1.
El proyecto vital y la biografía personal
Todo ser humano nace con una cierta “instalación” que le viene otorgada por
naturaleza o cultura: no podemos no ser corpóreos, sexuados o seres sociales, y tampoco
podemos alterar el lugar donde hemos nacido, el tiempo en que se nos ha engendrado, la
cosmovisión en la que hemos sido de hecho educados o las tradiciones que nos han sido
transmitidas y que han acabado también por conformarnos. Pero el mapa de nuestro
mundo personal no se reduce a esas circunstancias fruto de la necesidad o del azar, que
son simultáneamente marco e ingrediente eficiente de nuestro ser como existentes
humanos. Nuestra vida tiene un argumento y un guión que nosotros escogemos en buena
medida: un haz de trayectorias posibles —más o menos explícitas— se presenta en cada
momento y situación ante nosotros en cuanto que seres inteligentes y libres, y no podemos
esquivar la toma de una decisión por incómodo y comprometedor que ello pueda resultar.
No decidir, de forma aplazada o definitiva, es, de algún modo, haber decidido ya.
Es cada persona la que, abierta constitutivamente a la realidad, ha de descubrir,
diseñar e interpretar la trama de su vida en modo vectorial: desde su pasado, en el presente
y de cara al futuro. El tiempo que teje la vida humana incluye, en efecto, estas tres
dimensiones. Por una parte, lo histórico (en su vertiente personal, mi historia, y en su lado
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