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Lecciones de Antropología para la psicología clínica
confianza del otro si no es siendo de hecho fiel. Como no se acepta realmente el
amor del otro más que abriéndose al amor41.
La confianza no es una previsión basada en las prestaciones anteriores o actuales
del tú; no se basa en un cálculo de probabilidades. La verdadera confianza
trasciende todo lo dado inmediatamente y todo lo previsible a partir de los datos
presentes, de sus cualidades y posibilidades. La confianza en el otro no es
confianza en sus cualidades, sino sólo confianza en su fidelidad. Confianza de uno
y fidelidad del otro se dan simultáneamente, correspondiendo la prioridad
ontológica a la confianza. Por esto se puede decir que la confianza es
verdaderamente inmotivada.
En forma análoga a lo dicho de la fidelidad, también aquí podemos afirmar que la
confianza engendra confianza. El que cree que "todo hombre tiene un precio", no
puede tener confianza en los demás, ni puede tampoco merecerla. Como no
merece que se confíe en él un hombre que tiene el placer o el amor a sí mismo
como criterio o motivo básico de sus acciones. Pero este hombre tampoco será
capaz de confiar en los demás. Sin embargo, cuando se confía de veras en quien
no lo merece (y ya hemos constatado que la confianza inmotivada es la única
verdadera confianza), se engendra en él no sólo la fidelidad sino también la
capacidad de confiar. El amor que damos y que recibimos nos hace
simultáneamente confiar en el otro y "merecer" su confianza con nuestra fidelidad.
c) Por otra parte, en la confidencia se revela y se encuentra el hombre a sí mismo:
nadie puede verse a sí mismo sin reflejarse en alguien, sin darse a alguien, de ahí
el papel de la confidencia, que más que un contar, es un expansionarse, explicarse,
desenvolverse, abrirse, que hace que nos sinceremos, no sólo a los demás sino a
nosotros mismos frente a los demás. En la confidencia se revela nuestra intimidad,
nuestra vida personal e íntima, y quedan satisfechas tanto nuestras aspiraciones a
ser comprendidos, apreciados y amados, como las de derramar en otros la plenitud
de nuestro amor.
La confidencia sólo es posible ante la presencia de un tú que sepa escuchar y
responder no sólo a una palabra, sino en ocasiones a un gesto o a una mirada. Así,
41
Debemos insistir en que ello sólo es así en el seno de una auténtica relación interpersonal, en la que se
dé un amor benevolente mutuo, recíproco y una unión afectiva o real. Cuando la relación no es interpersonal, cuando no existe una auténtica reciprocidad, entonces es cuando podemos hablar de una confianza
defraudada, de una fidelidad traicionada, o de un amor no sólo no correspondido sino utilizado por el amado
en su propio provecho o interés egoísta.
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