Download Apuntes de antropología para la psicología clínica

Survey
yes no Was this document useful for you?
   Thank you for your participation!

* Your assessment is very important for improving the work of artificial intelligence, which forms the content of this project

Transcript
Lecciones de Antropología para la psicología clínica
La religión no es una póliza de seguros para conseguir una vida tranquila, o para vivir con
el máximo de libertad los conflictos, o cualquier otro objetivo higiénico. La religión
proporciona al hombre mucho más de lo que podría ofrecer la psicoterapia, pero también
exige más de él. Cualquier tipo de confusión entre lo que puede ofrecer la religión y lo
que ofrece la psicoterapia puede llevar a confusión. No hay que olvidar que las
intenciones de ambas disciplinas son diferentes, aunque en un momento dado ambos
efectos puedan solaparse (Frankl 1999: 99)67.
Más allá de esta diversidad de actitudes y opiniones, si se nos pidiera una
caracterización en su origen del fenómeno religioso diríamos que el modo en que
naturalmente surge (y esto no es incompatible con que sea objeto de educación o incluso
de catequesis) consiste básicamente en una proyección del atractivo por la realidad que
el hombre siente y la conciencia esperanzada de sus promesas de un futuro perenne. Como
afirmó Giussani:
es bastante superficial repetir que la religión ha nacido del miedo. El miedo no es el primer
sentimiento que experimenta el hombre. El primero es el atractivo; el miedo aparece en
un segundo momento, como reflejo del peligro que se percibe de que la atracción no
permanezca. Lo primero de todo es la adhesión al ser, a la vida, el estupor frente a lo
evidente; con posterioridad a ello, es posible que se tema que esa evidencia desaparezca,
que ese ser de las cosas deje de ser tuyo, que no ejerza ya atracción en ti. Tú no tienes
miedo de que desaparezcan cosas que no te interesan, tienes miedo de que desparezcan
las cosas que te interesan. La religiosidad es ante todo la afirmación y el desarrollo del
atractivo que tienen las cosas (Giussani 1998: 147).
El hombre es ante todo una pregunta y un deseo. ¿Quién soy? ¿Qué quiero llegar
a ser y qué me cabe esperar? Nadie puede vivir en plenitud sin plantearse y responder a
estas preguntas y al deseo del que emergen. Deseo saberme a mí mismo, como ser que
piensa, decide, ama y vive, y que sin embargo no puede dejar de desear saber, querer,
amar y vivir más y mejor. Nos constituye un deseo que aspira a una verdad que sacie
nuestra inteligencia, a un bien —justicia, libertad— que responda plenamente a nuestra
voluntad, a una belleza que satisfaga nuestra capacidad de fruición, a un amor que colme
nuestro corazón, a un sentido que ilumine nuestra vida, la anime en su quehacer y nos
ayude a afrontar todas sus vicisitudes.
67
Puesto que toda religión implica una cosmovisión orientada a condicionar por completo la vida del
creyente, es lógico que tenga influencia sobre su salud mental. Sin embargo, —Frankl no ha tratado que yo
sepa de esta cuestión— dicha influencia será distinta de acuerdo con la forma en que se conciba y desarrolle
la relación entre el creyente y su Dios. En concreto, la fe católica cuenta con dos elementos que favorecen
enormemente la estabilidad y el equilibrio mental y que, por tanto, contribuyen positivamente en este
ámbito: el amor y la esperanza (Melián y Cabanyes 2010: 122-123; Torelló 2008).
139