Download Apuntes de antropología para la psicología clínica

Survey
yes no Was this document useful for you?
   Thank you for your participation!

* Your assessment is very important for improving the work of artificial intelligence, which forms the content of this project

Transcript
Lecciones de Antropología para la psicología clínica
Desde esta perspectiva, se extrae la ética de la antropología (a la que está
indisociablemente unida), en un sentido eminentemente proactivo y de acuerdo con una
fundamentación última de carácter metafísico que justifica y desarrolla el axioma
consistente en que el modo de obrar se siga —en el ser humano de un modo razonable y
libre— del modo de ser: “las inclinaciones naturales –concluye Barrio— apuntan hacia
la plenitud humana, y la moral, en consecuencia, se puede inducir partiendo de su
orientación espontánea, a la cual debe unirse, ciertamente, la orientación del logos”
(Barrio Maestre 1999: 42-43), no para eliminar las pasiones o erradicar las inclinaciones
hacia lo útil y lo placentero, sino para reordenar nuestra conducta en el caso de que esos
bienes se sobrepongan al bien honesto, el único que tiene siempre razón de fin y es amable
por sí mismo.
De lo dicho se pueden deducir algunas conclusiones interesantes en clave
psicológica. La primera, que el sistema de valores morales tiene una importancia
fundamental para la vida del individuo y, por tanto, para la asistencia psicoterapéutica
que pudiera precisar. No sólo una heteronomía radical puede ser fuente de trastornos de
índole mental, también la anomía (la ausencia de normas o incluso el relativismo de los
valores) puede ser origen de situaciones problemáticas desde este punto de vista, que
dejan al sujeto en un estado de postración o abandono. Tan perjudicial resulta imponer o
avasallar con los valores propios como negar su trascendencia dentro del desarrollo
personal. Como hemos visto en los ejemplos propuestos por López Quintás, una adecuada
asunción de los valores morales supone apertura de miras y rechazo de prejuicios,
valoración discriminada de las propuestas, reconocimiento de los criterios que
contribuyen a la propia plenitud y rechazo de aquellos que obstaculizan ese camino,
voluntad bien dispuesta ordenada a vivir en coherencia con los criterios elegidos, realismo
para integrar esos criterios en el día a día; en definitiva, la suficiente humildad como para
admitir propuestas que no tienen por qué surgir de mí así como para aceptar las faltas en
su aplicación, una recta razón para dilucidar la validez de esas propuestas y una voluntad
intelectual y cordialmente resuelta a vivir de acuerdo con aquellas que hayan sido
libremente elegidas.
A esta primera vertiente hay que añadir, además, que la libertad y la vida humanas
tampoco son concebibles sin relación a los otros y las normas que rigen mi conducta
respecto de ellos (para su bien). No sólo tienen la libertad y la vida humanas una
dimensión personal sino también interpersonal (y social). Y el amor es la única fuerza
133