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Lecciones de Antropología para la psicología clínica
que no me afectan sólo a mí, implica sin duda un progreso en la lucha del hombre contra
las cadenas exteriores (una mejora en la capacidad de autodeterminación del ciudadano,
o del pueblo como entidad de carácter político), pero requiere también de una cierta
ascesis y de sacrificios relevantes desde el punto de vista histórico. Todo hombre aspira
a conformar e integrar una sociedad libre y al logro de avances reales en lo que suele
denominarse “régimen de libertades”, pero no podemos hablar de verdadera libertad
política y social si al menos una buena parte de los ciudadanos no son libres desde el
punto de vista moral. Es, por tanto, una libertad que supone ausencia “de” coacción
externa pero también el fomento de la participación ciudadana en la vida social y política
“en” y “por” el bien común.
3.
La autorrealización personal y los compromisos socio-profesional, ético y
religioso
Como hemos visto, verdad, compromiso con el bien y libertad se reclaman
mutuamente en el proceso de autorrealización humana. Ahora resulta necesario añadir
que ese proceso se desarrolla fundamentalmente por tres vías que nos son connaturales:
socio-profesional, ética y religiosa, vías que —además— el hombre espera que le
conduzcan a su fin último: la felicidad. La vida humana tiene efectivamente una triple
teleología y todo proyecto vital se desarrolla al menos en esos tres niveles: no puede ser
casual el hecho de que “en todas las civilizaciones, por regla general, el hombre aspira a
constituir una familia y a desempeñar una profesión, asume unos principios morales y
tiene unas expectativas respecto de la eternidad” (Vicente Arregui y Choza 2002: 475).
3.1 Planos social y profesional
El hombre —lo hemos apuntado en repetidas ocasiones— no es sólo un ser de
naturaleza: es también un ser de encuentro y de cultura. Dicho de un modo más preciso:
el ser humano, por su propia condición, se constituye, se reconoce y se perfecciona como
un ser abierto a la realidad y a los otros, y capaz de invención. Pues bien, estos dos últimos
planos corresponden, respectivamente, a la sociabilidad natural del hombre y a su
vertiente ideadora y creadora, generadoras ambas de actividades e instituciones que
resultan esenciales para nuestra existencia: la familia y la sociedad, por una parte; por
otra, el trabajo, el arte y, en su sentido más amplio, la cultura. De éstas decimos (en
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