Download la guerra del 98 y mayagüez

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muy rezagados a causa del estorbo que les representaba la lenta y fatigosa
operación de acarrear los cañones, y no habían podido aún vadear el río.
El Teniente Coronel Osés, habiendo sufrido un síncope que amenazaba con
repetirle y quien ya apenas podía sostenerse en pie, a pesar de estar tan enfermo,
llevaba ya trece horas montado a caballo, se sentía agotado por el cansancio y el
hambre, estaba siendo dominado de nuevo por su altísima fiebre cotidiana. Envió
cuatro recados a la vanguardia, la cual seguía avanzando sin detenerse y a paso
rápido, por lo que iba ya a más de un kilómetro de distancia, para que se detuviese
y, echando pie en tierra, en plena retaguardia, mandó su caballo hacia adelante para
desembarazar la vereda cuya sinuosidad, determinada por la estructura del terreno,
solo permitía el paso de una persona en fondo, ocupándose personalmente de
acelerar el paso de la artillería y de las carretas. Sus esfuerzos realizados
valerosamente con toda serenidad y desprecio del peligro de morir o caer en manos
del enemigo que se acercaba consiguieron despejar la vereda para que la extrema
retaguardia de la columna pudiese continuar cruzando el río.
Después de cruzar el Guasio con sus dos cañones de montaña, el Teniente de Olea
los llevó por la orilla opuesta hasta lo alto de una loma que dominaba el vado del
río, donde los emplazó para cubrir el cruce por el vado de la última parte de la
retaguardia de la columna mayagüezana que aún estaba cruzándolo y para impedir
que los invasores norteamericanos pudiesen cruzar el río, si acaso llegaban hasta
allí y le daban alcance.
COMBATE EN EL GUASIO
En esos momentos el enemigo invasor estadounidense quien, a pesar de lo
extendida que estaba ya la noticia del cese de las hostilidades, tampoco había
recibido confirmación oficial alguna de que se hubiese firmado la paz el día
anterior, dio alcance a los rezagados que aún no habían podido cruzar el vado y
abrió fuego de tercerolas, de fusilería y de cañón sobre la extrema retaguardia de la
columna mayagüezana que aún estaba intentando cruzar el vado del río.
Si como bien lo señaló el Capitán don Ángel Rivero en su "Crónica de la Guerra
Hispanoamericana en Puerto Rico": "...ese día 13, para nadie era un secreto en
Puerto Rico que el Protocolo de Paz se había firmado", entonces, este innecesario
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