Download la guerra del 98 y mayagüez

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hasta los armamentos de su Instituto de Voluntarios por orden del Capitán General
don Manuel Macías y Casado, último de los gobernadores generales peninsulares
de Puerto Rico durante la dominación española. De este modo se cumplió el
fatídico, no empece cuán acertado vaticinio sobre la inexorable pérdida de la
Indias, hecho en 1675 por el sagaz visionario don Gabriel de Villalobos, Marqués
de Varinas.
Mientras esto ocurría en Mayagüez, la guarnición de la ciudad y las guerrillas
mayagüezanas de Bascarán se atrincheraban en Las Marías en la altura que
dominaba el camino por donde se aproximaban las tropas invasoras aprestándose
para darles combate.
Ese viernes 12 de agosto, el Brigadier General Schwan formó una tropa compuesta
por seis compañías de infantería, un pelotón de artillería y otro de caballería que
estaba al mando del Teniente W.S. Valentine, el cual formaba la vanguardia de la
columna.
Abandonando los lodazales y fangueros en que se habían convertido sus
improvisados campamentos en las afueras de Mayagüez al influjo de los copiosos
aguaceros que habían caído en esos últimos días, la expedición salió de Mayagüez
a las diez de esa mañana en dirección a Las Marías, agobiada por el excesivo calor,
la humedad y los fuertes chubascos con el propósito de perseguir, combatir y
capturar a la guarnición de Mayagüez.
En esa misma mañana del viernes 12 de agosto de 1898, el Capitán General de
Puerto Rico envió un telegrama al Coronel Soto Villanueva, Comandante Militar
de Mayagüez en el que, en atención al precario estado de salud de éste, le ordenaba
a Soto Villanueva, entregar el mando de la columna al Teniente Coronel Osés
Mozo, Jefe del Batallón de Cazadores de Alfonso XIII que era la Guarnición de
Mayagüez. Quizás, precisamente, por saber que era inminente el fin de las
hostilidades, mandaba también que, con toda celeridad, éste emprendiese la marcha
hacia Lares para unir sus fuerzas con las que allí había, para, al día siguiente,
marchar sobre Arecibo, especificando que la marcha debería comenzar en breve,
para evitar que el enemigo les cortase la retirada y hasta las comunicaciones, pues
había ya en Utuado una fuerte columna norteamericana al mando del General Guy
Vernon Henry, la cual podría tratar de interceptarlos.
Estas órdenes urgentísimas, prudentemente impartidas el mismo día en que se
firmó el armisticio, aunque la noticia oficial de esto no había llegado aún, cayeron
en la tropa como un baño de agua fría y dieron al traste con todos los planes de
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