Download la guerra del 98 y mayagüez

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esto obedecía, a su vez, a los cables que el Capitán General recibía de Madrid, en
los cuales ya no se le urgía defender la Isla sino que se le aconsejaba
"economizar la vida de los soldados, pero dejando, en todo caso, a salvo
el honor de las armas".
De hecho, el Ministro de la Guerra de España ya le había dejado ver al Capitán
General cuál habría de ser el destino final de la isla, pues en un cable le decía:
"...si hemos de retirarnos de esa isla, y eso sucederá, dejemos
recuerdos honrosos de valor y nobleza...Podremos ser vencidos por el
número o por la penuria de recursos, pero jamás por desidia o
cobardía".
Esa noche, parte de la tropa y la guerrilla descansó mientras otra parte trabajaba
cavando trincheras y fortificando sus posiciones conforme al plan acordado.
Mientras tanto, otra columna de las fuerzas invasoras norteamericanas que había
salido desde Yauco, ya había atravesado la cordillera central. El 3 de agosto los
invasores norteamericanos habían ocupado Adjuntas y Utuado y para el jueves 11
de agosto estaban acercándose a Arecibo, lo cual cortaría efectivamente la ruta de
retirada de las fuerzas mayagüezanas hacia la capital, donde el Estado Mayor del
Ejército Español en Puerto Rico había planeado resistir, como en una nueva
Numancia, hasta el último hombre. Aún en el peor de los casos, esto dejaría
aislado, aunque en manos españolas, un sólido bloque de pueblos en el Noroeste,
que incluiría Añasco, Aguada, Aguadilla, Isabela, Quebradillas, Camuy y Hatillo,
todos ellos en la costa, y Lares y San Sebastián, éstos en el centro, donde, aun
aislados, podrían organizar una resistencia eficaz.
MAYAGÜEZ, CIUDAD ABIERTA,
DESGUARNECIDA Y A MERCED DEL INVASOR
La ciudad de Mayagüez había quedado atrás inerme, abierta, abandonada y sumida
en un estado de tensa calma que alternaba con momentos de gran excitación
cuando llegaba alguna noticia. Sus alrededores estaban llenos de desertores,
guerrilleros y jíbaros o campesinos que bajaban en grupos desde las montañas.
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