Download la guerra del 98 y mayagüez

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Transcript
El Coronel Soto Villanueva fue alojado en la residencia del Alcalde de Las Marías,
don Rafael Olivencia. El Teniente Coronel Osés, los Comandantes Espiñeira y
Jaspe, los Capitanes González, Manuel García Cuyar, José Torrecillas y otros,
fueron alojados en la casa del rico agricultor y comerciante José Pérez. El Teniente
Coronel Salvador Suau, el Comandante Salazar, el Capitán Juan Bascarán, de la
guerrilla, el Teniente Graña y otros voluntarios, así como el Capitán Serena, del
Batallón Alfonso XIII fueron alojados en casa del comerciante don José Guiscafré,
quien entre 1891 y 1895 había sido alcalde del pueblo.
Acto seguido, y temprano esa misma noche, el herido Comandante Militar de
Mayagüez, Coronel don Julio Soto Villanueva reunió en Consejo de Jefes, al
Teniente Coronel don Antonio Osés Mozo, Jefe del Batallón Alfonso XIII, o sea,
de la de Guarnición de Mayagüez, al Teniente Coronel Excmo. Sr. don Salvador
Suau y Mulet, Jefe del Instituto de Voluntarios de la ciudad, y quien había sido
Alcalde de Mayagüez, al Comandante don José Jaspe, al Comandante don Ramón
Espiñeira Fernández y al Teniente don Rodolfo de Olea y Mora, quien mandaba la
sección de artillería de montaña, y expuso su más resuelta intención de esperar al
enemigo al resguardo de las excelentes posiciones defensivas que les proveía la
colina donde ubicaba el cementerio del pueblo, las cuales, en esos momentos,
estaban siendo reforzadas con trincheras. Todos los oficiales lo apoyaron. El
Teniente de Olea ofreció detener al enemigo, con sus cañones, todo el tiempo que
fuese necesario, y cuando esto trascendió a la tropa, se encendió en ella un gran
entusiasmo, a pesar del natural agotamiento que podía esperarse en soldados y
guerrilleros después de una marcha de diez horas, por un accidentado camino y a
campo traviesa por el agreste terreno que hay entre Mayagüez y Las Marías.
Es preciso notar la firme determinación de un Jefe militar, mal herido y
médicamente desatendido, que haciendo caso omiso de su condición física, se
decide a hacer un alto, emplazar sus cañones y dar el frente al enemigo jugándose
su última carta en unas formidables posiciones defensivas de las que se dominaba
todo el campo, hacia abajo, precisamente en la dirección por donde precisamente
se venían acercando las fuerzas invasoras.
Este anticipado combate entre las tropas invasoras y las fuerzas mayagüezanas, que
hubiera sido el último combate en esa guerra y en la cual, en razón de las
ventajosas posiciones defensivas y los cuidadosos preparativos realizados podía
preverse que las fuerzas defensoras prevalecerían sobre el enemigo, no llegó a
darse. Todo sucedió de otra forma, a causa de los telegramas que seguían llegando
de San Juan ordenándoles un más rápido repliegue hacia Lares. La realidad es que
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