Download la guerra del 98 y mayagüez

Survey
yes no Was this document useful for you?
   Thank you for your participation!

* Your assessment is very important for improving the work of artificial intelligence, which forms the content of this project

Transcript
españolas o de las estadounidenses y combatían entre ellos mismos antes de que
los soldados de las dos potencias en guerra lo hiciesen entre sí.
En estas absurdas luchas fratricidas entre puertorriqueños, a la larga, sólo saldría
vencedor el paciente y taimado enemigo invasor que tan bien había sabido
deslumbrarlos y dividirlos, y sería la patria la que acabaría perdiendo. Aún hoy, se
sigue en las mismas, pues un pueblo dividido no tendrá jamás mucha oportunidad
de prevalecer sobre el extranjero invasor que lo ocupa, domina, adoctrina y lo
acostumbra a aceptar indefinidamente su presencia intrusa como algo natural y
conveniente.
Quedaron en Mayagüez en pie de guerra y por propia voluntad, ciento ochenta
Voluntarios leales, el fiel remanente de uno de los dos batallones de Voluntarios,
quienes optaron por permanecer en pie de guerra y hacer frente a un enemigo que
ya había ganado esa guerra en otros frentes, para defender el honor de su patria,
que ya la había perdido. En medio de los desconcertantes rituales bélicos de una
contienda que en ocasiones parecía estar siendo escenificada y que parecía tener un
ineludible resultado perfectamente previsto por ambas partes, al pueblo no se le
ocultaba lo que estaba por suceder. Iba a ser sacrificado en aras de la supervivencia
de la madre patria y, con el impasible fatalismo que lo caracteriza, presentía el
inminente desgarramiento, la dolorosa e ineludible amputación y el trágico
desenlace.
El domingo 7 de agosto de 1988 y aprovechando el vacío de poder y la ausencia de
autoridad o fuerza militar alguna, procedentes de Sábana Grande, pueblo
desguarnecido del que ya habían tomado posesión desde el 30 de julio, entró a la
también desguarnecida villa de San Germán una partida de cerca de cuatrocientos
hombres del país armados al mando de Eduardo Lugo-Viña y Dansó (1850-1925),
un rico propietario de haciendas azucareras, separatista (respecto a España) y
anexionista (respecto a los Estados Unidos). Este era propietario de la Hacienda
Carlota, en Guayama, que era la de mayor producción de azúcar moscabado en la
Isla, y quien se había naturalizado como ciudadano estadounidense127 (Igual que
Mateo Fajardo Cardona y José Julio Henna, entre otros).
127
Era hijo del Excmo. Sr. don Wenceslao Lugo-Viña y Oliver (1820-1883), Senador y Diputado por Puerto Rico en
las Cortes españolas y Socio Fundador del Ateneo Puertorriqueño, y sobrino de don Vicente Lugo-Viña y Martínez,
Consejero del Parlamento Autonómico de Puerto Rico y luego, representante de Mayagüez por el Partido Liberal en
la Cámara Insular. Se casó en 1875 con doña Concepción Quiñones y Quiñones, hija de don Francisco Mariano
Quiñones (Quien luego presidiera el Gabinete Autonómico de Puerto Rico. Al enviudar contrajo segundas nupcias
con una prima hermana de su difunta esposa, hija de don José Marcial de Quiñones, y al volver a enviudar contrajo
terceras nupcias con doña Lucía Rossy, probablemente de la familia de don Manuel P. Rossy, prominente masón
(Grado 31), Presidente del Gran Consejo Regional de Puerto Rico del Gran Oriente Español, entonces el más alto
organismo masónico en la Isla, y Secretario de Instrucción Pública del primer Gabinete Autonómico. Las estrechas
199