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TAJANTE RESPUESTA ESTADOUNIDENSE
A LA PETICIÓN ESPAÑOLA DE PAZ
El miércoles 3 de agosto de 1898 el gobierno estadounidense aceptó, en principio,
la propuesta española de concertar un armisticio para tratar sobre los términos de la
paz, pero sujetándola a la elocuente y reveladora previa condición de que España
tendría que cederle la isla de Puerto Rico, y todas las demás islas e islotes que ésta
poseía en el Mar de Las Antillas, a lo cual España aún se resistía, puesto que su
ejército en Puerto Rico estaba intacto y aún se encontraba en control de la mayor
parte de la Isla y de su ciudad capital.
El gobierno español consideró "excesivamente rigurosas", improcedentes y sin
fundamento en Derecho las condiciones que el gobierno estadounidense quería
imponerle nada más que para decidirse a acceder a hablar sobre una posible paz y
muy "particularmente dura" la obligación de ceder a Puerto Rico como
indemnización por una guerra que los Estados Unidos habían estado deseando y
planeando durante años, y la cual habían acabado ellos mismos por provocar, pero
el Presidente William McKinley le indicó tajantemente a Mr. Jules Martin
Cambón, el embajador francés en Washington, quien estaba sirviendo como
representante de los asuntos de España en Estados Unidos, que si España
"no se resignaba inmediatamente a hacer ciertos sacrificios
necesarios, como el de cederles Puerto Rico, las condiciones que más
adelante se le exigirían, serían más onerosas y en proporción a la
demora en las discusiones”.
Ante semejante amenaza, y en atención a la imposibilidad de continuar en la
guerra, el gobierno español se vio precisado a encarar la toma de la muy penosa
decisión de acatar las duras exigencias de los Estados Unidos y a resignarse
dolorosamente a aceptar de antemano cederles la Isla.
La decisión fue tomada, y al día siguiente, o sea, el jueves 4 de agosto y el General
don Manuel Macías y Casado, Gobernador y Capitán General de Puerto Rico,
ordenó que fuesen quemados, con fuego de hoguera, los armamentos y municiones
de los Batallones de Voluntarios, compuestos en buena medida por leales
incondicionales, los cuales fueron desbandados. Este hecho revela lo que ya se
estaba fraguando tras bastidores, pues nadie desbanda sus tropas de reserva cuando
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