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actuaciones de patriotas separatistas puertorriqueños como el poeta y periodista
Francisco Gonzalo Marín, (1863-1897) quien ofrendó su vida en la manigua
cubana luchando hasta su muerte por la independencia de la hermana Gran Antilla,
las del Teniente Coronel Enrique Molina Enríquez, el Coronel Guillermo Mascaró
el Brigadier José Semidey Rodríguez, el Teniente Coronel Enrique Malaret Yordán
y el general mayagüezano Juan Rius Rivera, quienes al igual que Betances llegaron
a percibir el peligro que representaban las ambiciones estadounidenses y se
lanzaron a luchar por el ideal de “Las Antillas para los Antillanos” reforzando la
idea de la unidad antillana en la lucha por la libertad. El mismo héroe de la lucha
por la independencia de Cuba, General Antonio Maceo y Grajales (1845-1896),
cuando se le intentó reclutar para la causa anexionista, expresó en 1890 que aun
cuando ello le parecía imposible, si se pretendiese que Cuba llegase a ser una
estrella más de la constelación estadounidense, ese sería el único caso en que tal
vez su espada estaría al lado de la de los españoles. También recelaba de cualquier
posible ayuda militar directa de los Estados Unidos, por considerarla peligrosa e
innecesaria, aunque hubiera aceptado ayuda económica, armas y pertrechos de
potencias extranjeras y aún hasta de los mismos Estados Unidos. En una carta
dirigida desde El Roble el 14 de julio de 1896 al coronel Federico Pérez Carbó
expresó:
“La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar
derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco
espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros
esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de
gratitud con un vecino tan poderoso.”
Desde El Roble escribió también a su amigo José Dolores Poyo,
“…¿A qué intervenciones ni injerencias extrañas, que no necesitamos ni
convendrían? Cuba está conquistando su independencia con el brazo y el
corazón de sus hijos.”
Es obvio que, ante la falta de un sustancial apoyo popular para su causa, los ricos
hacendados cañeros puertorriqueños que interesaban una entonces imprudente y
completa separación de España coquetearon peligrosamente con el poderoso
“Coloso del Norte” y este se aprovechó de ellos. Maceo, “el Titán de Bronce”, lo
había visto venir. En Puerto Rico pocos anticiparon inicialmente lo que podría
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