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Los ricos hacendados cañeros puertorriqueños del Sur y Suroeste de la Isla que
colaboraron con las fuerzas invasoras no llegaron con las tropas estadounidenses.
Mateo Fajardo Cardona y Antonio Mattei Lluberas no llegaron a Ponce sino hasta
el 31 de julio cuando los trajo el transporte estadounidense USS. Saint Louis con
destino a los Cuarteles Generales del General Miles, donde quedaron adscritos.
Entonces, renegando de todo cuanto habían sostenido y proclamado como
miembros de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano en
Nueva York, donde siempre habían abogado por la independencia de la Isla,
lanzaron, para consumo del incauto pueblo, un ambiguo y engañoso proyecto de
manifiesto redactado por el Dr. José Julio Henna, anunciando su presencia el cual,
entre otras cosas, decía:
"Estamos aquí: Venimos con el ejército americano identificados en
sentimientos e intereses patrióticos a contribuir a dar al pueblo,
oprimido por largos siglos de ignominia, la más hermosa de las
conquistas del hombre: la libertad"
"No vienen los americanos en son de conquistadores, como se nos ha
hecho ver con esa sorda propaganda de todos los espíritus malvados;
vienen solamente a libertarnos del tirano..."
El proyecto de manifiesto concluía con "¡Viva Puerto Rico Libre!" y un críptico
"¡Viva la libertad en el fecundo seno de la Unión Americana!". El término
“libre” aplicado al nombre de Puerto Rico solo podía ser entendido como alusivo a
la independencia y el ambiguo término “unión” podía referirse, tanto a los Estados
Unidos, como a la más amplia comunidad de todas las naciones libres del
continente americano, incluyendo las hermanas naciones hispanoamericanas.
El engaño no podía ser más deliberado y completo. Daban vivas a la libertad
mientras escoltaban a los nuevos amos, que solo traerían servidumbre y todo el
dinero que hiciera falta para lubricar la más cómoda imposición de ésta, pero los
estadounidenses ni siquiera les permitieron circular dicho manifiesto, por los
compromisos políticos que este implicaba, los cuales no tenían intención alguna de
honrar.
El 21 de Marzo de 1898, el Dr. José Julio Henna, había informado al Presidente
McKinley que el Directorio Revolucionario de Puerto Rico establecido en Nueva
York, el cual él mismo presidía, le había autorizado a ofrecerle al Departamento de
Guerra de los Estados Unidos todos sus planes de invasión, siempre y cuando se
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