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extraordinarias de vigilancia, comunicándoles cuantas órdenes hubiese que
cumplir.
LOS RICOS OPORTUNISTAS DEL PATIO
Entre los sectores más insatisfechos de la sociedad puertorriqueña de fines del
Siglo XIX se encontraban precisamente los más poderosos y privilegiados, los
hacendados azucareros, quienes defendían un librecambismo que les daría acceso
sin onerosas trabas al mercado estadounidense, que era su mercado principal, y
abogaban por la creación de bancos agrícolas e hipotecarios y por la inversión de
capitales extranjeros necesarios para la transformación de sus viejas haciendas en
modernas y más eficientes unidades de producción como lo eran las centrales
azucareras.
En la década de 1880, la grave crisis económica que asoló la Isla a causa de la
caída de los precios del azúcar a nivel mundial, motivó que a los hacendados,
azucareros, faltos de suficiente capital, de adecuadas fuentes crediticias y
acorralados por las tarifas proteccionistas levantadas por la metrópoli, se les
imposibilitara competir favorablemente en el mercado internacional. La pérdida en
el valor adquisitivo de la moneda, la precaria infraestructura del país y la pesada
carga del sistema contributivo, entre otras cosas, agravaba aún más la situación.
Los comerciantes exportadores sufrían también los efectos de la crisis y se hicieron
eco de las protestas de los hacendados azucareros.
A su vez, otros sectores urbanos, como los funcionarios menores y los artesanos, se
unieron a la causa autonomista debido a que sus condiciones de vida y de trabajo
se deterioraban rápidamente por el encarecimiento del costo de vida. Los
profesionales, quienes por su nivel de educación se consideraban tanto o más
cualificados para dirigir y tomar decisiones sobre la administración del país que los
burócratas peninsulares enviados desde la metrópoli para hacerlo, hicieron causa
común con los intereses azucareros y comerciales. Para todos estos grupos se hizo
de vital importancia alcanzar la autonomía administrativa, ya que percibían a esta
como el instrumento clave para impulsar el progreso y la prosperidad del país.
España había impuesto elevados aranceles al azúcar procedente de sus Antillas con
el propósito de proteger en la Península los intereses azucareros de Andalucía y de
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