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general de las operaciones que se anticipaban. Entre ellas: Que al tener noticias de
un desembarco enemigo se dirigiría inmediatamente con todas las fuerzas y los
voluntarios que pudiese reunir a dicho punto para oponerse a la invasión. Si tuviese
que retirarse, lo haría sobre Mayagüez, que defendería con energía.
En previsión de que la guarnición de Mayagüez fuese arrollada por las fuerzas
superiores de un enemigo, si la guarnición se veía obligada a retirarse, lo haría, por
Lares y Arecibo, hasta la capital. Esta orden resultaba incongruente con la
corriente de opinión entonces generalizada en la Península, pues allí los periódicos
informaban al pueblo que el Capitán General de Puerto Rico había dado
instrucciones para que las fuerzas españolas sólo atendiesen a su defensa mientras
se fuesen retirando hacia San Juan, que era la única plaza fuerte y la única
población que reunía condiciones apropiadas para ser defendida con éxito de
cualquier ataque o asedio de un enemigo, ya viniera este por tierra o por mar.
LA INVASIÓN ESTADOUNIDENSE
El 21 de julio de 1898, cuatro días antes de que las tropas expedicionarias
estadounidenses iniciaran la invasión de Puerto Rico, el periódico New York
Herald publicó un comunicado de Washington en el que se hacía constar que,
independientemente del destino final que eventualmente se diera a Cuba en las
Antillas, las Islas Filipinas, las Islas Ladrones y las Islas Carolinas en el Océano
Pacífico, los Estados Unidos conservarían a Puerto Rico cuando se hubiesen
apoderado de la Isla, pues el gobierno estadounidense estaba resuelto a convertir a
Puerto Rico en una estación militar y naval, con la cual dominaría el Mar de Las
Antillas y los accesos al futuro Canal de Panamá, ya en construcción.
La invasión de Puerto Rico fue innecesariamente iniciada tres días después de que
España admitiera oficialmente su derrota en dicha guerra mediante una carta
dirigida el 22 de julio al Mr. William R. Day, Secretario de Estado de los Estados
Unidos, firmada por el Duque de Almodóvar del Río, Ministro de Estado de
España, solicitando saber qué condiciones impondrían los Estados Unidos a
España para acceder a llegar a la paz, y cuando España había expresado
formalmente su deseo e interés en poner fin a esa guerra que había sido
injustificadamente buscada y largamente planificada por los Estados Unidos y
cuando ya la guerra carecía de objeto legítimo alguno, una vez fuesen acordados
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