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con la actitud asumida por el Dr. José Celso Barbosa, quien durante el bombardeo
estadounidense de San Juan cruzó la bahía arriesgando noblemente su vida para ir
a ofrecer sus servicios al Capitán General.
Desde entonces, a falta de nada más que les convenga recordar, los gobernantes
anexionistas del país que fue invadido entonces, pretenden conmemorar esto, como
si lo que allí sucedió hubiese sido toda una hazaña y darle además a ésta, visos de
efemérides, olvidando que las agresiones, ya sean bombardeos como el de la
ciudad de San Juan o invasiones como la que comenzó por la bahía de Guánica, no
se celebran, se repudian, que celebrar aquella invasión denigra al pueblo que fue
invadido, y que es un verdadero escarnio que quien lo haga sea precisamente el
gobierno que este eligió, entre otras cosas, para que lo representase con dignidad.
En este caso, Puerto Rico fue la nación atacada e invadida, no la parte agresora,
como tampoco lo había sido España. No había provocado la guerra, no había
tenido relación con las causas de la guerra ni había tomado parte en ella. No había
razón alguna para invadirlo, como no fuese el interés de apoderarse
definitivamente de la Isla. Nadie tenía que invitar a los Estados Unidos para que
perpetrase semejante fechoría. Ellos siempre la habían tenido en mente.
La invasión de la isla de Puerto Rico por las fuerzas armadas de los Estados
Unidos de América fue una operación militar en toda regla, realizada, a tambor
batiente, en son de guerra y por una avanzada de tropas de desembarco de fuerzas
expedicionarias del ejército estadounidense. Dichas tropas estaban inicialmente
compuestas por dos regimientos, un batallón, dos compañías y cinco baterías.
Luego vinieron más. Estas fuerzas militares expedicionarias llegaron, por mar, a
bordo de diez buques de transporte que venían escoltados por cinco navíos de
guerra. Los soldados sumaron, inicialmente, 3,415 y estaban al mando del General
Nelson Appleton Miles, Comandante en Jefe del Ejército Expedicionario de los
Estados Unidos.
Quien diga que eso no fue una invasión, no sabe lo que dice, o no sabe lo que es
una invasión, o intenta alevosamente engañar, o abusa desde la tribuna del poder,
con toda la intención de confundir a su propio pueblo y al mundo.
De todos modos, ni el Dr. José Julio Henna, residente en Nueva York y
naturalizado ciudadano estadounidense en 1872, hijo de un boticario inglés oriundo
de la Guayana Inglesa, ni Roberto Henry Todd Wells, nacido en la isla danesa de
Santomás, hijo de un inglés y una santomeña, y expatriado en Nueva York, ni los
ricos latifundistas azucareros del Sur y el Oeste de Puerto Rico, como Eduardo
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