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de Gibraltar en la propia Península, las siete islas Canarias en el Atlántico, las islas
mediterráneas de Mallorca, Menorca, Ibiza, Cabrera y Formentera en el
archipiélago de las Baleares, las ciudades de Ceuta y Melilla, en las costas
mediterráneas del noroeste de África y la isla de Fernando Poo, en las costas
atlánticas del Oeste del África sub-sahariana, las cuales parecieron entonces muy
vulnerables o con probabilidades de caer en manos estadounidenses o de una u otra
de las codiciosas potencias interesadas en sacar provecho de la crisis española.
Aun cuando España se empeñase en defender tenazmente la Isla, al haber perdido
prácticamente todas sus fuerzas navales, no podría ya traer refuerzos, ni vituallas,
ni hombres, ni municiones, ni de Cuba, que ya estaba perdida, habiendo capitulado
parte de ella, ni de la Península, a causa de la distancia y de la carencia de una
escuadra que protegiese sus barcos, por lo que, cualquier posible resistencia, por
parte de España, no empece cuán heroica o prolongada, estaría, a la larga,
trágicamente destinada al más cruento e inevitable fracaso. Los estadounidenses lo
sabían y ya no había mucho margen para negociar nada con ellos.
Lo único que quizás hubiese conseguido sacar a España de la estratégica encerrona
en que se encontraba en esos difíciles momentos era escalar la guerra a nivel
mundial involucrando a otras potencias, pero la actitud británica, favorable a los
Estados Unidos, era limitar la guerra y sus efectos, para que no se afectase su
comercio trasatlántico, por lo que todas las naciones de Europa se inhibieron de
apoyar a España. Entonces Gran Bretaña desaconsejó severamente a los Estados
Unidos que, en esta primera salida suya a nivel internacional, sus escuadras
cruzaran el Atlántico y desestabilizaran una delicada situación de balance de
poderes en la que el creciente poderío militar del imperio alemán figuraba ya
prominentemente, máxime cuando ya había decidido en su favor apoyar la
eventual adquisición alemana de dos archipiélagos españoles en Oceanía.
La Campaña de Puerto Rico en la Guerra Hispanoamericana pudo haber sido más
dura, penosa y larga, pero el resultado siempre hubiese sido más o menos el
mismo, quizás con menos humillación para España y con mejores condiciones en
la mesa de negociaciones en la cual España hubiera estado en mejor situación para
al menos intentar oponerse, aunque no tuviese éxito, a la entrega de Puerto Rico.
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