Download la guerra del 98 y mayagüez

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guerra quedó decidida. Con dos escuadras navales hundidas y con un ejército en
desesperada situación logística, la derrota era un hecho, pese al valor y la eficacia
demostrados en combate. Con Cuba aislada y sin provisiones ni posibilidad de
refuerzos, el prolongar la lucha solo podría provocar una catástrofe entre la
guarnición y la población civil mientras el enemigo invasor avanzaba. Por el
contrario, a los Estados Unidos les interesaba prolongar la guerra, aunque no hubiese
ya motivo para ello, para explotar su éxito, conquistando a Puerto Rico y Filipinas,
ninguna de las cuales siquiera había invadido aun, adquiriendo todo un imperio
colonial y abriendo el camino a los Estados Unidos como gran potencia mundial.
Esta invasión fue decidida cuando ya España había admitido oficialmente su derrota
en dicha guerra mediante una carta dirigida el 22 de julio al Secretario de Estado de
los Estados Unidos, firmada por el Ministro de Estado de España, solicitando
condiciones para llegar a la paz, cuando España había expresado formalmente su
deseo e interés en poner fin a esa guerra que había sido injustificadamente buscada y
largamente planificada por los Estados Unidos y cuando ya la guerra carecía de
objeto legítimo alguno, una vez fuesen acordados los procedimientos de pacificación
en Cuba y fijadas las bases sobre las cuales pudiese asentarse un status político
definitivo para esa isla, que en gran medida era lo que supuestamente había motivado
a los Estados Unidos a provocarla.
Era ya demasiado tarde para intentar ganar en Puerto Rico el último episodio de una
guerra que se había perdido definitivamente en el resto del mundo, o para minimizar
daños, o siquiera para intentar retener la Isla. Esto último era la única esperanza y el
principal objetivo de España en una guerra que, de antemano, había sabido que
perdería. Por eso había sido enviada a San Juan la escuadra al mando del Almirante
Cervera.
El 1 de mayo de 1898 había tenido lugar en la extensa bahía de Manila, en el
archipiélago de las Filipinas, en el Océano Pacífico, frente al arsenal de la isla de
Cavite, la destrucción total de las exiguas e inadecuadas fuerzas navales españolas en
los mares del lejano Oriente, las cuales consistían solamente de seis navíos, la mayor
parte de ellos carentes de protección, pues sólo uno de ellos estaba acorazado. Esta
lejana catástrofe naval selló el destino de Puerto Rico.
El 3 de junio de 1898, veintidós días antes de iniciar la invasión de la Isla, el
Presidente McKinley le escribió a Lord Salisbury, Secretario de lo Exterior de Gran
Bretaña, indicando que Puerto Rico tendría que ser cedido a Estados Unidos como
parte de una compensación por los costos en que habían incurrido para hacer la
guerra.
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