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Transcript
1848
to de esclavos, y a llevar la guerra a
México, aun cuando le cueste su existencia como pueblo. [...] Existen miles
de personas que sustentan una opinión
contraria a la esclavitud y a la guerra,
pero que, considerándose herederas
de Washington y Franklin, siguen [...] diciendo que no saben qué hacer, y nada
hacen [...] (Henry David Thoreau, Desobediencia civil y otros escritos).
(Sfe)
2.8 y 3.1 Estados Unidos-Hispanoamérica
John Calhoun hablaba con su habitual
energía al manifestar lo siguiente:
Descarto una falsa interpretación que
convierte declaraciones sanas y propias
en declaraciones impropias y peligrosas. Pero no sólo en este respecto han
sido mal entendidas aquellas famosas
declaraciones por el primer magistrado
del país y por otros. No fueron sino declaraciones [...]
Efectivamente: cuando el Ejecutivo de
la Federación se dirige al Congreso para
informarles sobre el estado de la Unión
o para recomendarle ciertas medidas,
sus palabras tienen sólo el peso de los
hechos que expresen y el valor de las
opiniones que enuncien. Los conceptos de Monroe han pasado a la historia
como elemento activo y permanente de
la política estadounidense, porque encerraban una fórmula de exclusión contra las naciones europeas, a la vez que
de aparente solidaridad con los pueblos
de América empleando una fórmula
que tradujo, en términos de notable
inexactitud objetiva, los impulsos, las
ambiciones, los intereses y el orgullo de
las clases dominadoras del pueblo estadounidense y aun de muchos grupos
inferiores en vías de elevación.
Estas declaraciones de Monroe «no
fueron sino declaraciones y nada
más», según Calhoun. El orador sudista
añade:
[…] no fueron declaraciones que anunciaban a las potencias del mundo que
consideraríamos ciertos actos de intervención de las potencias aliadas para
oprimir a las nuevas repúblicas, como
peligrosas para nuestra paz y seguridad
y que este continente, por la libertad e
independencia de que gozaba, no estaba ya sujeto a colonización por parte de
las potencias europeas. En ninguna de
esas declaraciones se dice una sola palabra de resistencia. Nada hubo de esto
y se omitió con sobrada razón. La resistencia nos correspondía a nosotros, a
los miembros del Congreso; a nosotros
nos toca decir si ha de haber o no ha
de haber resistencia y hasta qué grado
[...] Si resistiréis o no y la medida de
vuestra resistencia; si ha de ser por negociación, por notificación, por una política intermedia o por las armas. Todo
esto debe determinarse y decidirse de
acuerdo con las circunstancias del caso.
Éste es el único camino aconsejado por
la prudencia.
No hemos de estar sujetos a que en
cada ocasión nos citen nuestras declaraciones generales, a las que puede dárseles todas las interpretaciones que se
quiera. Hay casos de intervención en los
que yo apelaría a los azares de la guerra con todas sus calamidades. ¿Se me
pide uno? Contestaré: el caso de Cuba.
Mientras Cuba permanezca en poder
de España, potencia amiga, potencia a
la que no tememos, la política del gobierno será, como lo ha sido durante
todos los gobiernos desde que yo intervengo en la política, dejar a Cuba como
está, pero con el designio expreso, que
espero no ver nunca abandonado, de
que si Cuba sale del dominio de España
no pase a otras manos sino a las nuestras. Y esto no por ambición, no por el
deseo de extender nuestros dominios,
sino porque la isla es indispensable a la
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