Download y los Estados Unidos, que parecen

Survey
yes no Was this document useful for you?
   Thank you for your participation!

* Your assessment is very important for improving the work of artificial intelligence, which forms the content of this project

Transcript
1823
tarla, pero no provocarla. Más bien nos
retiraríamos hasta el límite extremo antes
de tomar las armas, para asegurarles así a
cada paso, hasta don­de esto fuera posible,
que la sinrazón les acompaña.
25 de noviembre
2.5 y 2.7 ESTADOS UNIDOS-EUROPA/HISPANOAMÉRICA
En la reunión de gabinete en Washington,
William Wirt, fiscal del Es­tado, advierte
sobre «el peligro de asumir la actitud de
amenaza sin el propósito de gol­pear» y
pregunta si, en el caso de que los miembros de la Santa Alianza actuaran con­tra
países de América del Sur, Estados Uni­
dos se les opondría con la guerra, puesto
que él no creía que el pueblo estadounidense apoyaría tal guerra. «Nunca ha habido mu­cha excitación general en favor
de los revo­lucionarios en las colonias
españolas» —ex­presa. El secretario de
Estado, John Quincy Adams, le responde
que él no cree que el peligro de guerra
sea grande, pero «si la trajeran a nuestras puertas, nosotros no podríamos declararnos demasiado pronto dispuestos a
rechazarla» y que no se debía dejar que
«Gran Bretaña reciba el crédito exclusivo por resistirles»; tal acción arrojaría a
las co­lonias en brazos de Albión, «y el
168
resultado sería hacerlas colonias suyas
en vez de serlas de España». Su opinión
era, pues, que debía actuarse «rápida y
decisivamente». Así lo piensa también
el secretario de Guerra, Calhoun, fiel a
su convicción de que la recon­quista de
América del Sur sería seguida por una
acción contra Estados Unidos. Y anota
Perkins: «Y así también, por supuesto,
pensaba el Presidente.»
25 de noviembre
2.7 y 3.1 ESTADOS UNIDOS-EUROPA
Escribe en su diario el canciller Adams:
Hice un proyecto de observaciones sobre
las notas que recientemente recibí del
barón de Tuyll, ministro ruso. Tomé este
memorándum, juntamente con la relación
que había prepara­do de todo lo que él y
yo hemos venido tratando, así como las
notas que me ha dirigido. Llevé todo esto
al Presidente […] El memorándum estaba
redactado de manera que correspondie­se
exactamente al párrafo del mensaje que
me leyó el Presidente y que se halla en
completa conformidad con el sistema político que con tanta instancia he recomendado para esta emergencia. Se tenía además
la mira de que fuese una respuesta firme,
briosa, y, sin embar­go, conciliadora, a todas
las notas que última­mente he recibido del
gobierno ruso, y a la vez una respuesta inequívoca a las proposiciones hechas por
[el canciller británico] Canning a Mr. Rush
[embajador estadounidense en Londres].
Se entendía también que de paso fuese
una exposición de los principios de este
gobierno, así como un breve desarrollo del
sistema político que ha de sostenerse en lo
venidero: esencialmente re­publicano, con
mantenimiento de la propia independencia
y respecto de la ajena; esen­cialmente pacífico, con deliberada abstención de toda
participación en las combinaciones de la
política europea; cultivador de la paz y de
la amistad con las monarquías más absolutas; apreciador en alto grado y deseoso
con anhelo de conservar la del emperador
Alejandro, pe­ro declarando que después
de haber recono­cido la independencia de
los Estados sudamericanos, no podríamos
ser indiferentes a cualquier tentativa de intervención armada hecha por las potencias
europeas, ya para restaurar la dominación
de España en los continentes americanos,
ya para introducir principios monárquicos
en estos países, ya para transferir una porción cualquiera de las antiguas o actuales
posesiones americanas de España a otra
potencia europea.
Este memorándum fue leído, y a conti­
nuación se abrió una discusión superficial