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1823
política tenía el deber de secundar, en vez
de preocuparse por el reconocimiento de
los Estados americanos ya independientes,
punto que sólo remotamente y de modo
muy directo interesaba a los hombres de
Was­hington, habría pensado sólo en conseguir que Inglaterra renunciase de un
modo pú­blico y solemne, por medio de
una declara­ción, a todo proyecto de adquisición de Cuba y Puerto Rico. Pero
como esta declaración conjunta era imposible sin la correspondencia de los Estados Unidos, re­sulta que Rush hubiera
obrado contrarian­do las intenciones de su
gobierno. Rush de­bió haber sabido que al
iniciarse la campaña del duque de Angulema [Luis Antonio de Borbón], los Estados
Unidos se atemorizaron menos por los planes de la Santa Alianza, a la que, sin embargo, atri­buían importancia capital, que por la
contraintervención inglesa en España y en
la América española ya independiente.
Según la opinión pública norteamerica­
na y el juicio de sus gobernantes, el peligro para los Estados Unidos radicaba en la
ocu­pación de Cuba y Puerto Rico por las
fuer­zas de la Gran Bretaña. En el caso que
Francia dirigiese un ataque contra las anti­
guas posesiones de España, Cuba serviría
de base para las operaciones, e Inglaterra
se apresuraría a repeler la agresión. Ocu-
paría las islas en defensa de la América
inde­pendiente, es decir, de Méjico y de
Colom­bia. Después conservaría las Grandes Anti­llas para resarcirse de los gastos de
su contraintervención libertadora.
John Quincy Adams decía:
No es necesario indicar los múltiples
acontecimientos que pueden ocurrir en
un momento dado, capaces de convertir en posesión y dominio permanente
aquella ocu­pación fiduciaria y condicional. La opinión [en los Estados Unidos]
es tan unánime sobre este punto, que
hasta los rumores más infundidos de
que se haya realizado ya, des­piertan
en el país un sentimiento universal de
oposición.
23 de agosto
2.7 y 3.1 ESTADOS UNIDOS-INGLATERRA-EUROPA/HISPANOAMÉRICA
George Canning, secretario de Estado
para Asuntos Extranjeros de Gran Bretaña,
envía la siguiente misiva a Richard Rush,
ministro estadounidense en Londres:
De mi consideración:
Desde que le escribí con fecha 20 del corriente, se ha producido un nuevo motivo
para desear que podamos llegar a algún
entendimiento, por parte de nuestros res­
pectivos gobiernos, acerca del tópico de mi
carta; llegar prontamente a éste y estar en
libertad de anunciarlo al mundo.
Se trata de lo siguiente: He recibido una
notificación, pero no de tal índole que me
imponga la necesidad de alguna respuesta o procedimiento inmediatos —que
tan pronto como se logren los objetivos
militares en España (cuya consecución esperan los franceses, no sé con qué grado
de justeza, muy rápidamente) se hará una
proposición para un Congreso, o alguna
reunión menos for­mal de convenio y consulta, relativa especialmente a los asuntos
de Hispano-Améri­ca.
No necesito señalar a Ud. todas las com­
plicaciones a que esta propuesta puede
con­ducir, sea cual fuere la forma en que
resulte tratada por nosotros.
Le ruego reciba esta comunicación
del mismo modo confidencial que la
anterior y quedo de Ud. [etc.] su seguro
[…] (John Bassett Moore, A Digest of International Law, VI, p. 392).
Sin tiempo de haber recibido la carta
de Canning, Rush le envía la siguiente
comunicación:
De mi consideración:
Su nota de carácter no oficial y confiden­cial
de fecha 20 del corriente me llegó ayer y
ha demandado de mí toda reflexión debida
al interés de su tema y al amistoso espíritu
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